domingo, 19 de noviembre de 2017

"Lele"


Una amiga más que una compañera de trabajo,siempre conciliadora tratando de brindar apoyo a quien lo requiere,la he visto crecer profesionalmente, son 13 años de compartir laboralmente y muchos momentos con su familia y amigos como los cánticos de Navidad que son imperdibles en su casa.


Su familia  llena de testosterona , ella la reina de la casa entre tanta masculinidad,siempre conciliando yo diría que ese es el adjetivo que la representa.
Se que esta mas que una despedida es un hasta luego, ya que estoy segura que en esos nuevos horizontes que te esperan habrán otros intereses que te llamarán la atención y los emprenderas con mucha perseverancia y tesón como de costumbre.

Todo lo mejor para ese tránsito a ese país que te acoge en este momento menguado de nuestra patria, seguro que verás el vaso medio lleno mas que vacío , haciendo honor al bienestar y a todo lo positivo que podras sacar de cada circunstancia encontrada en este caminar que llamamos vida.
Que la vida los llene de infinita salud  para disfrutar todo lo bueno que ha de venir en ese futuro prometedor.
Éxitos Lele.

Jesucita Peters

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 El pato Lucas y yo.
Planificar en la vida no siempre da los mismos resultados experiencia de vida, yo pensé que a mi edad estaría en mi apartamento de la playa con mi  esposo caballete en mano y pintando que era una predilección compartida, de hecho allí quedaron muchos anhelos y óleos  por plasmar en los lienzos destinados a tal fin,e incluso muchas fotos de paisajes hermosos que pensamos pintar en ese tiempo de retiro y de compartir en sosiego, sin la presión del tiempo que siempre marcaba nuestro paso, hoy ya a mi edad y no me siento vieja  ojo,siento que planificar no es lo importante lo  importante es vivir cada momento y disfrutar hasta aquellos que no son tan agradables, dijera Lucas y como es eso ,bueno estoy aprendiendo a apreciar todas las experiencias de mi vida en su justo valor y a impregnarme de todo aquello que me sume en este transitar que llamamos vida.
Se preguntarán y a que viene todo eso bueno sencillito vino el año 1999 y llegó la Vaguada y el deslave quedando el edificio donde estaba el apartamento lleno de lodo y todos nuestros  sueños planificados en función  de la pintura se esfumaron
a pesar de que  el apartamento no se perdió las perdidas se fueron  sumando a tal punto que hoy día estoy divorciada pero con ganas de seguir pintando, eso lo haré  y lo disfrutaré al máximo de eso estoy segura.
Moraleja:
Planificando Pato Lucas?

El escrito de la Sra. H

Soy en el grupo una de las últimas en conocerte, pero, lejos de ser una desventaja, lo encuentro muy justo y enriquecedor. La noticia de tu partida me pilló paseando por una bella ciudad del Sur de Italia, en unos de esos ratos en los que mi teléfono captó la generosidad de una señal WI-Fi, y acto seguido me senté a leer y ponerme al día con los afectos y noticias acumuladas de varios días. La nota que ratificaba tu decisión de partir – entendí que ya lo habías anunciado en la reunión que organizó Arcángela, a la cual no pude asistir, por encontrarme partiendo ese día- me dejó como Condorito sentado (sólo porque no me encontraba de pie); se me aguaraparon los ojos, “no puede ser” me repetía una y otra vez. El grupo con el que andaba, pidió continuar,  así que guardé mis emociones en la mochila invisible y continué mi paseo, hasta el momento en que pude abrirla de nuevo y revisarlas. Casi todos los días me entero de la partida de personas muy queridas (algunas de ellas  saben de mi querencia, otras no), pero con pocas me ha pasado lo que contigo. En estos tiempos de exilio y despedidas, yo armé mi propio ajedrez de personas a las que admiro y quiero, entre otras cosas porque  han reafirmado de alguna u otra forma mi empeño de quedarme y cómo quedarme (lo cual es más importante aún). 
Tú mi querida Lele eres una de ellas (observa que hablo en presente), sí, seguirás siendo una ficha emocional en mi ajedrez, y hoy, ya no me pregunto por qué?, sino que tu despedida la siento como si nos hubiesen asignado   campamentos vacacionales diferentes. Me quedo con lo que bellamente nos enseñaste;  entre la inteligencia y la vehemencia están nuestras emociones (y que son estos los tiempos que más demandan gestionarlas),  que siempre se gana y se aprende (nunca se pierde), que fluir siempre está en nuestra actitud y dar es una de las experiencias, por no decir la que más, gratificantes de la vida. Podría seguir enumerando mucho más, pero hay que poner puntos suspensivos, esos que auguran aprendizajes y vivencias que en algún momento nos llegarán de tu estancia en Bogotá.

Gracias por lo recibido y Gracias anticipadas!!!!


Hened Abrahan
El bosque de los escribidores
Mi experiencia conmigo y con ustedes

Había una vez un bosque donde siempre algo estaba sucediendo porque algo se estaba festejando. El bosque había sido nombrado así porque el pájaro tricolor conocido como Doña A (azuzado por un querrequere de la zona) decidió que escribir y compilar las memorias de aquel lugar era una encomienda que merecía su atención, entonces se puso manos a la obra organizando, junto con todo aquel que amara escribir, un grupo de trovadores que hasta un blog tendrían y club de escribidores se llamarían.

Era un bosque muy luminoso, porque sobre él , el Sol era tan potente que penetraba de forma especial y participaba desde sus escritos y sabiduría elevada en cada encuentro. A este Sol, este maravilloso y espiritual Sol, todos lo conocían como Doña G.
Había que conquistar a muchos para que la tarea fuera fructífera y apareció un chigüire, el Sr. A, que siempre contaba largas historias sobre los primeros pobladores de la zona y aunque no cumplía siempre la encomienda de escritura mensual, siguiendo exactamente las instrucciones brindadas, nos hacía mas gratas las reuniones y nos las endulzaba.

Como sacada de los cuentos del Sr. A se nos unió, la amiga E, una aborigen del lugar, con una hermosa cabellera negra y una sonrisa permanente. Sus escritos siempre nos hacían creer en el ser humano, así como ella es.
La señora I siempre nos deleitaba con su compañía, con sus escritos y con los cuentos de sus tres hijos que siempre la retaban a ser una mejor persona y una mejor escritora, eso sin contar con su contribuciones, que con frecuencia era una caja de la mas redonda y exquisita venezolanidad, que devorábamos en un santiamén.

Una pluma en desarrollo también fue enrolada en el tinglao, el intrépido C, un alce, siempre sonriente y con sus tareas bien hechas, donde hasta su lado femenino con humor y finura nos describió, y con su tenacidad hasta un libro propio escribió. La señora Alce, Doña L ,decidió también revelarnos sus dones escritores y resulta que escribe tan bien como el intrépido C.
La originalidad y la diversión, en unos escritos magistrales, también era nutrida siempre por nuestra maravillosa ardilla Dona N, que tenía una sola cría inquieta e intrépida, pero que al llegar la segunda, una cría con nombre de princesa, nos la tiene en préstamo temporal.
Desde las madrigueras del bosque, con un maravilloso cartel en la Puerta que rezaba Ël Secreto¨, siempre generoso en la comida y la bebida espirituosa, nos acompañaba salamero el topo, el alma de la fiesta, el amigo L, que persiguiendo su cría se nos arranchó en una madriguera con acento de conquistadores …

Como representante de las ardillas del bosque, que tienen un padre maravilloso , cuya inspiración lo hace mejor trovador, escritor, saludador, contador, etc.. se nos unió el amigo M que se acapara el chat , dizque contándonos, por no decir restregándonos, todos sus viajes con su “amiga” a los Hoteles de los Bosques cercanos y afrodisíacos.

Dos golondrinas empezaron a posarse, mas o menos en la misma época en las ramas de uno de nuestros exuberantes robles . Atraídas por esa reunión parlanchina decidieron averiguar y se enrolaron de inmediato en esa fiesta mensual, Dona I con su vida en la mochila y muchas ganas de compartir y Doña H con una curiosidad ante el mundo y la vida y una sazón árabe maravillosa, alegraban con su presencia en cada encuentro. Una tercera golondrina, por aquella misma época y con honesta e inmensa ingenuidad se posó en el mismo árbol y decidió acercarse un día. Dona N, transparente y diáfana declarando que,
“No sabía si era buena pa eso” nos regaló un día su primer escrito y todos en coro dijimos, con eso hasta puedes lanzarte con un librito.
Como caída del cielo apareció un día doña A, con sus grandes ojos  y siempre con sus preciosos vestidos, hablando y enseñando sobre aquello que desde el paladar nos alimenta el alma. Apareció y embellece y deleita cada encuentro con su presencia.
Una amiga serena, siempre puntual en su silla, sonriente y con gran disfrute en cada encuentro, Doña C nos ofrece una parte de su alma, alma grandiosa y en armonía complementada por su media naranja y sus dos cachorros.

Todo bosque tiene su hada madrina, aquella que va volando rodeada de luz y escarcha, pendiente de repartir bendiciones y cosas buenas para todos, nuestra hada, Doña T es una hada especial, llena de detalles y con sus maravillosos escritos donde sus padres y su familia son los protagonistasque nos deleitan a doquier.
Muy cerca de nuestra hada, también regalando brillo a su paso, se nos unió Dona M, siempre con unos escritos y sus personajes bondadosos que nutren su vida y alegran las de los demás.
Tres gaviotas elegantes , que como son gaviotas, no están siempre en el bosque, sino que se hacen sentir, están Dona AM , inteligente y cercana muy cercana, Doña G , excelente educadora y siempre con una sonrisa para quien la necesita, y Dona P, un motorcito que no para y que siempre está hablando bien de todos.

En este bosque no hay posibilidades de aburrirse, la diversión está garantizada manteniendo todos nuestros sentidos entretenidos: sus escritos, videos, audios, chistes, anécdotas y hasta loqueteras, están a la orden del día. Lo que ha hecho que nuestra hada con frecuencia lo llame “loquetero”. Loquetero que está siempre omnipotentemente presente, ese es el águila, nuestro amigo L.
Un canario hermoso, o mas bien una hermosa canaria, no cualquier canaria, la canaria “mas bella” del bosque se nos unió en el último encuentro. Siempre impecable, siempre puntual, siempre colaboradora, llegó Dona J desde la corte celestial para quedarse.

En este bosque se comparten sentires, sentires afloran por medio de las plumas de sus actores, sus actores los escribidores. Bosque que ha sido chocolate para el alma desde el primer encuentro, bosque donde cada uno somos lo que somos. Bosque donde han crecido afectos y amistades. Bosque donde expresarnos y escucharnos lo ha sido todo. Bosque donde todos somos todo, bosque donde todos somos iguales, bosque donde somos a la vez alumnos y profesores, hermanos y padres, escuchas y presentadores… en fin, bosque donde pertenecer es sentirse pleno y acompañado.

Gracias por ser parte de nuestro bosque de escribidores, que me ha dado tanto…

María Elena Garassini
Caracas, 18 de noviembre de 2018

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Descubre quién es cada quien releyendo es escrito y ubicando a cada uno de nuestros miembros del club de escribidores

·Alberto Lindner
·Angela Feijoo
·ArcangelaArnone
·Aura Marina Valero
·Carmen Rojas
·Cesar Yacsirk
·Elinor Rivas
·Gladis Boza
·Gudelia Cavero
·HennedAbrahan
·Irma Wefer
·Ivette Da Gama
·JesucitaPetersz
·Liliana de Yacsirk
·Lionel Villanovdsm
·Luis Semprun
·Martin Fernandez
·MaigualidaBoedo
·Maria Elena Garassini
·Nancy Cordero
·NayariRossi
·Pili Modroño
·TibaireGarcia


sábado, 18 de noviembre de 2017

Mi experiencia con Lele CLR

Una mano firme, segura, práctica y certera, que no dudaba, y quizás con el hábito que desarrolla la práctica, tomó la otra, apenas asomada, sin fuerza, perteneciente a un ser que sentía ahogarse, y en ese momento no sabía como seguir nadando y flotar…
Ese fue mi primer encuentro con María Elena Garassini, en su oficina, en uno de los días de mi vida en que me sentí realmente desvalida. Yo tomé esa mano y me dejé guiar hacia donde me indicó, refiriéndome a dos personas que en ese momento me ayudaron a ver las posibilidades. Con ella y una de las personas tuve solo una conversación. Cada una de esas conversaciones me sirvieron para apoyar un pie, para hacer fondo y volverme a impulsar. La otra persona se metió amable y amorosamente en mi corazón, para que yo lo pudiera escuchar.
Por María Elena Garassini siento Gratitud.

Descubrí luego que esa María Elena Garassini estaba dictando en la Universidad Metropolitana un taller de psicología positiva para  profesores, que vi como oportunidad para apreciar otras miradas sobre temas que habían sido siempre de mi mayor interés personal. Disfruté mucho ese taller, validando algunas de mis ideas y prácticas, consolidando otras, y aprendiendo muchas más. Luego se abrió el diplomado de Psicología Positiva, coordinado por ella y yo, con muchas ganas de participar, siempre tenía en mi vida alguna otra prioridad por encima de ese interés. Trabajando, igual que ella, en la universidad, siempre tenía referencias de lo bien que resultaba y el éxito que tenía.

María Elena Garassini me lucía inspiradora.
Entonces, frente a un reto personal crucial, la amorosa persona que había estado en mi corazón me recordó que tenía pendiente aquél diplomado y que era el momento de inscribirme para aprender y aprovechar las herramientas que me ayudarían a mejorar mi bienestar. María Elena tomó mi mano una segunda vez al atender la petición para ingresar en la cohorte que estaba por comenzar. Hice los dos diplomados de Psicología Positiva. Y recibí con ella la primera clase y la primera materia. Alli estuve en espacios donde pude compartir intereses y algunas creencias con tantas personas diferentes que me mostraron perspectivas que no hubiera imaginado.

María Elena me parecía exitosa.
Me doy cuenta que hasta ahora. En nuestra interacción, María Elena se movía en su ámbito laboral y profesional, mientras yo lo hacía en el personal.
Habiendo decidido retomar un hábito placentero que sin duda contribuye al bienestar, me apunté en los talleres de escritura positiva de Ángela Feijóo. Cumpliendo con los requisitos del momento, ingresé al Club de Escribidores, que ya tenía algún tiempo de creado y al que María Elena pertenecía, donde la mayoría de las personas, de su cohorte favorita de los diplomados, la llamaban, cariñosamente, Lele. Durante mucho tiempo, sintiendo que no la conocía lo suficiente, para mí continuó siendo María Elena.

Con el tiempo, aquella distancia desde la que yo la veía en su ámbito profesional, se fue acortando a medida que compartíamos sinceros escritos con los que nos mostrábamos y, durante los ratos de nuestros encuentros, con el intercambio de alguna opinión y sobre todo, inmensa, gratificante y cómplice diversión.
Aunque ya hizo por mí suficiente para una vida, siento que la razón por la que nos hemos cruzado todavía no se ha materializado.

María Elena Garassini, en este club pasó para mí a ser Lele. Y estoy segura que un día ella también se enterará del sobrenombre que utilizan mis seres cercanos.

Carmen Lucìa Rojas

Reunión noviembre 2017

Noviembre 2017
Tema: Mi experiencia con Lele
Host: Doña Tibaire
Lugar: HLT, Caracas








Unos zapatos desgastados y la bendita imperfección

Ya un ángel de apellido Ceballos, como invitado especial en la corporación a la que yo representaba, me había presentado algo muy novedoso para mí conocido como “Psicología Positiva”. Interesante, pensé. Distaba bastante de mi formación académica y profesional hasta ese momento, mas calzaba bastante bien con las experiencias personales de mis últimos años de vida hasta entonces. Me conmovieron en forma especial aquellos planteamientos. Pudo ser el año 2009, tal vez.

Acostumbraba yo asomarme al facebook con frecuencia. Una que otra vez vi por allí unas publicaciones que hacía un amigo muy querido por mí, a quien conocí en los pasillos de mi UCV, a quien por cierto tenía yo muchos, muchos años sin ver,  sobre una Sociedad Venezolana de Psicología Positiva, ofreciendo algunas actividades que impresionaban gratamente mi atención. Ese sentimiento iba unido a un susto tímidamente perceptible para mí, pues el término “Positiva” (con ideas muy sutiles sobre él, que me habían quedado de Ceballos), me llevaba a terrenos que durante mi formación académica no fueron precisamente de mi interés. Recuerdo haber tenido pensamientos como: “qué hará Ivan en ésto”; “yo recuerdo que él se formó en industrial”; “era un estudiante responsable, serio y comprometido”. “Entonces, esto probablemente sea bueno. Debe tener un duro respaldo científico. Nada, Tibaire, si él está ahí, atrévete en algún momento”.

Junio 2011. Veo en facebook la promoción de un “Taller de Introducción a la Psicología Positiva”. Con cierto temor, me empujé. Llamé y me inscribí. Facilitadora: María Elena Garassini. “No sé, pero me suena. ¿Será que la conozco?”. “Bueno, ya veré de quién se trata”. Pedí el correo de Ivan. Le escribí. Me llamó. “Mañana llegaré muy tempranito para saludarte antes de empezar el Taller”. No podía yo con tanto.

Llegó el día. Dentro de mí había poco espacio para tanto entusiasmo. Mi reencuentro con Ivan; conocer más sobre eso que llamaban “Psicología Positiva”; encontrarme con quién sabía quiénes,  ver por fin a esa María Elena Garassini, y saber de qué nos hablaría, y asistir a una actividad académica luego de varios años de dura lucha en que mi prioridad había sido levantar y recomponer el cuerpo, la mente, el espíritu, las relaciones, la vida, para sanarme ante una pesada enfermedad

Me fui tan temprano, que decidí llamar a la oficina de la Sociedad pensando si me habría equivocado yo de lugar, pues no llegaba nadie. Del otro lado oí una voz muy agradable, alegre, enérgica, entusiasta y súper receptiva. Justo lo que yo necesitaba en esos momentos de mi historia. “¡Vamos bien!”, pensé. Le pregunté si era ella María Elena, y me dijo que sí, que estaba yo en el sitio correcto, y que muy pronto iría hasta allá para iniciar el Taller con los participantes que fuesen llegando.

Al poco rato se asomó por la escalera un hombre que ya no era flaquito, sino más bien gordito, con canas, bigotes y barba. El abrazo era el mismo, y hasta más amoroso. La sonrisa también. El afecto intacto. Ivan de mi alma.

Iban llegando los asistentes. Había ya varios, cuando interrumpe la calurosa y atropellada conversación que teníamos Ivan y yo, una mujer que al  subir el último escalón me dice
 “¡Yo te conozco a ti!”. Le dije asombrada 

“¡yo también te conozco a ti!”. “¿Tú eres María Elena?  Yo fui quien llamó a la oficina”. Nos abrazamos y nos besamos, sin recordar aún ninguna de las dos dónde y cuándo nos habíamos conocido.

Pasamos al aula, y toca presentarnos. Cuando llegó mi turno, y termino mi presentación, me dice María Elena muy efusiva: “gracias Tibaire por habernos hecho el preámbulo a algo de lo que vamos a hablar, que se llama Resiliencia”. Yo no cabía dentro de mí, aunque no tenía muy claro de qué se trataba ese nombre tan rimbombante. Desde ese mismo instante, mi Lele, como te digo ahora, comencé a ponerle nombres a numerosos eventos y procesos vividos en mi experiencia de vida, y a reescribir y resignificar mi historia. Comenzaba a sentirme muy acompañada pues la ciencia bastante había hablado ya de mí y de mis acontecimientos (claro, sin decir que era yo), y se afianzaba ese camino de autocomprensión, aceptación del otro y de mí, autocompasión, y amor y entusiasmo por la vida. ¡Por mi vida!

En el Taller había por cierto dos participantes a quienes hoy admiro y amo profundamente. Uno de ojitos claros, quien hablaba muy bonito de su familia y contaba cómo él mismo, así como venía haciendo yo, por iniciativa propia, había dado grandes giros a su vida. Se llama Santiago Porras. Ahora Santi. El otro era un hombre delgado y alto, encantador, que se cambió de puesto y se sentó detrás de mí, y elogiaba mis botines. A partir de ahí, fue un reto concentrarme en las actividades del Taller, pues ese señor dio rienda suelta a una de sus más destacadas fortalezas, y me hacía un comentario detrás de otro, en voz baja, y yo quería reírme a carcajada batiente, y me parecía como algo fuera de lugar en ese contexto. Los chistes y opiniones comenzaron a hacerse públicos, y ahí sí estallaba yo, junto a los demás, en risas muy sonoras. Este hombre nos dijo que una de sus pasiones era tocar el cuatro e improvisar y cantar guarañas. Era nuestro Lionel. Ahora Lío.

Vuelvo a María Elena, a quien desde este momento me referiré como Lele. En el refrigerio, hice huecos en mi memoria hasta que la encontré. ¡Claro! Del Laboratorio Infantil del Instituto de Psicología de la UCV. Se lo dije de inmediato. Me encantaba su desempeño en el Taller, y me iba gustando más aún aquello de lo que nos hablaba, y lo que yo iba descubriendo de mí y de mis  otros significativos para mí,  en los ejercicios que hacíamos. Dios, cómo se puede tener cuatro muchachos y ser tan bella y delgada.

Me impactó a lo largo de las dos sesiones del Taller, que la facilitadora, es decir Lele, usaba un blue jean que me encantaba y que a muchos seguro gustaría, y unas blusas que me parecían muy lindas, y es probable que así le resultaran a la mayoría. Y observé en ella algo que fue de una importancia trascendental en mi vida desde ese momento, y que ahora aprovecho de contarles y de agradecerle a ella con todo mi ser. Llevaba puestos unos zapatos sumamente desgastados. No puedo saber cuántos años de uso tendrían esos zapatos; por cuántos talleres se pasearían, en cuántas aulas de cuántos países estarían, a cuántas personas más espantarían o transformarían positivamente, con tanto desgaste. Eran bajitos, de color marrón o  gris (ya no era posible precisar este dato), rayados de tanta rosca, pelados en las puntas, y de paso puestos sobre unas medias que a medio ver, no combinaban para nada.

El final del Taller. Que qué me llevaba de él, me preguntó. Yo le dije no recuerdo qué. Cualquier cosa. Si esa pregunta me la hicieras hoy, te diría mi Lele: tus zapatos desgastados. Ellos me condujeron a profundas reflexiones sobre la perfección, la imperfección, sobre esa aspiración a niveles de idoneidad inalcanzables humanamente, que me habían torturado desde mi infancia. Yo era un ser humano con blusas lindas y zapatos desgastados, como Lele. En mí podían convivir ellos y no quitar brillo a lo que yo era. El Taller nos dio mucho, quedó maravilloso, hubo grandes aplausos, y la facilitadora lucía zapatos desgastados. Tus calcetines me animaron a darme muchos permisos. A aceptarme mucho más. A ver mis vulnerabilidades y limitaciones de otra forma. A comprender y admitir, que aún con nuestros zapatos desgastados, podemos quedar lucidos, podemos amarnos y aceptarnos, y también otros nos pueden amar y aceptar. Te invito, mi Lele, a llevar en tu equipaje para el vecino país esos calcetines que pudieran contribuir a experiencias expansivas en la vida de otros, como lo fue en la mía. 
Desde mi corazón,…gracias.


Tibaire García

Garassini

El apellido en cuestión no tiene traducción del italiano; se traduce a sí mismo. Sin embargo, la búsqueda de su origen me lleva a un pequeño pueblo al norte de Italia, justo muy cerca de San Remo, en el mediterráneo; como debe ser.  Quizá hace algún tiempo ese apellido viajó en busca de mejores oportunidades de la Europa del siglo XX que solo conoció guerras, y divisiones, encontrando en la Venezuela de América, un espacio de paz, de oportunidades y de acogimiento.

Así es como desde todas partes del mundo llegaron, los Abrahan del Líbano, los Cavero del Perú, los Lindner de Alemania, los Arnone de Italia, los Da Gama de Portugal, y los García de España; (los Garassini también). Todos convergieron en este maravilloso país para construir historias juntas y alimentar tesoros de imágenes y recuerdos del pasado para la edad de oro, y esperanzas, trabajo y optimismo para el  futuro. Es que somos hijos de la movilidad, en la cual aspiramos en estar mejor y poder conseguir en cada paso que damos, la mejor versión de nosotros mismos, para que podamos entender a la felicidad, no como una entelequia sino como un hecho tangible, posible y alcanzable. Somos hijos del devenir; y desde allí, no es extraño que tengamos raíces muy lejos del “acá y ahora”, y no es extraño entonces, que podamos ser raíces en otras partes también.

El devenir es parte de lo maravilloso de la vida, es lo que nos conecta cada día con un mundo de posibilidades, de oportunidades y de retos. Hoy en día, ya no me burlo más de la frase de aquel personaje de Ibsen Martínez que se llama Eudomar Santos, en la obra “Por estas calles”, donde decía con cierta insistencia y como letanía justificativa: “como vaya viniendo, vamos viendo”. Por años la he usado para explicar lo que no se debe decir en la aplicación de la gerencia. Hoy en día, no me parece desacertada. Es el devenir. Lo que nos va pasando mientras vamos viviendo y viceversa, en este inacabable esfuerzo por no decaer y en él, aunque parezca mentira, poder ayudar a otros a que lo intenten.

En el devenir entonces, no es extraño que nos movamos. No importa, pues vamos a construir otros mundos en la mirada positiva del bienestar. Además, este grupo más que ninguno conoce la diversidad y la fuerza del movimiento  del devenir, ya que procedemos de muchas partes. Es así, que en esta realidad, construimos un mundo diferente, un mundo más amplio, un mundo-mundo. En esta realidad, los amigos que se mueven, lo hacen para muy cerca, en la misma aldea global. Solo, los dejamos de ver por un ratito físicamente pues siempre sabemos que estarán allí; es más, casi al lado del corazón.

Así que Lele, que te puedo decir que no haya dicho y cuanto todo lo dicho sea por tu causa. Los amigos no se van; todos los movemos; eso es lo mágico de la vida. Lo importante del todo, es poder ser parte de ello; nada más. En el ínterin, nos amamos, reconocemos intensamente y somos sin dudas, parte de todos con los que hemos tenido la dicha de cruzarnos y convivir. Solo te mueves un poquito y por poquito tiempo. Todo sigue, todo cambia, en el entendido de lo aprendido en la psicología positiva, es que nos movemos para ser mejores, y para amar y ser amados con más fuerza.

Feliz viaje querida amiga; estamos cerca, nuestros corazones están entrecruzados y eso, ni la fuerza de la distancia lo puede cambiar.  Te queremos mucho.


Lele, yo hoy te regalo: “un mapa de ruta que te lleve a puerto feliz y allí construyas naves mágicas para que en un futuro, todos podamos navegar sin tener que despedirnos”.

MAESTRA Y DIVA POSITIVA



MAESTRA Y DIVA POSITIVA

Maestra, no solo por el oficio de esculpir 
y encender la pasión de almas en acción.
Maestra, por sacarle brillo a lo que somos,
e inevitablemente convertirnos en una mejor versión.

Diva por creerte lo que sientes, lo que haces y lo que das.
Burbujeas tu esbeltez en la religión del Flow,
deslisándote en el tobogán prismado de la pasión,
cuando de sacudir conciencias se trata.

La poesía que me inspiras no tiene final.
En mis actos simples está tu huella,
mi energía potenciada  haciéndome caminar,
tras los pasos de Martin, Tal Ben, Bárbara, Sonja…

Otros aires sellarás con tu estampa.
Otras mentes codificarás en el firmamento
del bienestar y de la emociones positivas.
El tumbao de tu fluidez contagiará a paisas y extraños.

Estoy repasando tu tiempo en mi historia,
y las experiencias óptimas que de él se derivan.
No quiero atajar mi lágrima, porque tu partida
se me antoja como una cruda realidad.

Prometo Diva Positiva, que a tu regreso,
miles de flores hallarás hasta en el fango,
flores, con matices que inspiren estaciones,
de la esperanza que se marchita y reverdece otra vez.

Eres otra valiente que se va, a probar la hiel de la nostalgia,
en silencio te vas a quebrar cuando el Ávila ya no te silbe,
cuándo el Parque del Este no esté en tus caminos,
esperando tu paso para hacerte un guiño.

Maestra y Diva por demás positiva,
ve a perseguir nuevos sueños,
a ensortijar nuevas vidas en el arcoiris del bienestar.
Ve… señora grande a comerte nuevos mundos,
ésos que irresistiblemente caerán a tus pies…

GUDELIA CAVERO


MI EXPERIENCIA CON LELE

"Manténgase a la derecha en el distribuidor Boyáca", así, con acento en la Á, me alertó el GPS de mi aproximación a la Universidad Metropolitana. Di la vuelta y ciertamente allí estaba. Una vez dentro, una de las primeras cosas que me llamó la atención fue un frondoso samán, que luego supe era emblema de esa casa de estudio. Preguntando y siguiendo carteles llegué hasta el salón. Minutos después entró la Profesora María Elena Garassini, la encargada de dictar el taller sobre psicología positiva, mi primera experiencia en la materia. Fue allí donde la vi por primera vez. Tiempo después, en el 2010, inicié el diplomado y fueron entonces meses compartiendo con la profesora, quien era la coordinadora de aquella cohorte que ella misma haría posteriormente famosa, cuando pronunció en el II Congreso de Psicología Positiva, aquellas palabras que le salieron del corazón y le hicieron confesar que era su " cohorte favorita".

A partir de entonces sentí que nuestros vínculos con María Elena eran  como más robustos que los que pudiera haber construido con cualquiera de las otras cohortes.  Un diplomado  que compartimos y disfrutamos más allá del salón de clase. Las reuniones en la casa club, la cevichada, la mexicanada, los karaoke y las guarañas. Allí siempre estuvo con nosotros María Elena, acompañada de su esposo Juan. Tanto disfrutó y apreció María Elena nuestras guarañas que nos invitó a cantarlas en la clausura de dos congresos de Psicología Positiva, una muestra de la audacia que la caracteriza, pero confiada en que todo saldría bien.

En todos estos años, desde que nos conocemos, María Elena siempre ha estado dispuesta a enseñar, escuchar y compartir todo su arsenal de conocimientos en psicología positiva. Cuando se consideró la posibilidad de abrir un diplomado en Valencia, ella propuso como instructores a algunos profesionales que no eran psicólogos. Otros lo hubiesen objetado, por celos profesionales o hasta por temor a que pudieran hacerlo mejor que ellos. Pero no fue  el caso de María Elena, que es una mujer segura de sí misma, que apuesta y se enorgullece del éxito de sus discípulos y amigos.  El proyecto no se dio, pero nos demostró que es una persona generosa y tan clara como el mismo Seligman, que ha acudido a profesionales de diferentes disciplinas para alcanzar las metas propuestas y no tiene reparos en admitirlos en el master de la Universidad de Pennsylvania.

Toda el avance de la Psicología Positiva en Venezuela tiene de alguna forma el sello de  María Elena Garassini. Creativa, estudiosa, investigadora, impulsora de talleres y diplomados, y organizadora de primera línea de los congresos de la disciplina. Invitaba a su casa a las reuniones de la Sociedad Venezolana de Psicología Positiva, de la cual fue fundadora y presidente por muchos años. Pero no siempre fue "homeclub", en una oportunidad que le tocó viajar a Valencia, tuve el honor y la satisfacción de servirle de anfitrión.
Siento un aprecio especial y una admiración por todo lo que hace. Muchos creíamos que escribíamos muy bonito, pero fue ella, la que con sus pestañeantes ojos verdes notó muchas deficiencias. Pero como experta en Psicología Positiva, también identificó fortalezas, sabía que había un potencial, que podíamos aprender. que nos faltaba escuelita, y con toda discreción organizó, junto a la profesora Ángela, los primeros talleres de escritura creativa. Posteriormente, participó en la fundación del Club de Escribidores de Caracas, del cual forma parte y nos sigue acompañando.
Ya a estas alturas siento la confianza de llamarla Lele, como le dicen sus familiares y amigos más cercanos. Lele sigue ahora otros rumbos, sus alas son muy amplias y tienen la fortaleza de recorrer grandes distancias, de volar alto y de ser digna representante nuestra a donde quiera que vaya. Deja una  labor encomiable de tantos años en la Escuela de Psicología de la Metropolitana, con méritos suficientes para merecer una placa en la base de ese frondoso samán que diga "Aqui estuvo la profesora María Elena Garassini, quien deja huellas profundas en todos nosotros".

Gracias Lele, por invitarnos a ingresar al mundo de la Psicología Positiva, a conocer y utilizar nuestras fortalezas personales. Por brindarnos todos tus conocimientos, tu amistad y amabilidad. 
A través de las redes sociales esperamos te mantengas en contacto con nosotros, contacto que apreciamos y necesitamos, y estamos seguros que lo harás porque el aprecio es recíproco.

¡Que Dios  te acompañe y siga iluminando tus pasos!

Lionel Álvarez Ibarra
Noviembre 2017

Enviado desde mi iPad

jueves, 9 de noviembre de 2017

Tema de noviembre 2017

Host: Doña Tibaire
Tema: "Mi experiencia con Lele"
(Lele es la profe Garassini, que se va de viaje)
Sin dudas es un homenaje que idea Tibi, pero que todos en el Club, suscribimos.

Lugar: Hacienda La Trinidad, en la Hacienda La Trinidad

Hora: 3:00 Pm
Fecha: sábado 18 de noviembre de 2017

viernes, 3 de noviembre de 2017

Torta con fresas o torta de fresas

En Venezuela, la fresa crece como si fuera salvaje; sin mayor cuidado, en cualquier parte. Es una matica rastrera que crece con esquejes y florea casi todo el tiempo. La fruta esta entre lo dulce y ácido, pero con una textura que supera a muchas otras frutas mas grandes. Aun se puede comprar, si estamos en temporada.

Cuando era niño me gustaba tener varias en el jardín, cuidarlas, hacerlas crecer y quedarme con las frutas. Era muy divertido pues de cada plantica, salía como un brazo aéreo que al final llevaba una nueva planta con raíces y todo. La diversión era colocar macetas al lado para obtener nuevas maticas. Luego cortaba el cordón con una tijera (Toda una metáfora de vida). Mis amigos de la infancia, La Titi y el Nenecón, era lo que tenían en sus jardineras del balcón, siendo ellos los mejores proveedores de fresas.(y plantas). Creo que en complicidad con la mamá de ambos.

El padre de mi compadre Valeriano, ya mas cerca del hoy,  tenía un terreno cerca de Caracas, en un lugar que se llama La Colonia Tovar,  y solo cultivaba fresas. Allá la gente es de origen alemán, todos son rubios y tienen los cachetes del mismo color de las fresas. Los alemanes de allá, las saben trabajar y hacen unos dulces excelente.

En este octubre, estábamos en temporada y se encuentran en los supermercados a buen precio. Es así que he comprado medio kilo para hacer algunas pruebas. De la cesta de fresas, lavadas y sin tallo, las he dividido a la mitad. Una mitad a ser salteadas con azúcar y la otra a la licuadora con la torta. Las fresas en azúcar se cocinan muy rápido; podemos agregar una o dos cucharadas de agua también. El azúcar es al gusto, pero quizá no mas de cuatro cucharadas.

En la licuadora:
He colocado primero cuatro huevos enteros con 3/4 taza de azúcar y 3/4 taza de aceite (Esta taza es la medida de la taza de café con leche). También coloco una cucharadita de polvo de hornear y una de bicarbonato de soda, una cucharadita de vainilla, una pizca de sal y media cucharadita de esencia de limón. Se licua bien hasta que se forme una crema. Luego agrego 5 cucharadas de maicera y la mitad cruda de fresas naturales, y con 200gr de queso crema. Se licua otra vez y la mezcla se torna roja, y con un extraordinario olor.

La mezcla se lleva a un bowl de cuenca y es donde se le agrega la harina, como una o dos tazas hasta que quede cremoso,. Ahora suelo cernir la harina antes de mezclar. No se mezcla mucho, sino como queriendo envolver la mezcla.

Moldeado.
Se colocan las fresas azucaradas en el fondo del molde, encima se coloca la mezcla de la torta y se hornea por una hora a 380 grados. Cuando huele la primera vez, le faltan 15 minutos. A la segunda vez, la podemos abrir y revisar si no esta cruda, con un palillo de metal o madera.

Al enfriarse la volteamos y la colocamos en la nevera por unas horas antes de servir. Yo preparo un molde de 25 cm de largo por 10 de ancho y 10 de alto, como para seis u ocho personas. Le quedaría bien o mejor, acompañar con un helado de vainilla.

Alberto