lunes, 21 de noviembre de 2016

Certidumbres

 CERTIDUMBRES
    
  Nacemos con una certeza: la puerta de la vida algún día se ha de cerrar.  ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Cómo? No lo sabemos. Inexorablemente la muerte ha de llegar. Entonces nos situamos frente a ella desde el desamparo. Nos inunda una visón  de desenlace, de conclusión de la que no podemos escapar.   Sólo nos reconocemos en el temor ante la imposibilidad de entender o tal vez de aceptar.
    
    Algunas noches al cerrar los ojos pienso en la muerte, me voy  acostumbrando a no verla como cruel enemiga sino como parte de la ruta. Acepto la finitud de este yo que conozco y amo.   Me siento agradecida por quien soy, por mis vivencias y por mis compañías; por el amor que nos sustenta y por el desamor que nos enseña.
    
  Para algunos la puerta se cierra frente a ellos dejándolos frente a la nada, sólo el vacío. Aterradora imagen de lo inexplicable y terminal. Para otros, entre los que me encuentro, la puerta se abre de nuevo aceptando otra forma de residir. Siempre tememos a los cambios, más aún al más radical.   El miedo a la muerte no es más que la ansiedad de tener que empezar de nuevo.

¿Qué pasará con este cuerpo, mi amado cuerpo, que me contiene?
¿Qué pasará con las vivencias, asombros, hallazgos, propósitos, intenciones, ilusiones, pensamientos,  sentimientos,  argumentos que soy?
¿Podré regresar  y volver a andar mis huellas? ¿Reconoceré a mis amores?
¿Podré habitar un espacio donde la curiosidad y la pasión sean innecesarias?

La muerte…corolario infinito de preguntas. Sólo tendrá respuesta el día que inicie el desprendimiento de mí misma, en el camino hacia la plenitud.

Irma Wefer



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