miércoles, 30 de noviembre de 2016

Cuando el comino importa...

Si, me importa un comino…

Imán, es una mujer hermosa, producto de la mezcla de muchas creencias, razas y religiones. Imán significa “Fe” en árabe, y ella lo sabe. Por lo multicultural de su origen ella mantiene una relación estrecha con Dios. 

Su mamá es Peruana, del Cuzco, que se casó con un Libanés, que es además Chef. Su abuela materna es griega que se casó con un peruano, pero Imán nació en Venezuela y se siente venezolana.

De su padre, su madre y su abuela aprendió a cocinar. Del Perú, conoce las maravillas del ceviche, de la causa limeña, de la salsa huancaína y las maravillas que se puede hacer con un toque de ají panca o el ajì dulce; de Grecia aprendió a usar algunas especias, al igual que del Líbano, así como la preparación de su plato favorito: el pimentón agridulce. De Venezuela aprendió a mezclar, ya que la principal característica de Venezuela es el mestizaje.

Un día su Padre Chef, preparó en su casa una crema para untar que dijo se llamaba “Flefla”, también en otras versiones conocido como Muhammara. (La flefla es cruda, la otra no). Se trata del uso del pimentón y del comino. Tanto los griegos como los libaneses están muy orgullosos de su plato típico pero Imán sabe que el pimentón o pimiento es una hortaliza que es un aporte de América a la gastronomía universal; y así se conoce el “Chile” en México, el Panca en el Cuzco, el Pimentón en Venezuela. Caso contrario es el comino que es una especia oriunda de toda la costa mediterránea. Con la llegada de los españoles al nuevo mundo, era de esperar, que tanto condimentos como verduras y hortalizas, cruzaran los océanos.

La frase “me importa un comino” (y a veces un rábano o un pepino), se ha usado para decir que algo no le importa por no tener mucha importancia. Dicen los estudiosos, que el comino es una especia muy menuda, y que tuvo poco valor hace mucho tiempo. Los mojitos canarios de España lo usan y son famosos por el. Imán sabía que para una verdura, u hortaliza debe existir una especia. Ya lo había heredado de su padre, y usaba para los lácteos, la nuez moscada, para el cordero, la menta, para el pavo, el estragón,para algunas galletas la canela mezclada con clavos de olor con jengibre, y pare de contar.
-Hasta el café tiene su especia, pensaba siempre. No lo usaba mucho porque dicen que es afrodisíaco.

-¿Papá qué vas a preparar?

-Voy a hacer flefla.

La flefla es una salsa de pimiento rojo que lleva comino. Una maravillosa especia, que la joven Imán que no ha usado mucho. Vio a su padre limpiar dos pimientos rojos y licuarlos con un manojo de nueces, un chorrito de aceite, un ajo, una cucharadita de comino, una pizca de sal y un toque de azúcar, y por sel libanés, el jugo de medio limón grande o uno completo si es pequeño. Al terminar, ajustó la consistencia con pan rallado.

-Yo, como me encanta el mestizaje o como lo llaman los chefs, la “fusión”, voy a hacer mi fusión, dijo

-!Pero bueno Imán...!, ya vas a empezar. La cocina se trata del respeto por las raíces culturales, por los sabores, por los ingredientes. Si lo vas a cambiar, le cambias el nombre.

-Como no lo voy a cambiar, si a veces hay una cosa, y a veces hay otra, una tiene que inventar para no pararse. (Muy sabia reflexión de Imán)

Con sus raíces griegas de su abuela, decidió no usar el pimiento crudo. Fue al mercado y consiguió dos pimentones (pimiento) rojos como la sangre, limpios, pulcros y brillantes. En casa los lavo bien, los abrió, le quitó las venas agrias, las semillas y las cortó en tiritas como haría su abuela. Prendió la cocina a fuego medio, colocó el cazo, media taza de aceite de oliva y colocó los pimientos, le agregó el azúcar, la sal, el comino y dejó que botaran y se mezclaran los  jugos. Al empezar a espesar bajó la llama, agregó el jugo de un limón y tapo la olla por 10 minutos.

-Vamos a ver cómo va, dijo al término del tiempo fijado. 

Destapó la olla y estaba espesa, producto de los colorantes rojos propios de la hortaliza roja, con un aroma ácido del limón y lo característico del comino. A ella si le importaba el comino, porque era una especia que no había usado tanto. Lo probó. No tenía el vinagre que usa su abuela, pero el limón había hecho su trabajo. Estaba estupendo.

-Ahora está listo, ya cociné un limón, dos pimientos rojos, una cucharadita de comino, una cucharadita de sal, una pizca de azúcar. Ahora a la licuadora, pensó. Claro Imán esperó que enfriara lo suficiente.

En la licuadora agregó los pimientos, un diente de ajo (o dos), el puñado de nueces y se atrevió a colocar un puñado también de almendras tostadas. Al licuar, se rompen los aceites de los frutos secos y se espesa un poco mas.  Como es venezolana, Imán decidió usar para espesar y ajustar la mezcla, casabe molido en vez de pan rallado. El casabe venezolano es oriundo de sur América; se hace de yuca amarga, cuyo líquido interior es venenoso, pero los nativos saben extraer el veneno y podemos comer casabe con toda confianza.

Al final, obtuvo lo que quería; fusionar  sus raíces.

-Papi, quiero que pruebes este invento…, le dijo a su padre chef

-Uhmm, excelente. Tiene comino, pimientos, nueces, limón. ¿Cómo lo hiciste?, se parece a la Flefla, no?

-Si claro. Me importa una tonelada de comino que te guste el invento. (El comino si importa).

Alberto

PD. Cuando preparó los pimentones, Imán en su raiz cuzqueña, le agregó medio ají panca peruano, picado finito, para darle un picor.
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Fuente de la imagen:
www.elestenoticias.com


Receta cortesía de mi amiga Hened

jueves, 24 de noviembre de 2016

El principe y el espejo

CUENTO
El príncipe y el espejo
Hace mucho tiempo, un joven príncipe habría de convertirse en rey. El día de la coronación se apareció un brujo en la sala y le dijo: 
-“Vengo a cumplir un maleficio. A la muerte de tu padre, vendría a ocupar su puesto y convertiría a su hijo en un objeto, o en una cosa. Sin embargo, en un acto de benevolencia dejaré que tú escojas cual cosa quieres ser”
El Príncipe, que era conocido por su audacia y su astucia, no se imaginaba como su padre se iba a morir sin haberle contado tal secreto, por lo que pensó que era una patraña meditada y con alevosía. Debía pensar rápido pues la cara del brujo se iba arrugando, tras la corta espera.
-“Sabio mago, le dijo el príncipe, me has tomado por sorpresa, y estoy confundido, no me puedo imaginar siendo una cosa. Acudo a tu “noble inteligencia” para que me conviertas en un reloj de arena mientras pienso durante cinco minutos, y al término, deberé saber tu respuesta”
Al brujo le pareció sensata la petición del joven príncipe y lo convirtió en un reloj de arena. Así supo si era verdad el hechizo, si se podía pensar mientras fuera un reloj de arena y que se sentía siendo un objeto. Al término del tiempo, el príncipe regresó a su normalidad. En su estado normal, él sabía que ciertamente mantenía su inteligencia, su visión y podía tener poder sobre el objeto en el cual hubiere sido transformado.
-“¿Qué cosa quieres ser, al fin?”, dijo en tono severo el brujo.
–“Quiero ser tu espejo y acompañarte a todas partes.”, contestó el príncipe.
–“Acepto, contestó el hechicero. El brujo lanzó un nuevo maleficio y el príncipe se convirtió en su espejo. A todas partes que iban, lo acompañaba. Al dormir, al comer, al asearse, al hacer maleficios, en todas partes estaba su espejo.
Al poco tiempo, ya sin paz, cansado de ver tanta maldad, su propia maldad, decidió conjurar el reverso y  dijo:
“-Conviértete en príncipe”, le gritó al espejo, y de inmediato, el brujo viéndose a sí mismo en su reflejo, hubo de ver como se convertía en príncipe, y desaparecía. Solo quedó el príncipe y su reflejo.
Ese día desapareció el maleficio junto con el brujo, y el príncipe se hizo Rey. Casi siempre, acude al espejo y conversa consigo mismo, como quién conversa con un amigo verdadero, lo que lo hizo ser el mejor Rey de toda la historia.

Hoy en día, los habitantes del pueblo creen que existe un espejo mágico en el castillo y acuden de visita a verlo. Frente a él, piensan en sus más profundos deseos.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Certidumbres

 CERTIDUMBRES
    
  Nacemos con una certeza: la puerta de la vida algún día se ha de cerrar.  ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Cómo? No lo sabemos. Inexorablemente la muerte ha de llegar. Entonces nos situamos frente a ella desde el desamparo. Nos inunda una visón  de desenlace, de conclusión de la que no podemos escapar.   Sólo nos reconocemos en el temor ante la imposibilidad de entender o tal vez de aceptar.
    
    Algunas noches al cerrar los ojos pienso en la muerte, me voy  acostumbrando a no verla como cruel enemiga sino como parte de la ruta. Acepto la finitud de este yo que conozco y amo.   Me siento agradecida por quien soy, por mis vivencias y por mis compañías; por el amor que nos sustenta y por el desamor que nos enseña.
    
  Para algunos la puerta se cierra frente a ellos dejándolos frente a la nada, sólo el vacío. Aterradora imagen de lo inexplicable y terminal. Para otros, entre los que me encuentro, la puerta se abre de nuevo aceptando otra forma de residir. Siempre tememos a los cambios, más aún al más radical.   El miedo a la muerte no es más que la ansiedad de tener que empezar de nuevo.

¿Qué pasará con este cuerpo, mi amado cuerpo, que me contiene?
¿Qué pasará con las vivencias, asombros, hallazgos, propósitos, intenciones, ilusiones, pensamientos,  sentimientos,  argumentos que soy?
¿Podré regresar  y volver a andar mis huellas? ¿Reconoceré a mis amores?
¿Podré habitar un espacio donde la curiosidad y la pasión sean innecesarias?

La muerte…corolario infinito de preguntas. Sólo tendrá respuesta el día que inicie el desprendimiento de mí misma, en el camino hacia la plenitud.

Irma Wefer



domingo, 20 de noviembre de 2016

Un Bel morir


Queridos amigos:

Lamenté mucho no poder asistir a la casa de Gudelia. Esos encuentros  nos llenan el alma. Habrá una próxima vez.

Van estas palabras sobre un poema de Emily Dickinson que siempre me ha atraído por el matiz tan singular que le da a ese encuentro con el final de sus días.

Nancy Gutiérrez


Un bel morir

En mis circunloquios solitarios, me he imaginado a veces la hora de mi muerte. Imagino mi fin como estar dormida y a veces he deseado que ese momento llegue suavemente para dejarnos ir, como decía Don Juan en sus enseñanzas. Hemos deseado también que sea un “bel morir”, que ciertamente sintamos un descanso largo y suave, inadvertible. Pero nunca he imaginado la muerte como un amante que te seduce, te desea, te acaricia y te lleva en sus brazos hacia otros mundos misteriosos e inmejorables.

En “Because I could not Stop for Death” (Emily Dickinson), el amante de Emily aparece como un seductor afable y cariñoso que detiene su carroza para recoger a su amada. Es un cautivador cortés y  afectuoso que sutilmente le tiende los brazos  y se la lleva en un viaje maravilloso hacia la eternidad. Los amantes viajan como dos enamorados sobre un camino sedoso y ligero acompañados solo por la inmortalidad, que podemos percibir como una idea, otro pasajero, o ambos. No hay prisa. La persona ha dejado todo atrás, sus tareas y su ocio, labor and leisure, para entregarse sutilmente a su amante por su delicadeza…for his Civility. No hay dolor, hay paz, hay amor, hay entrega. Eros es búsqueda  y es hallazgo. Es la búsqueda de contrarios y semejantes, es la búsqueda del sentido en la persona amada lo que conforma la experiencia del amor. Y Eros es lo que lleva a los amantes dickinsonianos a ese encuentro que los reconcilia con el mundo en una entrega y un tiempo ilimitados. Eros y Thanatos confluyen en un viaje amoroso que Dickinson expresa genialmente.


En el camino vemos paisajes familiares, los niños jugando en el jardín, los sembradíos de cereales, la cosecha del maíz, y al final, el sol en el horizonte, que quizás señala el final del final, la plenitud. Luego aparece como símbolo recurrente  la casa, que quizás sugiera la última morada, una casa que apenas es una protuberancia en el suelo, sin cornisa, solo un túmulo. La persona sugiere que ha pasado el tiempo, ¨ts centuries ago” y cierra con una afirmación que pudiera apuntar al tiempo de la eternidad, que según ella expresa, es corta y placentera. Al contrario  del hombre que sufre porque vive buscando superar su separatividad para así abandonar la celda de su soledad, la persona de “Because  I could not Stop for Death”, logra apartar esos pensamientos que afectan su sensibilidad y rechazan la esperanza para abrazar sus creencias en un devenir que se presenta como una caricia eterna en un nicho erótico donde le sonreirá el sosiego, la quietud y el amor.  

sábado, 19 de noviembre de 2016

!Y si me muero !


María Elena Garassini



Este tema de la muerte ha estado muy presente en mi vida porque no solo se murieron mis abuelitos, como le pasa a todo el mundo, sino que mi hermana murió muy joven, a los 37 años, y alrededor de ese hecho tengo varias anécdotas, algunas simpáticas y otras profundas ligadas a los niños y la muerte.



Mi hijo mayor cuando era un niño de , alrededor de cuatro años, comenzó a hacernos preguntas a su papá y a mi sobre la muerte… Por qué la gente se muere? Todos nos vamos a morir? … La abuelita de Pablo se murió… en la película se murió fulanito.. en fin… la gente se muere… Finalmente un día, un domingo, en el carro subiendo de Guatire (donde vivíamos) hacia Caracas, a almorzar con la familia extendida, él comenzó de nuevo a hacer preguntas sobre la muerte y su existencia, algo real, algo que sucede a gente cercana a nosotros. Se quedó callado un momento y finalmente le dijo a su papá: Papi tú te vas a morir un día? y el le dijo: Bueno mi amor, si algún día me voy a morir. Él acto seguido le dijo: Si te mueres, por favor me dejas tu cartera? Su papá se rió y le dijo: Bueno, dejaremos eso arreglado ¡

!Capítulo final a su necesidad de conocer sobre la muerte , la muerte en general y la posibilidad de muerte de las personas que lo cuidaban ¡



Mi hijo menor tenía cuatro años cuando mi hermana murió. Era una tía muy cercana y además la mamá de sus tres primos, sus primos queridos, sus primos de juego. Alrededor de los días posteriores al velorio, entierro, misas del novenario , él también comenzó a hacer muchas preguntas y también muchos dibujos sobre la muerte y en especial, la muerte de su tía. Uno de los días sentado en su escritorio dibujó una persona con alas elevándose y yo me acerqué y le pregunté por lo que estaba haciendo, a lo cual respondió: Estoy dibujando a mi tía subiendo al cielo porque ya no está, se fue al cielo. Entonces me dijo : Por qué las personas se mueren ?. - Le explico que todos nos vamos a morir en algún momento, que muchas personas se mueren porque se van poniendo viejitas, pero que pueden haber situaciones, como enfermedades o accidentes, que hacen que las personas mueran independientemente de la edad que tienen. Acto seguido él me dice: Entonces las mamás se mueren, así tengan que cuidar a sus hijos. A lo cual le respondo que sí, que las mamás se pueden morir. Se queda callado un rato y me dice: -Entonces tú te vas a morir? A lo cual le contesté: En este momento no estoy enferma y espero vivir muchos años, pero si, las personas en cualquier momento nos podemos morir.

! Capítulo final a sus necesidad de conocer sobre la muerte , la muerte en general y la muerte de la personas que lo cuidaban ¡



La muerte es un tema para conversar, un tema para escribir, un tema para reflexionar, un tema para sufrir, un tema para reir, un tema que debe ser parte de nuestra cotidianidad, de nuestra verdadera cotidianidad.



Los niños son los maestros de las necesidades de la cotidianidad porque hablan sobre sus necesidades sin velos, sin las restricciones sociales del deber ser, o de negar sus debilidades y dolores.

¡Los niños son los maestros de la reflexión sobre la muerte, pongámosle mas atención ¡





ACCIONES POLITICAS Acciones que nos rigen. Tenemos que hacer POLITICA

Dejenme Trabajar...!!!

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Sobresaltado y sudoroso se despertó Pedro aquella tarde, luego de la siesta vespertina que solía tomar en el cómodo diván, que imponente ocupaba el centro de su muy lujoso consultorio. Alicia su asistente, le aviso por el intercomunicador, que el primer paciente de la tarde acababa de llegar y con algo de sorna, le indico que se preparara para recibir una sorpresa, pues se trataba de un ilustre personaje.


Pedro, reputado psiquiatra, destacaba en el gremio no solo por sus muy altas cualificaciones profesionales que le habían hecho merecedor de numerosos reconocimientos a nivel nacional e internacional, sino por la amarga expresión de su rostro y la prepotencia de quien cree controlarlo todo, emociones y personas incluidas. Contaba en su haber, con tres divorcios y una convivencia actual signada por el desinterés y la desconexión. Este era el saldo de una vida dedicada en forma obsesiva al trabajo y al engrandecimiento de su fortuna y de su ego.


Acostumbrado a recibir en aquel recinto a afamados políticos, artistas, deportistas y en fin, cualquier destacado personaje de la vida pública, que fuere, merecedor de sus servicios, no causo en el la menor extrañeza el comentario de su asistente.


Al verla entrar espigada e imponente, ataviada de riguroso negro, solo atino a asentir con la cabeza a manera de saludo, señalando el diván mientras se sentaba a su lado en silencio, con la mirada fija en su rostro. Ella al verlo atónito y poco menos que petrificado, aferrado con fuerza a los brazos de la silla, se incorporo un poco para decirle:


- Tranquilo Pedro, esto es solo una consulta - dijo en tono condescendiente - ya nos veremos en otras circunstancias por supuesto, pero hoy lo único que requiero de ti, es tu consejo profesional, así que relájate por favor. Ah! y si no te importa – continuo diciendo – me gustaría comenzar de una vez, estoy algo cansada y apurada, vengo de un accidente en la autopista y en una media hora el pendejo del domador va a dejar mal cerrada la jaula del león en el circo de la esquina, así que, podemos ir al grano?



- Si claro – respondió el aun incrédulo Pedro ­– por favor dígame, que le trae por aquí?


- Chico resulta que tengo varios días sin dormir y supe por un ex paciente tuyo el Diputado Vergara, que tu eres muy bueno para ese tipo de cosas.


- Ex paciente? – preguntó extrañado Pedro – pero si Vergara vino ayer.


- Eh! si bueno pero conmigo se reunió esta mañana – replico La Parca con un cierto guiño de complicidad, casi infantil.

- Ah! Entiendo – solo pudo decir el impávido Pedro – continúe por favor.


- Bueno como te iba diciendo, no logro conciliar el sueño porque últimamente he estado preocupada por el futuro de mi oficio, imagínate! Yo, que durante siglos he sido reina y señora de la extinción de todo proceso de vida, personificación del fin de todas las cosas, protagonista de desastres naturales, cataclismos, bombas nucleares y afines – exclamaba con vehemencia mientras blandía de un lado a otro la guadaña – creo que puedo terminar quedándome sin empleo – dijo con voz queda, casi resignada.

- Quedándose sin empleo? Usted? – pregunto un muy curioso e interesado Pedro – por favor explíquese mejor.

- Si, Pedro – replicó con tristeza mientras movía la cabeza de un lado a otro en señal de negación – mucho me temo que si las cosas siguen así, terminare siendo una figura obsoleta e innecesaria, en un mundo de personas proactivas y autogestionadas.

- Autogestionadas?

- Veras – dijo sentándose en la orilla del diván mientras alisaba la túnica – durante siglos he recorrido el mundo sin cesar, indicándole a los seres humanos que su tiempo culminó, al menos en el plano conocido. Haciéndoles saber que es hora de desalojar ese cuerpo arrendado, pues el contrato de uso venció, para permitir que el alma continúe su eterno camino, el que corresponda. Pero resulta que ahora la gente, decide extinguir su alma, sin abandonar el cuerpo que poco servicio habrá de prestarle ya, me refiero Pedro a los que:

Mueren de amor, por la pérdida o no correspondencia del afecto, en lugar de vivir para amarse a si mismos incondicional y profundamente, pues solo así podrán entregarse luego a otros. A los que mueren cada día en un empleo que los agobia y desgasta, en lugar de vivir para descubrir esa pasión que bajo el nombre de profesión u oficio los hará florecer. A los que se mueren en la víspera, entregándose a la adversidad, en lugar de vivir para cultivar y hacer gala de la infinita fortaleza que habita en si y que ahora llaman Resiliencia.


A Los que mueren en la inercia de una existencia sin motivación, sueños ni esperanza, en lugar de vivir para encontrar el sentido y propósito de su finito transitar por el mundo. Y así puedo hablarte de tantos otros que seguramente sin consciencia de ello pero con mucho empeño, usurpan mi rol cada día.


Habiendo terminado su exposición, la parca se encontró de frente con un Pedro que con ojos vidriosos, una sonrisa limpia y despojado de toda arrogancia, se levanto de la silla, se dirigió al escritorio, tomo su maletín y deteniéndose en su camino hacia la puerta, se volteo para agradecer a la parca su visita de esa tarde.


- Y entonces Doctor – pregunto la paciente sorprendida – no tiene usted nada que decirme? No piensa ayudarme?


Sonriendo Pedro continuo su camino hacia la salida y mirando a La Parca directamente a los ojos, le dijo:


- Por supuesto que si amiga mía y que mejor manera de ayudarle que desde ya dejar de hacer su trabajo y ocuparme del mío que es vivir, vivir para dejar de morir.


Liliana Barros
Noviembre 2016

Dormir y Morir


Hace muchos años, durante una noche oscura la niña de los rulos brillantes ya convertida en mujer, pensaba en el sueño eterno. Cerró sus ojos y en sus pensamientos más internos, se pregunta:

¿qué es la vida sin la muerte?; ¿cómo se puede llegar al final sin el comienzo? ¿cómo me puedo despertar si no he dormido?

Es un regalo la vida, es un placer poder comenzar un nuevo reto, disfrutar los logros y dormir en las profundidades de un sueño reparador, pero con la conciencia que la muerte siempre nos arropa. Cada día es un despertar a la vida y cada noche es morir en el descanso.

Me preparo para iniciar mis metas, diseño mis ilusiones y fantasías, pero también debo delinear el cierre y el final de cada etapa. Es la vida y es la muerte.

Así en sus profundos pensamientos, la niña mujer de los rulos ya platinados, escuchó la campana de despedida de su mundo. Sus pensamientos se detuvieron… es el sueño eterno; es el momento de la partida.  

… Descansó al morir y durmió en la eternidad...

Janet Jiménez
Bogotá Nov.2016





LA TRANSICION



¡Pobre flor! ¡qué mal naciste! 
¡Qué fatal que fue tu suerte! 
Que al primer paso que diste 
Te encontraste con la muerte. 

Así rezaba un verso que mi madre solía recitar. Me dijo que era parte de una poesía que le 
enseñaron en la escuela y que trataba de una flor que nació a la orilla de una tumba.  Me llamaba la atención que dijera "te encontraste con la muerte" y a menudo me hacía reflexionar si la muerte nos busca o nos espera en un determinado momento y lugar. 
Todos llegamos a este plano terrenal con boleto de ida y vuelta, y con fecha de salida "abierta". Hasta ahora nadie se ha liberado de ese viaje final, no hay alternativa, tenemos que aceptar la muerte como algo que forma parte de la vida. 

Muchas religiones coinciden que se trata de una transición. Para los cristianos, el alma se 
desprende del cuerpo y queda a la espera del juicio final que decidirá su destino. Pero a pesar de la fe y la firme creencia de que algo mejor les puede esperar, muchos sienten temor a la muerte, de cruzar ese umbral a lo desconocido. Algunas sociedades evitan hasta hablar de ello, apartan a los niños para que no vean al familiar fallecido, desperdiciando la oportunidad para que vayan aceptando la muerte como algo natural e inevitable. 
  
Cuando mi padre yacía en cama en sus últimos días, una tarde lo conseguí pensativo. Le 
pregunté en qué pensaba. Me dijo que en la muerte, pero que  no le tenía temor, que lo que sentía era tristeza por dejarnos a nosotros. Conociendo su fe en Cristo, traté de calmarlo diciéndole que su tristeza sería corta, por que pronto sentiría la felicidad de encontrarse con el Señor. Que pensara que esa tristeza podría haber sido mayor si hubiese tenido que presenciar la muerte de algunos de nosotros. Los padres prefieren morir antes que cualquiera de sus hijos y en eso él había sido afortunado que nos había visto a todos crecer y estar ahora acompañándole. 
Luego de esa breve conversación noté una ligera sonrisa, que me dio satisfacción porque la 
percibí como aceptación a mis palabras. 
Muchos se aferran a la vida, quizás pensando que la muerte acabará con los placeres, alegrías y posesiones que han alcanzado, sin percatarse que también les eliminará dolores, angustias y preocupaciones. Son los deudos quienes quedan con la tristeza, pena que se atenúa con las fortalezas de la fe y la espiritualidad. 

La partida de un ser querido nos produce sufrimiento, pero si a ese sufrimiento se le consigue sentido, en cierta medida deja de serlo. Así lo explica el Dr. Viktor Frankl en su libro "El hombre en busca de sentido" cuando relata el caso de uno de sus pacientes que llegó a su consulta con una fuerte depresión. Era incapaz de sobreponerse al fallecimiento de su esposa, quien había muerto dos años atrás. El paciente le consultó cómo podría ayudarlo. El doctor, sin mayores comentarios le preguntó: ¿Qué hubiera sucedido si usted hubiera muerto primero y su esposa le hubiese sobrevivido? Bueno -dijo el paciente - para ella habría sido terrible, ¡sufriría muchísimo!  Frankl le dijo: "Lo ve, usted le ha ahorrado a ella todo ese sufrimiento, pero para conseguirlo ha tenido que llorar su muerte y sobrevivirla". El hombre no dijo nada, quedó reflexionando por un momento, tomó la mano del doctor y agradecido abandonó el consultorio. 

Lionel Álvarez Ibarra 
Noviembre  2016 

"El sufrimiento deja de ser sufrimiento, en cierto modo, en cuanto encuentra un sentido, como suele ser el sacrificio"  
Viktor Frankl 

Práctica

He muerto en momentos en que inequívocamente he sentido mi vida amenazada.
He muerto de susto, cuando ha explotado abruptamente la burbuja que me tenía ensimismada
He muerto de rabia algunas veces, muchas, cuando al aplicar mis criterios, juzgo la presencia de injusticia.
Morí de dolor cuando un descarado ladrón arrancó y se llevó, corriendo, mi corazón
He muerto de miedo al estar a punto de dar pasos que incluyen enfrentar mis miedos.
He muerto de ternura al sentir, con mis hijos en brazos, la sedosa piel de sus manos, símbolo de vínculo indeleble para la eternidad.
He muerto de placer en esos precisos instantes que son perfecto ejemplo de clímax de expresión de amor en intimidad.
He muerto tantas veces de risa, que no vale la pena contarlas, sí recordarlas
He aquí la síntesis de una muestra de cómo la vida es, para mí, el mejor entrenamiento para la muerte.
Carmen Lucía Rojas
Noviembre 2016

viernes, 18 de noviembre de 2016

Orinokia, el cuento

Interesante es terminar de escribir. Luego queda corregir, mejorar. Ya no me pertenece, ya los personajes son...
A ver si puedo leer en el club, el último capítulo. La muerte que es el tema del mes, ronda a los personajes. ¿Se puede escribir como si fuese un personaje mas?


LA MUERTE SABIA MAESTRA



LA MUERTE SABIA MAESTRA


Cuando de morir se trata,
la vida se hace a un costado.
Los recuerdos cual ráfagas veloces,
nos harán un inventario de resultados.

¿Como me quiero morir?, me pregunto.
Con una sonrisa pícara y plena.
Con la vida masticada en cada trocito,
degustada y asimilada en sus mil sabores.

¿Qué me gustaría poner en mi epitafio?:
“Aquí vive, quién vivió y amó con pasión,
quién después de la muerte sigue viviendo
en muchas vidas, sigue existiendo en ti”.

¿Qué si le tengo miedo a la muerte?, ya no,
desde que mis hijos vuelan solos y son libres…
La vida para mí hoy, es un íntimo propósito,
un contrato espiritual entre mi esencia y el amor.

Muchas veces viví, muriendo de a pocos,
con ese letargo que sella la muerte.
Con esa monotonía que convierte la vida en una mueca,
mueca que agrieta la risa, mueca patética.

Los años sabios empezaron a llegar,
la luz fué iluminando lo que andaba a oscuras.
Los golpes, apenas son moretones pletóricos,
y la expansión…sutil arquitecto,me trazó un nuevo camino.

La muerte sepultó las tuberías oxidadas,
las paredes grises, las vivencias negras,
las ventanas rotas, los papeles sin presente, 
la vida oscura que de tanta oscuridad fallece.

Adiós al pasado, ya no eres mi presente.
estás ausente, eres solo un recuerdo, ni gris, ni plata.
Apenas eres la sombra de quien fuí…
Apenas eres el presagio de quien seré…



GUDELIA CAVERO






SILENCIO QUE LAS HORAS ESTAN DURMIENDO

Silencio, que mi alma habla en silencio
y mis palabras mudas dicen lo que siento.

Silencio, que el cielo pone estrellas en mi almohada,
pintando la oscuridad de mis sueños.

Silencio, que la noche cae en las faldas del mar,
y mece en silencio al sol que lentamente muere.

Silencio, que mi pensamiento gime,
en gotas de gélido silencio… congelándome la vida.

Silencio, que ya es hora de la palabra trozada,
del amor en silencio y los cuerpos en azul .

Silencio, que las moras del tiempo,
han colgado en el olvido el sonido del silencio.

Silencio, que Beethoven  teje una lágrima,
en la teclas muertas de un piano en silencio.

Silencio, que la luna se desliza en el infinito,
cuando el mundo muere lentamente en el silencio.

Silencio, en el lenguaje de las cascadas,
entre el agujero plata  del cielo y la gélida montaña.

Silencio, en las noches mandarinas de julio,
cuando las aves rompen su grito de abril en silencio.

Silencio, que  atardeceres y alboradas alucinando,
le cantan a los amores de otoño en silencio.

Silencio, orquídeas en flor, mi poema las florece,
cuando mueren lentamente encogiendo su color.

Silencio, que el amor le canta al desamor,
odas de silencio, sonatas púrpura y el Ave María del adiós.

Silencio, no hay nada más que decir en blanco y negro,
cuando el amor se apaga y no hay… a quien más amar.

Silencio, que mi secreto es el silencio,
y mi silencio es un secreto…Santo Secreto

GUDELIA CAVERO




jueves, 17 de noviembre de 2016

Relatos de Muerte Lenta

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Relato I
Pensar que la muerte mata

Regresó del fútbol como cualquier niño de la época en edad escolar. Dejando los libros en la butaca de la entrada, una noticia sin mayor impacto: “Tu papa se enfermó”
Cosa común en los niños y adultos. En escasos 10 años, ya se conocían las gripes, amigdalitis, faringitis y otras itis. Es decir, continuar con la rutina de baño, comida y tareas.
La comida como la de todos los días, solamente acompañada de una pastilla para evitar la gripe que estaba dando. Cosa altamente sospechosa.
Una hora y media después le comunican la noticia recién llegada por no se aún cual medio: “Tu Papá murió”. Como cualquier portador de una noticia trágica, corrió a la habitación para entregar a su hermana la impactante noticia. Recorrió velozmente el pasillo que conducía a las habitaciones y abriendo la puerta con brusquedad, la imagen de una mentira. Tres mujeres negramente trajeadas, una al lado de la otra. Apoyando la espalda en la pared con las piernas cruzadas y vestidas con medias de nylon. Creo que las noticias ya habían llegado.
Luego todo muy rápido en una lluvia de abrazos y frases hechas. Una de ellas descubriendo el telón de los cambios que venían y no alcanzados a comprender: “Eres el hombre de la casa"
El hombre elegantemente vestido en esa lustrosa caja mortuoria, no le dio tiempo de pasar el testigo… formalmente. Lo preparó durante 10 años.

Relato II
Tres noches…

Ya son tres noches sin dormir. Sin poder evitar que tantos pensamientos se aglutinaran en la mente. Un recorrido recurrente del closet, de la biblioteca, la sala, las gavetas. Ya la muerte había sucedido, solo que algunos muertos esperan un momento de corte. Pero los muertos conocían el estado. Solo se esperaba la hora oficial.
Una vez más los pensamientos organizativos. La distribución de la mayor cantidad de artículos en el vehículo. Seguro sería necesario abatir el asiento. Mi cuerpo esperaba inerte no escuchar ningún ruido afuera. Esperaba no despertar sospecha.
Tres noches cantadas a voces desde agosto en octubre, con un plazo de vencimiento hasta diciembre. Tres noches de intranquilidad.
El movimiento fue rápido, quirúrgico tal vez. Deseando hacer el menor trauma al muerto, que sentía sin tener que hacerlo.
Ya en la tarde, mirando un espacio conocido pero ajeno. La certeza de haber estado allí. Ya en esa tarde una declaración retórica: He muerto, un temido cambio, ahora otra vida.

Relato III
La nada y el todo

Recorriendo felizmente el pasillo de la muerte. Una metáfora relacionada al camino que recorre un condenado a morir. Pero a diferencia del sentenciado por un crimen, esto era lo anhelado y próximo a celebrar.
Nos sentíamos los amos del mundo. Quienes nos seguían nos idolatraban. Admiraban nuestra posición privilegiada, nuestras conversaciones, nuestra desfachatez.

Entre nosotros evaluábamos los planes futuros, una vez finalizara la vida universitaria.

Una vez llegado el esperado momento, recibido nuestro diploma, bebida toda la caña…la nada.
Se cuenta que algunos deambulaban un tiempo por los pasillos, otros renacieron en sus espacios bajo una forma diferente de vida.
Porque en eso radica la muerte, en un cerrar y abrir

Micro-Relato IV
Muerte bajo la cruz

A la sombra de la cruz de chaguaramos, muere una etapa.
Nace una nueva vida


Cesar Yacsirk

Noviembre 2016