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domingo, 5 de mayo de 2019

Moverse en círculos


Tal como somos, actuamos, y tal como actuamos, somos. Ese es un postulado de la ontología del lenguaje. Eso implica movimiento, que se logra a través del actuar. Ahora bien, puede ser cualquier actuar o puede ser un actuar deliberado, constante  y consciente que nos hace obtener los resultados esperados y así, el ser del que queremos llegar a ser. Es así como es el  ser, se puede cambiar a través de los movimientos voluntarios del “estar”. Ambos, ser y estar, han sido las parejas de la mirada ontológica desde el comienzo de la historia. Los antiguos lo planteaban como una realidad o una verdad metafísica, pero la verdad es que con esos elementos,  es que podemos construir nuevas entidades, formadas  con tesón, interés, esmero, estudio y aprendizaje. Se trata quizá de revolucionar, aunque parezca que llegar nuevamente al punto de partida asemeje que perdimos el tiempo. No es así, regresamos diferentes, regresamos reconocidos y mayormente, aceptados.

Para movernos y revolucionar, necesitamos herramientas. Desde la psicología positiva y sus nuevos postulados  para alcanzar el bienestar duradero, es que necesitemos las virtudes que han derivado en 24 fortalezas. En los test de búsqueda de nuestras fortalezas, las encontramos ordenadas de la de mayor uso a la de menor uso. Nos fijamos en las 24, y con ellas decimos como vamos a alcanzar la mejor versión de nosotros mismos, sin parar en observar mucho, en las virtudes capitales que nos constituyen, o en aquellas fortalezas que con menos frecuencia usamos. Pero, ¿qué tal si esas fortalezas, las alejadas de las más usadas, no las reconozcamos ni tengamos distinciones para nombrarlas o reconocerlas como personas?. Siendo así, ¿son objeto de poder ubicarse distinto en algún momento?

El interés del presente ensayo es solamente el evidenciar la falta de conocimientos que tenemos de nuestras 24 fortalezas de carácter, cuando mayormente distinguimos quizá solo aquellas que tienen que ver más con la resiliencia, el trascender en el perdón auténtico, o el desarrollo de la gratitud, que nos acerca a la auténtica felicidad. Mi propuesta se orienta a que ese movimiento que vamos a emprender, a esa revolución interna, a ese viaje, se consolide el aprendizaje de todas y cada una de nuestras fortalezas de carácter, ahora vistas como super poderes que nos permiten acometer algún trabajo, labor o proyecto específico.

Conocer el mundo de posibilidades de poderes de cambio, nos va a permitir al terminar la revolución, a tomar decisiones que serán acciones que van a modificar al ser, porque tal como actuamos, somos. Se trata de ser diseñadores de nosotros mismos, en forma deliberada y permanente. A veces, no se trata de resultados inmediatos; se trata de generar el hábito que nos conduce a la maestría en el uso del super poder. De allí, ya no seremos los mismos, aunque dejemos de usar un poder determinado, cuando las circunstancias, los anhelos, las añoranzas o las necesidades ya hayan cambiando y sintamos el deseo de ser distintos, al demandar cambios. Distintos, a veces no significa ser mejores, sino contar con nuevas herramientas que nos permitan atender las nuevas condiciones de vida.

El manejo de las emociones positivas también requiere del uso de ciertas fortalezas que quizá no se encuentren en nuestro repertorio. Eso es la maravilla de esto que nos pasa; no somos estáticos aunque nuestra personalidad original prevalezca, la cual en el entendido de la creación del habito, podamos trascenderla y ser personas distintas. Con el tiempo, con el amor y el uso, quizá  podamos ser las personas que anhelamos ser, aquellas que siendo parecidas, hayan crecido en el conocimiento de la potencialidad que nos da el uso de todas las fortalezas de carácter. Una forma de empezar, es conocer cada una de ellas y dedicarle un tiempo generoso a su uso y desarrollo. Somos súper héroes, la vida nos ha dado súper poderes, ahora depende en invocar a la que nos haga falta  en el maravilloso proceso del bienestar y al final, de ser feliz, auténticamente feliz.
Alberto

martes, 20 de enero de 2015

Bienvenida Intimidad

BIENVENIDA INTIMIDAD
María Elena Garassini

Todos esperaban la llegada de Intimidad. El encuentro, convocado hace tres meses había tenido una amplia acogida.
Bondad y Perseverancia se habían ofrecido ese año para ser las anfitrionas, y como era de esperarse todo estaba cálidamente organizado y todos los detalles se mostraban impecables.
Paciencia, entre las primeras en llegar, aguardaba conversando con Carisma, quien arribaba de una jornada de atención a niños enfermos y contaba las plácidas sonrisas de éstos en el agasajo.
Humildad entró apurada por su llegada tarde, pidiendo disculpas a los presentes y poniéndose a la orden para ayudar en lo que fuera necesario.
Fraternidad , como una hormiguita obrera, repartía carpetas con los nombres de los nuevos asistentes, organizaba encuentros entre interesados y velaba porque todos estuvieran pasando una jornada placentera.
Hospitalidad, como era costumbre, ofreció su casa para el evento, dispuso de su mejor salón, cocinó su mejor receta de dulces y ofreció todo lo que estaba en su casa.
Intimidad hizo finalmente su aparición con un sencillo pero acogedor atuendo que invitaba a la contemplación, captaba la atención y hablaba de un toque especial. Intimidad era la oradora de orden y decidió que su reflexión debía ser colectiva, así que colocó materiales variados en el centro del salón, invitó a los asistentes a representar la Intimidad.

Desconcertados pero a la vez retados por la actividad, miraban los materiales buscando al mismo tiempo aquel símbolo u objeto para representar lo solicitado.
Bondad tomo una caja con pitillos y repartió uno para cada uno diciendo: todos debemos tener intimidad, es el canal que nos comunica de lo profundo de uno a lo más profundo de otro. Perseverancia tomó una cáscara de huevo vacía y con muchas resquebrajaduras, y dijo: la intimidad es algo muy delicado, que ocurre en una relación, que requiere cuidado, revisión y puede quebrarse fácilmente. Fraternidad tomo una hoja blanca y explicó: la intimidad es un historia que se escribe con la compilación de los encuentros con los otros. Hospitalidad tomó un cartón de huevos, lo abrió para que hubieran mas espacios para colocar objetos y dijo: la intimidad permite que tengamos espacios para conectarnos con los otros. Tantos espacios como queramos.

De esta manera todos los invitados fueron tomando objetos y explicando por qué éstos simbolizaban la intimidad.
Mientras tanto Intimidad permanecía sentada, escuchando atentamente la intervención de cada uno de los participantes. Cuando terminaron dijo: He disfrutado y saboreado cada una de sus intervenciones cargadas de significado que invitan a la atención plena, la escucha serena, el cuidado compasivo, el encuentro curioso, la conexión empática.

Las experiencias humanas se convierten en sus representaciones cuando tenemos vivencias que las sustenten. Todos ustedes han tenido experiencias de intimidad.
Un YO, un TÚ, en un encuentro sincero, curioso y bondadoso, parecieran ser los ingredientes de la intimidad.


Gracias por abrirse a la intimidad en este encuentro. Compartamos ahora la diversión, el orgullo, la esperanza, la gratitud y hasta el sobrecogimiento con todas las sorpresas que los anfitriones han preparado para nosotros. Seguro que nos esperan momentos de intimidad ahora o más tarde.
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PD: ya que andaba por acá, coloqué el escrito de LELE...