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viernes, 31 de julio de 2015

Extracto de la novela que escribo: La relación de David con su hermano


Los dos hermanos van a encontrarse finalmente luego de varios años sin haber tenido mayor contacto. David llegó primero. Esta vez tomó las precauciones necesarias para llegar a tiempo porque sabía que podía encontrar dificultades en el camino. Además, Susana le había llamado varias veces a lo largo del día para recordarselo. Aprovechó para repasar los últimos acontecimientos de su vida tomando un café cremoso y caliente. Sacó una libreta y un bolígrafo.
Desde que comenzó a tener dificultades para dormir ha intentado cambiar varios de sus hábitos. Antes desayunaba sólo un café, almorzaba cualquier cosa muy rápido y cenaba más abundantemente. Tomaba varias tazas de café al día acompañándolas con un cigarrillo. En la noche solía sentirse muy productivo para trabajar. Fumaba varios cigarrillos adicionales y terminaba por dormir muy tarde.
Ahora, a punto de cumplir los cuarenta, se esfuerza en tener un mejor desayuno, un almuerzo saludable y una cena ligera. Además, ha restringido el café a las mañanas. Desde que comenzó a padecer de tos crónica y afecciones respiratorias eventuales ha decidido fumar solo diez cigarrillos al día. Mastica caramelos mentolados para tolerarlos. Ha llevado a cabo estos cambios animado por la idea de dormir mejor, pero también con la idea de recuperar su vitalidad que se ha visto disminuida.
Mientras hace un paseo mental por los logros obtenido en el cambio de sus hábitos, apunta en su libreta que ha tomado un café y fumado un cigarrillo en un control semanal que lleva a tal efecto. A las cinco de la tarde ya ha excedido su cuota diaria de cigarrillos con el que tiene en mano, además que se permite un café vespertino.
Hace un recuento cronológico de los eventos sucedidos en los últimos años. Cualquiera que lo mirara le produciría curiosidad verlo haciendo gestos, a veces de alegría, a veces de pesar. Como si estuviera hablando con alguien.
Piensa que su vida ha terminado siendo un desastre a pesar de su naturaleza ordenada. Hubiese deseado otro desenlace para sus asuntos personales y profesionales. Se siente hundido, como un fracasado, como un perdedor. Al hacer un recuento de sus desatinos, el rostro de David se ensombreció. De pronto no se sintió muy cómodo. Comenzó a experimentar una sensación desagradable en el pecho; una desazón que se fue tornando en resentimiento y amargura.
De pronto, se sorprendió de estar viendo con malos ojos a su hermano. No le parece justo que haya tenido tanto éxito y el no. Al pensar en su hermano, un gesto de desaprobación y disgusto se muestra en su cara. Le parece que Ilan siempre ha sido muy desenvuelto, pero muy poco escrupuloso. No sólo por ser el mayor, sino también por su personalidad, no pierde oportunidad de tomarle siempre la delantera. Cuando jugaban con los amigos en la edad escolar, Ilan bromeaba abiertamente con los compañeros, hacía competencias típicas de los niños a veces poco higiénicas o pudorosas, como ver quien orinaba o escupía más lejos. También era capaz de hacer bromas pesadas, ser más cruel e irse a los puños sin pensarlo dos veces.
Terminó por dedicarse al comercio y ha tenido éxito en sus negocios, que han prosperado, pero es una persona con una moral muy relajada, interesado y superficial.  Por qué a él le han resultado las cosas siempre más fáciles? Se preguntaba, imaginando, como en otras situaciones, que hablaba con su psiquiatra. Si yo he sido tan cuidadoso y  me he esforzado tanto! Dediqué mi vida a trabajar para poder ganarme la vida y mantener a mi familia y ¿qué he logrado a la final? Ilan se ha ganado la vida de una forma espontánea y casi gratuita. El simplemente hace lo que le provoca, ha sabido moverse y relacionarse. ¿Es así como me paga Dios? ¿Y por qué parece premiarle a él?
En su conversación interna proseguía: Claro, Rosángela ha soportado ese trote porque tiene su propia vida resuelta. Se dedica a organizar los campamentos en la Hacienda de sus padres. Esto absorbe casi todo su tiempo. En su mismo trabajo coincide con sus padres e hijos, de manera que tiene todo lo que necesita a la mano. Ilan viene a ser como una especie de cometa con su propia orbita que viene y va, siempre alrededor de ella, a veces más lejos otra veces más cerca.
En cambio, en mi caso, cuando yo trabajaba mucho Susana se sentía sola y me lo reprochaba. Ahora que me ha tocado estar más en casa y he querido disfrutar más de nuestra relación, ella resulta que quiere libertad. Los niños en sus distintas edades, siempre demandaron atenciones y cuidados cada uno en su etapa. Al pensar en sus niños se le salieron las lágrimas.
En mi vida las piezas nunca encajaron; eran como piezas de diferentes rompecabezas. Es muy triste que Susana y yo hayamos llegado a esta situación; casi nos saludamos, actuamos como dos extraños en la misma casa. Creo que las cosas han empeorado con la condición de mamá. Ella necesita muchas atenciones y esta ha sido toda una carga para Susana. Tal vez por eso continuamente habla de su libertad.
Imagino que a Ilan no le va a gustar mucho mi idea de que se lleven a mamá para la hacienda y mucho menos a Rosángela. Pero, ¿y cómo hacer? Debo salvar el matrimonio, y con mamá viviendo con nosotros es imposible. Ya estoy harto de tener a mamá en casa; cada vez que me ve me dice “papiiito”, con los ojos entornados y vidriosos, como a punto de llorar, mientras eleva sus manos haciendo gestos de que quiere acariciarme. Le huyo cada vez que me viene con eso!
Lo que Ilan no sabe es que David se siente asfixiado en su supuesto mundo perfecto. Viene a pocas cuadras y camina lentamente. Se ve abstraído y un poco despistado. Ha fumado varios cigarrillos en la caminata desde la estación del metro. A pesar de estar una muy cerca del lugar donde se encontrará con su hermano, prefiere quedarse una estación antes y caminar el trecho restante, de manera de poder pensar en sus asuntos.
La euforia de los viajes, el cambio constante de rutina y el sexo con diversas mujeres le da mucha energía. Cuando le toca pasar unos días en Caracas suele aburrirse, máxime si Rosángela coincide en el apartamento.
Cuando en sus primeros años salió a hacer mundo y crecer en el mundo del comercio, gustaba de socializar en un club caraqueño muy concurrido. Allí podía complacerse en algunos de sus gustos más destacados: la carne y la bebida. Fue allí donde conoció a Rosángela.  Muy pronto comenzaron a salir y luego a compartir con la familia de ella en su propia Hacienda, donde también se pueden hacer múltiples paseos y picnics. Por primera vez, sintió un arraigo allí con ellos.
En sus primeros años juntos, al llegar de sus viajes sentía un alivio de tener un nido, un lugar donde volver, gente que lo estuviera esperando. Rosángela preparaba paseos y sus hijos se entusiasmaban a unirse en estas salidas. Pero en la medida que los muchachos crecieron ya ella no veía con mucha novedad sus llegadas. No le provocaba salir y querría descansar y seguir trabajando en las cosas del campamento que nunca acaban.
¿Que voy a hacer con mi vida ahora? Se decía mientras sacaba otro cigarrillo. !Ya no me gusta volver a casa! Decía mientras se miraba en un espejo de una tienda. Sonrió para enmascarar su tristeza mientras se miraba al espejo. No quería que su hermano conociera  sus sentimientos más profundos. Se aseguró de disimular su verdadero ánimo.
David en cambio -pensó- tiene toda su vida organizada y cronometrada; seguro que ya me está esperando desde hace rato! Mientras yo tuve que trabajar desde joven él leía cuentos y novelas y luego a estudiar a la Universidad. Para mamá él siempre ha sido su orgullo! Por sus diplomas, por los libros escritos, por trabajar en el canal. Tendrá muchos títulos y cargos pero no sabe disfrutar de la vida.
Siempre se tiene que hacer todo a su gusto, como él quiere y cuando él lo desea. Claro, por eso tiene un trabajo de horarios. Pero qué bueno que es así, porque si no quién se hubiese hecho cargo de mamá!
Yo mientras tanto, pago las cuentas y soy el que no duerme bien. Los gastos siempre exceden los ingresos. Para toda la familia yo soy el ricachón que tiene que cubrir todas las deficiencias. Mi vida apesta!
En ese momento cruzó la esquina y se hizo visible ya para David, quien estiraba el café en la taza. Al verlo, David sintió que su corazón se aceleraba. Recordó la época en Buenos Aires en que Ilan salía con el malandro que los tenía secuestrados en casa, sin ningún sentido crítico, solo por el interés de vender cigarrillos y tabaco en los bares. Sintió asco.
Ilan, por su parte, se dio cuenta que David estaba sentado allí. Trató de caminar un poco más rápido y estiró los músculos de su cara y abrió los ojos para mirarse más relajado. Siempre se sentía un poco tenso con su hermano, porque percibía que no le miraba con buenos ojos.

Víctor Calzadilla


martes, 21 de abril de 2015

Extracto de la novela que escribo: La esperanza de David


Está pronto el amanecer. Las lágrimas parecen haberse agotado por completo y se han secado por sí mismas. Está extenuado, sumido en una calma extraña. Tras la ventana una bruma resplandece anunciando un día nublado, aunque posiblemente sin lluvia.

Le provoca escuchar algo de música y se decide por Debussy. Inicia con Preludio para la siesta de un fauno. Unos pocos compases comienzan a surtir efecto. Parecen aliviarle. Un nuevo impulso comienza a dar vida a su cuerpo que ya estaba pálido y entumecido. Su mirada ahora tiene mayor vivacidad, como si ya no le pesaran los párpados. Una nueva energía recorre por su interior. Y piensa, que de todo lo que se fue, todavía está Susana; tal vez podría tener un nuevo comienzo con ella.

Súbitamente, en su mente las ideas comienzan a encajar con nitidez. Podría alquilar nuevamente las habitaciones. “Ella es muy buena para llevar esto y lo va a hacer con gusto”, pensó. ¿Estará dispuesta a volver a comenzar y dar una nueva oportunidad a lo nuestro?, se preguntó.

Ahora suena Claro de Luna. Una sonrisa se esboza en su rostro mientras cierra los ojos. Se olvida por un momento de sí mismo y de sus problemas y se entrega a la melodía. Sus ojos se humedecen, pero esta vez en un rostro diferente. Siente el pecho liviano, la cabeza despejada y el cuerpo ligero. No ha pegado un ojo en toda la noche, pero se siente fresco, con cierto furor por retomar su vida. Sale a caminar un rato por la ciudad.

¿Y si la invita a desayunar? Su corazón se agita de solo pensar que vuelva a ser tan dichoso como en sus mejores momentos con ella. Suena la Obertura de Tannhaüser en el Walkman que lleva consigo. Se siente gratamente conmovido. Se anima a marcarle. Sale la contestadora. Se fija en la hora y son apenas las 6.10 a.m. Continúa la caminata con vitalidad.

Observa a su paso la entrega de los diarios en los kioscos de la ciudad. Se detiene a mirar los titulares de la prensa unos minutos. Ocurrió un malentendido en Perú cuando las fuerzas armadas dispararon a una avioneta supuestamente comprometida con el Narcotráfico según información compartida con la CIA. Pero resultó ser una familia Norteamericana inocente. Piensa que esto se parece al malentendido con Susana. Esa noticia contrasta con el anuncio de la sonda enviada al planeta Marte. Prefiere pensarse como esa sonda, atreviéndose a explorar lo novedoso.

Víctor Calzadilla

martes, 31 de marzo de 2015

Extracto de la novela que escribo: La ingenuidad del arrepentimiento de David


Camina con lentitud como si cada pierna le pesara al moverla. Hace un esfuerzo deliberado por lucir como alguien que da un paseo. Ha oscurecido y transita por la calle ya solitaria. Muchas de las tiendas han cerrado. Le parece curioso que días antes, frente a las mismas vidrieras, miró con interés las cosas que ahora carecen de toda importancia debido a las nuevas circunstancias. Es como si la película de su vida que se proyectaba en una sala de cine de pronto se ha detenido. Las imágenes en la pantalla tienen una nitidez pasajera y frágil, en la medida que la luz que emanaba del proyector como una humareda multicolor se entremezcla con las sombras confundiéndose con la oscuridad de la sala.

Siente un impulso por apurar el paso, pero vacila y recupera la marcha lenta y pesada que traía previamente. - ¿Para que apurarme? Igual da que me quede caminando toda la noche. Ya no tiene caso llegar temprano a casa. Hoy debo encargarme de los quehaceres y preparar la comida para la semana. Pero nada de eso parece tener sentido, nada tiene urgencia.-

Finalmente llega a casa. Abre la puerta y se queda detenido unos instantes en el umbral, un poco confundido, como haciendo una inspección del lugar antes de pasar por completo. Todo le parece diferente o simplemente nunca lo ha visto con esta mirada. Al final de la sala la ventana mantiene a raya una noche oscura y densa que parece querer abalanzarse al interior. Camina vacilante sin saber exactamente qué hacer. Unos años atrás andaba apurado y decidido por esos mismos lugares. ¿Cómo llenar el tiempo ahora que parece infinito? Una fina capa de polvo cubre todo, como queriendo llevarse las cosas de este plano al mundo de los recuerdos.

Hace un recorrido visual por ese lugar donde han transcurrido varias etapas de su vida en un intento de encontrar en qué punto exacto perdió su centro. Camina torpemente y sin dirección, como en círculos. Los sillones tapizados ya varias veces todavía lucen enteros. La alfombra, de muy buena calidad, ha tenido mucho aguante pero ya parece necesitar una limpieza. Las estanterías están cargadas de libros diversos.


Siempre le discutía todo a su madre. Ella se defendía, con argumentos, mientras él terminaba molestándose y diciendo cosas de las que luego se arrepentía. Ahora mismo, como congelado en el centro del salón, la miraba en retrospectiva con más gentileza, reconociendo que había tenido una gran fortaleza de espíritu para llevar adelante su vida y la de sus hijos.

Las lágrimas comienzan a brotar. Piensa que nunca reconoció sus virtudes. Nota que tiemblan sus piernas y su corazón da saltos repentinos como un potro salvaje, a la vez que siente nauseas. Cierra la puerta y se devuelve a la sala para acomodarse en el sofá. Su mente se traslada en el tiempo. Reconstruye los acontecimientos desde aquella reunión que sostuvo con Ilan para plantearle que la llevara a vivir con él. ¿Qué se iba a imaginar en ese momento que su hermano estaba a punto de divorciarse?

Pese a las críticas de su hermano y a la negativa de su madre, la recluyó en la Casa de Cuidados.  Aun así, olvidada y dejada de lado, ella lo trataba con el mismo cariño de siempre y tono sobreprotector: –¿Y cómo está hijito? ¿Se arreglaron las cosas con Susana?-. Pero esto no sirvió de mucho, porque Susana igual se fue de casa al poco tiempo.

Por ese tiempo andaba absorto, como en otro mundo, sin rumbo. A pesar de ir a terapia, estaba sumido en el auto abandono. Durante ese periodo no tenía ánimos para visitar a su madre, ni siquiera para llamarla por teléfono.  


A Susana también la abandonó en cierto modo. Nunca le correspondió con dulzura, mucho menos en los peores momentos. Cae en llanto nuevamente al recordar todos los gestos de atención que Susana había tenido con él y que no supo valorar. Hace un recuento rápido de su vida y le parece mezquina y egoísta. Siente repulsión por sí mismo. Se ve a sí mismo como un monstruo. Tiene un poco de hambre, pero piensa que no merece ni comer. Piensa que ha desperdiciado todo en su vida, que lo ha estropeado todo. Tal vez debería yacer allí día tras día sin alimentarse hasta morir como una forma de expiación.


Víctor Calzadilla

lunes, 19 de enero de 2015

Extracto de la novela que escribo: Encuentro con Susana


David estaba en la reunión de ensayos habituales del grupo de teatro de la universidad cuando vio por primera vez a Susana. Ya estaba en su penúltimo año de Comunicación Social y ella era una estudiante de los primeros años que participó en la audición anual de nuevos miembros.

La directora le había pedido quedarse para ser jurado y al verla le llamó la atención: su mirada tan expresiva, sus cabellos ensortijados. Por supuesto que habló a favor de su admisión luego en la reunión, aunque esto no hizo falta porque ella cautivó a todos con su actuación y con la escogencia del texto que interpretó. Representó un segmento de El círculo de tiza Caucasiano. En esta obra, dos mujeres se enfrentan a un tribunal disputándose la custodia de un niño. La madre biológica es una ricachona que se había desentendido del niño, mientras que la madre de crianza era una persona humilde que le había atendido y cuidado. Susana escogió representar una porción del alegato de la madre de crianza reclamando su derecho sobre el niño ante el tribunal.

A partir de allí estuvo pendiente de verla nuevamente. Corrían los últimos días de junio. Era época de exámenes y entregas de las asignaciones finales. Anhelaba verla antes de que salieran de vacaciones a mediados de julio. Estuvo pendiente los días siguientes, pero no la vio. Entonces pensó que ya tendría oportunidad de presentarse cuando se integrara al grupo junto con los nuevos aspirantes en octubre, momento en que se iniciaría el año escolar 1981-82, su último año.
Pero un día, mientras caminaba la vio sentada en el jardín estudiando sola. Entonces se acercó. Al presentarse como un miembro del grupo, jurado de su audición y próximo a graduarse, ganó todo el interés de ella. Pudo comprobar de cerca que la atracción que sentía hacia ella iba más allá de su mirada y su cabello. Le pareció que también le agradó, así que la invitó a asistir a una representación teatral que habría el domingo en la ciudad.
En la universidad David era muy diferente a como era en casa. Con su madre se mostraba siempre distante y receloso. Ante Ilan siempre se sentía como un tonto. En cambio, en la universidad se destacaba. Los profesores le estimulaban y aprobaban, porque era aplicado en sus estudios, participativo en las clases y mostraba talentos. Había ganado mucha reputación por un cuento que escribió titulado Unas flores para Mamá y por un Guion para una obra de teatro llamada Casa de Muñecas.
Había participado en el grupo de teatro desde su segundo año en la universidad. Esta experiencia le permitió crecer como persona, a desenvolverse mejor, a expresar sus sentimientos e ideas, a presentarse frente a los demás, a modular y proyectar su voz. Pero en casa era otra persona. Por esa razón procuraba pasar más tiempo en la universidad.
El domingo se encontró con Susana  en la entrada del teatro. La sala pertenecía a un centro cultural que no estaba terminado del todo. Así que todo tenía una apariencia underground que iba a tono con la obra que verían, La cantante Calva, del teatro del absurdo.
Al salir de la obra se veían muy emocionados. David hablaba sin parar y contaba con toda la atención e interés de Susana. Su verbo pasó rápido por Beckett, Ionesco, Adamov y Artaud, pero también incluyó con vacilación a Harold Pinter en este tour conversacional. Le cautivaba más el humor negro, el sarcasmo y la crueldad, como formas de rebeldía ante una sociedad injusta y rígida. A Susana en cambio le atraía más lo simbólico y existencialista de este género. Ella prefirió hacer referencia a Strindberg, Joyce y Camus.
Era un día soleado y despejado. Había un cielo azul claro. Un día excelente para pasear al aire libre. Conversaron en un Café del Boulevard de Sabana Grande y se les pasó el tiempo muy rápido. Pasaron a temas más personales sobre sus vidas y aspiraciones.
Luego la acompañó hasta su casa. El se dispuso a darle un beso en su mejilla al despedirse, pero ella cerró los ojos y dejó sus labios expuestos para que los besaran. El lo hizo con dulzura a la vez que le acarició su cabello ensortijado. Besó también sus mejillas, su frente, orejas y nuca. Al apartar su cabello vio una mancha rojiza en su nuca que le llamó la atención. Le pareció haberla visto antes, pero no sabía dónde.  
Entonces se olvidó de todo y cerró sus ojos, entregándose por completo a estas sensaciones. El tiempo pareció infinito. El tacto se potenció y comenzó a registrar nuevos matices. La experiencia de fusión pareció prolongarse sin límite. Al abrir los ojos se dieron cuenta de que habían cruzado un umbral que los transportó a una nueva dimensión, una nueva realidad, donde eran otros los rostros que estaban uno frente al otro, otra la mirada, otros los gestos.
Ella se sintió cómoda con la cercanía y la conexión. Los cuerpos parecían adheridos el uno al otro mientras sus corazones palpitaban al unísono. El quería seguir muy cerca de ella, pero a la vez sentía una vulnerabilidad que le resultaba incómoda. Tomó conciencia que estaban allí a la entrada de la casa de ella y que debía irse. Fue quien tuvo la iniciativa de separarse. Se despidió de una forma un poco brusca, aunque se acercó nuevamente para besarle suavemente los labios. Ella lo observó un tanto turbado, pero no supo interpretarlo exactamente. Se quedó tranquila al pensar que quizás eran “ideas” de ella.
En la universidad comenzaron a verse todos los días. El la acompañaba a su casa cada vez que sus horarios se lo permitían. Entre ellos creció rápidamente una gran amistad y un gran amor. Para cuando terminaron las clases ya su relación se había consolidado y no precisaba de la estructura que proporcionaba el ambiente institucional de la universidad. Así que durante las vacaciones compartieron libremente toda clase de actividades; obres de teatro, representaciones de mimos, exhibiciones diversas de arte, museos, cine, cafés y jazz.
....
Todo sucedió cuando estaban en un lugar nocturno donde hacían presentaciones de Jazz. David le había anunciado a Susana que no podría buscarla y que se encontrarían en el lugar. Ella usaba un vestido vaporoso con un estampado psicodélico. Cargaba una banda naranja que sujetaba su cabellera. Unos zarcillos bastante visibles. Llegó de primera al lugar nocturno. La banda interpretaba una pieza de Charlie Parker llamada Confirmation, muy llamativa debido a la excelente interpretación del Flautista.  Esta pieza la interpretaba el grupo en casi todas las presentaciones. David le encantaba escucharla y solía ta-ra-re-ar-la cuando la escuchaba. Ella se contagió de su entusiasmo por este tema. Pero ahora le sonaba a ella diferente, sin la gracia de siempre.
David llegó justo en medio un tanto apurado. Vestía de traje. Pareció no advertir la pieza que tocaba la banda.
-         Disculpa cielo, pero tuve trabajo. Dijo mientras hacía señas a la mesera para ser atendido.
Susana pareció no prestarle mayor importancia. Continuó haciendo un esfuerzo por parecer que escuchaba la siguiente pieza, una balada con un saxo Tenor que sonaba a Ben Webster. Al escuchar algo tan romántico se confrontó con su decepción y tuvo que hacer un esfuerzo por impedir que las lágrimas brotaran.
-         Y que me cuentas de tu día? Dijo él después de asegurar su trago.
-         Nada nuevo! Dijo ella distraída.
Ambos aparentaron escuchar la música. El siguió el juego. Comentaron algunas trivialidades. Pidieron algo para picar. La música, los tragos y las tapas los mantuvieron entretenidos por un rato.
-         ¿No me vas a decir qué es lo que pasa? Irrumpió ella.
-         ¿A qué te refieres? No comprendo, dijo él mientras simulaba estar atento a la música, que no le sonaba igual que siempre. Si hubiese tenido un interruptor especial, le hubiese bajado el volumen.
-         Ya no eres el mismo. Solo hablas de ti. Parezco no importarte ¿Tienes otra?
-         No sé a qué te refieres. Solo me dedico al trabajo para salir adelante. No podemos vivir en las nubes pensando que la vida va a proveer de todo lo necesario. Si no nos ponemos metas no avanzamos.

 Esto lo dijo con vehemencia, haciendo gestos sutiles que hacían referencia a su vestuario. A ella le sonaron las palabras como un reproche.  Solo hizo un gesto de desaprobación. No tenía ganas de pelear. Sentía que lo había perdido. Prefirió callar. Se mantuvo en silencio por el resto de la velada. Al despedirse lo evitó.
El por su parte, pensaba que ella era un estorbo en su carrera, no lo apoyaba en sus planes. ¿Cómo creía ella que se pagaban las cuentas?
No se llamaron más.


Víctor Calzadilla