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sábado, 16 de noviembre de 2024

y nos volvimos ellos/Marìa Elena Garassini

 “Y nos volvimos ellos”

Siempre allí presentes, modelando comportamientos, decisiones, propuestas,

posturas, rutinas, entretenimientos, relevancias, asombros, inquietudes,

tranquilidades… en fin una forma de abordar la vida, esa vida que nos toca vivir.

Desde la tierna infancia alguien nos alimenta, nos viste, nos pasea, nos enseña,

nos acompaña, nos educa, nos hace surfear las olas de la vida con un tipo de

tabla particular y con experiencias de manejo de olas de diferente tamaño e

intensidad. Nuestros progenitores son esos primeros adultos significativos ,“role

model”, que inicialmente van tomando decisiones por nosotros, después tomarán

decisiones con nosotros y finalmente respetarán, valorarán o rechazarán

nuestras decisiones. Hacer una retrospectiva de ese viaje con ellos, es un ejercicio

de memoria emocional selectiva, evocando situaciones variadas que, por alguna

razón, fueron importantes para nosotros.


Mi madre me evoca situaciones de meticuloso cuidado, asociado a rutinas y

rituales que me brindaron seguridad como niña, como adolescente, como joven,

como pareja y finalmente como madre y abuela… y entonces, en algunas cosas,

me volví ella.

Mi padre me evoca situaciones de momentos especiales, cuidados especiales,

actividades especiales, fines de semana, vacaciones, que me brindaron seguridad

como niña, adolescente, como joven, como pareja y finalmente como madre y

abuela. No puedo dejar de nombrar a mi padre como “rol model” de profesional

(médico gastroenterólogo) y persona que es curioso, estudioso y practicante del

cuidado personal y la salud integral propia y ajena… y entonces, en algunas

cosas, me volví él.


Cuando vamos creciendo empiezan a aparecer otros significativos en nuestras

vidas. Un desfile de familiares extendidos como tías y tíos, abuelas y abuelos,

primos y primas empiezan a aparecer y nos acompañan en diversas situaciones

como encuentros familiares, de celebración de diversos eventos, que nos modelan

mucho el cómo divertirse y compartir los espacios con otros, para atenderlos o

dejarse atender, conversar , comentar, reír o llorar. Aunque estuvieron todos allí,

quizás las más significativas sean mis abuelas, de quienes aprendí a servir y a

consentir a otros… y entonces, en algunas cosas, puedo haberme vuelto ellas.

El mundo educativo, que inicia desde el preescolar, la primaria, el bachillerato, el

pregrado, postgrados, y múltiples formaciones profesionales, han estado llenas de

otros significativos que se convirtieron en maestros, modelos e inspiración en mi

vida. Puedo recodar a mi maestra María Auxiliadora de tercer grado, modelo de

preocupación genuina por sus alumnos, su aprendizaje y su bienestar, también

recuerdo a la profesora Ligia, de historia universal en bachillerato, modelo de

creatividad para hacer vivir a sus alumnos los sucesos de la historia. Llego al

ámbito universitario y recuerdo a la profesora Alida Cano, modelo de integración

de la vida familiar y profesional, de la profundidad y adecuación para atender y

estudiar el desarrollo humano, así como de cercanía, cariño y hasta la actualidad

,“hermosa amistad “. 

Recuerdo también una formación en terapia familiar que nos

facilitó el Dr. Andrés Nazario con Fundana, en convenio con la UNIMET, quien fue

un verdadero “role model” para una profunda comprensión y aceptación de la

diversidad y el abordaje sistémico de personas, parejas y familias. Recuerdo otro

gran maestro, el Dr. José Arturo Luna, director y profesor del Instituto Colombiano

de Logoterapia y Análisis existencial, de quién aprendí todo lo que se de ese

maravilloso modelo de comprensión del hombre. De alguna manera, en algunas

cosas, me volví ellos, o por lo menos eso quisiera.


Este escrito, que se convierte en un homenaje a los otros significativos en mi vida,

quienes fueron fuente de inspiración y aprendizaje, y “me volví ellos” o más

bien, “me volví una combinación de ellos”, ha sido un gratificante viaje por mi

vida llena de situaciones y personas afortunadas. De nuevo termino otro de mis

escritos con el mantra “gracias a la vida que me ha dado tanto”.


María Elena Garassini

martes, 29 de marzo de 2022

“Mi mayor reto de colaboración a los otros es“/Maria Elena Garassini

“Mi mayor reto de colaboración a los otros es“

Soy esférico y liviano. El viento me lleva de allá para acá. Me gusta moverme de lugar y encontrarme con otras formas con las cuales disfruto, de las cuales aprendo , las cuales me colaboran y yo les colaboro.

Mi mayor reto es ofrecerme todo lo que puedo, y saber hasta donde puedo hacerlo para sentirme que colaboro, y sigo disfrutándolo. Estoy siempre en constante reflexión sobre lo que la vida espera de mi, lo que me pone delante y cómo puedo yo responder ante ello.

A veces esa redondez liviana me hace llegar lejos y explorar nuevos parajes, disfrutándolos, y siento que mi colaboración es poder valorar esas experiencias para sumar a mis vivencias y trascender hacia otros. 

Otras veces esa misma redondez me hace querer quedarme muy cerca de esos otros que me rodean periódicamente, y mi colaboración entonces es quedarme, valorarlos, comprenderlos, validarnos, cómo, en qué… solo quedarse y estar me hace descubrir esas respuestas.

Otras ocasiones me ponen a prueba el uso creativo de mi liviana redondez cuando, como una bola de billar siento a otros chocar conmigo, y digo ¨siento chocar¨, porque es la primera reacción ¨auchhhh¨, pero al detenerme y reflexionar, veo las cosas desde otra perspectiva, y viene enseguida la pregunta:¿cuál pudiera ser mi colaboración para trascender esta realidad, experiencia?, ¿choque?... y empieza a surgir la pregunta ¿Cómo puedo colaborar con lo que soy y lo que puedo ofrecer en esta situación?, incluso planteándolo así frente a los otros… y empiezan a surgir las respuestas.

Mi mayor reto de colaboración a los otros es descubrir, estando presente, donde me toque estar, en diálogos que se van construyendo, las posibles colaboraciones que siempre tendrán momentos de ir lejos, de quedarse cerca y de trascender los tropiezos.

 

María Elena Garassini

martes, 20 de abril de 2021

Vivencias con mi gran amor/Ma Elena Garassini

Vivencias con mi gran amor

 Somos dos adolescentes en búsqueda, observadores de todo lo que acontece a nuestro alrededor. Nos encontramos, si nos encontramos, porque estábamos en búsqueda y dispuestos a explorar nuevas experiencias. Empezamos a coincidir, o ¿será que más bien que buscamos empezar a coincidir?... pues algo así sucedió. Con esa ilusión de conocer y profundizar en lo desconocido empezaron los encuentros, primero en muchas situaciones grupales, donde al final y por casualidad terminábamos sentados muy cerca, e incluso a veces al lado. Empezaron las conversaciones, también al principio como parte de lo que conversaba el grupo y después direccionadas hacia el otro, pero en la presencia de un grupo.  Poco a poco, y no recuerdo exactamente cómo, esos encuentros y conversaciones empezaron a ser de dos y cada vez con mayores niveles de complicidad. Visitas, invitaciones, obsequios muy sencillos, pero muy significativos y de repente empezamos a sentir un compromiso, algo que deseaba “estar con”, y así fue. Decidimos un día que éramos algo y empezó el viaje del conocimiento mutuo y el intercambio de experiencias y actividades en ámbitos diversos. Tú conoces a mi familia y yo conozco a la tuya. 

Para mi todo una experiencia de inmersión en otra forma del ver el mundo, así como los cursos de inmersión en otro idioma, tal cual…pero todos sabemos que esos cursos si funcionan. Compartir con amigos, un compartir muy intenso, muy interesante, muy retador.  Participamos juntos en mil cosas intelectuales, sociales, retadoras, divertidas, reflexivas, significativas… todas súper impactantes y que hoy en día nos permiten tener muchos conocidos y amigos con los cuales compartimos muchas cosas. 

Ya tenemos algunos años juntos, formalicemos esto, y continuamos el proyecto de vida juntos con la anuencia de la ley y la bendición de la iglesia. A pesar de ser muy jóvenes, nuestras familias nos vieron muy decididos y nos dieron su apoyo total. Como somos los dos, todo fue muy sencillo pero muy, muy, muy significativo.  Al proyecto de vida juntos, en el segundo año se unió la noticia de la venida de un tercero, motivo de alegría y nuevos retos. Así comienza, digo comienza porque muchos saben que es el primero de cuatro, el proyecto común de la maternidad-paternidad. Realizado con muchas negociaciones, cuidado del otro, de sus sueños, de su tiempo, de sus expectativas, de sus implicaciones y de su cansancio. La vida familiar se inicia y se desarrolla sobre ruedas.

También compartimos retos y sueños profesionales, integramos juntos un proyecto con otros amigos de un centro de investigación y acción educativa, nos acompañamos también en la creación de un grupo de escuelas comunitarias y compartimos también el pertenecer a un proyecto universitario. A la vez, y en forma paralela, cada uno cuidaba y compartía con el otro sus proyectos profesionales propios.

Así fueron pasando los años, ahora somos adultos contemporáneos, realizados a nivel personal, profesional y familiar, y disfrutamos mucho de la compañía mutua. Tenemos muchos espacios comunes en grupo, en pareja, pero también tenemos espacios de bienestar solos y con otros grupos.

Nos disfrutamos mucho como pareja, disfrutamos a nuestros hijos, a nuestras familias extendidas y a nuestros amigos. Para finalizar  les cuento una primicia, que a finales de este año tendremos la dicha de compartir juntos el abuelazgo.

¡Esta historia continuará!

María Elena Garassini

domingo, 25 de octubre de 2020

¿Que aventura o sueño voy a hacer antes de que termine el 2020?/ María Elena Garassini







¿Qué aventura o sueño voy a hacer antes de que termine el 2020?

 

Tengo  la dicha de disfrutar mucho pasear en medio de paisajes llenos de verde y naturaleza, y me gusta mucho caminar (hacer tracking) y montar bicicleta.Como muchos saben, en este momento vivo en la cuidad de Bogotá, una ciudad andina, a 2.630 metros a nivel del mar con un clima relativamente frío oscilando entre 14 y 23 grados, con alternancia de días nublados, lluvias y sol durante todo el año. En Colombia la apodan la nevera. Para los bogotanos, que se autodenominan “rolos” y los del resto del país llaman “cachacos”, planear una vacación en el país, es sinónimo de ir a “tierra caliente”, en fincas, pueblitos, ciudades más cálidas donde se pueda andar en manga de camisa y bañarse en piscinas, ríos o cualquier agua que los refresque del calorcito.

 

Mi esposo y yo, que estamos, como todos en cuarentena, pero trabajando virtualmente, sentándonos todos los días de la semana frente a un computador para atender reuniones, seminarios y miles de requerimientos y en mi caso muchas horas de clase y de consulta, soñábamos, cuando abrieran las fronteras internas, entre los departamentos en Colombia, poder viajar juntos y escaparnos para una vacación. Decidimos además que sería mi regalo de cumpleaños, que es el 7 de octubre.

 

A principios de octubre se abrió la circulación y planificamos ir a Barichara. Conversando con amigos decidimos quedarnos en una rica posada en las afueras de Barichara que se llama Macedonia y es una preciosa casa colonial, que antiguamente era una finca de la zona.

Emprendimos el viaje la mañana del  jueves 8 de octubre. Nos hacía mucha ilusión viajar en carro hasta Barichara, porque nos habían dicho que los paisajes hasta allá eran muy lindos y efectivamente así fue. Llegamos a las cercanías de Baricharapor una carretera donde nos paramos a almorzar en un picadero donde teníamos una vista preciosa haca San Gil, que es una ciudad vecina, donde ofrecen muchas actividades de outdoors como rafting, tirolesa, caminatas y excursiones. Ya se sentía el calorcito y nos ofrecieron de beber “refajo”, es una bebida refrescante, muy popular que toman los colombianos y es una mezcla de cerveza con postobon ( un refresco similar a la colita). Nos trajeron una jarra y nos supo a “gloria”, comenzaron las vacaciones. Disfrutamos el paisaje , la bebida y el almuerzo que fue un plato típico santandereano con carnes variadas como sobrebarriga, carne oreada, cochino y pollo con ensalada, yuca y arepa.

Partimos hacia la posada Macedonia y llegamos como en 40 minutos. Un lugar hermoso , donde nos recibieron súper amables, y su dueño el señor Ariel nos contó sobre la hacienda y como fue remodelando para convertirla en una posada. Cansados del viaje, dormimos un rato siesta y después nos fuimos a conocer y pasear al pueblo de Barichara, con sus hermosas calles de piedras, iglesias, lugarcitos para comer y su plaza central.

Caminamos un rato en el pueblo mientras se nos hizo de noche. Pasamos frente a la catedral donde estaban dando misa y no pude evitar asomarme desde una entrada lateral a sentir la serenidad del culto donde muchos dan gracias por lo recibido, lo menos que yo podía era hacer lo propio. Seguimos caminando para encontrarnos con otra pequeña iglesia muy bella frente a la cual nuevamente dimos las gracias.

Frente a la plaza entramos a una panadería donde todos los panes que hacían estaban en una gran vitrina y vimos unas foccacia y unos pancitos integrales que se veían divinos. Nos regresamos a la posada, conversamos un rato con el seño Ariel  y allí sacamos cositas ricas para picar y  probamos la foccacia, que estaba sencillamente “deliciosa”. Dijimos que al día siguiente debíamos regresar por más.

El segundo día nos levantamos y desayunamos muy rico en la posada, donde cada pareja o familia de huéspedes tenía asignada una mesa cerca de su habitación.

 Al terminar de desayunar nos alistamos para hacer un paseo en bicicleta donde rodaríamos hasta un pueblo que se llama Villanueva y recorreríamos sus alrededores. Rodamos 5 deliciosas horas cruzando sembradíos de maíz y tabaco que siembran de manera combinada en todas las haciendas. Unas vistas preciosos y un rico sol nos acompañó todo el camino, haciendo que llegáramos como si hubiésemos pasado un día de playa.

 Llegamos a la posada como a las 2:30 de la tarde, nos dimos un duchazo y sacamos varías cosas ricas para almorzar al lado de la piscina de la posada y después darnos un chapuzón.

 Estuvo delicioso el almuerzo y el chapuzón. Al salir de la piscina nos dimos cuenta que estábamos exhaustos y “tremenda siesta”. Al caer el día nos fuimos a Barichara a un restaurancito en una terraza, donde estábamos los dos solos y atendió un agradable y amable mesonero que nos contó del pueblo y de los lugares para salir a a hacer otros paseos. Regresamos a la posada , vimos un capítulo de una serie que nos tiene atrapada de Netflix que se llama Borgein y el agotamiento del paseo en bici nos hizo dormir profundamente.

 Al tercer día decidimos hacer una caminata desde Barichara hasta un pueblo que se llama Guane. Nos contaron que había un camino real que utilizaban para el traslado del tabaco y que estaba señalizado desde donde salir. Nos levantamos, desayunamos y nos alistamos para nuestra caminata, con ropa apropiada y mucho protector solar, porque el día de ayer nos había advertido del sol radiante. 

Antes de empezar la caminata para Guane queríamos conocer el mirador del Salto El Mico, que nos habían dicho que tenía una vista preciosa sobre el valle y donde había que tomarse una foto en el peñón. Llegamos, disfrutamos la impresionante vista e hicimos lo propio tomándonos la foto. De allí nos dirigimos con el carro al punto de partida del camino hacia Guane.

 Iniciamos una maravillosa caminata por el camino real con unos paisajes preciosos y nuevamente sembradíos de maíz y tabaco. Después de una hora y cuarto de subidas y bajadas de montaña llegamos a Guane, totalmente felices de la caminata pero totalmente acalorados y deshidratados. En la primera esquina del pueblo había  un abasto donde nos compramos dos gatorade fríos que nos volvieron el alma al cuerpo y nos dieron energía para seguir.

Guane es un pueblito precioso con su iglesia, su plaza (que estaban remodelando), y la gran curiosidad, un museo paleontológico, a cargo de la curia del pueblo. Lamentablemente estaba cerrado por las remodelaciones en la plaza y la cuarenta, pero le pasamos por enfrente y la fachada es muy linda.

 Al final del pueblo hay un mirador precioso donde se ve,raudaloso, el río Suarez y dos pueblitos en la montaña del frente. En ese punto los turistas , como nosotros disfrutamos de la inmensidad de estos parajes con grandes formaciones montañosas que nos recuerdan que somos parte de la naturaleza.

 Iniciamos el retorno, caminando de nuevo hacia Barichara, haciendo de vuelta el camino real, con las mismas hermosas vistas, pero desde otro ángulo, y el mismo catire en el cielo acompañándonos implacable. Al llegar al pueblo y al carro, una cava con hielo nos permitió refrescarnos con agua helada. Al volver el alma al cuerpo dije, estamos en el pueblo, vamos a la panadería a ver si tienen foccacia. Felizmente estaban recién hechas y compré unas cuantas.  De regreso a la posada, un baño delicioso y una gran picadera deliciosa en los alrededores de la hacienda. Agotamiento, siesta y de nuevo al pueblo de Barichara a un pequeño restaurante donde nos tomamos unas sopas deliciosas y nos sorprendieron en el menú con tequeños venezolanos. De nuevo a la posada , nuestro capítulo de Borgein y sueño profundo.

Al tercer día decidimos hacer otro paseo en bicicleta en una ruta que Juan había trazado saliendo desde Villanueva y recorriendo las montañas de alrededor. Nuevamente parajes preciosos, esta vez muy metidos dentro de las montañas. En medio del paseo nos paramos a hacer una merienda a la sombra de unos árboles, para además hidratarnos y descansar un poquito.

 De nuevo a rodar para regresar a Villanueva. Recorrimos un nuevo trayecto como por casi dos horas y llegamos al pueblo, lleno de gente, también un grupo de ciclistas que venían desde Bucaramanga y coincidimos en la licorería donde comprábamos cerveza y postobón fríos para refrescarnos con refajo. Una delicia que nos permitió montarnos de nuevo en nuestras bicis para llegar hasta el carro y enrumbarnos a la posada para seguir nuestro ritual y disfrutar de la bella hacienda Macedonia y una excelente conversar con su dueño el señor Ariel.

 

 Nuestro cuarto y último día de paseo decidimos pasear en carro y conocer dos lugares que nos habían recomendado: el cañón del Chicamocha y la cascada Juan Curie.Nos levantamos y desayunamos en nuestra mesita asignada y nos enrumbamos hacia el norte por la carretera camino al parque del cañón de Chicamocha.

 Como siempre los paisajes muy bellos hasta llegar al parque, donde nos montamos en un teleférico que baja hasta el valle con el río y vuelve a subir hasta la montaña del frente donde está la estación Mesa de los Santos. El recorrido en el teleférico es precioso de ida y de vuelta.

Salimos del parque del cañón de Chicamocha rumbo Sur, para llegar y atravesar San Gil y seguir hacia la cascada de Juan Curie. De nuevo carretera con  vistas hermosas hasta que llegamos a la entrada del parque donde, después de una caminata de unos 20 minutos por un camino que te va adentrando a la montaña llegamos a la hermosa cascada de Juan Curie.

 

Como era lunes festivo, había muchos grupos de personas disfrutando de mirar la casada, bañarse o más bien mojarse los pies y chapotear en el poso y unos osado haciendo rapel desde la cima. El lugar es realmente hermoso y da cabida a todos los visitantes con su agenda. Disfrutamos un rato de esa belleza natural, nos mojamos los pies y ya iniciamos el retorno a la posada, al acecho de un lugar para almorzar.

 

En la carretera montañosa habían muchos lugares de ventas de artesanías y frutas. Juan apasionado de las frutas quiso pararse a comprar algunas para llevárnosla a Bogotá y fue atendido por Jhon Jairo que quería venderle toda la frutería.

 Pasamos varios restaurancitos a orillas de carretera , pero todos full , por ser lunes de fiesta y el hambre “in crescendo”. De repente apareció un lugar muy bonito y con poca gente y dijimos, “ a probar suerte”, gracias a Dios, creo que era nuestro regalo de despedida, la comida estuvo divina y de postre algo muy típico, queso con panela derretida y obleas con arequipe. En el local de al lado vendían potes de barro y compramos unos de recuerdo y para sembrar unas maticas en la casa.Ya de vuelta al hotel como a las 5 pm, agotados también pero felices del día de paseo. Ya en plan recoger , despedirnos y agradecer todo lo vivido.

Termino mi escrito respondiendo al título de este escrito ¿Qué aventura o sueño voy a hacer antes de que termine el 2020? Quiero poder seguir paseando y disfrutando de la naturaleza a pie, en bici y en carro, tal como lo hice en este maravilloso viaje.

 

María Elena Garassini


sábado, 27 de junio de 2020

Mi primer oficio del arte y el bienestar


Es un buen ejercicio viajar al pasado y averiguar cuál fue el primer oficio que ejercimos. A veces nos da pistas sobre el ser que hoy somos. No se trata de la profesión, que llega tiempo después, sino de aquello que hicimos en alguna etapa temprana de la juventud, y de lo cual nos hicimos conscientes. También es útil indagar las razones por las cuales lo hicimos, si aprendimos de alguien en particular o solo, habitaba en nosotros y se hizo presente.

Yo creo que por el año 1972 y con 16 años era titiritero. Descubrí esa pasión teatral y en el poder del lenguaje, para definir conceptos y diferencias entre las cosas. Tenía una habilidad innata de comunicarme con los niños y evitar que se aburrieran durante algún juego.  Hoy, como coach, lo llamo “generar distinciones”. En aquel entonces era, “arriba, abajo, derecha, izquierda, silencio, alegría, (y otras emociones a las que les pueden ya, dar un nombre...)”, conceptos que los niños de pre escolar están definiendo. (Yo diría que muchos adultos llegan a grandes sin saber ciertas diferencias).

Mi trabajo se volvió popular entre los colegios de la Urbanización El Paraíso y comencé  a atender agendas. De pequeños grupos, se pasó a espacios abiertos con más de 300 niños. Mi hermana y mi sobrina en sus pasantías, hicieron sus proyectos y trabajos con títeres. (Y conmigo claro). Tal fue el caso, que una vez en Baruta, tuvimos a todo el colegio en el patio del recreo. Fue mágico.

Títeres es teatro. Es una escala un poco olvidada ahora. Ya casi nadie habla de eso, ni he visto grupos de teatro ni formación actoral, como titiriteros. Quizá lo pueda rescatar con mis amigos del teatro nacional. (Ya lo hice pero no hubo interés).

Los niños son un público muy exigente. Si no logras mantener su atención, se fastidian, se paran y le jalan los brazos al títere. En la evolución y en el trabajo con niños, fue que introdujimos una variante con una maestra parada, (lo hice con mi sobrina también), conversando con los niños. Trabajar con títeres es terapéutico. Solo tienes voz, emociones, sentimientos y un par de manos que se convierten en cabeza, ojos, brazos y hasta piernas. Todo eso debe fluir hacia la corporalidad y la emoción del personaje que debe expresar a un ser inanimado que cobra vida con mi propia voz; generalmente modificando los tonos y el volumen. En fin, es poderoso.

Lo voy a incorporar ahora y luego de este escrito, a mis sesiones de coaching, Ahora con adultos. Cuando un adulto usa su voz al declarar algo, ya sea una emoción, una afirmación o un juicio, se da cuenta de sus propias barreras limitantes. Para ello, tengo desde entonces, como 20 títeres, la mayoría de Plaza Sésamo y algunos otros genéricos. Están en una maleta negra con dos aldabas a los lados de la tapa. Está forrado en rojo en tela brillante. Cuando la abres, no solo entra y sale el aire que expande, sino que en aquellos colores, texturas y olores, renace la emoción que se convirtió en sentimiento, que se convirtió en un estado de ánimo, y que ha movido la creatividad en mi vida. Han dormido por muchos años. Mis sobrinos nietos ahijados, los despertaron del letargo, y viven ahora, una nueva vida con ellos. (Un poco la historia de Toys de Pixar)

Casualmente llegó a la casa de algún vecino que emigro, un pequeño teatro de madera, así como con la forma de un tríptico antiguo, pero forrado en telas de colores, verdes, amarillos y azules. Tiene una cortina de tela que se abre a ambos lados. Por el escenario sin fondo han aparecido recién,  el perro blanco peludo, el viejito sabio, la rana René, Enrique y Alberto, el come galletas, la princesa, el mono sereno; en fin…

A veces, mis sobrinos ahijados, ya grandes, lo recuerdan. Y dicen: “Beto, vamos a hacer teatro de títeres” Y la magia sucede de nuevo. Y los hijos de mis sobrinos aun niños, comienzan a vivir a esa aventura de bienestar y yo recupero nuevamente a mi niño libre.

(Fueron más de 100 funciones.)

Alberto