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sábado, 9 de enero de 2021

Mi maleta para el 2021/Lele

Soy la maleta del 2021 . Estoy en una vitrina con muchas otras más. Somos todas muy diferentes, pero también somos iguales, en fin somos todas maletas, parecemos maletas, tenemos la función de una maleta, pertenecemos al gremio, pues.

Yo en particular soy una maleta muy práctica y versátil, de un tamaño cómodo y estándar que le puedo ser útil a muchos usuarios. Estoy fabricada de un material resistente y duradero que permite cierta elasticidad que me hace adaptable.

Hoy estoy de suerte, me han comprado y me llevan para un hogar donde se respira armonía y ganas de emprender, en este caso de emprender un nuevo año, el año 2021. Se disponen a cargarme. Me miran , me abren y me cierran, me miden, meten y sacan algunas cosas y me susurran que me aprecian, que he sido una buena elección. Como cualquier maleta que se respeta, siento orgullo, me siento apreciada sabiendo que seré útil. Escucho conversaciones a diario de la preparación del viaje, que inicia el primero de enero y que durará 12 meses. Ya me dijeron que los primeros seis meses los acompañaría en casa desde la virtualidad cargada de buenos libros, una bicicleta, los dispositivos para trabajar y relacionarnos con los seres queridos y, como podía faltar, el router para estar conectada. Escuché también que me estrenarían internacionalmente a mediados de año, que me llevarían a Costa Rica, cargada de buenos deseos, un vestido de fiesta para un matrimonio y muchas ganas de reencontrarnos con la familia extendida en la celebración. Ese día mostraré mi mejor cara, me adaptaré a todo lo que me coloquen de carga y rodaré feliz por el aeropuerto. Si la vida lo permite, hacia finales de año planean llevarme a Europa. Dos destinos potenciales me esperan; España para visitar familia y hacer diferentes gestiones legales e Italia para practicar italiano profundizando en algún curso de Logoterapia y disfrutar de alguna de sus ciudades. Definitivamente soy una maleta afortunada y feliz, soy parte de una familia que me aprecia y se va adaptando conmigo a las diferentes situaciones que ellos viven, y vive el mundo. Inicio con gran entusiasmo y mucha calma a la vez, este 2021, que de seguro me depara muchas cosas buenas y aprendizajes.

¡Feliz viaje para todas las maletas en este año que inicia!

María Elena

lunes, 4 de enero de 2021

la maleta/Lionel Álvarez

 LA MALETA


Soy de los años sesenta, modelo italiano, de piel fina y de buena presencia. En Europa me conocían como "valija" (valigia, nella mia lingua madre), pero tan pronto llegué a Venezuela me llamaron "maleta", algo que no me agradó. No solamente porque el nombre sea feo, sino que luego me enteré que, acá, es sinónimo de malo, inútil e incapaz.

Por muchos años acompañé a mi dueño, en sus viajes de vacaciones y de negocios, irradiándole, con mi presencia, "elegancia y categoría". Eran tiempos de la democracia, hasta con poco dinero se podía viajar, aprovechando aquellas inolvidables ofertas de "¡viaje ahora y pague después!".

Todavía me sentía en muy buena forma, cuando la señora de la casa, por allá por los años setenta, se antojó de adquirir unas nuevas que estaban muy de moda. No me gustó que dijera, como justificación:"es que esa italiana es muy delicada". Recuerdo que eran unas "Sansonite" y las vendían en juego, dos maletas grandes y una pequeña que llamaban “neceser”.  Fue así como pasé a la reserva, dejaron de usarme y comenzaron a viajar con las nuevas, que revestidas de una fibra vulcanizada, eran muy fuertes, y aguantaban los rudos maltratos a que somos sometidas en nuestros viajes.

Pero a finales de los 80 comenzaron a ocurrir cambios importantes en nuestra especie. Una nueva generación de maletas salió al mercado, fabricada con textiles muy resistentes y muy livianos, en vistosos colores, con asas telescópicas y cierres de seguridad. Pero lo más importante fueron ¡las ruedas! Los pasajeros no tenían que cargarnos en peso, como hacían conmigo; ahora las llevaban a su lado, halándolas, o empujándolas sin mayor esfuerzo, como ágiles bailarinas deslizándose sobre hielo.

Entonces, las otrora pretenciosas "Sansonite" también fueron desplazadas y vinieron a hacerme compañía, arrumadas acá, en el tramo más alto del armario. Con tantas maletas nuevas, más  nunca nos llevaron a viajar, y no los culpo,  tenían razón, no van a cargar con unas viejas, cuando pueden rodar suavemente a unas jovencitas.

Las últimas veces que me sacaron, fue para pasearme por el vecindario. Una tradición que se hizo popular, creyendo que eso les traería suerte y comenzarían a viajar mucho. Apenas se daban el abrazo de fin de año, la gente salía a recorrer las calles aledañas portando maletas. Siempre me dejaban de última, y solo cuando no habían suficientes maletas, llegaba alguien que me sacaba del clóset; por lo general de mala gana, y muchas veces escuché decir, con resignación: "¡qué "salao", me tocó la vieja sin ruedas!".

La maleta quizás sea uno de los elementos más emblemáticos de la Venezuela de los últimos años, cuando millones de venezolanos hicieron las suyas y emigraron, en búsqueda de libertad y mejor futuro para sus hijos. Sin embargo, no siento que represente al emigrante en su totalidad.

Aunque el dicho popular dice que "Por la maleta se saca al pasajero",  eso suele dar una falsa imagen del portador, se lo digo yo, que soy una valija ya de 65 años y con larga experiencia. Recuerden que son sabios también los dichos que dicen: "las apariencias engañan" y "el hábito no hace al monje".

Nosotras, con nuestra apariencia, podemos  impresionar los sentidos de cualquier observador, quien puede inferir, muchas veces equivocadamente, si el pasajero tiene dinero, bienes, posición social, profesión... Podría deducir, por nuestro aspecto, a que se dedica y que tiene el viajero, pero nunca le diremos, lo que es como persona. No deben confundir lo que se es, con lo que se hace o se tiene, que son cosas muy distintas.

Si desea realmente conocer al pasajero ¡olvídese de mi! ¡Ni siquiera me vea! Es cierto que él coloca dentro de mí, sus prendas y  artículos personales, que le son útiles y necesarios, pero sus posesiones más valiosas no me las confía, eso lo lleva consigo: emociones, sentimientos, vivencias, ilusiones, sueños y esperanzas; su tierra, su familia, sus amigos, y sus más bellos recuerdos, que almacena en su memoria episódica, los comprime en PDF para que entre todo en su corazón.

Para conocer verdaderamente a la persona, debe desvestirla de todo ese "ropaje superficial" y sintonizarse con ella de corazón, porque como bien dice "El Principito": "Sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos."

Lionel Álvarez Ibarra
Diciembre  2020

lunes, 28 de diciembre de 2020

Mi maleta para el 2021


Mucha gente ha vivido este ritual que hoy la pandemia nos cambió el significado
.

¿Qué llevarme en mi maleta para lograr mis sueños y no morir en el intento?

Todos los años buscamos una maleta más grande porque no resistimos dejar afuera lo que metimos en años anteriores. Pero, ¿Realmente que queremos, una “Maleta Feliz”o un Feliz Año?.Para esto decidí este año cambiar la acción y en lugar de buscar una maleta de gran tamaño para meter todos mis accesorios con significado, elegí usar un “morralito” o backpack,que sea práctico, livianito con tres cierres y tres compartimientos separados para un acceso rápido.

La pandemia nos dejó lecciones de vida, de crudas realidades y retos motivantes que han generado enmí, cambios positivos. Por un lado, creíamos que los lujos y vanidades eran exclusivos, era lo distintivo y la pandemia nos enseño a darnos cuenta de que lo verdadero son cosas que no valoramos, como estar más cerca de lo que realmente queremos, como nuestros seres queridos.Reflexionamos y Nos dimos cuenta de lo frágil que es la vida de todos. Muchos vimos partir a seres queridos o están sufriendo inmerecidamente una condición crítica. Por otro lado, celebramos que creció el numero de emprendedores creativos al tener que buscar algo diferente para adaptarse al nuevo confinamiento.Somos creadores natos, sin darnos cuenta.

Lo mas triste y desafortunado sería que en el nuevo año, después de superar la prueba que nos puso el Covid-19 sigamos siendo los mismos de antes. Ahora hay una oportunidad de “ORO” para darnos cuenta que lo que nos rodea tiene un significado especial y que con nuestras elecciones conscientes podremos lograr el bienestar que nos merecemos y construir la mejor versión de uno mismo.

Entonces, apreciados “Lápices resilientes, soñadores y bonachones”, llegó el momento de poder reflexionar para escribir la verdad y pensar ahora de “un año a un año a la vez”, y no ser golosos ni ambiciosos buscando futuros promisorios lejanos e inciertos.

Llegó el 2021, para mí, sin duda alguna, pleno de muchas oportunidades donde yo decidí ser un “creador”., respondiendo dos preguntas inocentes.La 1ª,.¿Qué llevarme en mi maleta para lograr mis sueños y no morir en el intento? y repito ¿Realmente quiero una “Maleta” Felizo un Feliz Año?Eso dependerá de mí, si quiero seguir siendo el mismo de antes. Yo quiero un nuevo año con una nueva vida con un nuevo nivel de elección consciente que me haga un “nuevo” ser más humano y más resiliente.

Ahora, en estos días de “hacer mi maleta”, me tocará vivir un acto de alta reflexión con este gran ritual,que les confieso nunca lo practique formalmente para prepararme para un viaje promisor que borre todas las penurias, dudas e incertidumbres que con la llegada de la navidad debemos pensar en que meter es un espacio finito que yo esta vez decidí sea un “morralito”o Backpack, práctico, liviano y con tres cierres con compartimientos separados para un acceso rápido.

En el 1er. compartimiento, pienso meter un “péndulo”, elsímbolo de la “dualidad” que “oscila” lentamente como la “vida” marcando los opuestos de su recorrido para buscar la coherencia entre mi mente creadora de lo que mi consciencia y mi corazón manifieste.  El principio aquí es,  que si no hay extremo no podría ver expansión y no me permitiría ser creativo para lograr mis planes.

En el 2do. compartimiento,(no se rían) meteréun “yoyo” que es para “jugar” el arranque de mis decisiones que tomé usando el péndulo.  Tengo el poder de tirarlo con fuerzas, como la fuerza de la decisión que elegí para que quede girando en su eje sin parar,dándome motivos para admirar y disfrutar el momento y solo cuando lo haya hecho mío, tiro de un jalón para volver a mi estado inicial de apreciación y control. Hacer esto varias veces me darála confianza de tener yo el control de mis decisiones y no ser víctima de las circunstancias, que rodea al “yoyo”, donde yo sé que estoy a merced de lo que no controlo. 

Y en el 3er. compartimiento, después de pensar de lo que aprendí en el 2020, no dudaré en meter una “Tijera con sierra”, ¿para qué?, para cortar en “zigzag” todos los apegos y circunstanciasque me han hecho dependiente y reconocer que en la interdependencia esta la magia de lograr algo donde la red de todos mis relacionados salgan beneficiados.

Como ven, voy a estar livianito, para reír, para cantar, para bailar y ser feliz, porque el “activo” más preciado, me lo llevo conmigo en mi conciencia y mi corazón y no necesito ni maleta ni morral. Es el poder de la “ELECCIÖN”yla oportunidad, ahora con la magia de la internet, de disfrutar a mi familia, amigos y relacionados no importando el tamaño del péndulo ni de su recorrido.  Ya estoy listo para salir con mi morral al parque que tengo cerca,para practicar y sentir que seré parte de mí en el contendido de mi morral.

¡FELIZ 2021 ESCRIBIDORES!

 Autor: Angel “Rafa” Ceballos

 

Un cuento de realismo mágico en una maleta

La maleta

Lola tenía solo una hora para salir de su casa; ya venían por ella. No sabía si iba a regresar alguna vez. Sintió una profunda tristeza por tener que dejar todas esas cosas atesoradas por años.

Mientras secaba sus ojos, podía ver las vitrinas llenas de objetos, la vajilla, la platería, las sillas y lo más querido: sus cuadros. Había dedicado esfuerzo, tiempo y relaciones sociales con artistas, para llegar a poseer tal cantidad de cuadros y esculturas. Algunas eran grandes, a las que había colocado un marco de madera tallada con filigranas de oro, a otras que eran grabados sobre tela había tenido el cuidado de colocarlo entre dos cristales sujetados con cuatro uñas de plata y oro que unidas con un alambre de estaño, lograba quedarse fija a la pared.

Su colección de tallas coloniales también se quedaría a esperar la acción de la barbarie que llegaba en momentos; no sabía si iban a tener criterios de proteger o devolver las cosas. Sabía que todo caería al suelo. Se acabaría, se olvidaría. -¿Por qué no lo había regalado a una fundación?-

-¡Lola estás paralizada!, ¿te hago la maleta?- le preguntó Darío, su pareja

-Bueno si. Busca un “carry on” gris con rallas amarillas que está en el closet de la ropa de invierno y mete ahí dos mudas a ver cuánto sobra…-, suspiró

Darío subió corriendo siguiendo las indicaciones estrictas de la mujer. Cuando bajó de regreso todavía estaba parada en el mismo sitio, como una estatua, iguales a las que tenía en el jardín que había traído de Italia y que las hacía un artesano Toscano amigo de su abuela.

-No haz hecho nada, se te acaba el tiempo-, dijo

Pero Lola si había hecho. Todo mental. Usó el tiempo de bajar la maleta para pensar que se llevaría en tan precario tiempo. Solo le dijo lo que pudo: recuerdos, dinero, salud, identidad, inteligencia y amor. Vio que en la maleta todavía quedaba espacio para esas cosas y entonces comenzó a correr. En ese mismo orden lo hizo. Fue a la sala y tomó una vieja foto con todos que atesora, luego recogió el dinero en efectivo que tenía bajo llave. En la cocina vació una pequeña gaveta con las pastillas que necesita al menos para una semana. Tomó de la caja fuerte, sus pasaportes, aun los vencidos; para la inteligencia tomo una versión de bolsillo del nuevo testamento, pues era creyente, y por último; dedicó dos minutos para ver a los ojos al ser que amaba que estaba parado frente a ella. Lo abrazó, lo besó y le dijo que pronto estarían juntos de nuevo.

Afuera, ya estaba un coche esperando para llevarla a un destino desconocido. Corrió, abrió la puerta y espero a que comenzara a andar. No se volteó. Todo se quedó. Solo se llevó lo que necesitaba para irse y así fue.

-Toda la vida en una maleta-, dijo. -Solo me llevo lo que no pueden quitarme, quién soy, a quién amo, mis creencias, mi salud y por sobre todo, mi libertad de poder decidir que nada me hace falta; que me lo llevo dentro.

Cuando llegaron a buscarla ya ella iba en camino a la frontera.  Ellos también cruzaron a buscarla. En el cuarto de un viejo motel de dos pisos y al final del pasillo junto a una ventana, encontraron la maleta con sus documentos, un poco de dinero y la ropa de cambio. Había dejado la habitación paga por una semana. Había un cigarrillo en cenicero a medio fumar. Pero ella no fumaba.

No volvió. Nunca supieron que se había llevado un pequeño libro y una foto de la familia.

 - ¡Ah pues, con Lola…!, se oyó en la oscuridad.


Alberto