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domingo, 6 de septiembre de 2020

Reunión del CEC de septiembre 2020

 Día 161 de la cuarentena, casi 6 meses de "quédate en casa"

Reunión CEC

Club de escribidores de Caracas

Septiembre 2020

Domingo, 27 de septiembre

11 am

Zoom

Host: Don Luis

Tema: 6 meses después, ¿ahora quién soy?

RSVP


domingo, 30 de agosto de 2020

Los miedos secretos/Lionel Alvarez

Vi correr algo por la orilla de la pared, tan rápido que no logré identificarlo. Me asomé al pequeño baño de servicio, y ¡allí estaba! Como me temía, ¡era una rata! Busqué al gato de la casa  -el viejo Jim-, lo metí dentro del baño y cerré la puerta. Esperé como unos veinte minutos, cuando abrí de nuevo, Jim salió ¡como alma que llevaba el diablo!

El bañito era muy pequeño, de tan solo un metro cuadrado. Decidí entrar, cerré la puerta, me monté sobre el inodoro, y con un palo de escoba intenté darle por la cabeza. El animal comenzó a chillar horriblemente, a dar brincos y a tratar de morderme a la cara. Solté el palo y salí ¡más asustado que Jim! 

Recuerdo el evento como mi primera experiencia de miedo intenso; dicho de manera coloquial: "se me pusieron de corbata". La rata decidió atacar y yo decidí huir. Mientras me recuperaba del escalofrío, y con la respiración todavía alterada, podía oír claramente los latidos de mi corazón. Es una experiencia que poco he compartido, así que pudiéramos decir, se trata de un secreto.

Todos, sin excepción, hemos sentido miedo en algún momento. Hasta los más valientes, esos que hacen la cola para subir a las aterradoras montañas rusas, sonreídos y llenos de entusiasmo, llevan su miedo oculto. Coraje no es ausencia de miedo, es actuar a pesar de tenerlo.
El miedo es una emoción básica, y no tenemos por qué sentir vergüenza en reconocer que lo sentimos. Cuando niños, lo demostramos de manera natural, pero en la medida que vamos creciendo, moldeados por la cultura, comenzamos a pensar que no deberíamos mostrarlo en público, quizás porque tememos pueda ser interpretado como cobardía.

Tal Ben Shahar, profesor de Psicología en la Universidad de Columbia, explica que cuando tratamos de bloquear o suprimir una emoción -como el miedo, por ejemplo-, ocurre lo contrario, ella se intensifica. La paradoja es que cuando la aceptamos es cuando se debilita.  Comenta que cuando comenzó a dar clases, el desafío más grande que enfrentó fue su timidez, que lo ponía nervioso al presentarse ante una audiencia. Al principio trató de neutralizarla con actitudes mentales positivas, como: " tranquilo, todo va a estar bien, lo puedes hacer, nada que temer..." el resultado era que su miedo se incrementaba. Dejó de usar esa estrategia luego de leer el trabajo de investigación del psicólogo Daniel Wegner, de la Universidad de Harvard, que desarrolló una teoría que llamó, "Teoría de los procesos irónicos", en donde demuestra que, intentar suprimir un pensamiento, es la mejor manera de que este pensamiento regrese una y otra vez.

Los mecanismos del miedo con los que la naturaleza nos ha dotado, fueron muy valiosos a lo largo de la evolución, permitiendo detectar las amenazas, antes de que fuera demasiado tarde, y eso fue determinante para la supervivencia de la especie.
Están bien identificados los detalles fisiológicos de cómo el miedo prepara al organismo para responder ante el peligro, ya sea: la huida, el ataque o el bloqueo. La sangre se va a los músculos de las piernas, para facilitar la huida, quedando el rostro pálido. El cuerpo se congela y un torrente de hormonas circula por el organismo.
Hoy en día, es poco probable que nos consigamos de frente ante un depredador, pero nuestro mecanismo del miedo sigue activo, en alerta continua, tratando de captar cualquier cosa que pueda suponer un peligro.

Pero no siempre el miedo surge ante un hecho real y presente. Generamos temores por situaciones que no han ocurrido, pero que pensamos, pudieran suceder en el futuro, como: perder el empleo, que nos aplacen en un examen, que no consigamos las medicinas, que nos atraquen en la esquina... Son solo posibilidades, pero nuestra mente no diferencia un riesgo real de uno imaginado, y es suficiente para comenzar a sentir los efectos fisiológicos del miedo.

Winston Churchill dejó escrito: “Me he pasado la mitad de mi vida preocupándome por cosas que nunca me ocurrieron”.  De allí la importancia de silenciar nuestra mente, de calmarla, acudiendo a nuestros espacios de silencio, serenidad, quietud, meditación y oración.

Lionel Álvarez Ibarra
Agosto 2020

"Bajo la máscara de la temeridad se ocultan grandes temores".
Marco Anneo Lucano.  Poeta romano.

Bienvenida soledad/ Maria Elena Garassini

 

Miedos secretos: Bienvenida Soledad

La vida es en definitiva la integración de lo que nos va pasando en los diferentes momentos que transcurren, a veces con claros cambios, y otros como sutiles transiciones. Cuando hacemos retrospectiva de lo que ha sido nuestra vida, de lo que la ha marcado, de lo que agradecemos, también, de manera complementaria, aparecen nuestras vulnerabilidades, nuestras frustraciones, nuestros temores y cómo los hemos afrontado.

Cuidar y soltar han sido mis herramientas para lidiar con los temores, que como bien decía Gudelia en el chat, son muchos, pero hacemos que no se noten.

Mi mayor temor es la soledad, por eso trato de cuidar proactivamente y también soltando, sin sofocar, mis relaciones.

Esta claridad en el temor a la soledad y mi forma de lidiar con él, lo he descubierto en forma consciente, como consecuencia de la migración. En tu país, con tu familia, con tu trabajo y tus amigos de toda la vida, en fin, en el contexto donde aprendiste a desenvolverte desde la más tierna infancia, todo es conocido, todo es predecible y tú vas evolucionando con él. Al llegar a un lugar diferente, y empezar desde cero en todo, utilizas todos tus recursos, al mismo tiempo que empiezan a aflorar todos tus temores en el manejo de las frustraciones que empiezas a vivir. Te haces un experto en usar tus recursos y también en reconocer, y tratar de lidiar con tus miedos.

Todavía sin mucha conciencia de la soledad como mi mayor temor, un psicólogo colombiano amigo, y parte de un grupo de estudio, nos presenta la Psicología de la Soledad y nos habla de varios tipos de soledades: la social (la de pertenecer), la soledad interpersonal (la de relacionarte con otros), la soledad íntima ( la de importarle y que te importen personas cercanas), la soledad amorosa ( la de compartir un proyecto de vida, complicidad e intimidad con una pareja), la soledad filial (la de sentir conexión con padres o hijos), la soledad laboral (la de ser parte de un grupo de trabajo), la soledad prospectiva ( la de  tener un proyecto de vida), la soledad intelectual ( la de  tener cabida a la reflexión) y la soledad de tiempo libre ( la de tener pasatiempos agradables y retadores).

Esa revisión exhaustiva de la soledad, activa en mi, de manera consciente, mis recursos de proactividad para mantener todos mis vínculos internos y externos (desde los íntimos , hasta los más lejanos), como mi forma de afrontamiento a mi mayor temor, la soledad.

Esta disertación con la soledad me ha permitido cuidar mi propia intimidad, con el disfrute de actividades en solitario, en pareja, en familia, en familia extendida, en grupos de amigos, en grupos de trabajo o de estudio, y con las personas que te relacionas de forma periódica o que la vida te pone en tu camino.

He descubierto que tu mayor temor puede ser tu mejor mejor amig@ y tu mejor consejer@, óyelo, invítalo a que te acompañe en todos los momentos. Bienvenido temor a la soledad, mi inspiras e impulsas a ser mi mejor versión.

 

María Elena Garassini