José
Gottfried
es paz de Dios
José, es
“Dios proveerá”
Mi padre
vivió 93 años, y yo diría como observador, que bien vividos. Cuando él era más joven, quizá como de 65,
sufrió de un cáncer de colon, del cual salió airoso, curado y fortalecido. Sin
embargo, tras la recuperación y aun lejos de su muerte, comenzó a hablar de la
cultura anglosajona, de los nórdicos y de sus símbolos y arquetipos.
Solía decir
que ya escuchaba el canto de las waikirias.
- ¿Qué
son el canto de las waikirias, padre? Y decía, -ellas son las custodias de la
puerta de Odin, uno de los dioses nórdicos, donde van a vivir los que mueren en
batalla.
Ante tal
descripción, solo quedaba alguna interpretación que podía construir a mis veintitantos
años y con poca experiencia. Para mi era un “se está despidiendo”, “ya
presiente la muerte”. Con los años, y con la partida de mis padres y de tres de
mis hermanos, guardé tales creencias como verdaderas y no como objeto de ser
analizadas, o valoradas. Supe después, que ese lugar donde se viaja al morir es
un lugar muy grande, en un salón de Odín, uno de los Dioses que viven en un
lugar llamado Asgard.
Era común
que entre susurros cotidianos o conversando conmigo, dijera, -sigo escuchando
el canto de las waikirias, y yo seguía pensando lo mismo. Pasaron mas de 20
años diciéndolo y yo escuchándolo. Uno no debe dejar temas abiertos sin
resolver, y sobre todo se trata de nuestros padres. Claro, ir a vivir con Odin,
es un tema de héroes que mueren en batalla, lo que le agregaba una connotación
espiritual importante.
Papá vivió
sus primeros años como protestante, que es un cristiano pero que no es
católico. Llegó a Venezuela muy joven. Trabajó en Caracas y luego por asuntos
de negocios, se fue a vivir a Maracaibo. Se vino antes de la guerra del 39, y
justo antes del 45, conoció a mi mamá. Sus hermanos, mientras, tuvieron que
servir en el ejeército. Uno murió en un avión y el otro, lo atraparon en un
submarino. Papá sirvió de soporte de la familia. Alemania se partió en dos, y
del lado derecho de la izquierda, quedaron su otra hermana y su madre. El, en
la postguerra, tomó un avión y fue a buscar a su hermano preso en Inglaterra,
el de submarino, y se lo trajo a Venezuela. Los cuidó y acompañó, a los de allá
y a los de acá.
Mi papá se
casó con mi mamá en Maracaibo y tuvieron las dos primeras hijas y un varón.
Luego se vinieron a Caracas y nacimos los dos últimos. Cuando el se casó,
resulta que era protestante y debía convertirse, por lo que tuvo que hacer
todos los sacramentos en un mismo día.
Comenzó por
el bautizo, se debía bautizar católico. El cura en el acto le preguntó su
nombre y dijo “Gottfried” a lo cual dijo que era extraño, que necesitaba un
nombre cristiano y lo bautizaron como “José”. En casa nunca se habló de eso y
nadie de la familia lleva el nombre. Decía antes, que uno no debe dejar
espacios abiertos con sus padres. Saber que se bautizó José fue una enseñanza.
Mi hermana mayor, la segunda, además me dijo, que el cura no sabía el
significado de su nombre en alemán y es la “paz de Dios”, Gott-fried. Además,
José significa del hebreo, “Dios proveerá” y así él lo hizo toda su vida. Es más,
en el lecho de muerte y ya casi sin voz, me tomó del brazo y me acercó a su
rostro y alcanzó a decirme que me encargará de los que quedan. No pensaba en él
sino en los demás. Ya no hablaba de las walkirias, sino que sonreía. La “paz de
Dios que provee”, como metáfora, me ha dado tranquilidad y reposo.
Luego del
bautizo José, se confesó, comulgó y se casó por la iglesia. Extraño sigue
siendo, que habiendo nacido protestante, convertido al catolicismo, en una
parte de su vida hubiera nombrado al hogar de los héroes caídos. ¿Lo tendría en
el imaginario colectivo anglosajón?, y aunque recibió el último sacramento, el
día de su partida.
Hoy, con la
cercanía con mi hermana mayor, he podido conocer historias, que, aun siendo
contadas tantos años después, guardan relación perfecta y encajan en un nuevo y
maravilloso discurso. Papá en su enfermedad, escuchaba cantos de diosas que aguardaban
héroes, aquellos valientes que reconocen lo vivido y se sienten agradecidos por
ello. Es hermoso que lo haya compartido conmigo, aunque no le entendí entonces,
esta fantástica metáfora de la vida y de la muerte. Es un testimonio de la
fuerza de su espíritu y de cómo encontró la paz en sus propias creencias, y
demostró que se encontraba listo para el viaje final a la Valhalla.
Papá, en mi conciencia, descansa en paz, al igual que el
padre de mi madre que también, fue alemán. A diferencia de mi padre que se hizo
venezolano, mi abuelo siguió siendo alemán y falleció allá. Ocurrió en el mismo
año y casi al mismo tiempo que yo nacía. Lo recuerdo por comentarios, fotos,
historias de mi madre que lo conectaban. Siempre pensé que en la guerra estaba
de un lado. Pero mi hermana me cuenta, que mi madre le dijo, que fue
humanitario con todos los que pudo que escapaban de la muerte y a muchos ayudó,
acogió, escondió, alimentó y protegió.
Luego desde ese día, y tras una charla de varias horas,
respiré profundo y sonreí. La vida son historias y metáforas y en mi caso,
plena de ellas. Diosas que cantan, hogar de los guerreros, puentes entre
creencias y religiones, la verdad con dos caras, de la vida a la muerte. Hoy,
si hubiera estado allí, en el bautizo de José, le diría al cura, que llamar
José a Gottfried, es redundante.
Alberto