domingo, 4 de agosto de 2019

Bitácora gráfica

Agosto 2019
Tema: El reencuentro
Visita de Lele al CLUB
Host: Aura Marina
Lugar:Club de Campo
Fecha: sábado 03 de agosto de 2019












El Reencuentro/ Crónica de Lio

EL REENCUENTRO
Para reencontrarse hay como que primero perderse, o por lo menos, que haya habido un distanciamiento. Algo así me había ocurrido con mis amigos de Caracas. Aunque me mantengo continuamente en contacto por las redes sociales, calculo que hacia como cuatro años que no me reunía  con mis compañeros del diplomado de Psicología Positiva, ni con mis colegas del Club de Escribidores de Caracas.
Pero una oportunidad de reencontrarnos se estaba presentando, porque en el marco de la celebración del X aniversario de la Sociedad Venezolana de Psicología Positiva (SOVEPPOS), se programó una jornada de actualización de la disciplina, y muchos de mis amigos iban a estar presentes. También estaría como ponente, la Dra. María Elena Garassini, quien venía de asistir al último Congreso Mundial de Psicología Positiva que se celebró en Australia y nos traía las últimas novedades. La Dra. Garassini, o "Lele" como le llamamos cariñosamente, fue nuestra profesora en el diplomado y es la responsable de que muchos hayamos abordado este transbordador  "Chalenger" de la Psicología Positiva. Era una ocasión inmejorable, así que decidí asistir y  "matar dos amigos de un solo tiro".
Salí de Valencia muy temprano y conseguí una "tranca" llegando a Caracas. El evento estaba programado para iniciarse a las 8:00 a.m. y yo estaba arribando con hora y media de retraso a la Universidad Metropolitana, sede del evento. Apresurado llegué a las puertas del auditorio, donde una persona a la entrada me calmó y me dijo que apenas estaba comenzando. Me explicó que habían estado esperando por Elinor Ribas, Luis Semprún y Martín Fernández, pero viendo que ya habían transcurrido más de hora y media y no habían aparecido, se decidió dar inicio al acto.    
La sala estaba repleta, miré hacia mi derecha, la última fila al fondo y visualicé un puesto desocupado y dos luceros verdes que pestañeaban y me hacían señas para que me aproximara. No podía creer que tanta fortuna me acompañase y que la primera con quien me reencontrase fuera Arcángela, la Italo-Venezolana más bella de la cohorte favorita. Aquella tranca a la entrada de Caracas, que en su momento me molestó por retardar mi llegada, ahora la agradecía, porque fue la que dio el "timing" perfecto para que me tocara sentarme al lado ella. Ya estaba Josefina Blanco haciendo su presentación, y pedía a la audiencia que recordásemos cual había sido nuestra última emoción positiva. En mi caso, no tuve que recordar mucho, estaba viviendo en ese momento la emoción de la alegría al lado de la Arnone.
Llegó la hora del receso, del "break" como diría Lele en inglés australiano. La gente comenzó a levantarse. Una señora se aproximaba hacia mi ¡era Irma Weffer! No la conocía personalmente, pero nos abrazamos como si fuéramos amigos de toda la vida. Luego otra con amplia sonrisa se acercó, la identifiqué por una foto del whatsapp, era ¡Jesusita Peters! Y una tercera persona, que había estado arriba en el estrado sirviendo de directora de ceremonia, bajó de las alturas y vino hasta donde estábamos. Se presentó como Aura Marina Valera y fue también un placer conocerla.
Hablé con Alberto Lindner, y aprovechando su posición influyente dentro de la SOVEPPOS, le pedí me ayudara a por lo menos acercarme hasta donde estaba Lele para saludarla. Inmediatamente accedió y como un motorizado fue abriendo paso entre la multitud hasta llegar en donde estaba, rodeada de admiradores, toda una diva de Hollywood. Fue un emotivo encuentro con mi profesora caraqueña y ahora "cachaca".
Allí cerca estaba Maigualida, tomando fotos; se sacó un "selfie" junto con Alberto, pero parece que el celular era prestado, porque en lugar de presionar el círculo de "foto", apretaba la cara de Alberto en la pantalla.
En el evento también me reencontré con: Victoria Tirro, Josefina Blanco, Pura Zavarce y María Enriqueta Aquique. Con Tibaire García, poco pude hablar, estaba muy ocupada llamando a la Hacienda Santa Teresa para comprar una botella de ron. Conversé con mi paisana Carmen Rosa Anzola, quien había originado todo un murmullo de exclamación en la audiencia cuando dijo que se había ¡fumado una lumpia! Saludé a Nancy Gutiérrez cuando se escapaba, y a Nayarí Rossi, muy activa cubriendo el evento como reportera.
Un reencuentro corto, que no dio tiempo a mayores intercambios, pero feliz de estar con tantos amigos y vivir la emoción de sentirme bienvenido y apreciado. Satisfecho de ver tantas personas queridas que siguen avanzando, trabajando, estudiando e investigando, dando un aporte importante al país, cuando más lo necesita. Alcanzando sus mejores versiones y dándonos la oportunidad de experimentar la emoción del orgullo, cada vez que, esponjados como un pavo real, exclamamos: "Ella fue mi profesora en el diplomado" "¡Ese es mi amigo"  o "¡Esa es amiga mía!

Lionel Álvarez Ibarra.
Agosto 2019

reencuentro

El reencuentro
Era un 3 de agosto, lo recuerdo. Había un desorden en la estación de policía de Los Teques. Cinco ancianos gritaban, vociferan y se empujaban, culpándose unos a otros. El jefe de la policía trataba de pedir silencio pero no era posible. Eran tres hombres y dos mujeres. El oficial no se podía explicar cómo un grupo tan raro de personas tuvieran que ver unos con otros. Todos rondaban los 80 años de edad, sumando entre los cinco, 400 años de vida. El policía que no entendía mucho, no sabía que además de la edad, los igualaba la pasión por la escritura.
Pedro es el líder del grupo. Había sido abogado litigante cuando joven. Es delgado y muy alto; y seguro tuvo mucho éxito con las mujeres estando casado hasta hace poco, en  que quedó viudo. Aun tiene un pelo con buenas raíces y abundante, pero completamente blanco.  Se viste siempre de pantalón gris y camisa blanca, y a veces se coloca una corbatica de lacito, pero unicolor. Su único problema es que tiene narcolepsia. Por eso dice, “que no importa llegar tarde, pero siempre poder llegar”. Su problema es que ya no llega. De los cinco es el que está más alterado pues dice que le robaron el carro, y para colmo llegó un comando especial y lo secuestraron para traerlo hasta acá. 
-Mire, mire señora, no le jale el pelo al viejito que se le va a caer, no lo empuje- decía el oficial tratando de no perder la calma, aunque le provocaba sacar el arma y disparar al techo, pero recordó que arriba guardan el aceite de la dos patrullas que tienen y no sería conveniente.
Martha, la que le jalaba el pelo a Pedro, fue maestra cuando joven. Es soltera y pretenciosa. Ahora cree que con los cuatro pesos de la pensión puede hacer grandes cosas. La verdad es que el seguro social le pagan las sesiones semanales para tratarse el TOC, el trastorno obsesivo compulsivo.  En su caso, grita a todo gañote porque ella le dice que lo salvó, y él en cambio,  les dice ladrones. 
Jhon es gringo, es el mayor, ya tiene 85 años aunque parece de 82. (Tiene el ego muy elevado). Nació en Nueva York y trabajaba para la Exon y se vino en los años 60 a trabajar en los campos petroleros. Estuvo hasta el año 74, fecha en la que regresó al norte con la nacionalización de la industria. Aprendió a hablar el español un poco “machucao” pues en los campos de petróleo solo se hablaba inglés. Lo aprendió a juro pues se casó con una india del amazonas y tuvieron cinco hijos. Todos viven en el norte con su mamá india. Allá llaman a su mamá, “the Nany” que es como mas cool y raya menos. Con Jhon hay que tener cuidado pues no se sabe lo que lee, lo que entiende y lo que hace. Generalmente es un traspiés. 
-Señora pero quédese quieta voy a llamar a un policía si no lo hace. No muerda al gordito.  Ahh perdón, el policía soy yo,- dijo. Luego le gritó y le dijo –le voy a llamar a un psiquiatra. – Entonces Marta se calló
El gordito con el pelo “jalado” se llama Julio, y es talabartero. Trabaja el cuero pero en encuadernaciones. Aún tiene su taller artesanal en Santa Rosalía, en el Centro de Caracas. Todo el día se le va bajando de Los Teques a Caracas y luego subiendo. Lo hace una parte en Metro, luego en bus, y luego camina como dos cuadras. Ya no tiene empleado, pero va para abrir la puertas y las ventanas. A veces le da tiempo para coser un libro por la mitad. Pedro lo tiene amenazado con pedirle que forre en cuero su manuscrito, para que se lo empaste y llevarlo a la biblioteca nacional. Es su sueño. Siempre le dice que cuando le pida que lo empaste es porque ya vió a la pelona y se va despidiendo. Quiere llevarlo el mismo a la biblioteca. Versa sobre su propia vida, escrita cuando no se quedaba dormido. Julio es el más entregado del grupo, el talabartero, el “que cose, ata y los mantiene unidos”. Eso lo llegó a decir Juana una vez, quién lo amó mucho en silencio. 
Juana, la más joven del grupo y es metafísica. Los demás se burlan de ella porque siempre habla de lo metafísico y lo esotérico. Prende velas, fuma tabaco con la candela pa´dentro, lee el tarot, las Runhas egipcias, la borra del café, el aura y las líneas de la mano. Si alguien del grupo le hace algún comentario de salud, Juana les prepara un “de todito” que incluye ramasos, buches de ron, picada de ojos, humero de tabaco y rezos varios.  Juana cree activamente en el más allá, y tan allá que solo se viste de negro cerrado y con el pelo blanco estirado como una liga, con un moñito en la parte de atrás de la cabeza. A veces se coloca un camafeo rosado con una figura de una mujer en nacar, que ella dice que era su abuela de cuando baile con Bolívar.
Tal era la confusión en la comandancia, que el oficial llamado Linares, tuvo que buscar refuerzos. Colocó entre cada anciano a un policía y luego les pidió que “hicieran distancia” con el brazo extendido como se hacía en el colegio de cuando niños. Ya calmados los metieron en una celda. Se escuchaban susurros que decían: “ladrones, soberbios, mal agradecido, fantasmas”. Pedro, alcanzó a susurrar; “todo por escoger el tema para escribir este mes…Todo por el reencuentro”. Y además estos malandros me roban el carro…
Los cuatro ancianos levantaron la mirada a la vez y cada quién desde su asombro. El tema es que tenían un grupo de contacto y le tocaba a Pedro decidir el tema a escribir, pero no lograba tener unos minutos corridos de conciencia sin dormirse. Todos recuerdan que colocó: “Bue, reen cue …” Para Pedro sin dudas era el reencuentro, ya que ni se acuerdan, si se ven o no. El tema es que cuando se escribe en clave cada quién lee e interpreta desde su propia realidad, desde su propia mirada.
Martha entendió que era un rehén en su casa y presta llamó a la policía, la que acudió. Momentos antes Pedro se había asomado en su ventana y había visto que no estaba su carro, “Carajo, me lo robaron”, dijo, y también llamó a la policía para denunciar a sus amigos.
Jhon el gringo, entendió que dos ee es i y que estaba pidiendo un rin Q para sus cauchos y fue y se llevó el carro al taller, donde lo buscó la policía por robo. Julio, ante la presencia de la muerte de su amigo entendió que había escrito “reencuaderna”, lo que significaba que se estaba despidiendo, por lo que llamó al servicio de clínicas, y que mandaran una ambulancia para que lo revisaran. Raudo y veloz se fue a la estación del tren para ir a su taller  de Santa Rosalía para reencuadernar el libro, pero ese día no hubo electricidad. Se puso a llorar y un policía se lo llevó a la central para asistirlo.
Juana la bruja entendió reencarnar. Lo primero que le vino a la mente fue que tenía que preparar un espacio donde habitara su amigo en la despedida y en el tránsito a un nuevo cuerpo. Lo único que tuvo a la mano fue el gato del vecino, el cual metió  en una caja. Prendió velas y entre conjuros convocaba a la vida eterna. El dueño del gato al percatarse del hecho, llamó a la policía.
Todos ellos fueron convocados por diferentes temas a la misma hora y en el mismo lugar. Cada quién gritó sus pasiones y sus emociones. Pedro ya estaba dormido otra vez.
Linares pensaba dejarlos hasta el día siguiente para que aprendieran la lección. Era mucho para un solo día; un robo, un secuestro, un infarto,  un acto depresivo,  y una brujería. Linares se asomó en la celda y vio a Pedro plácido, y a Juana la bruja dormida en su regazo. Jhon contaba la tabla de multiplicar en ingles y que porque era bueno para las enfermedades seniles. Martha le revisaba el pelo a Julio a ver si conseguía algún piojo rezagado. 400 años de historia; y a Linares se le arrugó el corazón. y los dejó ir tras la promesa de que se iban a portar bien.
Caminaron tres o cuatro cuadras en Los Teques sin decir una palabra. Pedro preguntó: “¿quién tiene mi carro?. –Ya lo vamos a buscar, le puse rines nuevos, dijo Jhon. Caminaros callados por una cuadra más y las preguntas fueron. “¿no te vas a morir?, ¿No quieres tu libro?”
A la quinta cuadra se pararon. Todos se miraron. De repente explotó una risa que se volvió dos, tres, cuatro, cinco y cien. Rieron por horas, se abrazaron, se besaron y celebraron estar vivos.  Si alguien hubiera estado allí, hubiera escuchado en cada abrazo decir: “que divertido el día de hoy, ¿Cuándo lo repetimos?”

Alberto Lindner
EL REENCUENTRO

Para reencontrarse hay como que primero perderse, o por lo menos, que haya habido un distanciamiento. Algo así me había ocurrido con mis amigos de Caracas. Aunque me mantengo continuamente en contacto por las redes sociales, estimo que hacia como cuatro años que no me reunía  con mis compañeros del diplomado de Psicología Positiva, ni con mis colegas del Club de Escribidores de Caracas.
Pero una oportunidad de reencontrarnos se estaba presentando, porque en el marco de la celebración del X aniversario de la Sociedad Venezolana de Psicología Positiva (SOVEPPOS), se programó una jornada de actualización de la disciplina, y muchos de mis amigos iban a asistir. Un atractivo adicional era que iba a estar como ponente, la Dra. María Elena Garassini, quien venía de asistir al último Congreso Mundial de Psicología Positiva que se celebró en Australia y nos traía las últimas novedades. La Dra. Garassini, o "Lele" como le llamamos cariñosamente, fue nuestra profesora en el diplomado y es la responsable de que muchos hayamos abordado este transbordador  "Chalenger" de la Psicología Positiva. Era una ocasión inmejorable, así que decidí asistir y  "matar dos amigos de un solo tiro".
Salí de Valencia muy temprano y conseguí una "tranca" llegando a Caracas. El evento estaba programado para iniciarse a las 8:00 a.m. y yo estaba arribando con hora y media de retraso a la Universidad Metropolitana, sede del evento. Apresurado llegué a las puertas del auditorio, donde una persona a la entrada me calmó y me dijo que apenas estaba comenzando. Me explicó que habían estado esperando por Elinor Ribas, Luis Semprún y Martín Fernández, pero viendo que ya habían transcurrido más de hora y media y no habían aparecido, se decidió dar inicio al acto.  
La sala estaba repleta, miré hacia mi derecha, la última fila al fondo y visualicé un puesto desocupado y dos luceros verdes que pestañeaban y me hacían señas para que me aproximara. No podía creer que tanta fortuna me acompañase y que la primera con quien me reencontrase fuera Arcángela, la Italo-Venezolana más bella de la cohorte favorita. Aquella tranca a la entrada de Caracas, que en su momento me molestó por retardar mi llegada, ahora la agradecía, porque fue la que dio el "timing" perfecto para que me tocara sentarme al lado ella. Ya estaba Josefina Blanco haciendo su presentación, y pedía a la audiencia que recordásemos cual había sido nuestra última emoción positiva. En mi caso, no tuve que recordar mucho, estaba viviendo en ese momento la emoción de la alegría al lado de la Arnone.
Llegó la hora del receso, del "break" como diría Lele en inglés australiano. La gente comenzó a levantarse. Una señora se aproximaba hacia mi ¡era Irma Weffer! No la conocía personalmente, pero nos abrazamos como si fuéramos amigos de toda la vida. Luego otra con amplia sonrisa se acercó, la identifiqué por una foto del whatsapp, era ¡Jesusita Peters! Y una tercera persona, que había estado arriba en el estrado sirviendo de directora de ceremonia, bajó de las alturas y vino hasta donde estábamos. Se presentó como Aura Marina Valera y fue también un placer conocerla.
Hablé con Alberto Lindner, y aprovechando su posición influyente dentro de la SOVEPPOS, le pedí me ayudara a por lo menos acercarme hasta donde estaba Lele para saludarla. Inmediatamente accedió y como un motorizado fue abriendo paso entre la multitud hasta llegar en donde estaba, rodeada de admiradores, toda una diva de Hollywood. Fue un emotivo encuentro con mi profesora caraqueña y ahora "cachaca".
Allí cerca estaba Maigualida, tomando fotos; se sacó un "selfie" junto con Alberto, su celular parecía prestado, porque en lugar de presionar el círculo de "foto", apretaba la cara de Alberto en la pantalla.
En el evento también me reencontré con: Victoria Tirro, Josefina Blanco, Pura Zavarce y María Enriqueta Aquique, un cuarteto estelar, todas mis queridas profesoras. Con Tibaire García, poco pude hablar, estaba muy ocupada llamando a la Hacienda Santa Teresa para comprar una botella de ron. Conversé con mi paisana Carmen Rosa Anzola, quien había originado todo un murmullo de exclamación en la audiencia cuando dijo que se había ¡fumado una lumpia! Saludé a Nancy Gutiérrez cuando se escapaba, y a Nayarí Rossi, muy activa cubriendo el evento como reportera.

Un reencuentro corto, que no dio tiempo a mayores intercambios, pero feliz de estar con tantos amigos y vivir la emoción de sentirme bienvenido y apreciado. Satisfecho de ver tantas personas queridas que siguen avanzando, trabajando, estudiando e investigando, dando un aporte importante al país, ahora cuando más lo necesita. Alcanzando sus mejores versiones y dándonos la oportunidad de experimentar la emoción del orgullo, cada vez que, esponjados como un pavo real, exclamamos: "Ella fue mi profesora en el diplomado ¡Esa es amiga mía!

Lionel Álvarez Ibarra.
Agosto 2019  

viernes, 2 de agosto de 2019

agosto 2019 CEC



AGOSTO 2019
día: sábado 03 de agosto 2019
Lugar: Casa de Aura pero no nos ha dicho como llegar
Hora: 10 am
Host: Doña Aura Marina
Tema: el reencuentro
Tipo: Contri

domingo, 7 de julio de 2019

ELECCIONES


                                        

                Entendemos por máscara esa claudicación a lo luminoso.  Espacio de sombras  que se repelen en el engaño y el ocultamiento. Prefiero la idea de la máscara heredada de los griegos, la máscara como identidad, como persona única que se hace a sí misma. Como rostro que osadamente  muestra sus itinerarios,  descubre sus fronteras tanto como sus centros a la luz de la existencia. Yo escojo mi máscara. La vida emerge y se evidencia en esa máscara que decido tener.
                Las máscaras son rastros y grietas de las elecciones que tomé y las que voy a tomar.  Con ellas edifico mi casa y su horizonte  me permite  avistar la verdad, soñar lejos de culpas,  donde titilen las estrellas.
                Dibujo los mapas de mi rostro al elegir el encuentro; al amar lo distinto, lo desigual, lo imperfecto, como consigna para creer en el otro.
                El mundo te confronta, te prueba, te desgasta. Elijo la resistencia de un magnánimo destino: dar más allá de la adversidad.
                Si el rostro de lo cotidiano amenaza las ganancias, elijo ser retazos de vela  sin  nudos, ni cuerdas, solo  boquetes donde se cuele la ilusión de vivir.
                Elijo la vida, con todas sus aristas, como refugio ante la incompetencia de tantos desacuerdos. Celebro la alegría, talismán que guía mis pasos.
                Elijo los trazos de mi  historia. Travesía armoniosa de los rostros que suman lo que soy. Rescato las puertas y ventanas que anuncian el resplandor de lo bueno y generoso.
                Me dejaré seducir por  la esperanza, amante de los días que todavía no vivo. Si esos próximos días vaticinan soledad, elegiré ser mi mejor compañía.
                La mitad de mi alma ya probó la tristeza, razón por la cual la otra mitad escogió disfrutar la algarabía que ronda  el entusiasmo, el compromiso y el hacer.
                Cuando llegue el tiempo en que los recuerdos sean memoria, detrás del brillo de mis ojos  escribiré un epitafio que descubra mi máscara: “aquí yace el cuerpo de una mujer que eligió vivir y amar con pasión, profundidad y alegría. Solo el cuerpo, porque su espíritu sigue viviendo y amando de la misma manera”.
                Me gustan las máscaras que construyen la vida.

Irma Wefer

miércoles, 26 de junio de 2019

LAS MÁSCARAS
Tuvimos el privilegio y la satisfacción de asistir a la última presentación del famoso mimo francés Marcel Marceau en el Teatro Municipal de Valencia. En uno de los "sketchs", el personaje  entra en una tienda de máscaras y comienza a probarse decenas de ellas. Su rostro cambiaba totalmente cada vez que se colocaba una, hasta que se puso una máscara de una carcajada y esta se le quedó atascada y no lograba zafársela. Es allí en donde pudimos apreciar la genialidad de este artista, cuando, manteniendo la máscara de la carcajada, lograba al mismo tiempo transmitir al público  la angustia y el desespero por quitársela.
Las emociones que experimentamos se reflejan en nuestro rostro, y aunque no contamos con la genialidad de Marcel Marceau, a menudo desarrollamos una maestría para colocarnos máscaras que buscan ocultar lo que realmente sentimos. Los niños son sinceros y exteriorizan lo que sienten, cuando están arrechos forman su berrinche y cuando están alegres no hay quien les quite  sus sonrisas. Pero luego, a medida que vamos creciendo, muchas veces se van desarrollando creencias de que no debemos manifestar ciertas emociones en público. Vivimos entonces más pendientes del que dirán, maquillamos lo que creemos que puede ser mal visto y evitamos que otros sepan cómo nos sentimos realmente.
El profesor Tal Ben Shahar, conocido por dictar uno de los cursos más concurridos de la Universidad de Harvard, fundamentado en la Psicología Positiva, explicaba en una de sus conferencias, que si bien es cierto que es importante mantener un estado alegre y vivir con optimismo, lo que contribuye a nuestra felicidad, ello no significa que neguemos la existencia de las emociones negativas y mucho menos que tratemos de ocultarlas o reprimirlas.  Estas existen y son hasta cierto punto útiles y necesarias. Debemos darnos el permiso de  ser humanos, expresarlas es aceptar la realidad, es estar en este mundo ¡es vivir!
En nuestras máscaras emocionales, la sonrisa es el componente más importante, porque es el elemento más versátil de nuestra arquitectura facial y es lo que mejor esconde a las emociones  negativas. Famosa es la que muestra el boxeador luego de asimilar un golpe del contrincante, solo para hacer creer que no le hizo daño. También existe la del que actúa con hipocresía, de hecho, el término se aplicaba en la antigua Grecia a los actores de teatro, que a menudo utilizaban máscaras. En oportunidades, por razones de trabajo, se exige al empleado que trata con público, mantenerse sonreído. Es el caso de las aeromozas, lo que dio lugar a la conocida "Sonrisa Panamericam" que la ya desaparecida aerolínea exigía a sus azafatas.
Algunos, con su sonrisa, logran engañar a mucha gente, pero no a todo el mundo. Así ocurrió con mi amiga Marcolina, que cansada de tanto antidepresivos se presentó a la consulta de su médico  con una máscara que desplegaba una amplia sonrisa, tratando de hacerle creer que ya se encontraba bien y no los necesitaba. Su sonrisa se convirtió en mueca cuando la doctora ¡le incrementó  la dosis!
La ciencia ha estudiado la sonrisa ampliamente y ha identificado diversos tipos. Podrán esbozar en sus máscaras cualesquiera de ellas, pero les será difícil falsear la sonrisa Duchenne, llamada así en honor al médico francés Gullielme Duchenne que la investigó y describió a mediados del siglo XIX. Se trata de una sonrisa genuina, que no puede generarse voluntariamente, controlada por el sistema límbico y ligada a la parte más emocional del cerebro. Su característica principal -aparte de la contracción de los músculos alrededor de la boca, que provoca el levantamiento de la comisura de los labios- es la contracción del músculo orbicular que alza las mejillas y produce arrugas alrededor de los ojos, rasgo que devela una emoción espontánea, ya que la mayor parte de las personas no pueden contraer a voluntad el músculo orbicular.
Lo sensato es abandonar esa "tienda de máscaras" y salir a enfrentar la realidad. Pero no es fácil, seguiremos tropezándonos diariamente con amigos y familiares con máscaras  risueñas pero con aflicciones que sus miradas no logran ocultar. Desconocemos la magnitud de sus angustias y desafíos, así que debemos tratarlos con paciencia y gentileza. 
Las mascaras pueden mostrar diferentes sonrisas, porque tenemos dominio sobre los músculos que la controlan, pero la emoción escondida busca salir a la luz a través de los ojos, sobre los cuales no tenemos el mismo dominio. Ellos nos delatan,  por algo dicen los sabios que "los ojos son las ventanas del alma".

Lionel Álvarez Ibarra.
Junio 2019


martes, 25 de junio de 2019

la máscara



Escrito tridimensional
Las máscaras
Elinor Ribas
Modelo: Hened Abrahan

las máscaras; las sombras y sus luces

Desde muy niño me han llamado la atención las máscaras. Son una suerte de telón que nos colocamos para ser otras personas distintas, actuando roles y personalidades que nos son ajenos. Hay algo que nos mueve y nos conecta con emociones, que en el caso de disfraces, pueden ser positivas y de bienestar. Sin embargo, he podido observar, conocer y sentir, que podemos desarrollar máscaras en nuestra infancia, que cubren dolores, pérdidas o sufrimientos. En el coaching y con los aprendizajes de los símbolos de Jung, las hemos llamado también, las máscaras, nuestras máscaras.
Dice el poeta sueco Hjalmar Soderberg, que todos los seres humanos “deseamos ser amados, en su defecto admirados, en su defecto temidos, en su defecto odiados y en su defecto, despreciados. Deseamos despertar una emoción en quien quiera que sea el otro. El alma se estremece ante la vida y busca el contacto sin importar a qué precio”.Puede ser que eso y las grandes heridas de la infancia, nos hagan mostrar rostros que no somos. Un tanto lo que Jung ha llamado las luces y las sombras. Y a  tal sombra, tal máscara.
Mi coach español, Ángel Lopez las ha llamado las 5 heridas, que se comienzan a curar en la medida que las reconocemos en nosotros mismos. Se basa en un libro de Lise Bourdeau, “Las 5 heridas que nos impiden ser uno mismo”. Desde el coaching ontológico decimos que hay que abrazar a las sombras como parte constitutiva de nuestro ser. Sin embargo desde la psicología positiva, el poder generativo de la ontología del lenguaje y desde la creencia cierta que el lenguaje genera ser, podemos abrazar a las sombras e iluminarlas con emociones expansivas.  
Las cinco heridas que mencionan los autores y que se crean o generan en la etapa de la infancia temprana son, el rechazo, el abandono, la humillación, la traición y la injusticia. Tales heridas pueden acompañarnos por siempre si no hacemos, al menos, un intento de ver en el interior y buscar los orígenes de lo que sentimos. Por eso,  lo llamamos "el regreso a casa", donde hacemos un viaje a lo interno, como un viaje en el tiempo, donde tenemos que entrar en nuestros propios laberintos para enfrentar al Minotauro, el cual, ya cansado por habitar en las sombras, no opone resistencia para que puedas avanzar. Habiendo vencido al monstruo, el camino a casa es mas fácil y en el, dejamos las máscaras del tiempo.
Dice Ángel Lopez que de las cinco podemos llegar a tener multi máscaras dependiendo de los que nos tocó vivir. El rechazado se coloca la máscara del huidizo, el que no se compromete, el que no desea vivir en el rechazo nuevamente. El rechazado en su laberinto realiza un diario de su vida y de todos sus rechazos, sus causas y emociones. Con el acto de revivirlos, quizá se desvanezcan. 
El abandonado se coloca la máscara del dependiente. Cuando hace pareja se vuelve sumiso y no toma decisiones propias. Le aterra quedarse solo y tener que afrontar el mundo. El miedo es la emoción interna y la puede contraponer con la confianza, que por ser un juicio-emoción, se puede desarrollar. Pequeñas acciones de competencia, terminan por doblegar al miedo del ego que nos protege.
El humillado se coloca la máscara del masoquista en cualquiera de sus dos significados. El humillado se auto descalifica y busca sentirse mal con lo que hace, pues asocia que es malo, por eso le salen mal las cosas. El bulling en el colegio y en el trabajo nacen de estas heridas parentales. La inteligencia emocional en su práctica le pudiera dar luces al humillado quién encontrará valores que generen emociones fuertes que lo induzcan a las acciones positivas. Al final, el humillado abraza su origen y avanza.
El traicionado se coloca la máscara del controlador y a veces busca a personas con máscaras de humillados. Son celosos e inseguros; generalmente sienten miedo que los engañen, siendo así muy celosos con sus parejas. No acepta las equivocaciones de otros y en su máscara, los retira de su vida con el juicio de traidores; pocas veces dan segundas oportunidades.  Valora su reputación construida con un ego sobre protector que no se equivoca.  Con esta máscara nunca verá que también puede cometer actos que se asemejen a traiciones, ya que los que traicionan "son los otros". El laberinto para esta máscara sin duda es el perdón. La psicología positiva nos habla del diario del perdón y su proceso. También sirve el diario del listado de los traicioneros, sus actos, su significado y trascendencia. Es posible que con el perdón y con resignificar lo vivido , todo se disuelva y se conecten con la expansión del ser.
Por último está la injusticia, un juicio que se crea cuando no nos valoran, nos quitan lo que merecemos, nos ignoran, o nos dan libertad aparente. La máscara que se observa es la del rígido, aquel que se da pocos permisos, y que es rudo en el trato. Pasa en las familias cuando los padres tienen preferencias entre sus hijos, y un niño crece en el desmerecimiento. La máscara del rígido cae en su laberinto cuando abraza a sus padres tal y como fueron, cuando puede perdonar, cuando se da libertades para dejarse amar, que es lo más complejo.
Desde la inteligencia emocional, la psicología positiva y la ontología del lenguaje como generadora del nuevo ser, a través de las acciones, podemos reprogramarnos para alcanzar una vida plena. Se trata de abrazar sombras y quitar las máscaras para ver lo que se es. Lo primero es detectar la creencia, luego reforzar acciones con positividad, luz y emociones positivas,  romper entonces los patrones adquiridos y abrazar a ese nuevo ser en expansión y en auto control. 
Suena fácil, pero no lo es. Lo peor es quedarse sentado y cruzar los brazos como los rígidos. La acción genera ser.

las máscaras


Autor: Jesucita Peters 

"Las máscaras"

Que difícil hablar de las máscaras será que hablar del hombre es un símil de las múltiples facetas que en la vida tenemos que adoptar ante la sociedad.
Quién no ha usado una máscara en alguna etapa de su vida, será que son necesarias para seguir transitando  en este plano.
Podríamos juzgarlas, serán buenas o malas, no lo sé, pero siento que son necesarias  ya que alivianan situaciones  de la vida.

Para mí ha sido una pérdida de identidad o perdida de mi primera mascara y todo comienza cuando paso a  primer año de bachillerato y le dicen a mi mamá que debe llevar la partida de nacimiento, rauda y veloz la negrita se dirige a la Jefatura del Recreo que fue donde me presentaron y solicita mi partida de nacimiento, allí el funcionario le dice a mamá,  miré señora aquí está una partida de nacimiento con la misma fecha , los mismos padres, pero su hija no se llama Magda de Jesús aquí aparece como Jesucita, pues a partir de allí a los 12 años comienzo con otra identidad y me toca ponerme y reconocerme con otra máscara a la que no estaba acostumbrada.

Mi familia cercana me llama Magda y los de la Universidad y trabajo Jesucita.
Es hasta anecdótico el día de mi matrimonio por Civil mi ex me dice, ¿ y quién es Jesucita?
La despersonalización representada. 

Pues en el transcurrir del tiempo nos acostumbramos al uso de múltiples máscaras que nos permiten pasar de la alegría a la tristeza, del desasosiego  al  bienestar, de la desesperanza a la esperanza y nos vamos amoldando a ellas  según las exigencias.
Las máscaras me permiten enamorarme de un día hermoso con un resplandeciente amanecer y un atardecer pleno de todo lo vivido en ese día. 
Me pongo otra máscara y disfruto la escucha de la melodía que al compás de todos los instrumentos  me llevan al éxtasis de lo escuchado. 
La máscara de la ternura me permite contemplar la risa de un niño jugando  con la magia de la inocencia.

Como no usar las máscaras de la vida que permiten el fluir de nuestra propia existencia.
Si hubiese que ponerle colores a mis máscaras serían todas de colores resplandecientes independientemente de las circunstancias, porque pienso que eso me ayudaría a salir airosa de todas las pruebas que me pone la vida.

A pesar de las múltiples máscaras que usamos lo importante es saber cuándo y cómo usarlas para contribuir con  nuestro bienestar.
En estos momentos de mi vida me estoy probando la máscara de la abuela que me llena de infinita ternura y amor por dar  y pensándolo bien me hace sentir con todas las emociones positivas a flor de piel, guao no pensé que me sentiría  así,es un maravilloso sentimiento al saber que ha  de venir una extensión de ti y crecerá  lo más hermoso  de la sociedad la familia, tu familia mejor expresión de amor imposible. 

En éstos momentos de mi vida siento la necesidad de usar las máscaras que me permitan transitar en consonancia con mis principios y valores y me permitan ir en busca de lo que me haga feliz, para mi ese es el  camino a seguir. Pues no  queda otra que seguir usando las máscaras que contribuyan al logro de la felicidad.



AGRAMA


Autor: Martín A. Fernández Ch.
Fecha: 22/06/2019

Agrama se había organizado desde temprano para poder ir a la fiesta de reencuentro con sus amigos de bachillerato, a quienes no veía desde hace 30 años.  Ella no estaba muy convencida de asistir, no tenía ganas de verse nuevamente con esa gente, pensaba que, si en aquella época eran desagradables, ahora serían peores. Fue su mamá quien la convenció que fuera, insistió con tantas llamadas que prácticamente se vio obligada a complacerla y hasta tuvo que prometerle que iría.

Le fue complicado escoger la ropa que se iba a poner. Se probó varias combinaciones de pantalones con blusas y vestidos, pero cada vez que lograba una vestimenta que le gustaba, pensaba en la mirada de alguno de sus compañeros. Cuando se puso el vestido de flores, pensó en aquel desgraciado que la enamoró y que la abandonó luego de haberse aprovechado de ella, cuando estaba tan ilusionada que fue débil a las peticiones pasionales de ese hombre. Al probarse los pantalones de jean ajustados, que resaltaban sus esbeltas caderas, con una blusa de seda que transparentaba y dejaba ver su brazier mostrando la firmeza de sus pechos, como producto de su rutina en el gimnasio, se le vino a la mente una guerra de críticas de sus compañeras, quienes solo se dedicaron a tener familia y a engordar. En fin, se decidió ir vestida como lo que es: una ejecutiva exitosa, se vistió de manera elegante, resaltando su altura con unos zapatos de tacones altos, con un pantalón negro y una blusa roja manga larga con cuello de solapa ancha, desabotonada por delante hasta la altura del corazón para que resaltara su collar de perlas, combinando con sus zarcillos también de perlas, en su muñeca izquierda se puso su rolex, en el índice de su mano derecha se colocó el anillo que se compró en su último viaje a Paris, y también se puso un cinturón de cuero blanco con una hebilla que tenía un brillante en el centro. Para terminar, se maquilló y se aplicó su mejor perfume. Estaba realmente hermosa, como siempre acostumbraba enfrentar su día de trabajo como directora ejecutiva de finanzas de una empresa trasnacional reconocida.

Al momento de salir, le repica su celular. Era su mamá que llamaba para asegurarse de que no fuera a retractarse de su promesa. Mientras Agrama le respondía de manera impertinente, se dirigía al ascensor privado que llegaba a su pent – house. Cuando abrió sus puertas, consiguió la excusa perfecta para despedirse de ella. Mientras bajaba al sótano, iba recordando a los amigos más icónicos de aquella época.

Pensó en Luz y su optimismo exagerado e irritante, la que siempre andaba con una sonrisa, como si todo fuese color de rosa, le encantaba organizar fiestas. Aseguraba que ella estuvo involucrada de lleno en esta reunión. Imaginó que ya tendría el repertorio musical, esperaba que no se pusiese insoportable obligando a todos a bailar, como sucedió en la fiesta de graduación, que la puso a bailar con Babo, que con solo recordarlo le repugnaba, ya que solo quería bailar pegado.

Babo le despertaba recuerdos de situaciones muy incómodas y pervertidas, se la pasaba espiando en el baño de las mujeres, buscaba la manera de tocar disimuladamente las partes traseras o rozar los senos de las chicas, y lo más repulsivo eran sus piropos, porque eran muy ordinarios. Por eso, bien tenía ganado su apodo de “El Baboso”.  Ella pensaba que no sabría qué hacer si Babo le sale con una de las suyas en la reunión, quizás lo demandaría, pero seguramente los demás compañeros intervendrían para que no lo hiciese, pero por lo menos una buena cachetada le daría. Aunque también sentía lástima por él, porque solo trataba de imitar a su amigo Giácomo, quien era un seductor.

Giácomo, le hacía traer al presente los momentos de cómo fue seducida hacia al amor, a la pasión desenfrenada, para luego sentirse decepcionada consigo misma por dejarse engañar de esa manera, que la hizo sentir como la mujer más estúpida al enterarse que fue su tercer trofeo en ese año y que sus amigas Dulce y Victoria trataron de advertirle, porque ya habían pasado por lo mismo. Agrama dudaba que sus días de Casanova se hubieran acabado, porque no era agraciado y la manera de tener una mujer era gracias a su habilidad verbal y gestos románticos, por eso, sus conquistas eran grandes trofeos que alimentaban su ego.

Al recordar a Dulce, entendía por qué fue presa fácil de Giácomo. Su tristeza y pesimismo no la dejaba evolucionar. Pensaba que la falta de visión de sí misma, de su belleza y de su inteligencia, le producía ese vacío que cuando cualquier muchacho se le acercaba, se dejaba seducir.  Se le vino a la cabeza aquellos días que la veía llorar, como: antes de los exámenes porque decía que no había estudiado lo suficiente y resulta que sacaba las mejores notas de la clase, también cuando se sentía apartada o excluida por los amigos, o cuando en una oportunidad la causa era porque algún día moriría ella o alguno de sus amigos. Estas situaciones de pesimismo vividas con Dulce le hacían exacerbar a Agrama, porque no entendía como pudo ser su amiga si ella no era así.

En cambio, sentía admiración por Victoria, porque era una de las chicas más inteligentes, no necesitaba estudiar para obtener buenas calificaciones. Pensaba que más bien su relación con Giácomo fue porque así lo quiso y se dejó seducir apropósito. La recuerda también como una chica callada, muy observadora y centrada en sus opiniones, las cuales eran puntuales y en el momento justo, siempre imponía sus ideas lo que generaba malestar en los compañeros y más aún cuando se daban cuenta que ella tenía razón. Con ella se podría entender bien, aunque piensa que podría tener momentos de disgusto al tratar imponer sus ideas. Su alejamiento con ella se debió a su empate con Valentín, quien era un fanfarrón y no se la merecía.  

La aversión que Agrama sentía hacia Valentín era porque, aprovechándose de su corpulencia, se metía con todo del mundo, era presumido, se creía un dios. Recordó que en una oportunidad se la quiso echar de más fuerte ante un muchacho que le decían “Guerrero”, quien estudiaba en el liceo vecino, pero el tiro le salió por la culata cuando éste solo le propinó un derechazo en la cara que lo hizo caer, primero sentado, luego de espalda, sobre el concreto de la acera, teniendo los compañeros que atenderlo porque estaba noqueado.

En el momento que Agrama pensaba en los comentarios y las burlas en secreto que surgieron en el colegio al día siguiente, sobre el nocaut de Valentín, es cuando el ascensor llegó al Sótano 1, donde el chofer la esperaba con el carro ya encendido, un BMW de último modelo. Luego de saludarse respetuosamente, él le pregunta por el destino, a lo que le respondió: “al lugar de siempre, donde estoy segura que la pasaré bien, sin que nadie me moleste”.

FIN    

viernes, 10 de mayo de 2019

Platón y Gastón

Cuento de: Antonio Montecalvo


A:    Estando aquí, en medio de este lugar, y conociéndonos tanto, ¿de qué podemos hablar?

B:    Podríamos hablar de lo que quisiéramos.

A:    No deberiamos de cualquier tontería..

B:    ¿Quieres hablar de algo importante?

A:    Importante, sí.

B:    ¿Importante como qué, cómo algo cultural?

A:    Podríamos hablar de algo cultural.

B:   ¿Algo cultural como, agricultura, o, vinicultura, o más bien algo más intrínsecamente humano, como puericultura?

A:    De puericultura me vendría bien, tengo un nieto adolescente.

B:    Estamos en medio de este espacio público tan hermoso, estamos rodeados de tantos objetos históricos y de tantas personas, ¿te parece que hablemos de puericultura?, mejor hablemos de estas personas, ¿qué crees que hacen acá?

A:    Turismo, como todos, caminan rápidamente para conocerlo todo, tomarse selfies y postearlas en Instagram para atestiguar que estuvieron acá.

B:    Parece ser así, parece que se mueven rápidamente para poder estar en todos los sitios, o al menos en la mayor cantidad de sitios, pero lo que realmente pareciera, es que no se mueven para estar sino por el contrario para no estar. Aquí estamos nosotros, sentados acá, como todos los sábados en la tarde, y no necesitamos movernos para estar, estamos, y estando nos movemos.

A:    Nosotros no necesitamos movernos porque pertenecemos a este lugar, como no somos turistas lo conocemos bien, esta es nuestra casa, pero de resto, poco o nada te estoy entendiendo.

B:    En realidad es muy sencillo, recuerdo un ejercicio a resolver en la universidad, basado en un escrito del filósofo francés Gastón Bachelard, en el cual debíamos plasmar en una obra artística el momento de la quieta espera luego de que habiendo tomado un ladrillo en nuestras manos lo hubiésemos lanzado al aire en perfecta línea recta sobre nuestras cabezas. En el ejercicio la persona no tenía un movimiento aparente, es decir, como nosotros que estamos aquí sentados sin ir a ningún lado, pero era indudable que la imagen estaba plena de movimiento, el ladrillo estaba en movimiento, eso lo sabíamos, sin embargo, la angustia que causa esa imagen, acaso no es una viva expresión de movimiento; acaso nuestras neuronas haciendo sinapsis tratando de resolver el dilema de un ladrillo que está subiendo en forma vertical y que irremediablemente bajará y caerá sobre nuestra cabeza no es otra viva expresión de movimiento; acaso el aumento de nuestras pulsaciones sanguíneas al punto de sentir como nuestro corazón bombea más cantidad y a mayor velocidad, sangre por nuestras arterias no es una sublime expresión de que tenemos movimiento dentro de nuestros cuerpos y estamos vivos; acaso pensar que estamos en un lugar físico llamado Planeta Tierra que rota a una velocidad de 25 Km/h no nos hace guardar la esperanza de que habiendo lanzado aquel ladrillo lo suficientemente alto, esa fuerza horizontal tuviese el poder de desviar ese ladrillo en su movimiento vertical y lográsemos, por pura fortuna física, que ese ladrillo cayera en un lugar distinto a nuestra cabeza, acaso rezar para que, sabiendo que nuestro Planeta Tierra viaja alrededor del Sol a 1800 Km/h, esta enorme velocidad le diera un empujoncito a aquella otra fuerza horizontal para que se diera el milagrito; es decir a pesar de que el que lanzó el ladrillo no se ha movido, su existencia misma esta plena de movimiento, ahora comprendes el punto.

A:    Que ejercicio tan bonito y que explicación tan complicada, acaso no te has dado cuenta tú, si tú, tú mismo, que el ladrillo eras tú, que te han lanzado a este mundo, y que has tenido la fortuna de caer en la cuna de tu casa, que cuando el ladrillo llega a su máxima altura y comienza a caer es tu segundo lanzamiento, donde tú mismo te lanzas a la madurez de la vida adulta, y que en realidad no importa si el ladrillo cae sobre tu cabeza o al lado de tu cuerpo, porque el movimiento de ese ladrillo es tú vida, con un inicio y un fin, así que no interesa si la Tierra viaja a mayor o menor velocidad, la Tierra es la tierra que acogió tu cuna y tu vida, y por personas como nosotros este lugar es lo que es, y vienen turistas a moverse de un lugar a otro con sus camaritas de pantallas planas, porque a fuerza de trabajo humano, que es otro movimiento de ese ladrillo los artificiosos arquitectos han hecho de este lugar una morada natural y fotografiable.