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martes, 19 de julio de 2016

Julio 2016

Julio 2016

Tema:

"Vida con propósito,destino con sentido"

Coordenadas:
martes 26 de Julio a las 4:00 pm en La Feria Unimet.

Host de julio 2016
Gudelia Cavero
Promotora del bienestar, Gerente de RSE en Corpañal.
gcavero@icca.com.ve

Foto: la poeta con la menor de las hermanas Mirabal

miércoles, 29 de julio de 2015

Los hombres de mi vida infante

Los Hombres de mi Vida, ( De -1 a +3 años)

Carl, como lo llamarían en su vejez, tendría como 42 años cuando una noche del mes de enero, haya decidido tomarse unas cervezas con sus amigos. El tenía la pasión del venezolano  de reunirse con sus amigos y la pasión intensa de los germanos, aquella que se desata con la ingesta del alcohol, y hace que se abracen, canten, griten y sigan bebiendo.

El también tenía una pasión por este país; de hecho, a veces, se sentía más venezolano que sus hijos mismos, que habían nacido en esta tierra. Para entonces, ya tenía cuatro hijos, dos hembras y dos varones. Ya habían tenido una pérdida unos meses atrás; quizá ya el cuerpo de su esposa, estaría cansado. Las hermanas eran once años mayor  y los hermanos como siete y seis. Ya todos estaban en la etapa de la infancia tardía y de la pre adolescencia, cuando la madre empezó a enseñar su pancita del quinto hijo. Ella se lo dijo cuando llegó de la fiesta. Estaba el país en dictadura, así que llegar tarde no era un tema de seguridad, mas bien de poder recibir la noticia que le dieron.

Unos meses antes de la llegada, la madre tuvo dos pérdidas muy importantes; primero, su padre  falleció lejos sin poder despedirse, y luego, su mejor amiga, su confidente. Tanta tristeza hizo que el bebé se sintiera mal y quisiera salir antes de tiempo, tanto tiempo antes, que no hubiera sido posible la vida con la tecnología de entonces. El reposo en tan profunda tristeza hizo que se pudiera llegar al final. Era octubre. El médico dijo, “nacerá por fórceps”, y así fue, donde en la imposibilidad de ver la luz de forma natural, el bebé  haya sido extraído con pinzas especiales, sujetando la cabeza. –“Será muy inteligente”, dijo el obstetra al traerlo al mundo, -“es de cabeza grande”. El médico ya estaba un tanto senil, pero había traído a casi todos los niños que nacieron en Caracas, y de alguna manera, llegó a confiar tiempo después,  en su criterio y observación.

En la familia hubo una tradición: el gran abuelo casó sus cinco hijos casi a la vez, pero todos tuvieron hembras. 10 morocotas de oro eran el premio para el hijo o hija que tuviera el primer varón. María, la esposa de Carl fue la ganadora, pero desde entonces y como un estigma, nadie de la familia volvió a ver una niña. En esa familia todas las mujeres son las mayores, lo que haya hecho que casadas tan jóvenes, las mujeres hayan sido bisabuelas o tatarabuelas. Siempre hubo la esperanza en la gran familia de que naciera una niña otra vez. Y así fue. María varios años después, en un accidente de tráfico, perdió a la niña que iría a romper la tradición.

Aprendió a gritar mucho, producto de tantos hermanos juntos queriéndolo tocar. A caminar también llegó temprano. Quizá recuerde muy vagamente su nexo con el chupete o chupón. No lo quería soltar y María al quitárselo, le decía que se lo había llevado el “zamuro de la estatua de la India” de El Paraíso, que antes estaba en un sitio y ahora está en otro, frente a la entrada de la Vega. La India estaba de pié con las manos alzadas, parada sobre un árbol, con una corona de hojas en una mano, y estaba desnuda. El tronco del árbol, que es de un chaguaramo creo, estaba flanqueado por zamuros, águilas y Halcones. (Creo que no eran zamuros sino  Cóndores. Zamuro fue más fácil de aprender para el niño). Igual, ante la posibilidad de "poner bravo" al zamuro, el niño optó por quedarse callado y chuparse el dedo, en vez.

Esos primeros tres años fueron de absoluta libertad. Creo que el zamuro, más que quitar el chupón, terminó por quitarle la ropa, pues siempre estaba caminando descalzo y desnudo con una bacinilla a cuestas. ¿Qué raro, no? Desnudo pero con bacinilla para cuando quisiera hacer pupú. Los recuerdos de ese niño libre, en brazos de su padre, siempre fueron o estuvieron en el mar. Primero, Puerto Cabello, luego Arrecifes y luego Caraballeda. El mar, en sí mismo, también fue un hombre en su vida. El padre solía meter al niño desnudo en el mar, y ahí practicaba sus llantos con sus pulmones, ya entrenados con sus hermanos. Quizá le daba miedo el agua fría. La figura paterna del niño fue, su padre, su médico, sus hermanos y el mar.


A los 3 años, ese niño ya tenía conciencia de sí mismo. Una noche, tras un ruido ensordecedor, llegó a subirse a la ventana de la sala del segundo piso, y vio como decenas de caballos de plata y metal, crujían sobre el asfalto tibio, en la obscuridad de la noche. No se podía dormir, tampoco le dijeron que se apartara de la ventana. El padre cargó a su hijo, y juntos vieron la caravana, y se alegraron porque se había marchado el dictador. El zamuro se llevó más que el chupón.

Alberto

martes, 5 de mayo de 2015

Cuento gerencial

El mosquito y el vector


“En esta empresa los valores no se enseñan, se contagian”

Esta es una frase de una empresa en la que trabajo dicha por uno de sus directores y accionistas. Desde el principio, ellos trabajaron con la gente, se involucraron, y transfirieron en forma directa a sus empleados, sus fortalezas, valores y creencias. Aunque hoy no están en la empresa, los valores siguen presentes y realmente se siguen contagiando.

Elsa Puncet también ha dicho que las emociones positivas se contagian, gracias a las neuronas espejo, que antes se habían observado en primates, pero que hoy, desde la neurociencia, se reconoce que pertenecen también a los humanos. Las neuronas espejo le otorgan al ser humano la capacidad de “ponerse en el lugar del otro” y también  de producir la imitación: de allí, lo de espejo. En espejo entonces, podemos contagiarnos de la risa, del buen humor, de la sonrisa, de un bostezo, de un acto amable.  De allí también, es que quizá se diga como al inicio, que los valores y principios se puedan contagiar.

Un espejo nos muestra lo que somos a la luz de la realidad, pero como metáfora nos pudiera mostrar lo que no hemos sido capaces de ver o hasta lo que quisiéramos llegar a ser en el futuro. Los comportamientos organizacionales y sociales, también pudieran estar expuestos a las neuronas espejo y producir cambios reales en las organizaciones, desde el punto de vista del bienestar y la felicidad.

¿Es la felicidad contagiosa?. La felicidad entendida desde la psicología positiva es un estado de bienestar en que nos encontramos, distinto al malestar o la infelicidad. La felicidad dicho en términos de la psicología positiva, es un continuo cuyo extremo no es la infelicidad sino la ausencia de ella. Si esto es cierto, entonces, ¿en donde esta la infelicidad?. Seguramente en otro continuo donde los aspectos negativos van desde lo obscuro de las pasiones negativas del psique hasta la capacidad de estar en un estado neutro o de bienestar relativo, es espacio perfecto para llegar a estar mejor cada día, hasta poder desarrollar nuestras fortalezas y ser la mejor versión de si mismos.

Las neuronas espejo nos abren un mundo de oportunidades para la promoción del bienestar social y organizacional. Definitivamente, las actitudes de los directores impactan positiva o negativamente en el resto. Directores enganchados en el resentimiento social, solo van a traer mas malestar, que seguramente se traduce en baja productividad, y entonces,  en un ciclo negativo, se actúe mal, produciendo menos productividad, y así hasta que se cierren operaciones o se comprenda este fenómeno y se logre comprender la necesidad de atender las necesidades de la gente.

¿Qué deben hacer las organizaciones?  Desde la nueva visión de empresas que hoy tenemos, se deben estructurar planes de bienestar completos que entiendan lo complejo del “estar comprometido” con algo, y que ese compromiso se genera desde la construcción de elementos que van por una parte, de lo meramente económico y de beneficios, y de lo intangible por el otro. Los elementos del salario intangible, estarían  formados por los aspectos relacionados con la generación del bienestar bio psico social, fundamentados en la generación de ambientes positivos, con trabajos retadores, con metas alcanzables, en lugares de trabajo orientados a la acción, con relaciones humanas orientadas a la comunicación y definitivamente enfocados al bienestar.

La enfermedad es al bienestar como el mosquito es al vector. 
Esta metáfora pretendería explicar como lograr que los ambientes de trabajo con valores y principios, se lleguen a contagiar. Desde la psicología positiva podemos estructurar planes de acción para la promoción del bienestar y para el “contagio” se requerirían coaches entrenados y capacitados, para atender a las personas y poder acompañarlas en el conocimiento y desarrollo de sus fortalezas personales, y en poder encontrar los caminos adecuados para alcanzar las metas, superando los juicios que paralizan y las emociones que limitan la acción e impiden la promoción del bienestar.


Esta dupla estará en un futuro cercano, llamada a establecer prioridades de gestión de gente orientados en establecer compromisos, una vez que se construyen empresas retadoras, orientadas al logro, al crecimiento personal, a la innovación y definitivamente a la promoción del bienestar. El bienestar y su vector.

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PD: tengo dos sesiones que no aparezco. Este mes, publico el final del cuento que llegó a seis capítulos. Ya todo terminó. A veces uno escribe y solo se es un espectador de lo que los personajes te cuentan,, y te quedas como ajeno a la trama. Solo se trata de escuchar, interpretar y escribir. Me comprometo para Junio, entregarles el cuento completo de las aventuras de Ima Tintaya y Majnú en la Tierra de Gracia. Veremos como se unen los ciclos, se cierran brechas y todo, al final, tiene sentido...
Alberto