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jueves, 19 de marzo de 2020

Jesucita Peters


Fecha: 22-01-2020

Autor: Jesucita Peters Salcedo


“Amor en tiempos de Diásporas”


Reflexionando sobre el significado de la palabra "Diáspora " encontramos que anteriormente la misma no era tan significativa como en los momentos actuales para los Venezolanos, la cotidianeidad  te indica como nuestros afectos están diseminados por todo el globo terráqueo, haciendo que nuestros corazones  sean capaces de volar con las alas de la añoranza ,cada vez que los medios informáticos nos permiten tener contactos con nuestros hijos, nietos,padres , hermanos, amigos, es decir, un sin fin de amores por el mundo.

Es un sentimiento compartido,es un tema de conversación con cualquier grupo que te reúnas,  donde las manifestaciones emocionales van desde el dolor en las entrañas  que produce no tener los afectos cerca, hasta un rictus de rabia contenida ante la impotencia y frustración de no  poder cambiar esa realidad que hace que tengamos que aprender amar de otra forma, donde estamos pendientes de esas fotos diarias que recibimos de nuestros hijos, nietos,otros.

Son tiempos  de aprendizajes nos vamos acostumbrando a vivir en la distancia, sin   ese calor y abrazo reconfortante, calientito  que nos ata a esos seres que tanto amamos, como aprendemos a ver crecer  a nuestros nietos a través de una pantalla de un celular con la frialdad del hielo que esa pantalla genera y que a pesar de eso la aprendemos atesorar por lo reforzante que es ver esa imagen de nuestros  afectos.

Además nos sentimos conflictuados, porque nuestra realidad país nos lleva a reflexionar,  será mejor para ellos que ya no regresen y que construyan sus recuerdos e historias  en lugares distantes de nuestra patria  y de nosotros,  que dolor tan inconmensurable en el alma, que aprendizaje tan profundo tan comparable como el hueco que hace el agua de la catarata al caer desde tan alto, es en este momento que tenemos que poner nuestras fortalezas personales para ser muy resilientes y no dejarnos  abatir ante esta realidad.

Mi experiencia relacionada con el amor en tiempos de diáspora,además de la ausencia de mis  hijas, es hacer consciente la mudanza de mis vecinos  con los cuales compartimos momentos muy gratos  y lo que significó para mí ya no sentir en  las mañanas la algarabía de sus tres niñas para ir al colegio y sus visitas en mi casa (su abuela postiza) para buscar chocolates, no sabía de ese sentimiento de tristeza que me embargo  ante su ausencia , descubriendo que ocupaban un lugar importante entre mis afectos.Que si hemos aprendido yo diría que por demás, como es ir al consultorio de tu médico de toda la vida y movérsete el piso porque las palabras acostumbradas de hoy día es el médico  ya no está en el país, y así nos seguimos cayendo y rompiéndose nuestras rodillas y no nos queda  otra forma  que limpiarlas  y seguir caminando, esa es la orden.

Pienso que todo  esto nos enriquece y nos hace mejores personas estoy seguro de ello.¿Seremos resilientes? pienso que en gran cuantía pues  todos estos aprendizajes  dan cuenta de ello.

Yo  estoy tratando de acortar la distancia entre mis afectos y yo, lo que me conduce a ir cerrando ciclos en este momento de  mi vida que nunca imaginé y que me produce un poco de miedo por todo lo que eso implica, cultivando el desapego de mis cosas tan familiares y mis rutinas cercanas, es un nuevo ciclo  lleno de muchos  amaneceres  por  descubrir, con   horizontes  llenos de expectativas ante este futuro próximo por vivir.

Sólo le pido a Dios que me llene de infinita sabiduría para saber sopesar lo que es verdaderamente importante en este nuevo camino por transitar y que en el tren de mi vida se sigan montando personas que me nutran el alma para  hacerme mejor  persona  y que este compartir con la extensión de mi familia mis nietos, sea propicio para sembrar árboles con raíces profundas y ramas frondosas para aguantar las tormentas y los momentos de remanso y de infinito amor.

El amor en tiempos de diáspora hace aflorar un sin fin de emociones y sentimientos y nos permite ir amoldándonos ante esta realidad que nos arropa, poniéndonos una coraza ante las adversidades y  disfrutando al máximo los momentos gratos de estas vivencias, que cada quien la vive a su manera, tal como los momentos compartidos entre los escribidores.

jueves, 30 de enero de 2020

Amor en tiempos de diáspora


Autor: Jesucita Peters Salcedo


Reflexionando sobre el significado de la palabra "Diáspora " encontramos que anteriormente la misma no era tan significativa como en los momentos actuales para los Venezolanos, la cotidianidad  te indica como nuestros afectos están diseminados por todo el globo terráqueo, haciendo que nuestros corazones  sean capaces de volar con las alas de la añoranza ,cada vez que los medios informáticos nos permiten tener contactos con nuestros hijos, nietos,padres , hermanos, amigos, es decir, un sin fin de amores por el mundo.

Es un sentimiento compartido,es un tema de conversación con cualquier grupo que te reúnas,  donde las manifestaciones emocionales van desde el dolor en las entrañas  que produce no tener los afectos cerca, hasta un rictus de rabia contenida ante la impotencia y frustración de no  poder cambiar esa realidad que hace que tengamos que aprender amar de otra forma, donde estamos pendientes de esas fotos diarias que recibimos de nuestros hijos, nietos,otros.

Son tiempos  de aprendizajes nos vamos acostumbrando a vivir en la distancia , sin   ese calor y abrazo reconfortante, calentito  que nos ata a esos seres que tanto amamos, como aprendemos a ver crecer  a nuestros nietos a través de una pantalla de un celular con la frialdad del hielo que esa pantalla genera y que a pesar de eso la aprendemos atesorar por lo reforzante que es ver esa imagen de nuestros  afectos.

Además nos sentimos conflictuados, porque nuestra realidad país nos lleva a reflexionar,  será mejor para ellos que ya no regresen y que construyan sus recuerdos e historias  en lugares distantes de nuestra patria  y de nosotros,  que dolor tan inconmensurable en el alma, que aprendizaje tan profundo tan comparable como el hueco que hace el agua de la catarata al caer desde tan alto, es en este momento que tenemos que poner nuestras fortalezas personales para ser muy resilientes y no dejarnos  abatir ante esta realidad.

Mi experiencia relacionada con el amor en tiempos de diáspora,además de la ausencia de mis  hijas, es hacer consciente la mudanza de mis vecinos  con los cuales compartimos momentos muy gratos  y lo que significó para mí ya no sentir en  las mañanas la algarabía de sus tres niñas para ir al colegio y sus visitas en mi casa (su abuela postiza) para buscar chocolates, no sabía de ese sentimiento que me embargo de tristeza  ante su ausencia , descubriendo que ocupaban un lugar importante entre mis afectos.
Que si hemos aprendido yo diría que por demás, como es ir al consultorio de tu médico de toda la vida y movérsete el piso porque las palabras acostumbradas de hoy día es el médico  ya no está en el país, y así nos seguimos cayendo y rompiéndose nuestras rodillas y no nos queda  otra forma  que limpiarlas  y seguir caminando, esa es la orden.

Pienso que todo  esto nos enriquece y nos hace mejores personas estoy seguro de ello.¿Seremos resilientes? pienso que en gran cuantía pues  todos estos aprendizajes  dan cuenta de ello.

Yo  estoy tratando de acortar la distancia entre mis afectos y yo, lo que me conduce a ir cerrando ciclos en este momento de  mi vida que nunca imaginé y que me produce un poco de miedo por todo lo que eso implica, cultivando el desapego de mis cosas tan familiares y mis rutinas cercanas, es un nuevo ciclo  lleno de muchos  amaneceres  por  descubrir, con   horizontes  llenos de expectativas ante este futuro próximo por vivir.

Sólo le pido a Dios que me llene de infinita sabiduría para saber sopesar lo que es verdaderamente importante en este nuevo camino por transitar y que en el tren de mi vida se sigan montando personas que me nutran el alma para  hacerme mejor  persona  y que este compartir con la extensión de mi familia mis nietos, sea propicio para sembrar árboles con raíces profundas y ramas frondosas para aguantar las tormentas y los momentos de remanso y de infinito amor.

El amor en tiempos de diáspora hace aflorar un sin fin de emociones y sentimientos y nos permite ir amoldándonos ante esta realidad que nos arropa, poniéndonos una coraza ante las adversidades y a disfrutar al máximo los momentos gratos de estas vivencias, que cada quien la vive a su manera.


domingo, 26 de enero de 2020

Fuga y encuentro/ Tibaire García


Caracas, 25 de enero de 2020

Escrito Club de Escribidores de Caracas
El amor en tiempos de diáspora

Fuga y encuentro
Jueves 17 de octubre de 2019. Me había anunciado que la salida de la casa era a las tres de la madrugada, y que le parecía conveniente contratar los servicios de un taxista, para que yo no transitara por los riesgos de un camino solitario y oscuro. Esta vez entonces me liberaba de caminar por ese amargo y húmedo piso cinético que en ocasiones pasadas había dejado mi corazón suspendido y mi alma agrietada.

Algo  muy peculiar, fue que pasaron más de cuarenta y ocho horas para que yo casi sin percatarme, y con la muy buena excusa de buscar algo que en el resto del apartamento no encontraba, abrí la puerta de su habitación y descubrí que no era algo lo que me faltaba, sino alguien. Un espacio vacío de olores, de piel, de unos ojos verdes usualmente encajados en alguno de sus artefactos electrónicos, y desprovisto de música, de un “dime mami” o un “bendición mamá”. La cama tendida con su edredón preferido, también algo de su habitual desorden y unos chocolates y golosinas que había dejado para mí.

No supe en qué momento se reunieron en mi rostro la ternura con las lágrimas; en mi ser la soledad con la esperanza, y la rabia y la tristeza se entretejieron con vestigios de “ella va a poder y yo también”.

Han transcurrido tres meses. Noventa días en que el amor se ha colado por la virtualidad. Esa que aún no nos deja llegarle al calor y al olor. Mas que sin embargo ha permitido que fluyera la comunicación para transmitirnos cariño, ideas, proyectos, ilusiones, atrevimientos, decisiones valientes, intimidades, protección.
Fue una fuga?  Sin dudas.  Se fue huyendo?  Indiscutiblemente.

Y más allá de ésto, qué?   Aparece un profundo sentido ante ella, y ante mí.
Las dos hemos visto a una María Gabriela reencontrándose con su centro, su esencia. Asumiéndose. Paseándose por decisiones titánicas. Escribiendo el guión de su historia y poniéndola en escena. Siendo quien es. Ha estado disfrutando de un encuentro maravilloso consigo misma.

Esta danza que la veo danzar ha podado mi ocasional tristeza?  No propiamente. Me ha procurado sosiego, orgullo, valor, confianza y optimismo?  Con frecuencia.
Corren tiempos de diáspora para nosotras, y por lo pronto así vamos construyendo nuestro amor.

Tibaire García
25 de enero de 2020

miércoles, 22 de enero de 2020

"Triáspora". Tres vidas que se cruzan en la diáspora


Amelia es una señora mayor. Debe tener como 80 años que no  aparenta, pues fue muy activa cuando era empleada del Ministerio de Educación. Es maestra jubilada y vive en una casa mediana, cómoda y ahora desgastada por el tiempo. 

Tiene una familia mediana; le queda un hermano menor  y tres hijos que se fueron del país con sus nietos; (como seis). Ella no ha tenido mucho contacto con ellos últimamente. Vive de la pensión, de la jubilación y de una  ayuda pequeña que le da su hermano.

Con los años, enfermó de Alzheimer, una terrible enfermedad que aunque leve por ahora, se potencia con la personalidad bipolar que ha desarrollado en soledad. Vivía sola entonces; independiente. Con su carro viejo y destartalado,  hacía mercado y regresaba. En las crisis de ambas enfermedades, gritaba, insultaba, rompía cosas, hasta que chocó su carro viejo contra el muro de la casa de enfrente, con pérdida total. Luego de eso, caminaba con su paraguas azul, ya desgastado y con un sobrerito de paja "ruñido" como para protegerse del clima. Cuando no se alineaban las enfermedades, era una señora dulce, amable, ocupada de los demás, y colaboradora. Necesitaba estar medicada pero ya no tenía a nadie que se lo dijera, recordara o la cuidara. Así es la vejez en soledad y peor si se está enfermo.

En las crisis y en los gritos, se llegó a llamar a la policía, a la fiscalía, y a la defensoría, ya que no había familia alguna que la atendiera. Entre todos, más o menos se dijo, “no podemos hacer nada, está en su casa” o “los hijos están afuera”. Un día, ella se empezó a despedir porque “ique la iban a internar en un lugar de esos…”. Y así fue, se dejó llevar.  A los días, de “ir a no sé donde”,  llegaron todos los hijos viajeros, remodelaron  la casa y la pusieron en venta.

Amelia ya entregada a su realidad, llegó a la Casa Hogar San Miguel. Allí conoció a Martha.
Martha es una joven de 19 años, estudiante de artes gráficas, una especie de artes integradas, pero de tres años  de duración; es como un técnico superior. Se puso de novia con un jovencito recién graduado  dos años mayor que ella. Martha tiene un hermanito de tres años y vivía con su papá y su mamá. Un día, la mamá le dijo que se iban del país, que se fuera a vivir con el novio, porque no se la podían llevar. A las semanas lo cumplieron y la dejaron en la calle, abandonada. Su novio, efectivamente, se la llevó a la casa de sus padres donde vivía, pero con la condición de matrimonio. Hoy está sola acá y con su marido. Viven independientes y trabaja en sus ratos libres en el Hogar San Miguel, ya que le piden en el instituto, 200 horas de servicio social comunitario. Martha se enamoró de inmediato de Amelia; es como su “abuelita”. Ahora medicada y atendida, espera impaciente y ansiosa la llegada de la hora de su “nietecita”. Por horas charlan, bailan, pintan, se cuentan historias reales o ficticias dependiendo de cómo haya amanecido la memoria, pero siempre a través de un vínculo maravilloso que da el querer.

En la Casa Hogar San Miguel hay como 180 ancianos de los cuales, 80 son huérfanos, es decir, que sus parientes los llevaron, le pagaron los primeros meses, pero que luego se “diasporizaron”, dejando de pagar. Casi la mitad, lo que quiere decir que los encargados  deben hacer un 50% más de esfuerzo para conseguir recursos que cubran los gastos de  todos. El hogar es de tipo mixto además, por lo que hay cuidados especiales según el género. La casa hogar es atendida por monjas y la directora del centro es la Madre Angustia. De noche y a veces, implora para que los parientes aparezcan y atiendan a sus huérfanos. Se pregunta si su nombre tendrá que ver con esta condición humana actual.  Los abandonados huérfanos de la tercera edad,  es otra realidad muda del país, aquella de la que no se habla, de aquellos “dejados” que no se pueden ir, que se quedan a juro y además, en la peor condición humana: el olvido.

Un día, coincidió Amelia jugando con Martha, con la Madre Angustia. La invitaron a jugar. El juego consistía en contar y escenificar recuerdos de la infancia, de lo cual a Amelia le quedaban bastantes aun. Ahora con sus medicinas, vive más tiempo del lado luminoso, aunque a veces tiemblan todos en la casa,  al llegarle la noche oscura a la mente. Las tres jugaron por mucho tiempo.  Angustia contó que su familia era de los Andes pero que todos habían cruzado por Colombia y se habían regado por América. Siempre reza por todos ellos y sabe en silencio, que ellos rezan por ella también. Para alimentar a los ancianos, ella debe viajar una vez a la semana por el país para conseguir verduras y otros alimentos que puedan pagar con su presupuesto, que rasguña entre los que pagan, con los regalos que reciben y con las donaciones.

Lo que no sabe la familia de Amelia es acerca de la cuenta “gorda” en moneda extranjera que tiene, que recuerda y que la sombra del olvido no ha llegado a borrar, porque la abrió cuando joven, cuando se podía viajar. Hoy, las tres celebran las bendiciones de la vida,las sorpresas y el asombro de las cosas que nos pasan sin buscar, del futuro y del querer. Hoy, las tres se abrazan, lloran de alegría, y celebran que están juntas, (entre otras cosas).

Alberto Lindner


lunes, 20 de enero de 2020

AMOR EN TIEMPOS DE DIÁSPORA

La ley de gravitación universal fue formulada por Isaac Newton en 1687. El sabio inglés dedujo que la fuerza con que se atraen dos cuerpos es proporcional al producto de sus masas dividido por la distancia entre ellos al cuadrado.  Es decir, cuanto más masivos sean los cuerpos y más cercanos se encuentren, con mayor fuerza se atraerán.
Newton formuló la ley deducida empíricamente de la observación, no tenía suficientes datos como para establecer valores cuantitativos. Asumiendo que los cuerpos o masas considerados por el físico, fuesen inanimados, podemos realizar un ejercicio de imaginación y preguntarnos: 

¿Aplica la ley cuando se trata de cuerpos animados, con emociones y sentimientos?

Una diáspora ha afectado a nuestro país en las últimas décadas; una estampida de millones de personas huyendo por el mundo en búsqueda de libertad, seguridad y de un futuro mejor. En esa separación producida entre amigos y familiares ¿Cómo se afecta la "atracción" entre ellos cuando se incrementa la distancia que los separa?

Hace unos meses, me conseguí, a la salida de la urbanización, a una señora que trabaja como doméstica cerca de mi casa. Estaba lloviznando, y le ofrecí llevarla a la parada más cercana. Abordó el vehículo y se sentó en el asiento de atrás; tengo un Toyota Corolla, y cualquiera que me haya visto, pensaría que estaba "matando tigres" como taxista. Comenzó a llover torrencialmente y decidí llevarla hasta su casa. En el trayecto Maricruz -así se llama- me contaba que tenía dos hijos que habían emigrado a Canadá. Le dije: "Que bien, entonces en algo la deben ayudar". Me sorprendió cuando me dijo que tenía más de dos años que no sabia de ellos. Que más nunca la habían llamado. Que había logrado hablar con algunos de los amigos y que estos  le habían dicho que sus hijos se habían mudado de localidad, y que tan pronto se establecieran, ellos la volverían a contactar.

A través del retrovisor, por momentos, podía observar cómo escurría sus lágrimas. Continuó contándome que ellos vivían en Punto Fijo y su esposo trabajaba en la refinería. Cuando sus hijos terminaron el bachillerato se vinieron a estudiar a Valencia. Con el tiempo, con un préstamo de la compañía, adquirieron un apartamento cerca de la universidad. Su esposo quedó desempleado cuando se inició la destrucción de la petrolera. Los jóvenes culminaron sus estudios, el varón se graduó de ingeniero y la hija en administración. Años después, por la misma crisis del país, decidieron emigrar.  Al esposo le dio un ACV y permanece medio ciego en casa y ella tuvo que ponerse a trabajar como doméstica. Dejé a Maricruz frente al edificio donde vive, pero ella me dejó pensativo el resto del día.

Semanas después me la conseguí, le pregunté que había pasado, si había logrado contactar a los muchachos. Me dijo: "No señor, yo ya me resigné, decidí no seguir buscando, ellos saben dónde estamos nosotros, que sea lo que Dios quiera".

Son millones los venezolanos que han emigrado y son innumerables los relatos y anécdotas que se escuchan. Muchas alegres, otras tristes y dolorosas. Deseo pensar que, en  el caso de Maricruz, se trata de algo excepcional; que el común denominador es que los hijos dispersos,  continúan estando pendiente y velando por el bienestar de sus padres.
A veces no sabemos apreciar lo que tenemos, hasta que lo perdemos. Muchos de estos, ahora emigrantes, cuando estaban en Venezuela, probablemente no visitaban tan a menudo a sus   familiares y amigos. O quizás si lo hacían, pero sin apreciar la bendición que es tenerlos tan cerca. Ahora que están lejos, añoran a su gente. En la fórmula de Newton, los cuerpos mientras más se acercan, con mayor fuerza se atraen, pero cuando esos "cuerpos" son seres humanos, ocurre lo contrario; cuando estamos cerca nos atraemos, pero cuando nos alejamos, esa atracción aumenta fuertemente.

No es fácil desarrollar una fórmula para determinar ese efecto de la diáspora,  pero cualquiera que sea, el elemento principal es el amor. Otros factores pueden estar presente, pero el amor es   determinante. Fundamentándonos solo en la observación - la misma en que se apoyó Newton para formular su ley- podemos deducir empíricamente, que en tiempos de diáspora, el amor crece directamente proporcional al tamaño de nuestros corazones e igualmente proporcional al cuadrado de la distancia que nos separa de nuestros seres queridos.

Lionel Álvarez Ibarra
Enero 2020

Nota: ¡Me tropecé con Maricruz! Me dijo que habían aparecido los muchachos. Que ya estaban ayudando para las medicinas del viejo. Sigo pensando que ese "vacío de amor" de más de dos años...no tiene excusas.