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domingo, 19 de febrero de 2017

Reunión de febrero 2017. El Agradecimiento

Crónica:

El tema del mes de febrero de 2017 fue el agradecimiento cuya palabra en árabe es Shukram, y con una bella historia contada por la anfitriona del mes, Doña Hened.

Ya nos había ofrecido, en el marco de nuestras lecturas, una degustación de comida árabe libanesa que superó todas las expectativas. Tres cremas que incluian a la "Flefla" de pimentón rojo, y hasta empanadas de acelgas. Luego de las lecturas degustamos postres que incluyeron helados, marquesas y duquesas de chocolate y la inolvidable mazamorra morada del Perú de Doña Gude.(Aunque parece un club de degustaciones, es un club de escribidores, lo que pasa es que se funda profundamente en lo positivo, y la comida lo favorece)

Esta vez, estuvimos, Doña Elinor, Doña Carmen, Doña Gudelia, Doña Arcángela, Doña Tibaire, Doña Hened, la afitriona, Doña Nahima, la mamá y Don Alberto. El chocolate fue otro invitado de lujo en esta ocasión, al igual que el comino, las almendras y la oliva. Inolvidables y entrañables siempre, los relatos que cada quién narra desde su corazón.

Shukram (gracias) a todos.






lunes, 2 de enero de 2017

De maleteros, áticos y venta de garaje

Vivimos en una sociedad materialista. No es nada nuevo esta afirmación; solo es importante si uno la dice porque se da cuenta de algo. Empezamos a acumular desde temprano; algunos desde las colecciones, y otros con el deseo imperioso de poseer algo. La verdad es que nos vamos llenando de cosas, de cuadros, de libros, de muebles; tanto, que hasta que cuando tenemos de mas, debemos tratar de guardar lo que se desborda, haciéndose  necesario tener un maletero, o para los que viven al norte de América, un ático.

Nosotros no tenemos áticos en mi país, pero algunos tenemos maleteros, closets o cuartos auxiliares. Todo al final, sirve para guardar. Puede pasar que pase una generación entera, y que por lo lleno del espacio, no lleguemos a saber que tenemos guardado. No botamos nada y seguimos adquiriendo. En el afán de poseer y tener, llenamos todos los espacios y luego nos olvidamos de ellos, y así, seguimos guardando cosas que con el tiempo iremos olvidando. ¿Si pasan muchos años, es posible que nada de lo guardado nos haga falta? Es posible que no, por lo que pudiéramos prescindir de todo.

Hemos visto cantidad de películas donde al desaparecer (morir), el protagonista, lleguen los hijos como a tratar de abrir puertas al pasado. Entonces abren cajas ocultas, suben a los áticos, abren maletas y todo para descubrir secretos ocultos que en vida no fueron capaces de compartir o de hacer saber. ¿Qué sería de una cantidad de obras, libros y teatros si no existieran los áticos, cajas, maletas o maleteros?. (Lo guardado esconde misterios y quizá, las sombras.)

 Pero puede pasar, que un día uno se canse de convivir con tal cantidad de cosas que no hacen falta, o peor aún; que le pertenecen a alguien que hemos dejado de ser. La paradoja es interesante: convivimos por años en ambientes creados a la medida de personas que entonces fuimos, pero que ya no somos más, y lo dejamos pasar,  porque no nos hemos dado cuenta, o porque no nos atrevemos a avanzar. Uno debe tratar de hacer el intento cada cierto tiempo, de observar lo que le es propio, lo que ama, lo esencial, lo fundamental, y así limpiar todo el resto. Por eso quizá, se inventó la “venta de garaje” o cualquiera de las páginas de ventas de cosas usadas que hay en internet. También tenemos la opción maravillosa de identificar lo que tenemos y que le puede hacer falta a otras personas, o simplemente, donarlas.

Nosotros somos así, con nuestros apegos y creencias. Vivimos llenando nuestros mundos de ideas, creencias, paradigmas y todas aquellas cosas metafísicas que nos alejan por un lado, de la responsabilidad que tenemos de crearnos a nosotros mismos, y por el otro, de no permanecer en un área de confort que nos protege y nos mantiene con cierta integración y resignación con el mundo. Para ello, hacemos como colecciones de cosas que fingen forjar la personalidad y el carácter, pero que paradójicamente nos hace más vulnerables a la pérdida de nuestros apegos. Nuestro poeta venezolanos Arturo Uslar Pietri, nos decía en unos de sus poemas que, “seguimos los pasos del hombre que vamos siendo”. Magnífica frase que nos cuenta que lo que somos pudiera ir más aprisa de lo que nos damos cuenta que realmente somos. Y eso es exactamente lo que pasa: buscamos en nuestros maleteros o áticos, las respuestas a lo que la vida nos va demandado, y vamos respondiendo en función de alguien que fuimos o dejamos de ser. Se hace necesario entonces, hacernos cargo de los pasos que nos va dejando nuestra transformación como ser humano, y tratar de seguirlos; a veces, sin darnos cuenta, pues la vida es así, un manojo de experiencias maravillosas y transformadoras del ser. 
También a veces, lo hacemos mediante acciones permanentes y deliberadas que se transforman en hábitos, en creencias, para constituir realmente lo que somos, en un momento determinado. Podemos construir mundos y tener junto con el creador, la responsabilidad compartida de crearnos, modificarnos y querernos a voluntad, como lo expondría Rafael Echeverría en su texto, “Como Dioses”.
Hoy, quiera declarar y prometer que quiero limpiar mi casa en el entendido que se convierta en metáfora y pueda desde el desapego, desprenderme para siempre de aquellas cosas, recuerdos y creencias, que de alguna manera me siguen anclando a lo que he dejado de ser, hace ya, bastante tiempo. Los invito a limpiar sus cuartos, maleteros, áticos y que saquemos nuestros secretos profundos, sombras, miedos, y dejemos los espacios vacíos, ya que el amor, la confianza, la paz, la hermandad, el desapego, la valentía, la tolerancia y otras más, no ocupan espacio pero pueden llenar nuestras vidas,  de la maravillosa experiencia de “ser”,  y darnos cuenta de ello. (En esos espacios comúnmente, guardamos resentimientos, rencores, tristezas y fracasos.)

¿Cómo practicar el desapego material?, cada quién seguro, pudiera tener sus propias reglas. Solo comparto con ustedes, algunas ideas:
  • Limpiar el closet de ropa. Seguro hay gente que necesita un poco
  • Pararse en su casa y observar. Ver cuántas cosas tienen que ver con nosotros y cuáles ya no. Aquellas que no, siempre pueden tener un mejor destino para quién lo necesite
  • No dejemos que nuestros libros pasen una generación sirviendo solo de posesiones. Se llenan de polvo, se ponen viejos. Alguien seguro, los necesita
  • Cuadros y objetos de arte. No somos museos. No condenemos a alguna obra a que solo sea vista por nosotros
La gente que se muda de país, sabe lo que esto significa. A veces, tienen que meter todo su mundo en una sola maleta y dejar atrás lo demás. ¿Qué meterías en tu única maleta? ¿Qué te llevarías y por qué?
Hacerse las preguntas correctas nos lleva a lugares precisos y deseados.


Alberto

martes, 28 de junio de 2016

Escribir para recordar

ESCRIBIR PARA RECORDAR

Escribir para atrapar el momento vital.
Escribir para que la memoria no resbale.
Escribir mar adentro y viento afuera.
Escribir en tu sol o en tu sombra.
Escribir cuando el dolor duela.
Escribir en los ríos de lágrimas.
Escribir en un puñado de rosas.
Escribir un instante en verso o en prosa.
Escribir en la brisa o la arena en primavera.
Escribir una caricia tiritando junto a otra.
Escribir una mirada o un beso a la distancia.
Escribir al amor cuando aún no es desamor.
Escribir en letra viva reverdeciendo la letra seca.
Escribir para lavar el alma de sus tormentos.
Escribir para contar una historia nunca repetida.
Escribir a la vida en una sinapsis de pasión y emoción.
Escribir cuando aún están vibrantes  espíritu y  memoria.
Escribir las nubes colgadas del cielo envolviendo el Avila.
Escribir cuando  somos enero y el diciembre camina lejos.
Escribir cuando aún somos presente y no pasamos a la historia.


GUDELIA CAVERO


PADRE NO SOLO HAY UNO

Pocas veces la poesía se detiene en el padre,
será tal vez, porque a punta de matriarcado,
los padres de pura sangre y amor invicto,
han sido desplazados a un segundo plano, o peor aún,
se borraron de nuestros mapas mentales y sociales.

Están los que sin habernos dado su biología,
nos prodigan el talento de su amor.
Padres de oficio y beneficio que la vida los trae perfeccionados y acabados,
no necesitan su sangre envolviendo nuestra genética.
Padres esculpidos de inspiración plena, los que lloran nuestro llanto,
y nos llenan de fantasía  haciéndonos florecer en la tempestad.

Padres  con el sueño haciendo luces, cuando la fiebre grita de madrugada.
Seres bravíos construyendo esperanza en tiempos de hambre,
desde la corteza de su piel, desde la esencia cetrina de su sangre.
Padres con el corazón de madre, hablándole al cielo,
y  pidiendo protección divina para que el hijo extraviado,
se encuentre a Dios en su camino.

Padres grandes, padres pequeños, medidos por su estatura moral.
Padres presentes, padres ausentes, al estilo de su paternidad responsable.
Unos presumen del honor de ser “padres de hijos felices”.
Otros,  dejaron en el camino de la vida,
hijos transparentes y vacíos, sin oxígeno en su tejido emocional,
sumidos en el sin sentido del abandono y el desamor.

Mi reverencia a todos los padres que nos han cobijado, y nos han construido.
Aquellos que  han olvidado sus sueños para avocarse a los nuestros.
Aquellos que en la marea roja de la vida, han empeñado su último centavo,
para subirse al tranvía de nuestra educación y colgarse nuestras medallas,
sin ocultar su amor…ese que se “babea” por el orgullo de tenernos.

Padres grandes…Padres de larga travesía…Padres de la vida…
Esos son los PADRES QUE ESCRIBEN MI POESIA…


GUDELIA CAVERO


EN BUSCA DE UNA PASION

Voy tras los pasos de una nueva pasión,
que diluya mis horas y las haga eternas.
que electrice mis sentidos y los convierta
en una mezcla de quinta y novena sinfonía.

Quiero  libertad de pensamiento y acción,
que mis sueños caminen descalzos,
que mi alma se vacíe en sabores y colores,
siempre envuelta en capítulos de estreno.

Quiero dejar de pedir permiso,
hacer que mis neuronas calcen zapatos de goma,
para que en su ligero andar catalicen,
la erupción azul de endorfinas y serotoninas.

Voy remodelando mis habitaciones internas,
quitando paredes y ampliando ventanas,
para que mis pasiones cercanas y lejanas
se deslicen sin culpa ni atropello.

Voy acomodando, mudando y sembrando
mi jardín emocional, voy quitando telarañas
podando mi mala hierba, abonando mi esencia
para la nueva siembra… la cosecha del mañana.

Busco una pasión, no un trabajo,
mi obligación quedó congelada y atrofiada,
quiero un hacer, que me haga ser y pertenecer,
un hacer esencial que me haga trascender.

Voy en busca de aquello que ate mis sentidos,
esfume el cansancio y acelere mis latidos,
que me convierta en tierra fértil,
y me haga nube de alabastro, luz de estrella,
alma soñadora, brisa gitana tocando el cielo.


GUDELIA CAVERO