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domingo, 27 de noviembre de 2022

Tema Nov 2022/ Carta a un escribidor


Carta a los escribidores

Nov 2022

Hoy, el bosque amaneció sin nubes. Han sido muchos meses de lluvia constante lo que ha hecho que algunos animales hayan debido migrar. Se espera concurrencia de la fauna silvestre, ya que la abeja y la gaviota han convocado a una reunión. El tema es un poco lo que somos, lo que significamos unos con otros. Yo creo que la abeja lo aplica de su gran aprendizaje de vida en colmena y en la fabricación de la miel; es por eso que se ha propuesto a preparar comida para tal magno evento. La gaviota por su parte, ha escogido la parte del bosque que llega al mar, un poco como para hacerles fácil la llegada de los que allí hacen vida. Ella vive pendiente de los demás y los escucha.

Cerca del mar, en la zona frondosa del bosque, donde el viento se vuelve metáfora al silbar entre las hojas, habita la golondrina. Es famosa por tejer nidos; ha ayudado a muchos, a seguir tejiendo aun cuando se encuentren vacíos. Las gaviotas, al igual que otros pájaros, suelen emigrar en invierno y hacen nidos a su regreso, en el verano. La abeja, la gaviota y la golondrina entonces, se proponen a reunir a una cantidad de habitantes de la jungla, para conversar de sí mismos, celebrar la vida, abrazarse y degustar. 

–Es una ocasión especial”, dice la abeja- “pues tendremos a la lechuza de invitada”-, aclaró.

 Ella vive entre volcanes, pero ha aprovechado la migración de golondrinas en su regreso, para regresar también. (La golondrina sabe, que el nido de los pichones de la lechuza ya crecidos, esperan la llegada de un nuevo integrante)

En el grupo hay pares, aunque no son parejas. Se parecen al arca (de Noe) no a Arcángela. Por ejemplo, tenemos dos Guacamayas, una que gusta del chocolate, lo que hace que sus colores la acerquen a la luz del sol, y un guacamayo multicolor, conocido por su canto, por su corazón y su amor a otros. Pero vive en otro bosque. Hemos aprendido a que de todas maneras se encuentre entre nosotros. Algunos lo llaman de “corazón a corazón”. También hay dos gaviotas, pero una de ellas, al emigrar, se quedó lejos. Al igual que con el guacamayo, hemos aprendido a comunicarnos con el corazón.  También hay dos tigres, pero de ellos hablamos mas adelante…

Se espera  que llegue la ardilla, inquieta, alegre, empática, cargada de frutos secos y nos explique porque son buenos para la macrobiota, que es una especie de ejército de seres que conviven en nuestro cuerpo. El tigre bajará de lo alto del bosque, donde convive entre nubes, asombrando toda ves, con la capacidad que tiene en hacerlo; estará en alma y corazón, la mariposa Monarca que también aprovechó la migración de la temporada para ir a otro lugar; ahora sus migraciones son internas, con sus hijas y nietos. El resguardo del grupo estará en las patas de los más fuertes:  el toro venido de lejos con su cuatro a cuestas, recordándonos lo importantes que somos; el siempre presente, el Pastor ovejero, el que observa y comenta aunque no te guste, pero entendiendo que escucharlo nos hace bien, y por último, el gran tigre de Bengala, (también tenemos dos) el de colores, el que se ocupa de otros animales en desgracia y que tiene como propósito, hacer que todos tengamos nuestro propio nido, lleno o vacío, pero que sea un lugar querido para habitar.

De los que habitan en el mar o dentro de él, esperamos al pelícano, una noble ave que abraza a los animales del mar con su noble alma; y al delfín o delfina que nos recuerda siempre la importancia de las organizaciones positivas.

Por último, vendrán los de la logística: la luciérnaga amorosa que nos alumbrará si cae la noche y hasta el día siguiente, con una luz interna, profunda, intensa; la canaria que entonará sus cantos y nos hará reir con sus ocurrencias, también el caballo alado que vendrá de lejos con su prosa mágica a traernos ilusiones y encantamientos; y por último y no menos importante pues es quién escribe, el reno, que es capaz de convocar y que trata, en lo posible, lograr que estemos juntos.

Así somos, seres diversos, con distintos objetivos y metas, con distintas ambiciones y lugares para habitar. Somos los que no emigramos y los que si lo hicieron, somos los que van y vienen, pero regresan; somos, aquellos que a pesar de los que nos pasa, ya sea en salud o en circunstancia, seguimos adelante y no desfallecemos. Somos, los colores del arcoíris, somos el mar, el aire, el viento, el sol, la luna, el agua, y la tierra o el fuego y el aire. Somos esa fuerza interna que conseguimos en la metáfora de cómo nos ven y como nos vemos, esa fuerza interna que nos conecta con la naturaleza y con la espiritualidad.

Somos, porque nos respetamos, nos acompañamos, nos escuchamos y somos por sobre todo y todas las cosas, vicisitudes y circunstancias,  amigos del alma...

Alberto

Carta a un escribidor/ Tibaire García

 

Caracas, 27 de noviembre de 2022

 

Carta a un escribidor

 

CONFIANZA PERSONIFICADA

 

Qué buena fue esta idea. Escribirle a un escribidor. La ocasión me lució oportuna para agradecer, a saber de lo bien que hace dar gracias, mas esto mismo me hizo ardua la tarea, porque mi corazón está repleto de gratitud y amor con todos.

Para mí eres de esos seres que yo llamo bonitos. No, se me hace corta esta palabra. ¡Francamente eres preciosa!

Ese abrazo en que te entregas. Esa sonrisa tan hermosa. Una humildad y sencillez que no se encuentran fácilmente. Graciosa siempre. Ecuánime  absoluta. Llevas puesto el respeto, la delicadeza con el otro, la generosidad y la nobleza.

Sé que puedo confiar en ti.

 Sana, hermosa…

Casi todos, sino todos, te hemos tocado la puerta para que tú hurgues en ese líquido rojo que nos recorre el cuerpo.

¡Gracias por tanto, mi amada!

Tu sanota, tu robusta

domingo, 12 de diciembre de 2021

¿Qué quisiera dar y qué quisiera recibir, hoy?/Tibaire García

 


Título: ¿Qué quisiera dar y qué quisiera recibir, hoy?


Me coloco ante esta pregunta, pienso, medito, y se agolpan en mi mente las respuestas. Las voy mirando una a una desde afuera, como si no me pertenecieran, en perspectiva, y descubro que todas ellas me muestran amor. Conducen, representan o invitan al amor.

Quisiera dar...

Un abrazo infinito a mi María Gabriela, mi hija del alma. Un abrazo que empiece y no termine. Que le diga "te amo", "te acepto", "me gustas tal y como eres", "no te sobra ni te falta nada", "tú puedes", "valido tus sentimientos, necesidades, inquietudes y deseos", "te bendigo por siempre, hija mía".

Quisiera dar...

Una mirada más relajada, comprensiva y compasiva a quienes me han herido, notándolo ellos o no. Sabiéndolo o no. Queriéndolo o no. 

Quisiera dar...

Abrazos, besos y palabras que acompañen en la contención, alivio y aceptación por el papá ido, por el papá que se siente, que aún duele y no se ve, a mis amados Jesús y Kami.

Quisiera recibir...

Abrazos, abrazos...¡abrazos!  De esos que he deseado tanto y que mi ser por completo ha necesitado en estos dos interminables años de pandemia. 

Quisiera recibir...

El olor, la presencia, la sonrisa, la mirada, el café, la palabra cariñosa, el abrazo, la ocurrencia traviesa, de mi María Gabriela amada.

Quisiera recibir...

El amor del compañero. La pareja. La que no tengo y deseo. Su afecto recíproco y generoso. Su amistad y compañía. Su aceptación, respeto, reconocimiento y validación. Su deseo de piel, matizado de un profundo sentimiento amoroso. Su risa. Su apoyo y ayuda. Su alegría. Su ligereza, serenidad, compasión y empatía. Su compromiso con la vida, con sus amores, con él y conmigo. Su abrazo siempre a la mano.

Siempre quiero recibir la bendición de la salud. De mi salud. Un cuerpo fresco y en franca armonía, al que quiero darle atención, escucha, amabilidad, sentido, sueños, límites, risa, movimiento apropiado, alimento conveniente, vínculos amorosos, estructura, compasión y todo el esplendor y la magia de la naturaleza que Dios me ha regalado, con sus verdes, azules, ocres, sonidos y olores.

Tibaire García Pérez

28 de noviembre de 2021

 

El Sagrado Corazón de Jesús

Dar y recibir. El Sagrado Corazón de Jesús

A veces, uno suele no escuchar a su voz interior. No sé cómo llamarla porque suele aparecer como un saboteador, y en otras ocasiones, como un sabio. En mi época de estudios, y de cuando practicaba bioenergética, análisis transaccional, le decían a esa voz,  “el pequeño profesor”. Resulta que a veces nos pasan cosas que se repiten y aunque esa voz alerta acerca de los riesgos, no le hacemos caso. Eso también pasa con el cuerpo cuando se resiente y avisa, pero nos hacemos cargo cuando hay que hacerse cargo.

Igual pasó con mis llaves. Durante muchos años he llevado las llaves de la casa en el cinto de la correa, con una suerte de ganchito. Hoy no puedo decir a que se debe ese hábito. Ahora me parece un absurdo; <las llaves de la casa colgando hacia afuera de la hebilla del pantalón>. Y no es solo eso, sino que en tantos años, como 10, tuve varios eventos desagradables. El primero trabajando en Guarenas, aparecieron. Luego, el segundo, las dejé pegadas en la reja de la casa de mis padres, aparecieron, la tercera cuando se partió la delgada tela del pantalón marrón (mi preferido), saliendo del carro, apenas hace tres meses,  y esta última que les voy a narrar.

Esas llaves cuentan historias, se parecen a nuestra vida y a sus apegos. Vamos acumulando llaves hasta llegar a tener tantas que no sabemos para qué sirven, ni la mitad de ellas. Era domingo, como a las 2 de la tarde, salí de casa y me colgué las llaves  del cinto. Llegué al supermercado, hice las compras hasta que en algún momento hice la reacción de costumbre para saber si las llaves aun colgaban. ¡Y esta vez, no!. Nuevamente apareció esa sensación desagradable de entre pánico, rabia, susto, y ansiedad. Un coctel desagradable. Mi mente hizo lo de siempre, recorrió lo que hice desde que cerré la reja, me colgué las llaves y caminé. –“Se me cayeron acá”, pensé,  y pregunté en el supermercado, barrí debajo de los estantes, pregunté a los clientes, a los vigilantes; luego salí y subí la calle, y nada. Había llegado el día en lo que esa voz me alertaba siempre Sin embargo me dije:. –“Van a aparecer”

Un caos, no solo estaban mis llaves, sino las de la reja del edificio. Recordé un resbalón por causa de una piedra, bajando la calle que se fue por el desagüe y me pregunté, ¿Serían mis llaves?. Y creo que tuve la seguridad que eso pasó y así lo informé al presidente del condominio. Se me cayeron y las pateé. ¡No había otra explicación! Es raro que en tantos años nadie haya reportado pérdida o robo de llaves; a lo mejor eligen callar.

Ya en casa, recordé como me han aparecido las cosas que he perdido. Me lo recomendó mi amiga Janett de cuando yo estudiaba arquitectura y ella ingeniería. –“Pídele al Sagrado Corazón de Jesús que aparezca lo perdido, el siempre ayuda”, me dijo. Esa noche lo busqué en Internet y se lo pedí de corazón a corazón. También decía que San Antonio era bueno encontrando las cosas perdidas, así como hace con los grandes amores, quizá por eso me acordé de ella ese día.

El  mismo domingo busque un juego de llaves que dejé en la casa de mi familia, y pude entrar a casa. El lunes las copié, completé un juego nuevo y de 30 llaves bajó a 8. –“Esto es una gran enseñanza”, me dije como para equilibrar el desconsuelo. Ya no era un llavero de colgar sino de colocarlas en el bolsillo. Así había resuelto al menos, la mitad del problema: la necesidad.

El martes ya lo daba por hecho, no era justo que le exigiera al Sagrado Corazón que me ayudara en tan difícil tarea. A las 3 pm del martes, sonó la puerta de mi casa; era el portero, y me preguntó: -“¿Usted perdió sus llaves el domingo?” y una maravillosa sensación de esperanza recorrió mi pecho. –“Si, yo le dije al presidente del condominio que creía se me cayeron en un desagüe”. El portero continuó: -“Alguien encontró una llaves y se las dio a un vigilante de un edificio. El vigilante acaba de subir a pie y yo estaba en la puerta y me preguntó si sabía de alguien de este edificio que había perdido unas llaves. Se llama Santiago, está en el Conjunto Casa de Campo, suba de una vez”, exigió. Y terminó diciendo: -“No sé porque se me ocurrió que pudiera ser usted”

Agarré mis nuevas llaves, mi esperanza,  y subí, casi corriendo, con el Sagrado Corazón de Jesús en una mano y la fe, en la otra. Santiago fue amable, me mostró las llaves y reconocí de inmediato el brillo de la luz tostada del sol del atardecer, en ellas, del rayo de la esperanza, del agradecimiento profundo. Lo que puede darle no se compara con lo que recibí; era lo que tenía. Recuerdo que en un gesto de humildad, me arrodillé y agradecí ante Dios.

Hoy, a un mes del evento, recorro mentalmente los dos días en que esas llaves hicieron su travesía hasta llegar al origen, nuevamente. Hoy soy agradecido. Creo mucho en la esperanza y aun más en la Fé. Hoy entiendo acerca de las fortalezas que me acompañan, y de aquellas cosas que aun no podemos explicar con palabras, y que hemos compilado en lo que llamamos “espiritualidad”. El camino al propósito de vida es largo, pero es maravilloso. Hoy agradezco nuevamente al Sagrado Corazón de Jesús.