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lunes, 19 de marzo de 2018

Jesucita Peters


“Bolas Criollas”
Quizás debería comenzar mi disertación hablando  de unos de los componentes principales de este entretenimiento tan usual en el venezolano
Las bolas que en nuestro argot popular tiene tantos significados
Ejemplos

¡Qué bolas!  ……..
¡Hay que echarle bolas!  …..
¡Le faltan bolas!
¿Tendrá Bolas?
¡Si tiene bolas!

Bueno ya apartándonos de estas acepciones populares  llegamos a lo que conocemos como el “Juego de Bolas  Criollas”, confieso que no conozco mucho de este juego, aunque está muy arraigado en los entretenimientos del venezolano, de allí que tengo que documentarme al respecto.
El juego de las bolas criollas es un deporte practicado en Venezuela y en la ciudad colombiana de Cúcuta. Guarda cierto parentesco con los deportes europeos de bocce y petanca, así como de las bocha.
Los primeros informes precisos acerca de la llegada de este deporte a Suramérica se refieren a un fraile español, quien lo trae a Venezuela durante la época de la Conquista española. Su popularidad cobra fuerza en la década de 1930, y actualmente se ha propagado a Colombia (principalmente a la ciudad de Cúcuta), a Cuba y a varias islas del Caribe como Aruba, Curacao y Bonaire, países donde se practica por igual en todas las clases sociales.
A partir de 1946 en Venezuela se le da al deporte una dimensión de alcance nacional, con ocasión de los Primeros Juegos Deportivos Nacionales. Se funda la Federación Venezolana de Bolas Criollas, lográndose su organización formal como deporte. Desde entonces ha formado parte de todos los Juegos Deportivos Nacionales. De igual forma se han organizado los Campeonatos Nacionales de Bolas Criollas, que se realizan todos los años entre los meses de agosto y septiembre.
La finalidad del juego consiste en colocar la mayor cantidad de bolas del mismo color cerca de una pequeña pelota no mayor de 5 centímetros de diámetro llamada mingo, la cual ha sido previamente lanzada a una distancia no menor a la mitad de la longitud de la cancha por alguno de los jugadores del equipo que fuese favorecido en sorteo. Un jugador del mismo equipo que lanzó el mingo se encarga de arrimar una bola tratando de llegar lo más cerca posible del mingo. Le siguen un jugador del otro bando que busca mediante arrime de una bola posicionarla más cerca del mingo que la jugada del otro equipo. Si lo logra le tocará jugar al primer equipo, pero si no, seguirá jugando el segundo hasta colocar una bola más cerca del mingo que la del contrario (caso en el cual volverá la acción de juego al primer equipo) o hasta agotar sus 8 bolas, momento en el que le tocará al contrario jugar todas las bolas que le queden. Al acabarse las bolas de ambos equipos (tras haber lanzado todos los jugadores) se cuentan las bolas de un mismo color que quedaron dentro de un círculo con centro en el mingo y cuyo radio termina en la primera pelota (la más cercana) del color contrario. Cada set puede entregar de cero a ocho puntos a uno de los equipo.
Jugadas
Se habla de arrimar cuando se lanza con suavidad y haciendo rodar la bola procurando quedar cerca del mingo al llegar ésta al final de su trayecto. La otra jugada denominada boche es la acción de lanzar con fuerza una bola con la intención de quitar la del oponente que se encuentra más cerca del mingo. Los boches pueden ser de aire, que como su nombre lo indica es el hecho de lanzar la bola por el aire para caer directamente sobre la opuesta, o puede ser de marrana o rastrero es decir lanzarla a ras del suelo con mucha velocidad para impactar a la bola del contrario. Para ser buen bochador se requiere fuerza, buena puntería y precisión en el tiro. El juego se torna emocionante cuando un jugador lanza su bola con fuerza, golpeando el mingo, variando de esta forma toda la geometría y el curso del set. Pero si el mingo sale del área delimitada se devuelven todas las bolas de ambos equipos y comienza de nuevo el set.
De este tema me queda un aprendizaje más de vida y es saber las reglas para jugar “Las Bolas Criollas”

Jesucita Peters S.

domingo, 18 de marzo de 2018

Marzo 2018. Las bolas criollas y el mingo

Club de Escribidores de Caracas
Marzo 2018
Host: Doña Ivette y Don Nelson
Tema: Las bolas criollas y el mingo

Crónica:
Los anfitriones de marzo, Doña Yvette y Don Nelson nos convocaron al Club Luso Venezolano como a las 3Pm. Las canchas de bolas criollas fue el marco perfecto al tema de este mes. Por supuesto, jugamos bolas criollas. Escribir de un tema, leerlo (o cantarlo) y luego ejecutarlo, es de las cosas mas lúdicas, mágicas y divertidas que hayamos hecho en estos años.

Yvette y Nelson fueron unos excelentes anfitriones; siempre nos sentimos atendidos, mimados y queridos. Hoy sin dudas, será para el recuerdo. La escritura nos sirve para trascender, como terapia y como para establecer lazos mágicos sobre todo con aquellos que podemos llamar: amigos.

Un poco de lo que pasó hoy...

















sábado, 17 de marzo de 2018

Tibaire García


Caracas, 17 de marzo de 2018

El capitán  arrima  y bocha, y el juego está ganado

Mi padre fue un gran jugador de bolas criollas. Es aficionado,  aunque no lo ha vuelto a jugar. Por los años setenta, o quizá finales de los sesenta, ganó un campeonato de bolas criollas promovido por la otrora empresa Menegrande en el campo petrolero de San Tomé,  estado Anzoátegui. Cuando Yvette, querida compañera de este Club, nos asomó el reto de escribir sobre “las bolas criollas y el mingo”, mi memoria me mostró a mi papá en una posición que recuerdo a perfección, jugando este tradicional juego venezolano. Me confieso una desconocedora de este juego, y también les cuento que las letras para llenar estos párrafos, fueron surgiendo con dificultad.

Llamé por teléfono a mi papá, y estuvimos conversando sobre las bolas criollas. No le estaba viendo la cara, pero pude apreciar su expresión de agrado. Como cuando hablas de aquello que te apasiona. Como quien se sale por un momento de un juego que luce perdido, y se conecta con sentimientos de alegría, triunfo, solidaridad, sana competencia, y tantos otros que podemos saborear cuando hacemos lo que nos gusta. Su voz me habló de sorpresa. 

Asumo que pensó: “y por qué me pregunta ésta por el juego de bolas criollas, y mi historia con él”. Sin esperar a oír la pregunta, yo le conté de qué se trataba. En la conversación surgieron otros temas, como la infaltable pregunta de “¿y cómo está la gordita?” (mi hija). De una forma que no pudimos evitar, aparecieron en la escena de la conversación ciertos comentarios en torno a las realidades, no tan refrescantes ni sublimes ellas,  que vivimos en los momentos actuales todos los que, teniendo o no la ciudadanía, o estando o no dentro del territorio, nos consideramos  venezolanos. Mi papá inmediatamente, y como para dar continuidad al tema de las bolas criollas, se trajo el juego para la cancha en la  que todos estamos jugando. 

Me dijo: “hija, el capitán ni arrima ni bocha, y el juego está perdido”. 

Me sonó tan contundente y lapidaria, como interesante, su expresión. No sin antes sentir un profundo desasosiego y una gran tristeza en mi alma, emprendí un viaje. Un viaje por espacios de preguntas, de repreguntas, de búsquedas. Me descubrí diciéndome: “no puede ser que el juego esté perdido, me niego, no lo acepto”. Quiero pensar que todos somos capitanes, no importa si es así o no en el juego de bolas criollas. Opto por creer que sí puede cada quien arrimar al mingo, bochar y así ganar el juego todo el equipo. Somos privilegiados al contar con una inmensa y bien proveedora cancha que es este planeta que nos ha sido dado. En numerosos  espacios de esta cancha, nos encontramos jugando  venezolanos que deseamos arrimar y bochar. Hemos sido privilegiados también con un maravilloso juego de versátiles y plásticas herramientas con que cuenta nuestro cuerpo y también nuestro ser, para que podamos crecer, co-evolucionar, co-crear. 

Tenemos infinitas posibilidades de transformarnos a nosotros mismos, y a los otros y a la cancha. Qué importa si algunos capitanes no arriman, otros sí lo hacemos. Y bochamos y ganamos. En este momento viene a mí, Mandela, quien en un reducido espacio que era su prisión, se repetía continuamente “…soy el capitán de mi vida, soy el capitán de mi alma…”. Siempre estuvo Mandiba inmensamente libre. En esta noble cancha en la que nos encontramos, hay ciertamente capitanes que presumen de ser “el capitán”, y se aferran a la senda de la involución, la inconsciencia, el encharcamiento, y en la ruta de la ruina de sus almas. También en este campo de juego, somos muchos, muchos, tal vez incontables, quienes aspiramos a un más elevado nivel de consciencia, a una mirada compasiva del otro, a acciones de amor y agradecimiento, a crecer juntos en esta amplia extensión de la que disfrutamos, a contribuir con un desarrollo saludable de todos como equipo y también como jugadores únicos e irrepetibles de este maravilloso juego. 

Papá, te dedico este escrito, y te invito a jugar de nuevo el juego de bolas criollas. Será una mágica jugada en la que tú y yo vamos a ser capitanes, en que arrimaremos al mingo de la esperanza y los sueños renovados, bocharemos, y yo te oiré decir: “el juego está ganado”.-
Tibaire García

Mi primer mingo/ Hened Abrahan


 En la calle Sucre de Upata, el pueblo donde fui muy feliz, ese que me dio el espacio para crecer, sembrar y desarrollar una capacidad infinita para la alegría, vivíamos los mejores vecinos del pueblo. Aquellas casas antiguas con ventanales inmensos, de esos que se abren como puertas, nos permitían sentarnos al tiempo que podíamos visualizar la casa de los demás y comunicarnos a gritos desde un extremo a otro. Un día, uno de esos gritos anunciaba la construcción de una cancha de bolas criollas, en el terreno que el Sr. Angelo cedía para ese fin. Desde su ventana, Toni su hijo nos preguntaba si estábamos dispuestos a colaborar y, por supuesto a jugar una vez terminada. El sí fue sonando como un eco, de ventana en ventana como si hubiésemos ensayado las voces de un orfeón a los que también se sumaron los que iban caminando por la calle. Un mes después la cancha estaba lista, para lo cual organizamos una fiesta de inauguración y nuestro primer juego de bolas criollas. Pocos sabíamos jugar, pero juego a juego, con las enseñanzas del Sr. Angelo y Toni fuimos aprendiendo. La cita era los viernes y sábados a las 7 de la noche, con aquellos cielos estrellados que parecían un inmenso paraguas cósmico, nuestras lunas alumbraban tanto como aquellos dos bombillos enormes (de esos que ponen en los  estadios). Las horas pasaban sin apenas darnos cuenta, tanto que a veces terminábamos a las 12 de la noche y más. En torno a esos maravillosos encuentros, construimos amistades, afectos, generábamos abrazos, risas, alegría y muchos triunfos. Uno de esos triunfos consistía en que al equipo ganador lo premiaban con el lavado y planchado de una prenda,  un día de la siguiente semana, cortesía de la Tintorería del Sr Angelo.  Con el tiempo, recuerdo que esperábamos con mucha impaciencia los viernes y sábados de bolas criollas. Contrario a mis compañeros de equipo, los esperaba no por la cortesía de la Tintorería, sino por querer aprender a lanzar la bola, a bochar, y a  lo que creo se me daba mejor, arrimarme al mingo. Tardé mucho en aprender, pero mi dulce y paciente instructor, Toni, se encargaba de que  lo hiciese cada vez mejor. Nunca más jugué a las bolas criollas hasta hoy, que  con la invitación de Yvette se me alborotaron la alegría y el recuerdo de que  mi primer mingo se llama Toni.

Guaraña con bolas

1. Esto de las bolas criollas me parece  una fama
sobre to si lo-organiza nuestra amiga de Da Gama

2. El lugar de nuestro encuentro es el club portugués
de seguro que Camoes ta mas feliz que una nuez

3. El lugar de este encuentro es el campo e bolas-criollas
me pregunto donde estáran el monton de las ollas

4. Mucha tierra y mucha arena tiene el lúgar en cuestión
ojala hayamos traido mucha ropa mas comun

5. Bolas rojas y bolas verdes son las pepas pa jugar
pero hay una mas chiquita que se pega pa ganar

6. Si la bochas o a la arrimas tienes chance de llegar
el que llegue mas cerquita de seguro va a ganar

7. Estas bolas me parecen una forma de-enamorar,
y es que el último con fuerza es muy capaz de  arrasar

8. Y es que el mingo me parece una bola mal nutrida
no será que a ella le dieron una leche medio-podrida

9. Los polìticos en cuestiòn se parecen a-bolas criollas
pues los verdes se pelean con las bolas que son rojas 

10. No pretendo arrebatarle el puesto-a Lio-nel
pero a falta de musiquita unos versos voya componel

11. Y con esta estrofita me voy ya-a despedir
no sea que los que escriben no quieran mas compartir.

martes, 6 de marzo de 2018

Reunión de marzo 2018

Host: Doña Ivette
Viernes 16 de Marzo a las 3pm  en 
El Centro Portugués, que esta ubicado en Macaracuay, Av. Luis de Camoēs.
Nuestro tema sera escribir sobre  “ Las bolas criollas y el mingo”.

viernes, 2 de marzo de 2018

Tres escritos

Autora: Roraima Mora Graterol


Cuando camino….Soliloquios

Desde hace un tiempo he querido escribir, sin embargo, me ocupo en otras cosas y no lo hago…así que comenzaré ahora

Usualmente cuando camino mi mente comienza a volar de un pensamiento a otro, observo lo que voy viendo e inmediatamente lo relaciono con otras cosas.
En estos días iba caminando hacia la Hacienda La Trinidad, y de pronto siento como un zumbido cercano a mi oreja, me pasó tan rápido que no me dio chance de cambiarme de acera. Al darme cuenta de lo que era, descubro que es una Guacharaca que venía volando y planeando magistralmente me pasó muy cerca de mi oreja. Voy caminando sola, y le acababa de pasar a otra señora que en ese momento venía detrás de mí y se dio cuenta de lo que había pasado. Le comenté “qué le parece, ya ni se paran o se van por otro lado”!!. Su respuesta fue muy sabia “Ya se han acostumbrado a nuestra presencia, y vuelan tranquilamente por donde quieren!”

Me quedé pensando en ese comentario. Realmente nosotros como especie, invadimos su territorio, su espacio, y ellos, simplemente se adaptaron. Logramos vivir en sana convivencia. Las guacharacas siguen volando por los árboles o por los techos de las casa, cantan o “hablan” sin cesar, augurando no sé qué posibles acontecimientos (como la leyenda urbana, allí hay una joven que será madre) vendrán próximamente. Así como las Guacharacas están las ardillas, que van de un árbol a otro, deleitándonos mientras practicamos Taichi los domingos.

 Estos amigables animales me invitaron a pensar qué fácil es para ellos aprender a convivir y qué complejo, retador, difícil es para nosotros, los “seres humanos” aprender a convivir, aceptarnos como personas con nuestras singularidades. Las mascotas (perros o gatos) simplemente se comportan y son como son, e igualmente los queremos…y ellos nos quieren, pero para entablar una relación afectiva, empezamos a repasar la lista de chequeo de lo que queremos o esperamos del otro, o de lo que creemos quiere el otro, lo cual nos hace inmensamente infelices. En mis caminatas aprendo más de la vida, que en la cantidad de libros que puedo leer.


Guayaba
En el Club de Escribidores nos pusieron el reto de hablar de la guayaba
La Guayaba para mí simplemente es eso, una fruta que no es de mis preferidas, por lo menos, comerla de manera natural.
Esta fruta no me parece para nada atractiva aunque sus colores, verde o amarillo por fuera y rojo por dentro, me invita a morderla, más cuando observo los gusanos entre las semillas….hasta aquí llega mi interés. Ahora, si decido hacerla en jugo o en mermelada, me encanta.

La palabra Guayaba también la relaciono con otras cosas, por ejemplo, el refrán “lo dejaron como a la GUAYABERA, por fuera”!!! Entonces de fruta pasó a una relación que bien puede sonar triste, puede ser de otra manera.
Otra manera es sentirse ENGUAYABADO, sensación de tristeza, siempre relacionado con la pérdida de algo, especialmente de un amor…de amor de pareja!!! Cuando estudiaba en la universidad tuve una relación de cierta manera, formal, nos habíamos integrado mucho, me sentía confiada con él, integrada a sus amigos y familias…hasta que rompimos. Fue verdaderamente doloroso y pasé un año enguayabada!!! Necesitaba ese tiempo para sanar esa herida y ver hacia adentro, hacia mis potencialidades.

Ahora, viví muchos guayabos luego de ese, cuando mi hija viajó por primera vez sola, por períodos de 15 días, luego un mes y así sucesivamente hasta que me acostumbré a sus despedidas asociadas con su propio crecimiento, y del mío también.
Otro tipo de Guayabos los he sentido cuando he tomado la decisión de cambiar de trabajo, que aunque haya sido pensado fríamente, no deja de afectarme. Lo manejo más racionalmente logrando ver los aprendizajes que me dejaron esas decisiones.

También tengo sensaciones placenteras relacionadas con la Guayaba, las mismas están relacionadas con dulces, mermeladas. Me encantan las que puedo combinar con queso blanco, esa mezcla de dulce salado es mi favorito, así que cierro con esa sensación en mi boca, acompañado con una galleta y una buena taza de café.


A propósito de VOLAR!!!
Para mi Volar es despegar, desprenderse de peso, cambiar de ambiente, fluir!!!
Volar también puede implicar sentir miedo, en mi caso, siento un vacío en el estómago que si lo conecto con pensamientos, inmediatamente comienza a latir mi corazón y casi que sudo y me falta el aire. Más en ese momento me conecto con la sensación de bienestar que produce Flotar, fluir con el aire o agua, dejarse llevar…allí no siento mi cuerpo sino que mi espíritu es libre/ Lo describo así porque lo más parecido que he hecho a volar, ha sido bucear. No es mi deporte ni mucho menos, mis habilidades natatorias no son las mejores. Sin embargo, me encanta la playa, estar flotando en el agua sintiendo la frescura del mar, sus aguas cálidas y el sol dándote en la cara.

Volar significa para mí ver otros paisajes, tener nuevas experiencias, conocer otras personas y sobre todo, conocerme en otros ambientes. Disfruto de lo nuevo, especialmente cuando me despego de la sensación primaria de temor, luego se traduce, en la medida que me adentro a la experiencia, en alegría y amor, me siento consentida por mí misma, agradada y complacida porque logré hacerlo.

Volar, al cambiar de ambiente, también es cambiar de ciclo, pasar de un ciclo a otro. Soy de las que piensa que no tenemos un solo Proyecto o Plan de vida, sino que tenemos varios según entramos en un nuevo ciclo de edad. Por cierto, la edad es solo una referencia cronológica, el cuerpo va por un lado y el espíritu va por otro, suelo ir con mi espíritu. Reconozco que en mis primeros ciclos disfruté mucho de la vida, casi de manera inconsciente, pues no pensaba mucho en las consecuencias, dejándome llevar simplemente por la propia vivencia. Cumplí con los propósitos que me tracé en su momento, y con mucho disfrute. Aquí diría como Pablo Neruda, Confieso que he Vividoy ahora, siento que estoy entrando en un nuevo ciclo un tanto cónsono con mi edad cronológica y con el espíritu joven como siempre me he sentido, es decir, con ánimo de hacer cosas nuevas.

En mi adultez joven, casi saliendo de mi adolescencia, estando estudiando en la universidad y trabajando al mismo tiempo, mis hermanos estaban preparándose para irse a estudiar a Inglaterra, me invitaron y rechacé esa oferta porque estaba ya en el 3er año de la carrera y trabajando, obteniendo mis propios ingresos. Le di prioridad a ese proyecto y no vi la posibilidad de proseguir al regresar, quizás pensando que luego sería más fácil hacerlo. Ahora siento que es el momento de retomar ese sueño pendiente, con otros compromisos y con retos mayores, especialmente los económicos, más eso siguen siendo retos.

Cuando un pájaro comienza a volar, hace unos movimientos primeros con si=us alas las cuales va abriendo progresivamente. En Taichi lo simulamos estando de pie, vamos levantando primero los hombros, luego los brazos y finalmente sacando el pecho, levantándonos con los pies en punta, terminamos de “alzar el vuelo”. Así será este viaje, estoy en la fase de hombros y brazos y los pies no los levanto porque tengo unos pesos tan grandes como la realidad misma, una vez que logre soltar esas amarras, disfrutaré de este maravilloso vuelo lleno de gratificantes experiencias.

Roraima Mora Graterol