martes, 23 de mayo de 2017

Mi propio cómplice

Si esto sucede, hago esto. Si logro esto, me doy el gusto de aquello. Si se me presenta esta oportunidad me atrevo a hacer aquello. A que no te atreves a…
No recuerdo desde cuando soy mi propio cómplice, ni cuál fue mi primera complicidad, pero es parte de mi, y además, me la disfruto.
Cuando ya  llevo escritas esta líneas, me acuerdo que siempre me gusta buscar la definición en el diccionario cuando voy a escribir sobre un tema, sobre todo cuando es la primera vez que escribo sobre él. Buscando la definición sobre complicidad me encuentro con dos acepciones:
La Primera: Participación de una persona junto con otras en la comisión de un delito o colaboración en él sin tomar parte en su ejecución material.
La segunda: Relación que se establece entre las personas que participan en profundidad o con coincidencia en una acción.
Pensando en la primera acepción de ser cómplice en delito me rio al pensar si he cometido un delito sin tomar parte en su ejecución material. Pues si, muchas veces he pensado e incluso maquinado, e incluso soñado, que es peor aún, por el tema del inconsciente, en hacer cosas delictivas o que no están bien, es decir, cosas que una madre, esposa, hija, hermana, compañera, no debe hacer, pero que provoca. He participado porque lo he pensado y maquinado, pero al final no he tomado parte en su ejecución material. Termino siendo el juez, mi propio juez, incluso hasta armo un juicio, llevo algunos de mis pensamientos como testigos y realizo debates entre mi abogado bueno defensor (Pepe Grillo) y mi abogado malo acusador ( mi mamá o cualquier mamá por ejemplo) y gracias a Dios , y hasta ahora me he absuelto, o por lo menos, me he perdonado,  de todos los delitos entre mi pensamiento y Yo.
Reflexionando sobre la segunda acepción que considera la complicidad como la relación entre personas que participan en profundidad o coincidencia en una acción me siento en mi elemento, o porque no, en flow, siento mucha complicidad entre mis pensamiento sobre el mundo  y mi funcionamiento dentro del mundo. Me siento cómplice en cómo deben funcionar las parejas, mi vida en pareja, en cómo deben funcionar las familias, mi familia, en cómo deben funcionar los amigos,  mis amigos, en cómo deben funcionar los equipos de trabajo, mis equipos de trabajo, en cómo debe funcionar la igualdad entre hombres y mujeres, mis relaciones con hombres y con mujeres y así…  en cómo deben funcionar los diferentes ámbitos de la vida,  mis ámbitos de mi vida.
Pues si , me siento mi propio cómplice, responsable de la complicidad en mis  delitos y responsable en la participación del logro de mis acciones. Mis ideas, mi cabeza inquieta, hasta a veces impulsiva, es mi cómplice que mas disfruto, dejándola suelta todo el día e invitándola a recogerse conmigo al caer el día, aunque a veces, inquieta y traviesa no me haga caso, y hasta a veces  me despierta a media noche a hacer travesuras… si, lo hace. Y yo, como una madre amorosa,  la escucho y la arrullo hasta que se vuelva a dormir de nuevo. ¡Definitivamente disfruto mucho ser mi cómplice!


Mi propio cómplice
María Elena

1 comentario:

  1. Tu mente Lele, maquinando día y noche.
    Gracias por tu escrito travieso.

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