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sábado, 24 de agosto de 2024

La voz de Gude/Gudelia Cavero

 La voz de Gude. 

Desde Alemania,


Está en mi drive. Si me escribes a alindnerb@gmail.com te mando el link 


Feliz día,


Alberto

El tema de Lila, la Host/Lila Vega

 "Las rabias, tristezas o aburrimientos que me ayudaron a crecer"

No tengo remedio.  Hasta lo irremediablemente malo tiene su lado bueno y yo siempre lo encuentro.  No, no es negación.  Es la necesidad de que la vida tenga sentido, que la mía tenga propósito.  

Confieso que las tristezas que tolero mejor son aquellas que hay que aceptar sin discusión, las que son  irreversibles.  Para todas las demás, discuto, cuestiono, trato de cambiar la realidad. Pero la muerte no tiene remedio.  No puedes explicarle a la persona muerta  que no es buena idea que se muera, que reconsidere, que es la mayor de tus alegrías, que te despiertas todos los días para verlo sonreír y dejarte abrazar.  

Pero lo malo pasa y lo aceptas y entiendes que estás herido y que necesitas cuidarte.  Te echas en tu cama y no haces nada.  Duermes, lloras, comes poco y ahorras energía.
Y tu cerebro va pensando cómo sigue con la vida.  ¿Cómo te adaptas a esta herida que necesariamente dejará una cicatriz? No vas a ser la misma persona.  Lloras mucho y te condueles de ti mismo.  

Pero finalmente encuentras tu nuevo espacio, tus nuevos proyectos, tus nuevos propósitos y un nuevo sentido para tu vida.  

Cuando miras atrás, te maravilla lo que lograste, no sin sentir cierta ambivalencia. Ese logro viene de la adversidad, de haber perdido a una persona amada, pero creciste. Y das las gracias por lo que aprendiste. Y recuerdas amorosamente lo que ya no tienes.

Rabias y otros menesteres

 "Las rabias, tristezas o aburrimientos que me ayudaron a crecer"

¿Qué nos ayuda a crecer?. A las plantas, el agua y la tierra; algunos animales se comen a otros, así como los peces grandes a los chicos. Mi mamá, con razón, me decía que si no comía, no iba a crecer. Y creo que tenía razón, pues solía no comer. ¡No comer casi nada!

Me llamaban “papa frita” que era básicamente mi alimento. Para las proteínas, mi madre hacía una carne a las brasas y la colocaba en una bandeja con clavos, para que drenara un líquido rojo parecido a la sangre, que luego colocaba en un vasito y yo lo bebía. –Por lo menos algo de carne, decía.

Ahora de grande, no sé qué hacer para des-crecer; pues mi talla ha bajado tres centímetros. Cosas de la edad, pero y eso que ahora como todo lo que debí haber comido para crecer. La gente grande crecemos en lo físico y en lo actitudinal. Un niño pasa a adolescente, de ahí, a adulto y a mayor. Algunos hombres crecen en físico pero siguen siendo niños. ¿Es que debemos comer algo para crecer en eso también? ¿O algo que hacer, o sentir?


De niño sentí con frecuencia mucha rabia, era un niño “rabioso”, pero nada ocurría ni en la altura ni en la madurez. Más adelante, ya de grande, despedí a los seres queridos, entonces hubo tristeza, pero tampoco crecí. Como nunca en mi vida me he sentido aburrido, no sé qué es, y si ayuda o no, a crecer. Entonces, podemos crecer en altura y de repente hacer un viaje de regreso, pero, ¿cómo se crece como hombre?, ¿Cuál es el alimento?, ¿cómo sabemos que hemos crecido?, ¿nos lo ice la gente o nos damos cuenta nosotros mismos?

Kino, el de Mafalda, dijo una vez que “crecer es aprender a decir adiós”. Y eso, va más allá de resentir, estar resignado, o no saber que es estar aburrido; es justo eso; es decir adiós. Es como quitarse una armadura que está pegada a la piel, cada por capa. Luego, viene todo lo que somos y sentimos, como la rabia, la tristeza o inclusive la alegría y la esperanza. Decir adiós, es un acto de entrega completa, de desapego, de incompletitud. Nos sabemos incompletos y desde ahí, aprendemos a caminar, con sus altibajos. Decir adiós, es dejar de ser algo, para abrazar a algo nuevo, es mirar hacia adelante.  Pero, cuando dejamos de soltar y  de crecer, también pudiéramos decir adiós…