
Siempre me atrajo entender en qué consiste realmente la
vejez y el envejecer.
Al pasearme por los comentarios de la calle normalmente
aceptados, me sumerjo en una confusión extrema. ¿Cuándo realmente se está viejo o cuando
realmente estamos envejeciendo? Me vienen a la mente el pan que esta sobre mi
mesa, la niña que usa los zapatos de su mama o el niño que juega al ejecutivo
con las corbatas de su padre. Pienso en mi Mamá, mi abuela. Pienso en mis
amigos, en sus hijos y en sus padres.
Creo que cada uno de nosotros observa la vejez desde
diferentes posiciones de observador, desde mi edad, desde la edad que tuve o
desde la edad que tendré. Sin embargo, estoy convencido que la vara de medición
no se establece necesariamente en unidades de tiempo.
Veamos el caso del pan sobre mi mesa. En el paquete dice la
fecha de vencimiento. Sin embargo, aún fuera de esta fecha, si no tuviera otra
cosa que comer o me provocara mucho el envejecimiento fuera relativo. También si
mi intención fuera comer una torta de pan.
Cuando veo a un niño extremadamente maduro (con la
subjetividad que implica el vocablo maduro), me cuestiono si me agrada o no. Si
es un valor o no. Igual cuando observo a una niña vestida prematuramente de
mujer o de manera inversa, a una mujer vestida de quinceañera.
Escribí en una oportunidad en mi blog, bajo el título “Quién dijo miedo” lo siguiente: Muchas
de mis amigas en acciones plásticas desesperadas se acomodan para lucir y
comportarse como chamas de 20 sin que eso realmente pueda lograrse. Algo
siempre se ve extraño, como fuera de contexto.
Algo así como una pava
exageradamente madura.
Desde un poco más arriba del quinto piso, me cuestiono la
exagerada valoración de la juventud (entendida en años), solamente
menospreciada por quien, desde este balcón, la tiene. Es importante por tanto, ponernos
de acuerdo que es realmente envejecer. Desde el estricto sentido de la palabra,
envejecemos desde el mismo momento en el que nacemos. Lo demás son juicios mediados
desde nuestra experiencia de vida.
A continuación tan solo opiniones de cuando se envejece:
Para este observador, la vejez llega primeramente cuando
desaparecen los planes. Recuerdo a Jacinto Convit quien a sus noventa y algo
planteaba sus investigaciones a 5, 10 y 15 años. Estoy seguro que el doctor
Convit estaba claro en su edad, pero más claro en su propósito y sentido de
trascendencia.
Seguidamente, se envejece cuando se desdibujan los gustos es
decir, cuando perdemos el apetito por el valorar las cosas. Cuando nos sentimos
que a cuenta de la edad, ya no debemos tener gusto por las cosas que
apreciamos. Es aquí donde entran los regalos decembrinos. Me preocuparé
superlativamente cuando me regalen medias e interiores en navidad. No es que no
hagan falta tales prendas de vestir. Solo que al igual que a los chamos, eso no
gusta si no viene acompañado de un juguete.
Se envejece cuando nuestra vida deja de ser importante para
nosotros por no tener una edad diferente a la que tenemos. Cuando no valoramos
la edad que tenemos. Cuando queremos parecer menores o mayores (según sea el
caso), cuando necesitamos vernos mayores para entrar a censura “D” o a una discoteca
en un cine, como cuando nos preocupamos mas por una cana que por todo lo vivido
para lucir dicha cana.
Cada edad tiene su aporte e importancia. Cada edad tiene su
significancia dentro del ciclo vital.
Envejecemos realmente cuando nos quedamos esperando,
cuando nos detenemos solo a esperar la muerte.
Cesar Yacsirk
Septiembre,
14 de 2016
Buena pluma. Cautiva la lectura. Excelente como siempre
ResponderEliminar"Envejecemos realmente cuando nos quedamos esperando, cuando nos detenemos sólo a esperar la muerte". Me quedo con esa frase, precisamente por lo que hablas de la subjetividad. Si envejecer no es visto como algo que se pueda hacer dignamente (y se asume y se trabaja para que sea así), entonces es eso: es esa cosa dolorosa, aburrida y triste que hacemos mientras esperamos la muerte. Gracias querido César.
ResponderEliminarTremendamente filosófico...excelente César
ResponderEliminarCon ese final, recordé a Penélope, la de Joan Manuel, que con su bolso de piel marrón y su vestido de domingo se marchitó... Y no era la muerte lo que estaba esperando! Sintonizo con la forma en que expresas tus reflexiones y opiniones
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