Mostrando entradas con la etiqueta mi experiencia con Lele. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mi experiencia con Lele. Mostrar todas las entradas

sábado, 18 de noviembre de 2017

Mi experiencia con Lele CLR

Una mano firme, segura, práctica y certera, que no dudaba, y quizás con el hábito que desarrolla la práctica, tomó la otra, apenas asomada, sin fuerza, perteneciente a un ser que sentía ahogarse, y en ese momento no sabía como seguir nadando y flotar…
Ese fue mi primer encuentro con María Elena Garassini, en su oficina, en uno de los días de mi vida en que me sentí realmente desvalida. Yo tomé esa mano y me dejé guiar hacia donde me indicó, refiriéndome a dos personas que en ese momento me ayudaron a ver las posibilidades. Con ella y una de las personas tuve solo una conversación. Cada una de esas conversaciones me sirvieron para apoyar un pie, para hacer fondo y volverme a impulsar. La otra persona se metió amable y amorosamente en mi corazón, para que yo lo pudiera escuchar.
Por María Elena Garassini siento Gratitud.

Descubrí luego que esa María Elena Garassini estaba dictando en la Universidad Metropolitana un taller de psicología positiva para  profesores, que vi como oportunidad para apreciar otras miradas sobre temas que habían sido siempre de mi mayor interés personal. Disfruté mucho ese taller, validando algunas de mis ideas y prácticas, consolidando otras, y aprendiendo muchas más. Luego se abrió el diplomado de Psicología Positiva, coordinado por ella y yo, con muchas ganas de participar, siempre tenía en mi vida alguna otra prioridad por encima de ese interés. Trabajando, igual que ella, en la universidad, siempre tenía referencias de lo bien que resultaba y el éxito que tenía.

María Elena Garassini me lucía inspiradora.
Entonces, frente a un reto personal crucial, la amorosa persona que había estado en mi corazón me recordó que tenía pendiente aquél diplomado y que era el momento de inscribirme para aprender y aprovechar las herramientas que me ayudarían a mejorar mi bienestar. María Elena tomó mi mano una segunda vez al atender la petición para ingresar en la cohorte que estaba por comenzar. Hice los dos diplomados de Psicología Positiva. Y recibí con ella la primera clase y la primera materia. Alli estuve en espacios donde pude compartir intereses y algunas creencias con tantas personas diferentes que me mostraron perspectivas que no hubiera imaginado.

María Elena me parecía exitosa.
Me doy cuenta que hasta ahora. En nuestra interacción, María Elena se movía en su ámbito laboral y profesional, mientras yo lo hacía en el personal.
Habiendo decidido retomar un hábito placentero que sin duda contribuye al bienestar, me apunté en los talleres de escritura positiva de Ángela Feijóo. Cumpliendo con los requisitos del momento, ingresé al Club de Escribidores, que ya tenía algún tiempo de creado y al que María Elena pertenecía, donde la mayoría de las personas, de su cohorte favorita de los diplomados, la llamaban, cariñosamente, Lele. Durante mucho tiempo, sintiendo que no la conocía lo suficiente, para mí continuó siendo María Elena.

Con el tiempo, aquella distancia desde la que yo la veía en su ámbito profesional, se fue acortando a medida que compartíamos sinceros escritos con los que nos mostrábamos y, durante los ratos de nuestros encuentros, con el intercambio de alguna opinión y sobre todo, inmensa, gratificante y cómplice diversión.
Aunque ya hizo por mí suficiente para una vida, siento que la razón por la que nos hemos cruzado todavía no se ha materializado.

María Elena Garassini, en este club pasó para mí a ser Lele. Y estoy segura que un día ella también se enterará del sobrenombre que utilizan mis seres cercanos.

Carmen Lucìa Rojas

Garassini

El apellido en cuestión no tiene traducción del italiano; se traduce a sí mismo. Sin embargo, la búsqueda de su origen me lleva a un pequeño pueblo al norte de Italia, justo muy cerca de San Remo, en el mediterráneo; como debe ser.  Quizá hace algún tiempo ese apellido viajó en busca de mejores oportunidades de la Europa del siglo XX que solo conoció guerras, y divisiones, encontrando en la Venezuela de América, un espacio de paz, de oportunidades y de acogimiento.

Así es como desde todas partes del mundo llegaron, los Abrahan del Líbano, los Cavero del Perú, los Lindner de Alemania, los Arnone de Italia, los Da Gama de Portugal, y los García de España; (los Garassini también). Todos convergieron en este maravilloso país para construir historias juntas y alimentar tesoros de imágenes y recuerdos del pasado para la edad de oro, y esperanzas, trabajo y optimismo para el  futuro. Es que somos hijos de la movilidad, en la cual aspiramos en estar mejor y poder conseguir en cada paso que damos, la mejor versión de nosotros mismos, para que podamos entender a la felicidad, no como una entelequia sino como un hecho tangible, posible y alcanzable. Somos hijos del devenir; y desde allí, no es extraño que tengamos raíces muy lejos del “acá y ahora”, y no es extraño entonces, que podamos ser raíces en otras partes también.

El devenir es parte de lo maravilloso de la vida, es lo que nos conecta cada día con un mundo de posibilidades, de oportunidades y de retos. Hoy en día, ya no me burlo más de la frase de aquel personaje de Ibsen Martínez que se llama Eudomar Santos, en la obra “Por estas calles”, donde decía con cierta insistencia y como letanía justificativa: “como vaya viniendo, vamos viendo”. Por años la he usado para explicar lo que no se debe decir en la aplicación de la gerencia. Hoy en día, no me parece desacertada. Es el devenir. Lo que nos va pasando mientras vamos viviendo y viceversa, en este inacabable esfuerzo por no decaer y en él, aunque parezca mentira, poder ayudar a otros a que lo intenten.

En el devenir entonces, no es extraño que nos movamos. No importa, pues vamos a construir otros mundos en la mirada positiva del bienestar. Además, este grupo más que ninguno conoce la diversidad y la fuerza del movimiento  del devenir, ya que procedemos de muchas partes. Es así, que en esta realidad, construimos un mundo diferente, un mundo más amplio, un mundo-mundo. En esta realidad, los amigos que se mueven, lo hacen para muy cerca, en la misma aldea global. Solo, los dejamos de ver por un ratito físicamente pues siempre sabemos que estarán allí; es más, casi al lado del corazón.

Así que Lele, que te puedo decir que no haya dicho y cuanto todo lo dicho sea por tu causa. Los amigos no se van; todos los movemos; eso es lo mágico de la vida. Lo importante del todo, es poder ser parte de ello; nada más. En el ínterin, nos amamos, reconocemos intensamente y somos sin dudas, parte de todos con los que hemos tenido la dicha de cruzarnos y convivir. Solo te mueves un poquito y por poquito tiempo. Todo sigue, todo cambia, en el entendido de lo aprendido en la psicología positiva, es que nos movemos para ser mejores, y para amar y ser amados con más fuerza.

Feliz viaje querida amiga; estamos cerca, nuestros corazones están entrecruzados y eso, ni la fuerza de la distancia lo puede cambiar.  Te queremos mucho.


Lele, yo hoy te regalo: “un mapa de ruta que te lleve a puerto feliz y allí construyas naves mágicas para que en un futuro, todos podamos navegar sin tener que despedirnos”.