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domingo, 27 de abril de 2025

Lidiando con los ayayaes del alma y cuerpo/María Elena Garassini

 Lidiando con los Ayayaes del alma y del cuerpo

 Waooooooo que temazo este que nos ha propuesto Gude para escribir este mes. Yo no sé si es la cercanía a la década de los 60, la migración, los cambios y retos en la vida personal y laboral, o la simple exacerbación de una característica de personalidad relacionada con la hiperreflexibilidad y la necesidad de anticipación, pero los ayayaes, no tanto del cuerpo sino del alma están a flor de piel en mi experiencia diaria.

Para cada persona, un ayayay , es decir, tener que lidiar con algo, puede ser definido en forma muy subjetiva y personal.

Empecemos con lo que es un ayayay. Como no es fácil definir los términos asociados a las vivencias personales, comenzaré diciendo que para mí un ayayay sea quizás un tema que se me hace recurrente, que no he conseguido una solución con la que esté conforme, o que siga requiriendo de mi atención, y por supuesto que me distraiga de estar haciendo otras cosas que sumarían a mi vida: aprender, distraerme, descansar , en vez de preocuparme.

Cuáles serían los ayayay de mi presente actual del cuerpo y del alma

Del cuerpo la presbicia y la menopausia. Para la presbicia los lentes, para la menopausia, diferentes productos y muuuuuucha paciencia.

Del alma , la revisión de mis roles y la necesidad de pertenencia y compañía.

La revisión de mis roles

Mi rol de mujer, siempre estoy preocupada por las injusticias que leo, oigo, veo, e incluso me tocan por ser mujer.

Mi rol de hija, a veces me cuestiono si hago TODO lo que debería para apoyar a mis padres, en conjunto con mis hermanos, hijos, etc.

Mi rol de hermana, me preocupa no tener un contacto permanente con mis hermanos, para saber los unos de los otros, porque si sabemos que el otro está allí y lo podemos contactar, y con él o ella, para lo que necesitemos

Mi rol de mamá, es quizás siempre el que más me preocupa, porque aunque tengo un buen canal de comunicación , siempre abierto con mis cuatro hijos varones, además son muy distintos entre ellos, y viven realidades y retos particulares, me cuestiono si debo o no decirles ciertas cosas, opinar, proponer, etc.  Con todo, y que en conjunto con mi esposo, los apoyamos en todo lo que podemos. Quizás es que parte de la maternidad/paternidad es lidiar con los ayayaes de los hijos , o de nuestra relación con ellos.

Mi rol de esposa, quizás en este rol, los ayayaes están bastante trabajados por la cantidad de años de convivencia (casi 40 de matrimonio y 4 de noviazgo ¡!!!). No obstante, siempre hay algún ayayay en lo que se dijo, o no se dijo, lo que se opina o lo que se hace, pero esto mantiene viva y hace felizmente retadora el cultivo y renovación de la relación

Mi rol de profesora, quizás por la migración, y las diferencias culturales, con frecuencia me preocupo de algún comentario que hice en clase sobre la forma que deberían pensar, opinar o comportarse los jóvenes estudiantes. Esto me genera con frecuencia ayayayes.

Mi rol de psicóloga, este rol es profundamente retador para los que lo ejercemos, o lo es para mí cuando lo ejerzo porque las realidades de los pacientes, con frecuencia son muy complejas, y abordar los procesos psicológicos que los aquejan, no siempre es sencillo, y cuestionarse la forma en que hizo, algunas veces, incluso para bien del ejercicio reflexivo, es un ayayay profesional.

Mi rol de voluntaria apoyando proyectos sociales siempre ha sido algo muy importante en mi vida personal y profesional. Si bien de manera natural digo que si a todos los que me piden apoyo e incluso me ofrezco de voluntaria para donar mi tiempo como profesional del desarrollo humano, con frecuencia me veo cuestionándome o preocupada de si estoy haciendo lo suficiente, lo que se necesita, y un largo etcétera.

La necesidad de pertenencia y compañía

Este es un ayayay que surge de una necesidad, quizás exacerbada mía, de pertenencia a grupos y de compañía de personas para conversaciones cercanas.

Siempre he pertenecido a grupos y he contado con la bendición de tener personas con quienes tener buenas conversaciones. Después de migrar me he esforzado mucho por pertenecer a grupos de áreas de mi interés, integrándome a grupos que ya existían en el lugar de acogida, e incluso creándolos, si no existían. De igual manera he buscado iniciar, y mantener nuevas relaciones que se han hecho cercanas , y cuidar mucho, utilizando los medios digitales las relaciones de toda la vida familiares y de amistad, perooooo, y de allí viene el ayayayyyyy, me hace mucha falta poder tener de manera periódica ciertos encuentros presenciales, que eran parte importante de mi vida antes de migrar: todos los almuerzos familiares de domingo en casa de mi mamá, asistir y apoyar en elaborar algún postre, cremita, etc. para celebrar cumpleaños, bautizos, graduaciones, matrimonios, e incluso ir a velorios y misas. Además reuniones con amigos y personas queridas que compartimos algo en común.  Para muestra un botón, con ustedes mi amigos del club de escribidores.

En fin, pareciera que es parte de la vida, o de vivir, estar lidiando con los Ayayaes del alma y del cuerpo.

María Elena Garassini

domingo, 28 de abril de 2024

camino a la espiritualidad/Lila Vega

Autor: Lila Vega

 ¿El camino de mi espiritualidad ?  Se sonrió, no consideraba que esa era una de sus características más relevantes.  Era más bien una persona de acción. Pero, la pregunta no desaparecía.  ¿Cuál era su dimensión espiritual?  ¿Cómo la entendía? 

Recordó su primera experiencia de voluntariado.  
Se ponía su uniforme escolar como todos los días pero, en lugar de bajarse en su colegio con sus hermanos, se quedaba unos metros más allá, en la entrada de la comunidad de El Placer de María. Su escuela había construido un centro comunitario ahí. Durante un mes, ella trabajaría con un grupo de niños. Les ayudaría con sus tareas escolares. 
Para llegar al pequeño salón había que bajar una escalinata empinada y cruzar un corto puente. Tenía un pizarrón, unas repisas con libros, ocho pupitres y grandes ventanas que dejaban entrar la luz y la brisa. 

El primer día tomó un pedazo de tiza y, tal cómo hacían en su escuela, escribió en la pizarra « Baruta , 20 de junio de 1972 » Luego escribió su nombre, se sentó y esperó que llegaran sus alumnos.  Entraron corriendo.  Unos eran muy jóvenes, siete años tal vez.  Había un par que seguramente eran mayores que ella, 13 o 14 años. Les hizo algunas preguntas y luego escogieron un cuento para que ella lo leyera.  Recordaba la maravillosa narración que América Alonso hacía de Pedro y el lobo e hizo su mejor esfuerzo por ofrecerles un relato emocionante. Leer cuentos terminó siendo su actividad favorita en esas cuatro horas diarias de trabajo. 

A media mañana llegaba la merienda.  Casi siempre era un sanduchito con jamón y queso y una mandarina.  Los niños se alegraban al recibirla.
Desde las ventanas del salón podía ver la extensión del Placer de María.  Estaba enclavado en una ladera con una inclinación de no menos de 60 grados.  Las casas de bloque se incrustaban en la montaña y una interminable secuencia de escaleras comunicaban unas casas con otras.   De los postes de luz colgaban marañas de cables que llegaban a cada casa. Algunas edificaciones eran de dos piso, otras tenían techos de zinc.   

Empezó a identificar las diferencias entre esta comunidad y su vecindario. En el suyo siempre había agua, los cables de electricidad eran subterráneos y no había aguas negras en la vía pública.  Pero a medida que fueron pasando los días, la joven voluntaria empezó a ver otras cosas.  Era un vecindario unido. Ella no sabía cómo se llamaban los vecinos que vivían a cinco casas de la suya pero para esta gente parecía importante conocer bien a los suyos.  
Algunos días, las madres de los niños se acercaban a buscarlos. Le gustaba cuando eso pasaba.  Siempre eran amables con ella y le daban las gracias por el trabajo que hacía con sus hijos. Con frecuencia le traían algún dulce hecho en casa.  Fue ahí cuando probó por primera vez una galletas muy oscuras, olorosas a melaza y deliciosas, catalinas les decían. 

Al finalizar el mes, se despidió de sus alumnos que ya habían terminado su año escolar al igual que ella.  Se sintió satisfecha con lo que había logrado. 
Esa experiencia la marcó.   Todos los años se acercaba a preguntar si había algún trabajo para ella.  Y siempre encontraban la manera de incluirla en alguna actividad.  Años más tarde, ya siendo pediatra, pasaba una mañana a la semana haciendo consulta en el mismo salón en el que había dado clases a ese pequeño grupo de jóvenes.  

Fue una oportunidad para ver el mundo desde otro lugar.  Descubrió que servir a un propósito más grande que ella le hacía sentir bien y le daba sentido.  ¿Trascender?  ¿Apreciar la belleza que se esconde detrás de nuestros prejuicios? 
Se reclinó y agradeció la pregunta que le habían hecho.  No le había dado crédito a su espiritualidad. No se había dado cuenta de lo cotidiano de su experiencia.

ALMA/ Irma Wefer

 

Alma

 

Quizás una de las reflexiones más peregrinas que nos podamos hacer es tratar de descifrar lo que es el alma. Quizás solo sea una ilusión tratar de entender lo intangible, lo indescifrable. Sin embargo, nunca dejaremos de intentarlo, a riesgo de extraviarnos o contradecirnos.

     El alma es principio y fin de todo lo que imaginamos existente. Es raíz y centro de todo lo importante.Es el hilo que teje nuestras posibilidades de comprensión, de apertura, de visión interior.

     Alma paradójica que sin sentir se transforma con el sufrimiento. Camina sobre los vidrios rotos con el único propósito de aprender.

      Alma invencible que no se agota en la incertidumbre. Permea al mundo y lo despoja de sus creencias que no son para ella sino espejos fracturados, fracciones de imágenes fraudulentas.

      Alma inocente, inalcanzable para los demonios que pueblan las pasiones, contempla extasiada la belleza y el bien desde el desapego de sus miedos.

Alma que esrefugio de certezas, destello de nuestros aciertos, heredera de la alegría y del amor incondicional, hogar de la libertad; espacio medular donde habitan el agradecimiento, el despertar del ser, el chispazo de la curiosidad y el poder de crear.

Alma valiente que no cesa en buscar un sentido que la arrope y la lleve a traspasar la puerta de la muerte con dignidad. Travesía armoniosa de la plenitud.

A veces atrapada en la red del ego, desalojada de sí misma, se consume en desconciertos.Entonces se ve obligada a encontrarse a sí misma para poder trascender. 

Conectada con todo,hábil jardinera,el alma cultiva los silencios y el caminar despacio para poderdescubrirse y descubrir quien quiere ser.

     Para ella, el tiempo, no es sino el estigma con que el hombre se obliga a vivir.

En fin: alma, siempre aventurera incapaz de entender la grandeza de su infinitud.

 

Irma Wefer

sábado, 30 de abril de 2022

Soñando poesía/Jesucita Peters

 

Autor: JesucitaPeters S.

Reunión: 24-04-2022

Soñando Poesía

Estando mirando mi caja de poesía, vestida con colores pasteles que invita a saborearla como si fuera la torta de cumpleaños más deseada, y de repente veo salir luces de ella que contagian alegría y estimulan mi imaginación en la búsqueda de esas metáforas, que me hacen falta para encender mi mundo mágico interno para la construcción de ese algo que aún no séqué es, pero se siente como las ramificaciones del caudal de un río próximo a crecer.

De mi caja de poesía  se vislumbran metáforas con múltiples palabras para hilarlas con sosiego y pausa, como ese atardecer de otoño que ilumina el horizonte de tonalidades naranjas, amarillas, rosas, azules que hacen palidecer de tanta belleza  al  que  observa y la saborea como el néctar más dulce de esa estación.

Para mí que soy del signo zodiacal Capricornio, me es difícil dejar volar mi imaginación y me cuesta levantar los pies sobre la tierra y dejarme elevar cómo el papagayo multicolor qué le brinda al niño esa alegría y sonrisa cada vez que lo remonta alto y  más alto, desafiando la libertad que le regala el viento que arremolina su pelo con desparpajo absoluto y lo hace sentir que todo lo puede alcanzar con perseverancia y empeño produciendo en él un bienestar infinito.

En estos momentos estoy llevando todo un rosario de alegrías , queme hacen sentir que realmente  es bella la vida, a pesar de los altos y bajos que puedo haber tenido en el tren de mi vida, las metáforas se me hacen cortas para expresarlo, pero trataré “ Estos caminos de Dios son insospechados, pues uno piensa que las cosas deberían ser de determinada manera y nos quejamos porque no son como esperábamos, pero no nos acordamos que hay un director supremo que maneja todo a su bien saber y entender para nuestro benéfico.

Inmensamente agradecida por el aquí y el ahora de mis vivencias personales que invaden mí vida de sosiego, mensura, calidez, amor, ternura, a pesar de que el medio ambiente este gélido, pero mi yo interno está cálido como el fuego que se desprende de la chimenea, en las noches invernales.

Ver lo maravilloso que es el nacimiento de los seres que amamos, pieles rosadas, manitas con deditos alargados, lo reviso y lo reviso para ver que está completito, definitivamente la obra del Señor por demás maravillosa, estoy recibiendo los regalos de mi otoño, para mí novedoso por demás, me hacen regresar a etapas pasadas y me rejuvenecen todos los días al contemplarlos y  jugar con ellos. En estos momentos creciendo mi jardín de nietos, yo cultivándolos con el abono de amor de abuela más preciado, no podía pedir más.

Mi caja de Poesía y Metáforas se está agotando, no porque no hayan más, sino que la vorágine que conlleva tener un recién nacido en casa, el cual determina una logística significativa de quehaceres, en dónde la abuela juega un papel significativo de apoyo y amor incondicional, por estos horizontes entre pañales, besitos y apurruños el amor se multiplica por demás y la abuela muy contenta por eso, el tren de mi vida está repleto de felicidad, en conclusión “Es bella la vida.”

mi primer poema / Alberto Lindner

 Las palabras no alcanzan

Nunca fueron suficientes las palabras;

se ahogaron en un suspiro indeleble,

que pasó de repente y sin avisar,

dejando una  húmeda estela

 

¿Por qué no me urgí a enhebrar estelas, entonces,

en vez de dejarme llevar por tu partida?

Distinto hubiera sido.

Distinto, porque nunca las palabras han sido suficientes

 

Este tipo de amor no crece en la consciencia,

No la conoce, le es extranjera.

Crece en las entrañas de la luna

cuando la noche es de soles

 

Entonces me marcho y te recibo,

me rio y lloro

Me mojo y me seco

Me hiervo y me enfrío

 

La caja de amores ha de quedar vacía por un tiempo.

Asi es que funcionan las cosas.

En vez de palabras me quedan sus silencios

que me permiten volar a galaxias recónditas y obscuras

 

Desde allí tejeré recuerdos y querencias

Tejeré inviernos y primaveras

Y me arroparé en la fantástica manta

de claros oscuros hilvanada, 

donde soñaré nuevamente,  con la rutina del adiós