miércoles, 18 de octubre de 2017

Día de playa

Día de playa/ Arcángela Arnone

Hoy me levanté más temprano que cualquier día y emprendí mi viaje de madrugada, les cuento que anoche no dormí casi, el sustico en el estómago  y la emoción de niñita permanecen intactos en mí cada vez que voy a emprender una aventura.
Sin dar muchas explicaciones en casa, tomé mi morral repleto de cosas para mí  indispensables: protector solar, bronceadores, repelente de insectos, peine, toalla, sombrero, lentes de Sol, sandalias, crema hidratante, labiales, toallitas húmedas, monedero con dinero efectivo y mi cédula de identidad, gorra, short, franela, ipod, bandana, otro traje de baño, aparte del que llevo puesto; de merienda galletas, frutas, agua, chicle y chocolates. También llevo un frisby por si acaso me encuentro a alguien con quien hacer unas lanzadas y una careta para ver debajo del agua, eso siempre me ha cautivado.
Salgo vestida normal, unos jeans, una franela, zapatos de goma y un suéter, le doy un beso a mi mamá y parto. Tomo un autobús hasta el terminal de Oriente, llego aún de mañanita, hay claridad pero el Sol no ha salido y hace ese frío agradable que invita a permanecer abrigado pero a darle el semblante al aire. Hay un montón de gente alrededor, más no me detengo a mirar a nadie, mi enfoque es mi destino y en él está toda mi atención y energía. Las chispas de alegría acompañan persistentes la circulación de mi sangre, que cuando siento que pasan por el corazón, me hacen sonreir, cerras los ojos y decir dentro de mí: gracias Dios!

Con mi ticket en mano subo al autobús que me corresponde, ocupo el asiento de la segunda fila, ventana de la izquierda, el conductor cuenta a los pasajeros, pues hay más asientos vacíos que llenos, cierra la puerta y encamina el viaje. No tengo idea de las paradas que hará, ni de la hora de llegada, ni siquiera la he calculado. Me duermo por ratos, abro los ojos de vez en cuando, la luz del Sol radiante penetra en mi ojos somnolientos y empiezo a ver letreros con nombres de playas, uno pegadito al otro, seguiditos, la emoción se vuelve a apoderar de mí, pronto veré el cartel de Playa Colorada y esa es mi parada.

La puerta del autobús se abre ante mí, doy un salto y toco tierra, me quito el suéter, camino un poquito, acelero los pasos y emprendo una bajadita, me quito los zapatos y las medias, toco la arena, escojo un lugar semi-sombrado con las altas palmeras repletas de cocos, quedo en traje de baño, respiro profundo, veo el mar, las pequeñas olas llegan a la orilla, camino hacia ellas pero no las alcanzo, espero a que lleguen las demás, siento el agua caliente y la arena fría aunque su color es cálido, es roja, los rayos de Sol aparecen e iluminan toda la bellísima playa que tengo a mis espaldas, doy media vuelta y veo a mi papá. Esa fue la última playa que visitamos juntos antes de su partida y luego nos habíamos dado cita allí desde hace tiempo y por una razón u otra nunca pude ir de nuevo. Lo había programado y postergado tantas veces, un Carnaval, una Semana Sata, un fin de semana y hasta una Navidad, pero hoy es lunes y estoy aquí, con él y él conmigo.
Disfrutamos del mar, de una caminata, de la brisa con agua y sal, un pescado frito y tostones, del olor a playa, nos tomamos también un ron con limón, brindamos, nos reímos, me abrazó, me dio un beso y me dijo te quiero, eres mi hija preferida, con las manos aún tomadas se fue alejando de mí hasta que no lo ví más.

Lentamente me vestí , con mis jeans y mi otra franela (la que llevé de repuesto), sacudí la arena de mis pies y me puse las sandalias, monté el morral en mis espaldas, uno poco menos pesado ahora, sin embargo todo el peso lo sentí en mi corazón, que va llenito de chispitas de felicidad, de amor y de paz.

Retomé mi regreso, subí a la carretera, hice señas con la mano a un autobús para que parara, no decía hasta donde llegaba, pero iba en dirección a mi destino, el final del atardecer lo ví por el camino, llegué de noche a mi casa, tomé una ducha, cené algo ligero, unas galletas cracker con  queso fresco y un té caliente, me puse mi pijama y me acurruqué en mi cama, me volví a levantar y fuí al cuarto de mi mamá, le dí un beso y un abrazo y le dije, mi papá te lo manda.

Playa Colorada12​ es una playa venezolana, ubicada en el parque nacional Mochima en el estado Sucre. Está a mitad de camino entre Puerto La Cruz (Anzoátegui) y Cumaná (capital de Sucre).
Debe su nombre al color de su arena, que tiene tonalidades que van del rojizo al dorado. Se caracteriza por sus aguas cristalinas, sus cocoteros y su rica fauna.


viernes, 29 de septiembre de 2017

La playa de mi niñez: mi querido Puerto Azul

Cuando pienso en una playa feliz, no puedo evitar pensar en Puerto Azul  ¡¡¡ Cuanto agradecimiento a mi querido Club!!!  Los momentos más felices de mi infancia fueron ahí, un fin de semana tras otro, un año tras otro, creciendo  en sus playas y piscinas.
Le debo dos o tres insolaciones a 40° C porque no había manera de sacarme de la piscina  “La culebra”; no me importaba lo intenso del sol, aun en las temporadas más fuertes del año. Salía solo para almorzar un perro caliente o hamburguesa, para no invertir mucho tiempo en esa “tarea obligada” de comer, cuando había taaanto por jugar y disfrutar. Me pasaba muchas horas, con una amiguita tan fanática como yo, tirando  piedritas  dentro de la piscina para salir de inmediato a buscarlas por debajo del agua. Jamás necesite anteojos para proteger los ojos del cloro, aun cuando me pasaba horas sumergida buceando  el fondo.
Luego aprendí a nadar mejor y me hundía en la piscina de “Los espejos”: Tres o cuatro metros de profundidad para que mi familia y otros curiosos nos vieran hacer muecas chistosas.
Unos años después, mi hermanita creció y le enseñe todos esos juegos que antes había aprendido. ¡¡¡Qué bien la pasábamos juntas!!! Además, la libertad: había mucha seguridad y podíamos recorrer todo el Club a solas sin tutela paterna (¡¡Yupiiiii!!). Caminar el malecón era tarea maravillosa cuando aumentó la conciencia de que hacer ejercicio ayudaba a la salud y a quemar calorías. De un lado veías el mar abierto; azul, profundo e imponente. Del otro lado, yates de muchos tipos, tamaños y niveles de lujo. Me hice amiga de los cangrejitos: largos ratos viéndolos caminar por aquellas grandes rocas, donde, sin saberlo, también meditaba con el romper de las olas majestuosas. En la noche: el cine, los espectáculos, el golfito y la comida rica, sin olvidar el bowling.
Mi mamá pasó muchos sustos por cuenta mía, porque cuando yo era adolescente, me pasaba largos ratos en la playa Oceánica, mas allá de donde rompen las olas, para disfrutar una y otra vez de ese suave levantamiento. Mami me gritaba desde la orilla para que regresara, y la verdad, no le hacía mucho caso.
Cuando  ya tenía 18 años, papá decidió vender la acción. El opinaba que ya íbamos menos y se empeñó en hacerlo. Las tres, mi mamá, mi hermana y yo, nos pusimos muy bravas con él. Solo logramos perdonarlo completamente, unos 14 años después, cuando yo de adulto y profesional, compre de nuevo otra acción con mis propios medios. Mi hermana me acompañó a esa subasta donde regateé y regateé, muy comprometida con lograr aquella acción. En ese momento, la alegría familiar, la ilusión por regresar a esas hectáreas  y aguas maravillosas, además de  los espectaculares recuerdos, nos embriagaban a los cuatro, incluido papá. Era el agradecimiento mínimo que yo le debía a mi bello Puerto Azul, después de proporcionarme los momentos más felices de mi niñez. Todavía hoy, medio siglo después, lo honro, lo quiero y le agradezco infinitamente: ¡Mil gracias por tanto, mi querido Puerto Azul! ¡Gracias!
Maigualida Boedo Paz

Sept 2017

martes, 12 de septiembre de 2017

Buenos días!!! Hoy es lunes!! Ese lunes que siempre imaginaste, en el que te quieres liberar de todas las tareas y decir: 
!Me voy a la playa! ... !este es el tema de Septiembre!!!!



👗👒👡👙🎒🕶🏄🏻🏊🏻🌴🍹🌊☀ Cómo es ese día único de playa? 

¿Cómo te vistes? ¿Qué te llevas? ¿Te vas sólo? ¿Invitas a alguien? A quién?  ¿En qué transportes te vas?? ¿Cuál playa escoges para tu aventura de un día? ¿Cómo pasas este día ideal de Sol, arena y mar? ☀👙🙃👒🍹🏊🏻🌊🏄🏻🕶. No es el típico domingo de playa...!es lunes! 

Vívelo sin limitaciones de tiempo, distancia o lugar... haz tu día de playa en la Venezuela posible.
Los invito el Sábado 30/9 a contar su Día de playa. Lugar El Asa----, Caracas- Las Mercedes , Hora: 09:00 am con cata de chocolates obsequio de Arcángela y luego poder disfrutar juntos un desayuno digno de dioses con la gastronomía típica de los 4 puntos cardinales de nuestro país.... ( esta vez no toca cocinar, a descansar y disfrutar! El menú de desayuno tiene un costo por persona que oscila entre Bs.15.000,00 y Bs. 25.000,00) 

Es con previa reservación!!! Espero que disfruten escribir su Día de Playa.... cualquier comentario me encuentro a sus completas órdenes!!! Abrazos y besos! Feliz lunes! 💋🌺 Arcangela Arnone


Host: Doña Arcángela
Tema: "Me voy a la playa" (un lunes)
Fecha: sábado 30 de septiembre
Lugar: Rest El Asa___, Caracas
Hora: 9:00 am
Costo de 15 a 25.000 por persona
Dato: Como es previa reservación RSVP antes del msrtes 26 y confirmar por Guasá

lunes, 28 de agosto de 2017

Reunión de agosto 2017

Host de septiembre 2017: Don Alberto
Lugar: su casa
Día: 24 de agosto 2017
Tema: La última vez que hicimos algo por primera vez / tema libre
Asistentes: Gudelia, Henned, Lili, Cesar, Pily, Elinor, Maigualida y Don Alberto
Nota: Le damos la bienvenida a una nueva integrante del Club, a Pily.

Host de septiembre
Host: Doña Arcángela
Tema: a definir
Lugar a definir
Fecha: a definir



domingo, 27 de agosto de 2017




¿CUANDO FUE LA ÚLTIMA VEZ QUE HIZO ALGO POSITIVO POR PRIMERA VEZ? 


En el Club de escribidores de Caracas nos formularon la siguiente pregunta: ¿Cuando fue la última vez que hizo algo positivo por primera vez?  y además, nos pidieron que escribiésemos sobre ello. Reconozco que tuve que leerla varias veces para entenderla, porque más parecía un acertijo que otra cosa.  

Como resultado del análisis llegué a la conclusión que la respuesta dependería de lo que cada quien entendiese por "algo positivo".  Allí radica la clave y el rumbo que pueda tomar el desarrollo del tema. Entiendo como positivo, aquello que es bueno o útil. Algo que nos produce algún tipo de beneficio o nos resulta favorable, algo placentero o gratificante.
Los placeres y gratificaciones son aspectos positivos de la buena vida. Ellos son generalmente manejados como sinónimos, pero la Psicología Positiva explica muy bien las diferencias. Los placeres guardan relación con nuestros sentidos y emociones, responden más a necesidades biológicas, a diferencia de las gratificaciones que surgen en la medida que pongamos en prácticas nuestras fortalezas y virtudes personales. 

La vida placentera podemos encontrarla en diversos momentos y en diferentes formas: cuando disfrutamos de una buena cena, tomamos un buen vino, conducimos un automóvil nuevo o vamos de compras. Los placeres se hayan más fácilmente, las gratificaciones en cambio, requieren de esfuerzo, del uso de alguna de nuestras fortalezas.  Supongamos un caso hipotético de que fuésemos invitados a jugar tenis por María Sharapova, la escultural tenista profesional y modelo rusa.  Solo apreciar su belleza será motivo de placer, satisface nuestros sentidos. Pero de iniciar un partido de tenis, difícilmente sentiremos gratificación alguna porque nuestros niveles de destreza en ese deporte son muy dispares. Todo lo contrario, por nuestra parte sentiremos vergüenza de poner la cómica, y por parte de ella, probablemente fastidio y desencanto. 

Cuando desarrollamos una actividad filantrópica de manera espontánea, sin esperar nada a cambio y empleamos alguna de nuestras fortalezas personales, nos sentimos gratificados. Se dice que Bill Gates renunció a muchas funciones como CEO, para dedicar tiempo a la filantropía, llevando ayuda y  recursos a diferentes partes del mundo. Declaró que esa entrega le daba más satisfacción que ganar dinero.  No tenemos que ser un Bill Gates para hacer "algo positivo". Un simple ejercicio de bondad es una gratificación. Hacer uso, por ejemplo, de nuestra fortaleza de la amabilidad y llevar a los hijos de la vecina al colegio mientras ella va a una cita medica te permitirán sentir la satisfacción de la gratificación. 

Retomando la pregunta inicial, podemos ahora dar respuesta con un caso específico. Había estado en el Perú en varias oportunidades, pero siempre en viajes cortos de trabajo. En la última visita fui por primera vez al restaurante "La rosa náutica", eso fue "algo positivo" y motivo de placer. Pero también, en esa última visita le propuse a varios de mis colegas tomarnos unos días adicionales y viajar hasta Cuzco y Machupichu por primera vez. Había estudiado sobre la cultura inca y su historia. El haber activado en esos lugares mis fortalezas de curiosidad, interés por el conocimiento y aprecio por la belleza, me hicieron sentir gratificado.

Nuestras fortalezas no son para guardarlas dentro de nosotros, son para compartirlas y darlas a nuestros semejante. Actuar y conectarnos haciendo uso de ellas, ya sea a través del amor, la amabilidad, la gratitud, el perdón, la espiritualidad, o cualquier otra, será una forma de hacer "algo positivo" que nos llenará de gratificaciones que perdurarán por mucho tiempo en nuestras mentes y corazones.


Lionel Álvarez Ibarra
Agosto  2017




Don Pedro, la cápsula del tiempo

Don Pedro queda en el oeste de la ciudad de Caracas. Pertenece a la familia desde la adolescencia de mi madre y aún se conserva como patrimonio familiar. Mi abuela en su momento, y en éste mi mamá; han estado muy apegadas a él.

Así que en el transcurrir de los años Don Pedro se ha ido convirtiendo in-intencionalmente en una gigantesca cápsula del tiempo. Muchos miembros de la familia han vivido allí por períodos provisionales. Don Pedro los recibe con lo que tiene y éstos se van sin despedirse, dejando lo que llevaron. Don Pedro desconoce de camiones de mudanzas.

Don Pedro tiene de "todos".
 Del bisabuelo Pedro por quien tiene su nombre.
De la tía abuela Carmen Rosalía, a quien cariñosamente llamábamos "Chía".
De la abuelita Dina, para todos los vecinos y familiares "la mami".
De los cuatro hijos de Dina: Luis, Elinor (la Tita), Yanet y Nestor.
También tiene de mí, de mi esposo Antonio y hasta de mis hijas, quienes vivieron sus primeros meses en Don Pedro.

Como a todo "viejo" a Don Pedro hay que cuidarlo. Mi mamá se ocupa cariñosamente, lo visita, lo limpia, lo mantiene y lo curiosea.

Don Pedro tiene una magia que hechiza, es de esos oasis de la ciudad que te conectan con los recuerdos.

Junto a la habitación principal existe un gran cuarto vestidor  con una mezzanina, allí en grandes cajas de cartón se esconden grandes sorpresas... vestidos de novias de las tías, que las jóvenes nos hemos medido para comprobar que las generaciones pasadas siempre han sido más delgadas; fabulosos disfraces de desfiles en carrozas y comparsas carnestolendas caraqueñas, fotografías, libros, diarios, juguetes, etc.

La última vez que fuimos a visitar a Don Pedro; la Tita (mi mamá) obsequió a mis hijas varios de mis juguetes, entre ellos: la casa, la piscina, el autobús y el carro de la Barbie. Mi prima cuando las ve jugar, recuerda cuánto lloró pequeña pidiendo que se los regalaran y cuánto insistió mi mamá que eso NO porque eran para sus nietas. Ahora mi prima que en su momento sufrió con la negativa, reconoce que fue una excelente idea, porque otros juguetes que le dieron ya no existen.

Recuperar cosas de Don Pedro se ha convertido en un gran pasatiempo. Las niñas quieren volver y yo también.

Elinor Ribas




SE VA TEMPLANDO EL ACERO



SE VA TEMPLANDO EL ACERO

Son tiempos de un deslave emocional y material,
nuestros troncos inertes son arrastrados
entre fango y fogata de llanto.
Quien sabe si entre cenizas se estén puliendo
nuestras cornizas, nuestros costados.

Son tiempos de auroras grotescas,
esas que pululan y se hacen rancias,
se comen en festejos nuestra alma dormida.
Quien sabe si esté naciendo un nuevo sueño,
sin suturas y con el miedo cortado.

Son tiempos de nuevas metáforas,
Esas, que van envueltas en tules de luto blanco,
esas, que se cargan  vidas, aún no vividas.
Quien sabe si en nombre de la izquierda
salen los francotiradores de balas negras.

Son tiempos de estampida, de maletas buscando
nuevos ruleteos, escogidos al azar y al desamparo.
Quien sabe si nos llevan a una nueva suerte,
donde los  panes  no sean migajas,
ni restos escrutados en la abundancia de otros.

Son tiempos de ancianos blancos en soledad,
con sus bastones como circunstancia,
temblando entre la ranura y el olvido de su hambre.
Quien sabe si les adelantaron el castigo,
de un purgatorio convertido en infierno.

Son tiempos donde todos vamos templando nuestro acero.
Unos, con más miedo que fuego.
Otros, con las puntas indómitas de  libertad,
hincando el cielo en busca de suelo.
Las puntas que ningún carcelero ni cierra ni toca…


GUDELIA CAVERO

jueves, 3 de agosto de 2017


BROMAS Y TRAVESURAS

Cuando hablamos de bromas y travesuras, casi siempre recordamos nuestra niñez, y las asociamos a aquellas acciones que realizábamos sin mala intención, que hacíamos  más por diversión que por otra cosa.
Cuando niño, tendría unos seis años, recuerdo una que le jugué a mi madre un día de su cumpleaños. Había estado ahorrando por mucho tiempo hasta reunir diez bolívares que para ese entonces era una cifra importante. El dinero lo cambié por un billete en el abasto de la esquina,  y lo coloqué dentro de una cajita de fósforos. Se me ocurrió la travesura de meterla  dentro de otra caja y ésta dentro de otra. Al final fueron seis cajas en total. Supongo mi madre se daría cuenta de mis movimientos buscando cajas y papel de regalo con tanto misterio. Llegó el día y le presenté la gran caja a mi mamá. Ella comenzó abriendo la primera, luego la segunda, la tercera, pero cuando iba por la cuarta rompió en llanto. Supongo que le dio sentimientos el pensar que no había nada y solo era una broma. Mientras lloraba yo le insistía que no abandonara, que siguiera. Cuando finalmente llegó a la cajita de fósforo, terminamos los dos abrazados y llorando. Una broma que resultó más en llantos que en risas.
Pero las travesuras no se limitan a nuestra niñez, ese niño que todos llevamos dentro, sigue haciéndolas en nuestra vida adulta. De esa etapa recuerdo una ocasión que pasamos un fin de semana en la playa, y mi hijo, que tendría unos 10 años, invitó a Gianpiero, un compañerito del colegio. Me di cuenta que calzaba unos zapatos de playa idénticos a los míos, de color verde y de la misma marca, por supuesto la única diferencia era la talla. Se me ocurrió en la noche, cuando estaba dormido, cambiarle sus zapatos por los míos.  Casi no dormí, ansioso esperando el amanecer para ver su reacción. Se levantó y se calzó los zapatos que le quedaban grandísimos, caminaba hacia un lado y hacia otro viéndose los pies, hasta que finalmente le revelé la broma y nos reímos todos.  

El venezolano por lo general es echador de bromas. Una muy común, cuando acostumbrábamos a comer en restaurantes, era la de decirle al mesonero cuando estaba recogiendo, que no nos había gustado la comida. Éste, apenas veía los platos completamente vacíos, entendía el chiste y reía. Esa misma broma traté de hacerla cuando terminé de cenar en un restaurante en Bélgica. Era una señora la que me atendía, le dije que no me había gustado la comida, a pesar de lo vacío que habían quedado los platos. La mesera se fue pensativa y al minuto regresó acompañada del Cheff, quien visiblemente apenado preguntó qué cosa no me había gustado. La señora no entendió la broma, ¡era una belga sería!
Echar bromas y hacer reír a las personas se pueden considerar componentes del sentido de humor. Hay quienes por naturaleza les lucen las gracias, lamentablemente a otros no. Por lo tanto, hay que tener cuidado cuando se juegan bromas, porque la frontera entre la gracia y la morisqueta suele ser muy tenue. Hay personas que no las aceptan, se molestan, y si a usted se le ocurre jugarle una, esta corriendo un gran riesgo. Por lo tanto hay que actuar con prudencia, tomando en cuenta el momento, las circunstancias, el estado de animo y el grado de amistad. La inteligencia emocional también nos ayuda a evitar traspasar ese límite de lo sublime a lo ridículo, porque nos permite reconocer y entender las emociones de las personas, y poder actuar conforme a ello.
Si cuentas entre tus fortalezas con el sentido de humor, diviértete y haz uso positivo de él, pero teniendo siempre presente que el que echa bromas también tiene que estar dispuesto a aceptarlas. 

Lionel Álvarez Ibarra
Junio 2017

lunes, 3 de julio de 2017

Marquesa Vs. Duquesa

4 de febrero de 2017


Marquesa pa´100

Si existe una frase que tiene sentido para mi, es,

"¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo por primera vez?"

Ayer traté de conseguir el origen de la frase pero no me ha sido posible por lo que digo por ahora, que lo escribe, "Anónimo".
Y ayer fue que hice algo por primera vez y es preparar un postre para 100 personas. Resulta que la empresa cumplió 24 años y decidimos cantarle el cumpleaños que se merece. Mi sobrina hizo una maravillosa torta de ponqué de 6 kilos con pastillaje que recordaba la arquitectura de la fábrica, y yo, hice el otro postre. Tenía en la alacena dos piezas de pyrex de 40 cm x 30 que llegué a calcular podrían repartir 50 raciones cada una. Claro, las raciones dependen de como queda o del hambre que tenga  la gente.

Si la cocina como hemos planteado, es un acto de amor y cocinar es amar, entonces preparar un postre para compartir con todos sea un acto deliberado de amor a otros. Así se interpreta en el supuesto del que lo prueba, pueda ser partícipe de esta emoción. Además, está el reto de la cantidad, de lo desconocido, pero acompañado de las emociones positivas que dejan en sí mismos, los retos positivos.

La Marquesa de Chocolate es un postre criollo que lleva chocolate disuelto. Se hace con galletas compradas y en su mejor versión, se hace con mantequilla, polvo de chocolate, azúcar impalpable y un poco de leche. Sin embargo, en este espacio hemos publicado recetas que nos ha permitido la situación en la que vivimos y sus circunstancias, tratando de crear, imaginar y de no pararse por tales circunstancias. Es así como frente a dos envases vacíos y limpios, haya tenido que decidir que hacer y en el espíritu del maravilloso postre de la Marquesa de chocolate criolla. Como al final, y como siempre, no sigo mucho la receta original, es que debo en respeto a ella, cambiarle el nombre por:

Duquesa de chocolate.
La Duquesa de chocolate es la unión de las remembranzas de tres postres que me gustan; el primero, la propia marquesa, luego el maravilloso Tiramisú italiano y la maravillosa Crema Catalana.

Voy a tratar de describir entonces lo que hice en las cantidades que me permitieron llenar las dos piezas de vidrio.

Voy a dividir la receta en tres partes y cada parte representa a su vez, una parte de las recetas preferidas, el tiramisú, la marquesa y la crema catalana.

Lo primero que hice fue comprar dos paquetes de galletas tipo "Marìa" que son una galletas redondas como de 7 cms de diámetro y repartirlas en el molde. Estimé que iba a necesitar 5 paquetes de 9 paqueticos cada uno, que tiene 4 galletas. 5 x 9 x 4= 180 galletas. ya con esto fui al mercado a comprar el resto. Decidí que no la iba a hacer con mantequilla, pero si con leche, y que casi no llevara ninguna grasa.

Primera capa
La primera capa que recuerda a algo del tiramisù son las galletas colocadas una al lado de la otra remojadas en cafè con azúcar y una cucharada de licor. Yo usé ron venezolano. Sobre la galleta se coloca chocolate en polvo cernido hasta que se moje. Luego se coloca la crema.

La crema de las capas sucesivas
Para tal magnitud insospechada de trabajo y materiales, medio calculé que iba a necesitar media taza de la licuadora; al final tuve que repetir. Así que se necesita la licuadora llena que es un poco mas de 1 litro de agua. Se le agregan las cucharadas de leche en polvo que permitan tener una leche cremosa y gustosa. Usé como 10 cucharadas grandes. Agregué como en la crema catalana tres yemas de huevo,con una taza de azúcar y 8 cucharadas de chocolate en polvo. Luego dos cucharaditas de vainilla y siete cucharadas de maicena para espesar. Se licua y coloca en una olla a fuego medio. Cuando calentó le agregué una tableta de chocolate negro Carenero 70% cacao y se disolvió. Al tiempo, se espesa y se reserva, siendo lo que alterno entre capa y capa de galletas. En este caso antes de la primera capa de galletas coloqué un poco de esta crema en el fondo, antes de las galletas con café.

Segunda y sucesivas capas.
Las siguientes capas de galletas se remojan en leche, también espesa y ligeramente dulce, con vainilla y una  pizca de sal. Coloqué como 5 capas sucesivas de galletas. La última capa de pasta de chocolate lleva una ligera variante.

Última capa de cobertura.
En la olla he dejado suficiente como para tapar la última capa de galletas. Aparte he preparado algo parecido al remate de la marquesa, pero que recuerda a la pasta maravillosa de avellanas, pero acá no se consiguen y he visto que con nueces también funciona. Coloco dos tazas limpias de nueces, una taza de azúcar impalpable, cuatro cucharadas de margarina, dos cucharadas de leche, un pote de queso crema, y una pizca de sal. Esta masa cremosa y perfecta, la mezclo con lo que dejé antes en la olla, y con ello cubro la última capa de galletas. Sobre esta masa deliciosa he espolvoreado lo que me quedaba de chocolate en polvo (sirve también usar además las bebidas achocolatadas) y por último, una capa espolvoreada de azúcar impalpable. El chocolate se moja con la humedad de la crema y deja rasgos de colores marrones, azules y violetas. (mas o menos me creen porque soy daltónico. No vaya a ser que no sea verdad).

Como sigue caliente, se deja reposar y luego se cubre con papel de aluminio y se coloca en el refrigerador o heladera, no en el congelador. Se come al día siguiente.

Este es un plato especial para hacerlo con nuestra pareja y con nuestros hijos; aquellos que seguro les gusta limpiar los utensilios de cocina y ollas bañados de crema, nueces y café.

Les he narrado mi aventura, no espero que hagan tal cantidad, pero con la idea pueden hacer porciones mas pequeñas. La verdad es que compré 100 platos de plástico y 100 cucharitas y no quedó ninguno, por lo que estimo, comimos 100. Cien corazones felices, cien sonrisas, cien canciones, cien abrazos. Eso es la maravilla de compartir, de decir "me importas", "¿te sirvo?", "te quiero"

Además, hacer algo por primera vez, nos hace avanzar, perder los miedos y combatir las sombras.

Ingredientes para 100 porciones


  • 1 litro de leche o de agua con 10 cucharadas de leche
  • 2 cucharaditas de Vainilla y una en la crema final
  • Azúcar, una taza en la crema
  • Azúcar impalpable, 3/4 taza con las nueces
  • Maicena. De 7 a 10 cucharadas, suficiente para que espese tipo natilla, pues la galleta le quita humedad.Por eso se mojan las galletas también.
  • café. Suficiente para mojar la primera capa de galletas
  • Pizca de sal
  • 5 paquetes de 9 paqueticos c/u, de galletas tipo "María"
  • 2 tazas de nueces
  • Cuarto de kilo de chocolate en polvo
  • 1 pote de bebida achocolatada tipo Toddy
  • Una barra de chocolate oscuro 70% cacao
  • 3 huevos, primero las yemas con el azúcar y en la mezcla las claras también
  • Media taza de margarina
  • Una taza de queso crema

A la gente le gustó y me pidieron que publicara esta receta. Y la publico pues...

sábado, 24 de junio de 2017

Mi corazón distante

Los seres humanos somos benevolentes, sociales y con el don de hacer acciones positivas por naturaleza propia. Yo estoy convencida de ello. Son acciones silentes, sin mucho alboroto que llenan de plenitud al corazón; todo lo contrario a lo negativo, que es mucho más estrepitoso.

En estos tiempos tan convulsivos y con tanta incertidumbre es más retador para mí, practicar acciones que desarrollen la fe y esperanza. Mis pensamientos de optimismo y posibles logros, los atrapo en una red protectora de valor, constancia e ilusión para demostrar que si se puede … que si podemos.

Estar distante empequeñece, pero al mismo tiempo engrandece el poder de estar presente para apoyar y declarar que unidos si podemos. Son muchos los sentimientos encontrados, difíciles de expresar y decido desnudar mi corazón para sentir, entender y crear una armonía de emociones que me permitan seguir con mis experiencias.  

Cada día pongo en práctica mi mejor versión: soy amable, sonrío, reconozco y agradezco lo bueno que tengo, facilito cualquier apoyo y desarrollo hasta seis emociones positivas para sobrepasar las fuerzas contrarias que hoy vivo en la ausencia. Dar mi compañía, escuchar y mirar a los ojos cuando las emociones se abren y se comparte sin siquiera conocerme, me aportan un granito de arena en la gran playa de lo posible, de lo soñado. Son momentos donde aprecio que todos somos seres humanos con las mismas necesidades, donde la compañía amable, positiva y posible se grita en forma silente y fuerte a la vez.

He sentido la solidaridad del extraño, el miedo de una posible replicación, la curiosidad del mal informado. Pero lo que más he vivido es respaldo, apoyo y una particular solidaridad que me llena el corazón, acortando la distancia y haciéndome más presente.

Janet Jiménez
Bogotá, Junio 2017


lunes, 19 de junio de 2017

La última vez...para siempre

   

   Los tiempos de crisis son tiempos de intimar con nosotros mismos, contemplarnos para poder sostenernos. Tiempos en los que impera el miedo por la incertidumbre que acarrean. Miedo e incertidumbre, como dos gemelos, juntos y amenazantes. Para conjurar el miedo habrá que encontrar el significado de la incertidumbre.
    
   Entender y entendernos desde la incertidumbre es quizá la tarea más estéril emprendida. Hacer de ella una manera de vivir es como vivir en una ola, siempre en movimiento, sin asideros que nos sostengan, inmersos en el espacio egoísta de la ola misma, pues no puede haber otra ola que la acompañe. Destinados irremediablemente a desplomarnos en una orilla, por demás inhóspita, dura,  donde  la fuerza se convierte en  vacío, el arrullo en silencio  y el ritmo en soledad. 
    
    Incomprensible situarse en tamaño desatino. Estoy aquí, y ya ese aquí es una certeza. Certeza de que soy, quién soy,  pienso y siento. Certeza de tantas rutas recorridas, que son mías y nadie me las niega. Ni siquiera yo misma. Quizás esta es la parte más dura de la incertidumbre: el desconocimiento. Desconocer el camino andado, con errores y espinas, pero siempre con victorias, porque  no seriamos quienes somos. Desconocer esos rostros que alimentaron ilusiones y construyeron realidades, no como una utopía  de lo que  podrían llegar a ser, sino como certezas que fueron, son y serán.  Y el peor de los desconocimientos, permitir que  la perplejidad ante el otro me haga desconocerme a mí mismo.
      
    En las matemáticas se llama incertidumbre cuando hay un error.  En la vida también. Permitir la incertidumbre cuando hemos vislumbrado el norte, permitir la dispersión de propósitos, enredado en apariencias inútiles y yermas, puede resultar un error muy costoso.  
      
   La potestad del hombre es poder decidir. ¿Cómo decidir desde la incertidumbre?  Imposible trazar  un mapa que nos guíe y un ánimo  lleno de confusión es mal dibujante. Para decidir es necesario confiar. Confiar en lo qué y quiénes somos. Confiar en el camino recorrido.  Confiar en los que caminan con nosotros. Pero  en incertidumbre la confianza es esquiva. Preferimos las aguas movedizas de la ambigüedad, que la claridad en la decisión.
        
   Necesitamos de una fuerza que ahuyente a los fantasmas, las oscuridades y las sombras. Esa fuerza es la pasión por vivir, pasión en la entrega, pasión por dibujar un mapa que sea perdurable, por el que hemos luchado, en el que hemos creído y siempre creeremos.

    El día que hice esta reflexión fue el último día que sentí miedo… para siempre.


Irma Wefer

martes, 30 de mayo de 2017

Tema de junio 2017




Junio 2017
TEMA: "La última vez que hicimos algo positivo por primera vez"

Los niños viven constantemente en esa búsqueda y desde allí construyen mundos mágicos, como su propósito. Luego crecemos, y vivimos en parte la vida estructurada que nos toca, y nos olvidamos de darnos permiso para explorar nuevos mundos y construir así, nuevos seres. Uslar Pietri decía, "Sigo los pasos del hombre que voy siendo". 

Tenemos la capacidad de ser mejores como dice la PP+, para alcanzar nuestra mejor versión. Este tema es un reto; si no recuerdas nada de esta pregunta, quizá sea el momento de hacer algo nuevo, motivador, creador, positivo, amable, solidario o cualquier cosa que nos expanda. Veamos este tema como una oportunidad.

En este momento-país que nos ha tocado vivir, es bueno conectarnos con el perdón, con el agradecimiento, y con el amor. Quizá el tema se pueda convertir para algunos, en un proyecto de bienestar, al conectarnos con lo posible, con lo humano, con lo que podemos hacer por otro, o con lo que merecemos...

Host: Don Alberto y Doña Henned
Fecha: Domingo 25 de junio
Hora: 10 am. Desayuno
Lugar: a definir



jueves, 25 de mayo de 2017

Texto en construcción: travesuras y cómplices.


Nota: como la vida, estas líneas  no son más que un conjunto de ideas en construcción de un texto final que algún día escribiré.

Travesuras…espacios de la memoria que pueblan las sonrisas. 

Picardía que hace un guiño desdoblado en risa abierta y contagiosa.

Acto trasgresor cargado de alegría, casi siempre confiado a la inocencia.
De allí su misterio y su fuerza.

Inocencia plena que desconoce sus límites y se arriesga temeraria hacia la tentación que no puede vencer.

Siempre necesitada de un cómplice pues la soledad rara vez es traviesa. Cómplices los hermanos, los amigos, los amantes, lo mejor de nuestras vidas.  Convertidos en guardianes del secreto y la aventura.

Al paso de los años no sabemos si las travesuras las vivimos o las inventamos. Da igual. Basta con que refresquen la memoria  cual confeti que ilumina cada rincón del recuerdo.
 
Desdichado aquel que al mirar atrás no reconozca,  con pícara nostalgia, las travesuras de sus días. Ese no ha vivido.


 Irma Wefer



martes, 23 de mayo de 2017

Abril-mayo 2017. Travesuras y Cómplices

Irma y Elinor
se quieren reunir,
pero aún no saben:
¿Qué tema elegir?

Algo está muy claro
desde el primer día,
queremos compartir:
letras y comida.

Eso está acordado,
¡es un buen proyecto!
ahora es el tema
¿Cuál escogeremos?

Sugirió Elinor
contemos "travesuras"
Irma añadió
y "cómplices" se suman.

Se anuncia por el grupo,
se agenda la fecha,
Irma y los videos
¡hay que adivinar!

Todos muy callados
¿no hay quién adivine?
entonces las doñas
ya no se resisten...

Menú Mediterráneo
"Travesuras y cómplices"
risas y escribidores
¡todos invitados!

Se acerca la fecha,
 se aleja de nuevo,
son las circunstancias
que entran en el juego.

Ya con el menú
se cambia la hora
como cambió el día
¿Y ahora qué hacemos,
con esa comida?

Pescando ingredientes, 
de esquina en esquina,
yo te doy el pan,
y dame tú la harina.

Se acerca la hora
casi es de día
 y Elinor escribe
éstas pocas líneas.

Algunos confirmaron
otros lo desearon,
cierto es que estamos
los que lo logramos.

No hubo una gata
tampoco una madrina
solo escribidores
y su gran sonrisa.




Elinor Ribas                                     






Mi propio cómplice

Si esto sucede, hago esto. Si logro esto, me doy el gusto de aquello. Si se me presenta esta oportunidad me atrevo a hacer aquello. A que no te atreves a…
No recuerdo desde cuando soy mi propio cómplice, ni cuál fue mi primera complicidad, pero es parte de mi, y además, me la disfruto.
Cuando ya  llevo escritas esta líneas, me acuerdo que siempre me gusta buscar la definición en el diccionario cuando voy a escribir sobre un tema, sobre todo cuando es la primera vez que escribo sobre él. Buscando la definición sobre complicidad me encuentro con dos acepciones:
La Primera: Participación de una persona junto con otras en la comisión de un delito o colaboración en él sin tomar parte en su ejecución material.
La segunda: Relación que se establece entre las personas que participan en profundidad o con coincidencia en una acción.
Pensando en la primera acepción de ser cómplice en delito me rio al pensar si he cometido un delito sin tomar parte en su ejecución material. Pues si, muchas veces he pensado e incluso maquinado, e incluso soñado, que es peor aún, por el tema del inconsciente, en hacer cosas delictivas o que no están bien, es decir, cosas que una madre, esposa, hija, hermana, compañera, no debe hacer, pero que provoca. He participado porque lo he pensado y maquinado, pero al final no he tomado parte en su ejecución material. Termino siendo el juez, mi propio juez, incluso hasta armo un juicio, llevo algunos de mis pensamientos como testigos y realizo debates entre mi abogado bueno defensor (Pepe Grillo) y mi abogado malo acusador ( mi mamá o cualquier mamá por ejemplo) y gracias a Dios , y hasta ahora me he absuelto, o por lo menos, me he perdonado,  de todos los delitos entre mi pensamiento y Yo.
Reflexionando sobre la segunda acepción que considera la complicidad como la relación entre personas que participan en profundidad o coincidencia en una acción me siento en mi elemento, o porque no, en flow, siento mucha complicidad entre mis pensamiento sobre el mundo  y mi funcionamiento dentro del mundo. Me siento cómplice en cómo deben funcionar las parejas, mi vida en pareja, en cómo deben funcionar las familias, mi familia, en cómo deben funcionar los amigos,  mis amigos, en cómo deben funcionar los equipos de trabajo, mis equipos de trabajo, en cómo debe funcionar la igualdad entre hombres y mujeres, mis relaciones con hombres y con mujeres y así…  en cómo deben funcionar los diferentes ámbitos de la vida,  mis ámbitos de mi vida.
Pues si , me siento mi propio cómplice, responsable de la complicidad en mis  delitos y responsable en la participación del logro de mis acciones. Mis ideas, mi cabeza inquieta, hasta a veces impulsiva, es mi cómplice que mas disfruto, dejándola suelta todo el día e invitándola a recogerse conmigo al caer el día, aunque a veces, inquieta y traviesa no me haga caso, y hasta a veces  me despierta a media noche a hacer travesuras… si, lo hace. Y yo, como una madre amorosa,  la escucho y la arrullo hasta que se vuelva a dormir de nuevo. ¡Definitivamente disfruto mucho ser mi cómplice!


Mi propio cómplice
María Elena