sábado, 23 de marzo de 2019

LAS HORAS OSCURAS


LAS HORAS OSCURAS

Trémulas y graves van pasando
las horas negras crispadas de soledad.
Es cuando el silencio se imanta
Es cuando suenan voces que no son voces
Es cuando las luces se envilecen
y sacan su otra mitad.

Han azotado mi integridad
Se instala en mí la censura ígnea
La que enloda la libertad
La que sella los traumas del silencio
La que apaga el reloj interno
de mis horas de hielo

Se fue el sosiego al laberinto incierto
Se fue la calma a dormir en otra cama
La señal abierta de una cruz me transparenta
El silencio amorfo y pesado me habita
Las luces de las velas apenas pestañean
Las horas oscuras me tuercen, me horadan.

Mi voz no se escucha en ninguna parte
Tu voz se apagó en el viento
Parpadea mi sed en las venas del tiempo
Se precipita la sal de mi llanto
Seca he quedado en soledad
Muda de callar  y mirar la noche oscura

Está puesta la mesa para el exterminio
Las cocinas saben a platos rancios
No hay basura que escarbar
La enfermedad tributa siniestra
La mentira arremete mano en biblia
en la hoz que persigue, cuelga y tortura.

Gudelia Cavero















VENCIENDO LAS HORAS OSCURAS

Un poeta ha nacido
en las letras de quién no lo era.

Un guerrero se gradúa
después de una cruel cruzada.

La muerte hastiada de ser muerte
engendra vidas nuevas.

Las lágrimas se hacen monumento
y cuelgan sus males.

La oscuridad se va escapando
ante la embestida de mi luz.

Mi espiritualidad camina en los altares
de una profunda oración diaria.
Cualquier pretexto es bueno
para levantar mis ojos al cielo.

Mi cuerpo deslumbrante, se equipa
de todo lo que significa vida buena.
Mi alimento es el matiz de colores y sabores.
Mi alegría en dosis excelsa de música y letra suelta

Mi alma tiene como instrumento,
a mis manos en el abrazo, a mi palabra en el verso.
Van sirviendo al frágil, al que lleva
la peor parte de un genocidio sin sentido.

Vivo  mi peor confrontación con la adversidad
y juro que no me verá vencida
y juro que mi genética se hará más lúcida
y juro por la vida que me ciñe,
ser eternamente bambú en cuerpo y alma.

Gudelia Cavero


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