miércoles, 22 de marzo de 2017

PERDÓNAME

Escrita por MARTÍN FERNÁNDEZ, 13 Abril 2017



Me atreví a escribirte porque siento que aún podemos rescatar nuestra relación. Es cierto que he sido egoísta, que solo pienso y hago todo por mí. Pero debes considerar que todo mi esfuerzo ha tenido como norte ayudarte, a poner el granito de arena que me ensañaron mis padres para que una patria avance: estudiar, trabajar, ayudar a los demás, tener familia, amar a mis hijos, respetar, en fin, ser un buen hijo de la patria. Pero parece que no es suficiente, y por eso estoy triste.

Desde hace un tiempo, he estado viendo cómo has cambiado. Antes eras alegre, animosa, hasta pretenciosa, ¡tenías con qué!  Se vivía en libertad, a aquella que se refiere a estar sin preocupaciones por los alimentos básicos, por las medicinas, por la educación de los hijos, por la seguridad, por todo aquello que actualmente empaña y oscurece nuestro amor.

No te he abandonado, porque todo lo que soy te lo debo a ti. En el año 53 recibiste a mi padre, que con tan solo 15 años se aventuró a cruzar el Atlántico, desde Canarias, para vivir contigo sin conocerte, solo por referencia de amigos y familiares que decían: país próspero y de paz. Tanto amor le distes que la Vinotinto la lleva por dentro y la defiende ante la “furia española”. Él siempre me dice que solo necesitas que te quieran de verdad.

Pienso que no es difícil que cambies. Pero primero hace falta ponerte en orden. Tienes que entender que debes dejar de ser la mamá gallina, porque la única manera que tus hijos se vuelvan hombres prósperos es dejarlos solos. Ya basta que los ayudes sin que tengan méritos. Estoy seguro que entenderán que las mejores cosas se obtienen del esfuerzo propio, y que así sentirán orgullo.

Entiendo que no puedes avanzar porque te encuentras infectada de zamuros en los cielos, que vigilan con sus vuelos circulares las cucarachas y ratas que están a su merced, reproduciéndose en los basureros de algunas almas, con el fin de ahuyentar  aquel ciudadano que te pretenda. Pero no te angusties, ten paciencia, porque cada vez somos más quienes deseamos acabar con esta maldad. Además, confío en que su propia avaricia carroñera los destruirá.

Te confieso que a veces dudo. Me imagino que no soy el único que, de tanto esfuerzo por ser optimista ante tantas adversidades, haya pensado en tirar la toalla y rendirse como muchos lo hicieron, quienes se fueron a vivir a otras tierras en busca de paz, a pesar de tener que soportar las indignaciones por ser extranjeros. Espero que vuelvan a tus brazos, que los recibas con afecto y sin rencor por abandonarte, porque no han dejado de pensarte y siguen conectados a ti por siempre.

Espero que me perdones por este desaire que me embarga, que envenena mi cuerpo. Es que cuando veo personas en la calle hurgando la basura para comer, me escondo en mi ser avergonzado como venezolano, porque no tengo idea cómo cambiar esto. Sufro cuando camino por las calles de Chacao acompañado de huesos con ropa que caminan con ojos saltones que miran al vacío, y que se han convertido en sufrimiento.

Pero aquí sigo mi amada Venezuela, haciendo lo que sé hacer: estudiar y trabajar. Seguiré amándote aunque sigas arisca, lo haré contagiando de entusiasmo a la gente, deseando los buenos días, promoviendo el bienestar y teniendo fe en Dios que esto cambiará pronto.

Me despido, con todo mi amor.



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Sobre el viento y la Choza

Érase un joven Viento que vivía en una casa de ladrillos; de vez en cuando le abrían las puertas o ventanas, y el Viento aprovechaba dar un alegre paseo .

Tenía en ello sus eventuales amistades, todas muy variadas conoció: flores, árboles, ardillas, lagartijas, arañas, montañas, ríos; pero el tiempo que excursionaba era corto, así que pronto volvía a su casa de ladrillos. Allí hacía lo que debía, pero sabía que afuera le aguardaban aún muchas cosas nuevas por descubrir.

En una oportunidad pudo ver el Viento una imponente y magestuosa Obra en Construcción, no se parecía aquella a ningún conocido. No era frágil ni tenía la belleza de la Flor; no era de mediana estatura como el Árbol; ni escurridiza como la Ardilla... así fue comparando todo lo que hasta el momento había conocido con Aquel... y se interesó en conocerlo cada vez más, se citaban para conversar y tan bien lo pasaban juntos que dejó el Viento de excursionar. Dedicaba sus paseos a compartir su tiempo junto a aquella inacabada Construcción que lo maravillaba. Admiraba en ella su enorme potencial.

Así poco a poco y tácitamente estuvo decidido, Viento y Construcción deseaban modificar las visitas por algo más permanente. Y fué así como Viento organizó todo, dejó su casa de ladrillos y se mudó junto a su amada Obra en Construcción.

La juventud de aquel Viento no le había permitido descubrir completamente su naturaleza, su amada la sospechaba... y en la juventud de su relación disfrutaba de su brisa, de las caricias que al soplar le proporcionaba, y con su fortaleza contenía sus huracanes. Así poco a poco al transcurrir del tiempo la naturaleza de aquel Viento juvenil se desarrollaba; se acortaban las brisas y se alargaban los huracanes.

La construcción vanamente intentaba añadir ladrillos, mientras Viento convertido en huracán debilitaba sus fuerzas. Lo que podía haber llegado a ser un solitario rascacielo con el tiempo se fue conformando en mantenerse de pie. Finalmente un día decidió cambiar y construirse diferente, planeó ser una Choza Noble, Flexible y Ligera; y... Viento Sereno la acarició.


Elinor

domingo, 19 de marzo de 2017

ESCRIBIR CARTAS DE AMOR...

         Escribir cartas de amor, como bien dice la gente, es encontrar confidente en esa hoja pendiente guardada con alcanfor.  Palabras que sin contar todo dicen. Que colman la identidad  y desbordan a raudales mucha afectividad.
    
     Hay cartas grandilocuentes. Grandes líneas, mejor letra. Confunden con su altivez al hacernos ya  creer que el amor es arrogante. Ignoran en su talante que el amor es sencillez.

      Las hay de ésas disfrazadas de perfume de rosa o de rayo de luna, de alguien que no encuentra  el valor  para decir claramente  que el amor todo lo inunda.

     Otras misteriosas, escondidas, llenas de ese atractivo que mientan lo prohibido.

     Especial mención les toca a esas silenciosas y valientes  de aquellos enamorados que nada dicen y mucho sienten. Cartas con destinatarios pero sin ningún remitente.

     Las de ese amor que llamamos el amor de nuestra vida. Auténticas y comprensivas. Llevan la historia de años, lo mejor de nuestros días.

     Tienen particular encanto  las que nacen de una simple discusión, para descubrir  con pasión que a menudo andan buscando sólo una  reconciliación.

     De ausencias o de presencias. Son como olas del mar, unas vienen otras van y entre las dos el silencio.

     De esas que llaman despecho, muchas lágrimas y poco hecho.

     Algunas hasta chistosas. Escritas por aquellos que sienten vergüenza de tamaño desatino. Aquellos que ven el amor como una simple jugarreta del destino.

     Cada carta de amor nos cuenta una historia distinta. Inocentes o atrevidas, muestran abiertamente lo que grita el corazón, que el amor a todos toca sin importar condición. Que con cualquier  intención  cada una tiene  méritos para ser recordada, o mejor,  para ser vivida…con pasión.



 Irma Wefer

sábado, 18 de marzo de 2017

A los hombres de mi vida, de la vida

Queridos TODOS

Hoy los honro, los exalto, porque ser su mejor versión es el regalo mas maravilloso que cualquier madre o padre, amigo o amiga, vecino o vecina, socio o socia, hijo o hija, nuera, cuñada o cuñado, en fin…cualquiera pueda tener.

Doy gracias a la vida, que me ha dado tanto, haber compartido con muchos hombres maravillosos, inteligentes, sensibles, sencillos, de buen humor, cariñosos, atentos.

También doy gracias a la vida por el hombre que hay en mi,  práctico, sencillo, entusiasta, bromista, concreto, resolvedor…

Soy hija de un hombre especial, justo y maravilloso, que tiene lo que llamo un “Angel” que se ha ido heredando en mi familia. En que consiste ese “Angel” al cual me refiero. Yo lo defino como un “carácter especial” que les permite cultivarse, disfrutar enormemente la vida, estar siempre interesados y curiosos por los demás y con disposición a apoyarlos si lo requieren, todo esto con armonía y un excelente estado de ánimo. Mi papá es la asertividad y la humildad personificada con mucho que dar. Es, sin ser perfecto, ni nada cercano a ello, una persona luminosa, que irradia bienestar y es maravilloso ser parte de su vida. Mi papá, sin lugar a dudas es el primer hombre de mi vida. Tanto así que recuerdo, estando en tercer grado, que la maestra pidió que hicieramos una redacción de la persona que mas admirabamos, como una tarea escolar para practicar “esa destreza de redactar” y yo hice mi redacción sobre mi papá. Ya desde ese entonces estaba clara que era una de las personas más importantes de mi vida.

Soy esposa de un hombre especial. Se podrán imaginar que con un papá como el que les describí, el tema en la adolescencia de que me “gustara algún hombre” me puso la vara muy alta... lo conocí a los 15 años y nos hicimos novios a los 16, es mi actual esposo, que, como se podrán imaginar cuando lo conocí, dije, este es el mío, tipos así, no andan por ahí con frecuencia , y gracias a Dios el también se fijó en mí. Es un tipo muy especial, tan especial como mi papá, pero diferente. Lo que me hizo aprender que hay más de una manera de tener una cualidad, o ser “especiales” y no necesariamente ser iguales. Creo que lo que mejor puede definir a ese segundo hombre especial de mi vida es la noción de “justicia y sensibilidad social,  una alegría genuina/buen humor y el llevar la vida lo mejor posible con un toque maravilloso de sencillez”, que al igual que el “angel de mi papá” puede estar presente tanto en hombres como en mujeres. Creo que esta característica suya, al igual que mi papá, él la heredó de su mamá y como hombre la supo desarrollar.


Estas dos experiencias tempranas en mi vida, una de niña y otra de adolescente con dos hombres maravillosos, me han brindado la oportunidad de descubrir en cada hombre su lado luminoso (insisto, teniendo muy presente sus defectos o fortalezas poco desarrolladas) y disfrutarlos al máximo en hijos ( me tocaron 4 hijos varones), amigos ( muchos muy especiales), familiares (hermano, cuñados, tíos, primos, sobrinos, abuelos, suegro), hijos académicos (estudiantes adoptados por mi como tutora o amiga) conectándome con ellos desde sus inquietudes y vulnerabilidades , asi como desde sus sueños y energía, ampliando así mi conocimiento de lo masculino.

¡Doy gracias a la vida por haber nacido en la familia que nací, con un ejemplo de paternidad maravillosa, tener la familia nuclear y extendida con un ejemplo de masculidad original y también maravilloso, y tener unos entornos laborales y de amistad donde hombres y mujeres son valorados por sus potencialidades y no por un esteriotipo tradicional!




Lele

viernes, 17 de marzo de 2017

carta a mis estudiantes

Esta carta, se las envié a mis alumnos por el final del trimestre y luego de asistir a una construcción de una torre en la Av. Francisco de Miranda en Caracas. Es lo que la ingeniería significa para mi. Es mi carta de amor a mi profesión originaria, la que amo, la que me constituye como el ser que soy y que pudo dedicarse a otras cosas de inmenso valor personal, para mi.




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"Hola,
Gracias por asistir hoy al edificio en construcción. Esta va a ser su vida de ahora en adelante. Y lo van a hacer bien; siempre lo hacen. Tienen de seguro, con qué...

La vida en campo en alturas, con el riesgo moderado pero controlado, con polvo, sol y lluvia,  es parte de la cotidianidad de estas carreras. Se trabaja al aire libre, al menos en estructura. 

Este trabajo se vuelve parte de nuestra vida, tanto, que se unen casi en una sola cosa y llegamos a percibir que es lo mismo; la vida y el trabajo. Es por eso que construir, lo llamemos algunas veces, como una "forma de vida", mas que una profesión. Además, trabajar en una obra nos permite adquirir conocimientos y tomar decisiones en todas las disciplinas; hoy lo vieron, en las instalaciones que deben convivir en el techo. Es una maraña de tubos que hay que tejer y hacer que convivan. Nuestra profesión aumenta en conocimiento universal a medida que avanzamos en el tiempo; otras profesiones tienen un proceso contrario; se especializan en el tiempo. Esto la hace única y maravillosa.

Así ha sido para mi, construir. Cada vez que voy a un edificio, comercio, oficina o vivienda que construí, se "abre" mi diario personal y se llena mi mente de recuerdos, sensaciones, ansiedades, miedos o tristezas, y por otro lado, de muchos valores, orgullos, alegrías y conocimientos adquiridos. Me paro  frente a lo que fui cuando tenía la edad que tienen ustedes ahora y me veo en lo que soy.  Es maravilloso vivir la vida construyendo, creando, desarrollando, diseñando, y ayudando a otros a "mejor vivir". En la ingeniería, y antes, en la arquitectura, conseguí muchas fuentes de crecimiento profesional, también de conocer mas, de indagar. Es por eso que le pregunté al principio cuáles eran sus fortalezas personales, según la Psicología Positiva, y no es casualidad que mayormente sean, la curiosidad, la creatividad y el interés. Desde allí pueden construir estructuras y además, construir mundos maravillosos en su interior; es el mismo proceso. Así, pueden ser tan altos, grandes y robustos como quieran; no hay límites. Así los veré crecer y en el entendido que también en cada cosa que construyan, habrán colocado un ladrillo para la construcción del país que nos merecemos.

Que Dios los bendiga y los acompañe siempre en esta maravillosa aventura que han escogido para vivir.
Se les respeta y se les quiere,"

Alberto Lindner

martes, 7 de marzo de 2017

GRATITUD: No nos damos cuenta de TODO lo maravilloso que hay en nuestras vidas

Si nos ponemos a pensar un poco, nos damos cuenta que en nuestra vida, tenemos muchos aspectos positivos los cuales nos favorecen, así como otros negativos que nos causan inconvenientes y desagradan. Ambos lados son muy reales, incluso podremos comprobarlos haciendo una pequeña pausa, con papel  y lápiz en mano. En pocos minutos, podremos completar una lista inicial de situaciones, personas, habilidades y cosas, que nos benefician y apoyan. Por supuesto, seguirán presentes  los problemas, preocupaciones y situaciones complejas, los cuales también nos toca manejar cada día.
Recordando el slogan de una vieja publicidad de Coca Cola: “la vida es como te la tomas”, vale la pena detenerse a reflexionar en donde estamos centrando más nuestra atención: ¿en los aspectos positivos que tenemos? ¿O en los negativos? Sin duda en las épocas más complejas, hay una tendencia humana a que esos aspectos negativos llamen nuestra atención. Sin embargo, revisando un poquito, estoy segura que también habrá en esas etapas,  personas, situaciones y cosas, las cuales nos están favoreciendo. Reconociendo también  que aun en las épocas más sencillas o tranquilas, podríamos estarnos centrando principalmente en lo negativo.
Cada vez que me doy cuenta, que estoy dando mayor visibilidad,  importancia y atención a los aspectos negativos de mis días, me hago la siguiente pregunta: ¿Cómo sería mi vida sin “X”?... ¿Y qué o quién es “X”?. Para empezar, representa la bendición de haber nacido y ESTAR VIVA. Lo he pensado más de una vez, porque mi suerte pudo haber sido muy distinta: mama tuvo seis  embarazos, la mayoría muy difíciles, donde solo logramos nacer mi hermana y yo. ¡¡¡Qué maravilla, yo nací!!! La verdad, a cualquiera de nosotros le pudo haber pasado lo mismo: si otro espermatozoide de tu papá hubiera fecundado el óvulo de tu mamá, habría nacido tu hermano; tú no estarías respirando. Además,  ¡sigo viva a los casi 57 años! ¡Qué bendición!  Ya sabemos, han existido millones de personas quienes no han llegado a esa edad.
Sigamos reflexionando acerca de “X”: ¿Cómo sería nuestra vida sin nuestra familia? Sea una familia grande o pequeña; esté cerca o lejos; pelees mucho o poco con ellos. Cerremos los ojos por un minuto con esta pregunta en mente: ¿Cómo sería sin mi familia?  Las respuestas son muy duras ¿verdad?  ¿Cómo nos sentiríamos sin nuestros amigos? … ¿Y sin salud? Aunque nuestro cuerpo requiera algún tipo de apoyo con tratamientos médicos, la mayoría de nosotros dispone de suficiente salud para hacer, vivir y disfrutar de muchas cosas. Estoy segura que hasta Maickel Melamed, con sus fuertes limitaciones físicas, valora las muchas cosas que sí puede hacer y disfrutar.
Al continuar analizando a “X”, nos damos cuenta que también tiene varios valores materiales. Aun cuando nací y he vivido siempre en la clase media venezolana, cada vez que cae un fuerte aguacero me siento MUY agradecida, porque sé que las paredes y el techo de mi casa se mantendrán firmes para protegerme y proporcionarme confort: ¡Que bendición!. Ahondando en más detalles: ¿Cómo sería mi vida sin micro-hondas, sin teléfono celular, sin tinte de pelo, sin crema de cuerpo,  o sin maquillaje? Tan banales y tan importantes estas herramientas, las cuales nos permiten arreglarnos y cuidarnos. Sin embargo, cabe destacar, estos son solo algunos ejemplos, porque la lista de situaciones, personas, habilidades y cosas representadas por “X” es infinitamente larga, además de muy personal; cada quien puede construir  la suya.
Entonces, reflexionando con la pregunta “¿Cómo  sería mi vida sin “X”?”, podemos  RE-CONOCER y VALORAR lo positivo y maravilloso que tenemos en todo momento. Cabe destacar que es necesario “RE”-conocerlo: sabemos que contamos con cada uno de esos aspectos positivos, pero hace falta ”darse cuenta” que están ahí para favorecernos mucho, razón por la cual son realmente muy VALIOSOS para cada uno de nosotros.
Entonces, esto se trata de VALORAR todo aquello que nos beneficia en cada momento y AGRADECERLO de corazón. De esta manera nos sentiremos BENDECIDOS por lo mucho que tenemos, en especial cuando comparamos nuestra lista de “favores”, con la de otras personas. Empezando por lo económico, ¿Cuál es el porcentaje de pobreza extrema en el planeta? Es casi el 10% de la población mundial: son más de 700 millones de individuos que “viven” de esta manera. ¿Cuántos no tienen una casa para protegerlos cálidamente, o suficiente comida para alimentarlos? ¿Cuántos están solos, sin familia o sin amigos?.... Con esto, solo estamos enunciando las preguntas más básicas. Para cualquiera de ellas, existe una respuesta importante: uno de nosotros podría ser el ser humano con tan fuertes carencias. Si tú no estás en estas listas, empieza a agradecerlo YA.
De otra manera, muchas personas piensan: “lo que yo tengo en mi vida me lo he ganado, me lo merezco, además de haber hecho gran esfuerzo por ir logrando mis cosas”. En efecto,  ¡tienes razón! Si te lo mereces: ¡Felicítate! Sin embargo, esto no se trata de merecimiento, porque son muchas las personas que también se han esforzado sin obtener los  mismos resultados. Quizás no supieron manejarlo, o enfocarlo, o simplemente tuvieron peor suerte que nosotros.  Además, ocurren cosas inesperadas que pueden cambiarle los resultados a cualquiera: un accidente en carro, una enfermedad incapacitante, entre muchos otros, pueden llevarse por delante, buena parte de nuestros esfuerzos. En conclusión, somos afortunados de haber logrado lo que tenemos: es importante agradecer por ello.
En consecuencia, la invitación es a fortalecer cada día el “musculo de la gratitud”. Hay muchos caminos para lograrlo, por ejemplo, escribir en un cuaderno o libreta, tres cosas por las cuales te sientes muy agradecido en ese momento, puede ser un gran comienzo. Es importante que lo hagas todos los días, en tu horario preferido. Incluso si te agrada hacerlo antes de acostarse, podrían comenzar a dormir mejor en pocas semanas.
También es clave hacerlo por escrito. Al escribir, pensamos más lento, organizamos mejor nuestras ideas, nos damos cuenta de más cosas y esto nos ayudará a valorar más fácilmente.  Luego, cuando hayamos ganado mayores habilidades, podremos ponerlo en práctica de otras maneras: reflexionado cada día por unos minutos en las bendiciones que tenemos; rezando oraciones de gratitud, entre otros caminos.
Aun en los momentos difíciles de vida, siempre podemos identificar personas, situaciones, habilidades y bendiciones, que nos está acompañando y nos apoyarán a salir a adelante.  Sin embargo, en estos momentos complejos, solo si nos proponemos a re-conocer, podremos valorar y utilizar lo positivo para superar el problema. Quizás al principio nos cueste identificar esas fuentes de positividad, más cuando nos concentremos un poquito nos daremos cuenta; cada vez será más fácil visualizar esos favores.
Demás está decir, si nos acostumbramos a agradecer  y a poner la atención en lo positivo de nuestras vidas, seremos personas mucho más felices disfrutando de  todas las bendiciones que nos tocaron.
Muchas Gracias,
Maigualida Boedo Paz


lunes, 20 de febrero de 2017

GRACIAS A LA VILLA QUE ME HA DADO TANTO

Villa de Cura es un pintoresco pueblo del estado Aragua, quizás hoy ya no tanto como cuando lo vi la primera vez que abrí mis ojos. Allá llegaron mis padres iniciando la década de los cincuenta, comenzando la dictadura de Perez Jimenez. Mi padre, junto a mi tío, habían comprado una hacienda de café en una inmensa montaña a las afueras del pueblo. Se llamaba Hacienda Santa Rosa y llegó a ser una de las principales productoras del grano en el estado.  

Cuando nos mudamos a Valencia, mi madre siempre gustaba regresar a la Villa a visitar tantos amigos y familiares que había dejado. Muchas veces la complacimos llevándola los fines de semana. En pocas horas recorría las casas de los Meléndez, Flores, Araujo, Hernández, Delgado, Pérez, Durán, Esaá y los Álvarez, por supuesto. Ella era muy alegre y acostumbraba llegar a las casas cantando la canción que estuviese de moda. Sus amigas lo sabían y apenas  la oían salían felices a recibirla y abrazarla.  En una oportunidad se escuchaba mucho en la radio una que decía: "Que lo entierren hondo, ay, que lo entierren hondo" y con esa llegó  a casa de su amiga Angelina. En esa época no había rejas y las puertas permanecían abiertas, se podía entrar libremente. Llegamos hasta el patio central y nadie aparecía, mi mamá cantaba más fuerte "que lo entierren hondo". En eso salió de una habitación  la señora Angelina y con lágrimas vino apresurada a abrazarla y le dijo: " Ay señora Carmen, ayer enterramos a Araujo" con esa costumbre de las mujeres de antes de  llamar al marido por el apellido. En el momento, por supuesto sentimos pena, pero después nos reíamos cada vez que recordábamos la anécdota y el tino con que había acertado la canción.

Mientras vivimos en la Villa, mi padre se quedaba arriba en la Hacienda y venía a casa periódicamente, así que mi madre permanecía prácticamente sola lidiando con los siete muchachos. Comentaban los vecinos -de ello nos enteramos muchos años después- que en la casa donde vivíamos "y que espantaban", pero nunca se lo dijeron por el aprecio que le tenían. Todo hace pensar que en muchas oportunidades ha debido mi madre sentir angustias, temores y preocupaciones, como era normal, pero aún así, siempre repetía que los años que vivió en la Villa habían sido los mejores y más felices de su vida.

Hay dos cualidades que reconozco en mi madre que pueden haber contribuido para que sintiera tanta felicidad de tan solo recordar sus tiempos en el pueblo y como la revivía cada vez que regresaba a visitarlo. La primera fue su dedicación al "cultivo de amistades" como ella lo llamaba. Eso le permitió conformar una red de amigas que le dieron un apoyo emocional importante. En segundo lugar, y no menos importante, LA GRATITUD, esa fortaleza que puede hacer cambiar la vida de una persona de manera apreciable. Es una actitud que se cultiva y que ella desarrolló de manera espontánea sin saber todo el bien que ello le depararía. Porque traer del pasado los gratos recuerdos y hacer un reconocimiento de solo los momentos por los cuales sentía agradecimiento, es una forma de practicar la gratitud. Supo extender su felicidad al presente pensando con gratitud en las  personas y acontecimientos que la acompañaron en ese pasado.

Cada vez que iba a la Villa llevaba pequeños obsequios, por lo general elaborados con sus propias manos, bellos tejidos que sus verdaderas amigas apreciaban y se lo agradecían, lo que la hacía muy feliz. Regresaba a la Villa a recolectar alegría y amor de sus cultivos. Si estuviese viva de seguro mantendría su costumbre de ir a regar y abonar sus siembras y a lo mejor cantando algo como: "Gracias a la Villa, que me ha dado tanto"

Lionel Álvarez Ibarra
Febrero 2017

domingo, 19 de febrero de 2017

Reunión de febrero 2017. El Agradecimiento

Crónica:

El tema del mes de febrero de 2017 fue el agradecimiento cuya palabra en árabe es Shukram, y con una bella historia contada por la anfitriona del mes, Doña Hened.

Ya nos había ofrecido, en el marco de nuestras lecturas, una degustación de comida árabe libanesa que superó todas las expectativas. Tres cremas que incluian a la "Flefla" de pimentón rojo, y hasta empanadas de acelgas. Luego de las lecturas degustamos postres que incluyeron helados, marquesas y duquesas de chocolate y la inolvidable mazamorra morada del Perú de Doña Gude.(Aunque parece un club de degustaciones, es un club de escribidores, lo que pasa es que se funda profundamente en lo positivo, y la comida lo favorece)

Esta vez, estuvimos, Doña Elinor, Doña Carmen, Doña Gudelia, Doña Arcángela, Doña Tibaire, Doña Hened, la afitriona, Doña Nahima, la mamá y Don Alberto. El chocolate fue otro invitado de lujo en esta ocasión, al igual que el comino, las almendras y la oliva. Inolvidables y entrañables siempre, los relatos que cada quién narra desde su corazón.

Shukram (gracias) a todos.






VENEZUELA MI PATRIA ADOPTIVA



VENEZUELA MI MADRE ADOPTIVA

Una madrugada mis sueños y yo… tocamos suelo venezolano.
Mis maletas repletas de incertidumbre y esperanza.
Mis profesores y amigos, afanados en cartas de elogio,
no escatimaron afecto ni distancia con personalidades del tiempo.

Caracas me envolvió en su verde vital, me inyectó vida.
Verde que te quiero verde, me tiñó de esperanza verde,
y desde entonces no he dejado de fascinarme con el Ávila verde,
el pinta  mi paisaje interno…de un fascinante verde tornasol.

Venezuela Bendita, no me escatimaste tu amor,
siempre me sentí  hija legítima ligada a tus hijos de vientre.
Venezuela de mi alma, me adoptaste  cuando salí de mi Perú,
tierra querida por quien lloré a pesar de tus mimos y tu cobijo.

Mi historia inmigrante buscó un sueño que soñar,
un suelo donde aparcar, donde vaciar  mi valija de nostalgias.
Mis recuerdos aún caminan con un pasaje de retorno sin expiración;
pero mis afectos  profundos han echado raíces para siempre.

Tú que has sido mi madre y compañera,
generosa me has dado sustento tendiendo tu manto azul.
 Has sido la partera de mis hijos, ellos tienen tu sello y tu aire.
 sus cunas espirituales  dibujadas en las laderas del Ávila.


Los años pasaron veloces descalzando tu suelo.
Hoy  estás acurrucada, hecha trizas sangrando por tus costados,
¡Cómo me dueles Venezuela!, hoy  te amo más que nunca…
me quedaré hasta que mis cenizas abonen tu suelo.

Sueño para ti un mañana, en el que levantes tu alma indómita.
donde se borren los colores de la violencia que te llaga.
Serás otra vez suelo de luces, donde tus hijos con talento
cantarán de nuevo, tu himno de esperanza activa,
y volverán a construirte  piedra sobre piedra…

Atiza  tu aura crece y florece, no mas llanto en tu costado,
no más atarraya clineja de viento nublado, sacúdete del dolor y la miseria.
Ven a sembrar semillas de girasol, ya es tiempo, ya la historia te llama…
Atrás quedará la tormenta.
 Adelante tu fibra indómita haciéndole  V a la VIDA…

GUDELIA CAVERO

ENTRE LA GRATITUD Y LA INGRATITUD

Me duele el mundo, me duelen aquellos
que olvidaron a la Venezuela que les partió su pan.
La que les abrió su puerta de par en par
y no indagó nacionalidad ni oficio.

Me duelen mis hermanos venezolanos
que tuvieron que emigrar.
Que huyeron del sin sentido y el crimen
de la carencia y la mutilación.

La gratitud viaja de la mano del amor.
La ingratitud va de la mano de la escoria humana.
La gratitud cava surcos intensos.
La ingratitud cava cicatrices.

Pobre de aquel que troce la mano
de quien le dió de comer.
Pobre de aquel que olvide su pasado,
estará destinado a repetirse miserable.

La ingratitud es ciega y tiene amnesia,
está sumergida en lodo.
Tiene el alma atrofiada, las venas leprosas
y sentimientos que se hieden.

La gratitud deslumbra en su frontera,
hace grande, aleja los charcos de miseria
le da voz al silencio,
borra las caricaturas de la pena.

No hay palabra más potente que GRACIAS,
esa sale desde el amor y la alegría.
Gracias, siembra semilla de la buena
en el más puro abrazo humano.

Que valioso es ser agradecido.
Que valioso es devolver el bien
a quien nos acompañó en la desesperanza,
a quien curó nuestras heridas de orfandad…

El mundo ahora está en deuda,
que sea la gratitud la moneda de pago.
Nuestros jóvenes venezolanos,
potenciarán el tejido social de la humanidad.

GUDELIA CAVERO

viernes, 17 de febrero de 2017

Agradecer a…


Tantos años vividos con aprendizajes, experiencias muy variadas, con sus alegrías y tristezas que el agradecimiento se me hace infinito. Y me pregunto ¿a quién le dedico este escrito? Agarro el lápiz y comienzo a escribir…

Cuando camino por los parques o por una montaña, siento una energía especial. Disfruto de las formas, los colores, los contrastes, sus olores; mis cinco sentidos se activan al máximo. Me siento plena y con fuerzas y tomo la fotografía en mi mente de la belleza que vivo.

En otros escenarios maravillosos, camino por la arena de las playas, siento el agua que moja mis pies, las olas que van y vienen. Observo las gaviotas, las diferentes aves que se dejan llevar por el viento, la espuma del mar, así como mis huellas marcadas en la arena donde se hunden las pequeñas conchas marinas con su diversidad de formas y colores.

Paseos y viajes por caminos recorridos, en carreteras variadas que me transporta a una película de paisajes que pasan con velocidad, y como actriz de reparto vivo tanta hermosura: montañas, lagos, ríos, nieve, lluvia, sol, luna, estrellas. Quedo extasiada, sorprendida y maravillada con tantas bellezas. Es un disfrute pleno que grabo en mi espíritu con la filmadora de la curiosidad constante.

Y todas estas historias están protagonizadas por la Madre Naturaleza. Bella, grandiosa, imponente. Que me hace sentir de manera muy especial el agradecimiento. Donde vivo diversos sentimientos encontrados: alegrías, nostalgias, impotencia, fuerza, solemnidad, dignidad, gloria. Mi corazón se engrandece; es mi refugio donde encuentro nuevas ideas y ganas de seguir adelante.

Y es a la Naturaleza a quien dedico el agradecimiento. Gracias, gracias y gracias Dios por tan maravilloso regalo.

Y así, ya terminado mi escrito, bautizo mi relato con el nombre: ¡Agradecer a la Naturaleza!! Siempre grande, noble y leal, donde por siempre podamos disfrutarte y admirarte. Y donde el cariño y el amor de toda la raza humana te cuide, te mantenga y te conserve igual.


Janet Jiménez

Bogotá febrero 2017

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jueves, 16 de febrero de 2017

Una taza de chocolate caliente

     Agradecer es acoger en el alma todos los días vividos. Pero hay memorias que atesoramos con especial calidez. Solemos ser selectivos en el recuerdo. Nos damos cuenta que todos los recuerdos que tienen que ver con el chocolate son cobijantes. 

  ¿Qué tiene el chocolate que desde la telúrica América  hasta la sofisticada Europa no pueden prescindir de él? Todos lo consideramos una delicia. Casanova pensaba que el chocolate caliente era "el elixir del amor" y bebía chocolate en vez de champán.
    
     El chocolate nos vuelve nostálgicos. Nos remite al recuerdo infantil, a la alegría,  la diversión, al amor prohibido, al amor recordado, al amor que nunca se dio, al amor de todos los días.  
     
     Trae algo mágico que  llena nuestras vidas de redescubrimientos, de momentos feéricos. Tiene el atrevimiento de transformar nuestras vidas. Nos vuelve optimistas, nos hace sentir felices, valerosos, animados y, lo más importante, enamorados.

     Su sabor exquisito despierta y estimula los sentidos, nos hace ver al ser amado maravilloso,  nos embelesa y cautiva.  Al igual que el amor, al principio te sorprende, y con el paso de los años  te mantiene caliente.
    
     Con su aroma olvidamos todas las preguntas. Nos sentimos abrazados ante tan amable respuesta. Viene acompañado de tonalidades diversas, desde la picante canela hasta el etéreo azahar, para hacernos distinguir entre la ternura y la pasión.
   
    En la vida hay cosas muy importantes: un gran amor, la familia, los buenos amigos y una rica taza de chocolate caliente.

    Una taza de chocolate espeso, caliente y delicioso es el mejor pretexto para llegar y deslumbrar al ser amado. Yo, desde aquí, sólo puedo dar la idea, ustedes, en sus vidas, ponen la taza de chocolate y lo demás…

Irma Wefer

Agradecimiento


Puedo apreciar
Montaña, ave, café
Cada mañana

Del cacao y otros agradecimientos

Tenía como doce años; mi hermana mayor se acaba de casar. A su marido no se le ocurrió mejor idea que alquilar una hacienda de cacao en Araguita, un sector del Barlovento venezolano. Ella se fue (o se tuvo que ir)  a vivir a la casa de la hacienda, porque ese era el trabajo de su marido y las leyes dicen que así es. Mis padres, como buenos guerreros- aventureros estaban encantados con la idea, y en la primera oportunidad que se pudo, hicimos morrales para ir a ver donde estaba viviendo y nos fuimos. Ya el viaje en carro hasta allá, era un viaje.

No es como ahora que uno va en un ratico a Higuerote y regresa; en aquel entonces no habían autopistas y llegar a Araguita  desde Caracas tardaba como tres horas, lo que ahora se hace en media hora. Llegar en carro a Araguita era lo de menos, el tema era que teníamos que dejar el carro allí, ya que el resto había que hacerlo en otros medios de transporte. El que más, era caminar. Caminamos por dos horas por el bosque húmedo de Barlovento, entre unos árboles gigantes y centenarios que se llaman  "Cucharos o Candelos" (yo pensaba que eran Bucares),  y a cuya sombra, supe después, era que crecían y germinaban las matas de cacao. Los cucharos tiene raíces gigantes, o al menos así parecían en la mirada de un niño de doce. Igual, las fotos que me quedan (diapositivas), revelan que si eran grandes, y existe una foto de mi madre al lado de una raíz, duplicándola en altura.

Entre esos árboles gigantes, donde no llegabas a ver el final por lo altos que eran, caminamos por horas, con una alta humedad, casi sofocante, cruzando riachuelos, quebradas, y caminos de agua, ya que con tal humedad era normal que aparecieran. El terreno era mayormente plano, pero en muchos casos tuvimos que cruzar por un encima de algún tronco caído. Mis padres, eran unos guerreros, pues con su mochila encima, dirigían la caravana, luego venía yo, luego el baqueano, y quizá mi cuñado, en la primera vez que fuimos. No había maletas, solo lo que podíamos cargar en la espalda. De repente, salimos de la media oscuridad y llegamos a un claro de luz; a un mundo marrón; la arena era marrón, el agua era marrón y se movía con un silencioso respeto de quien siendo gigante, se mueve con cautela. Era el río Tuy, que habiendo recibido ya las aguas del río Guaire, adquiere ese color. En esas arenas color oro había que tener cuidado, pues cualquier niño, en un descuido, podía quedar atrapado en arenas movedizas, que una vez que te atrapan no te sueltan hasta engullirte. Menos mal que estaban pendientes de mí, y que sumergido hasta  las rodillas, todavía fue posible rescatarme.

Cruzar el Tuy  también era una aventura. En la orilla había como una tabla grande amarrada con unos cabos que jalaban personas de una orilla a la otra pero que por efectos de las corrientes había que balancear, pues se desplazaba aguas abajo. Al final, el desplazamiento de la balsa era como un triángulo. Se la llevaba el río, cuando te montabas aguas arriba, se bajaba la gente, y la jalaban aguas arriba, para dejarla ir y cruzar nuevamente. Era como una letanía, como una danza de un río poderoso que está como dormido y te permite cruzarle. Luego, en la otra orilla, teníamos que caminar como una hora más por el bosque nuevamente. La misma humedad, la misma sombra, pero esta vez acompañado de un ruido de aguas, esta vez del “Taguasa”, un río pequeño, estrecho, caudaloso y traicionero. (Acabo de saber que ahora le da vida a una represa que surte a la capital). En otra ocasión, ya cuando comenzamos a ir en lancha para ahorrarnos la caminata, pude ver como en la unión de aguas, se mezclaban las aguas negras con el tanino, con la marrón del barro y de la tierra.

Al fin, llegamos a la casa. Me imagino que era un “claro forzado” construido entre árboles talados, hacía mucho tiempo atrás, quizá desde el tiempo de la Colonia y de los “grandes Cacaos”, que eran ricos y poderosos; ya en mi travesía no era así. La casa era sencilla, de una planta, con techos de asbesto ondulado para la lluvia, con muchas ventanas pero con tela metálica para evitar algunas zancudos e insectos. Claro, era así para que, en tanta humedad, el aire circulara a través de las ventanas y redujera la sensación de calor húmedo, que es peor que el calor seco, aunque ese deshidrate. Tenía varias habitaciones, con techos altos que permitían a los murciélagos circular libres de noche, buscando insectos. No había electricidad sino una planta de kerosene que se prendía unas horas en la noche; luego funcionamos con algunas velas que nos acompañaban hasta quedar dormidos. Al terminarse estas, aparecía la oscuridad total, aquella que no conocía ciertamente. En esa casa conocí el maíz pilado y con sus canciones, la pelea de machetes, las pasiones humanas, y algunos insectos extraños para un niño nacido en Caracas, como fue la tarántula gigante y peluda, con quien tuve que acostumbrarme de “cierto modo“,  a convivir y los alacranes.

Pero lo que más recuerdo, aunque ya pasaron más de cuarenta años, fue el olor del cacao. El cacao es una planta no muy alta, que produce sus semillas en el tronco y viven debajo de la sombras de los Candelos, al menos así es en Barlovento, ya que no conozco otras plantaciones. Ya, el olor a hojas secas que caen en el piso mojado prepara al olfato para ciertos olores, pero nada en la vida, nada, como la semilla fresca y babosa del cacao. Además, se colocan así como son, en toneles para que fermenten, y es allí donde los olores alcanzan su máxima expresión; todo se inunda de ese olor, todo. Uno mismo, sudado por tanto calor y tanta humedad, no puede evitarlo aunque se bañe en el río, varias veces al día. Y yo lo podía hacer porque tenía al río Taguasa a pocos metros de la casa, bajando por una pequeña montaña. Además, siendo niño, siempre tuve “cierta independencia”. Luego, el grano se seca al sol con rastrillos, y la piel negra de los trabajadores se mezcla con el color del grano, y el  sudor humano, con la fermentación de la semilla, volviéndose  uno, y hasta que el sol logra secar los últimos vestigios del proceso baboso y oloroso.

Sin embargo no es un recuerdo amargo; por el contrario, cuando uno vive una experiencia que te conecta con el origen de las especies en Venezuela, nunca tu vida vuelve a ser la misma. (Hay estudios que demuestran que el Cacao nació en Venezuela). Los patios de secado de la semilla fermentada,  se encontraban a un costado de la casona y  tenían techos con ruedas que protegen a los granos de las lluvias, en parte. Al secarse los granos se embolsan en sacos tejidos de yute, donde viajan a las plantas procesadoras, o quizá hasta en barcos, para convertirse en otros países, en el delicioso chocolate. Por cierto deben ser los mejores chocolates, pues sin duda, tenemos el mejor cacao del mundo.

Un día, en unos de nuestros viajes de aventuras donde luchaba con grandes raíces que parecían dragones, y en la casona del cacao, vi caer la lluvia. Llovió mucho por muchos días. Mi cuñado tenía que regresar a Caracas,  y  era domingo. Decidió partir; lo malo es que esa decisión nos incluyó. Preparó la lancha en el río Taguasa crecido, y no escuchó las palabras de alarma de los aldeanos. Ninguno,  en su sano juicio se hubiera atrevido a partir en un río crecido y por demás,  lloviendo. Pero así lo hizo. Se montó él y mi hermana, y atrás, mis padres. Yo, estaba en alguna parte del bote. Solo recuerdo de ese día y de ese viaje, de lo que significa vivir una crecida, donde no hay fuerza posible que compita con el agua. Ello, sumado a un árbol que cayó enfrente e hizo que la lancha volteara y quedara trabada en el árbol. Sin embargo nadie cayó al agua, aunque estábamos medio metidos en la crecida y el caos. Era casi imposible salir de eso; me imagino que la mano de Dios enderezó el bote, nos sentó dentro de él,  he hizo que pasáramos por encima. Nadie habló más ese día. Creo que mis padres no volvieron a hablarle. Nadie nunca comentó esto hasta ahora. De hecho, creo que fue el último viaje que hicimos a la tierra del cacao. Y estoy muy agradecido hoy, por poder recordarlo, y por poder contárselos. Es que el cacao, una vez vivido se vuelve parte de nosotros, aunque sin embrago, no lo digamos.

Alberto

Imagen: Tomada de http://revistarioverde.blogspot.com/2011/05/explorando-maravillas.html