domingo, 28 de febrero de 2021

¿Cursi quién? ¿Yo?

¿Cursi yo?

Se decía comúnmente en los pasillos de la escuela de arquitectura, por los años 80, y hablando de las obras europeas de la arquitectura, que existía una delgada línea entre lo cursi y lo sublime. Y para eso, observábamos las grandes obras italianas, (entre las mejores universalmente hablando), pero que podían mostrarnos las dos caras de la misma moneda. Entre tantas cosas que hacíamos para formarnos como diseñadores, se encontraba hacer sillas, lámparas, cafeteras y otras cosas industriales, donde los arquitectos también hemos tenido que ver.

Más aun, dos de los grandes diseñadores de moda del país, deambularon en los mismos pasillos que yo. El diseño se presenta en múltiples facetas; lo primero que uno piensa es en algo escrito, las novelas o la poesía, y ya vimos que, en arquitectura y su contraparte, la decoración, la gran costura, los objetos industriales y así, las otras artes como la pintura, la escultura, inclusive el cine y el teatro. Al final, el diseño como una expresión humana tiene que ver directo con la misma esencia del hombre. Su producto entonces, es objeto de ser cursi o sublime, (o quedarse en la delgada línea que los divide). Pero, ¿quién dice que cosas van para un lado, o para el otro?. Usemos el tema de hoy, la cursilería, que se define en el DRAE como

pretender mostrar un refinamiento expresivo o un sentimiento apasionado pero que resulta ridículo y excesivamente delicado”.

Parece que pretender mostrar algo que resulta ridículo, es más una opinión de alguien que lo observa, haciendo  que la cursilería o el refinamiento, se encuentre en los ojos del observador y no en la cosa misma. Depende también del estado emocional en que se encuentra tanto el que emite como el que escucha. Por eso es que pasa, que los patrones estéticos varíen en el tiempo y con las modas, pero resulta también que algo que no nos gusta sin embargo, sea reconocido por la mayoría como una obra de arte. Hoy en día, reconocemos al Renacimiento del 1500 como sublime, pero ya un poco distinta al Barroco que comenzó con los “manierismos” o amaneramientos y nada que decir del Rococó, en donde todo lo recargado fue lo admirado. Hoy, lo vemos como una época, una instancia. No era o fue cursi, entonces. Cuando era estudiante, andábamos en la onda de la escuela modernista, justo en la delgada línea que nos dividía de los postmodernos. Y la historia volvió a cambiar. Comencé modernista y terminé la carrera siendo posmodernista.

Las novelas de Corín Tellado pudieran ser vistas hoy en día como exageradas o rebosadas de sentimentalismo, al igual que la ropa de los años 60 y sus pantalones campana con sus carteras tejidas, colgadas del hombro. En su momento tuvo sentido, en su momento la gente lo siguió o se identificó.

El juicio de lo cursi o sublime por último, puede tener significados distintos a cada persona, y ya dijimos que por el estado de ánimo o emoción de cada quién. También agregamos la época, la moda o las tendencias. También pudiera tener relación con la educación, a las creencias, y  a la esencia de cada uno. Pero también puede ser la suma de todo. Todo cambia si eres crítico de arte; cuyo poder se afirma en el poder que los otros le otorgan. El crítico hace su trabajo y emite opinión desde su educación y la forma de ver el mundo; el rebaño lo sigue.

El respeto al otro es parte fundamental de la noción de la apreciación de la belleza. Para la psicología positiva es una fortaleza que nos permite encontrar elementos especiales, que en situaciones cotidianas, no percibiríamos. El aprecio a la belleza comprende, además de las condiciones externas, los juicios y las opiniones, y de un reconocimiento de los elementos esenciales. Al percibir lo que percibimos, tenemos el poder de dejarnos llevar por las intenciones de quien crea. La creación es un acto de amor y como acto de amor no acepta adjetivos, mucho menos la cursilería.

Tenemos un mes tratando de definir que es la cursilería en el grupo que compartimos, y nadie ha sido capaz de acercarse a una definición creíble o de poder aplastante en su significado. Me quedo finalmente con que lo cursi está en los ojos de quién juzga, no en el objeto mismo. Por lo tanto me declaro una persona que eventualmente puede decir, hablar, emocionarse, pintar o escribir “cursiblemente”

Alberto Lindner

PD: La palabra “Cursiblemente”no existe en la DRAE. Es una palabra cursi…

PD2. Si alguien te increpa por algo que dices por ser un poco cursi, le dices, ¿cómo sabes que la Guaira es lejos…?

La sensación de mi cursilería - Santiago Porras Rojas febrero 28, 2021

 




La sensación de mi cursilería 
Santiago Porras Rojas.  Febrero 28, 2021

<<La gran dama se ríe de la chica del campo que se arregla para ir de paseo por las calles del centro de la ciudad y la duquesa se ríe de la gran dama que esconde su humilde pedigrí bajo un vestido de prada>> (1) 

En la población de un país rico y petrolero; durante las carnestolendas festividades, como responsable de las facilidades y servicios al personal de una empresa poderosa, de un país rico en oro negro, fui invitado, entonces, a la elección de la Reina del Carnaval de un pueblo cuyo nombre provenía de una diminuta hormiga roja, conocida como “bachaco” cortadora de hojas.

Sentado frente a la tarima escenario del desfile, en la mesa de madera y mantel blanco con su olor a humo de leña, en donde reposaba la hoja para la evaluación de la belleza de las candidatas, y un vaso de vidrio, de los de cheesewick americano de los 80´, rodeado de los habitantes del campamento ubicado hacia el sur del Lago de petróleo que se negó a ser cerrado en los años 70, por la acción sindical bachaquerense. 

La emoción de la elección y la expectativa por el baile de carnaval mantenía la algarabía del poblado, ante la espera del veredicto que convertiría a una jovencita en reina e iniciaría los bailes sobre el enlozado del Club, acompañada por una orquesta regional.

Me llamaba la atención el hecho, de que, en ese instante, una escena similar se reproducía en otros campos de trabajo de la empresa. Me encontraba experimentando una realidad desconocida. Estar en una fiesta de pueblo. 

En medio de ese jaleo, empecé a sentir una sensación extraña, acompañado del Ing. Gerente del campamento; una especie de primera autoridad ejecutiva del lugar, la directora de la escuela, el gerente médico de la comunidad, con el objetivo de elegir a la Reina del Carnaval de un pueblito que es la capital de un municipio del estado. Representábamos al jurado que, en el caso del Miss Venezuela, lo eran prestigiosos empresarios, autoridades diversas de la sociedad y gente del medio de la belleza.

Ahora, con el paso del tiempo, me hace gracia la coincidencia de haber estado en la elección de una belleza, que sería la reina de una comunidad que lleva por nombre “Bachaquero”. 

Como introducción, el jefe de las facilidades del Club anunció el inicio del Certamen y desfile de candidatas. Las señoritas serian llamadas una a una para que desfilaran, cual Miss Venezuela; el sonido acompañaba los cadenciosos pasos de las candidatas; quienes mostraban sus mejores atributos físicos, adornados con vestidos de fiesta, peinados y maquillajes que resaltaran sus cualidades para ser la “Reina” del pueblo. Además, sobre cada una se relataban datos sobre su edad y preferencias o gustos relativas a sus mejores rasgos personales, mientras el presentador aportaba sus datos de estudios. Al terminar su presentación, la candidata hacía un paseíllo circular, y con un ademán propia de una miss; se mostraba en plenitud, en el medio de escenario. 

Una de las candidatas, luego de concluir su desfile, una vez hecha su presentación, se quedó clavada en la tarima, sin dejar de “tongonearse” con una sonrisa que, me dio la sensación, de una eternidad; como si dijera “Aquí me quedo hasta que me elijan reina”. Plantada estaba, hasta que el presentador expresó un “carraspeo” que, provocó la “des-petrificación” rítmica encarnada en la candidata, quien inició su salida cual la misma “tongolele”, pero su tacón quedó clavado entre los listones de la tarima y se vio obligada a salir de la escena con el zapato en la mano. Allí me encontré, haciendo el ridículo…, se me ocurrió pensar, mientras contemplaba aquel suceso, una de aquellos maravillosos “sketch” (escena breve) de la Radio Rochela  (RCTV) en Venezuela que, por cierto, es humor y para nada algo cursi.

Recuerdo que, en los certámenes mas prestigiosos, en algunas ocasiones las candidatas se les ha enredado el vestido, o se le ha caído la corona de gemas preciosas que ponen sobre sus cabezas, o se queda enredada al intentar responder las preguntas que le ha hecho el jurado.

Ahora, ¿Qué es ser un cursi?

Para ser cursi, es necesario albergar la sensación de ridículo, que incita risas, burlas por lo grotesco o extravagante. De acuerdo con Francisco Silvela, quien como experto en la belleza, en el año 1.868, había escrito un ensayo sobre el arte de distinguir a los cursis, en el cual expresa que lo cursi proviene de un deseo no satisfecho, una desproporción entre la belleza que se desea generar y los medios materiales que se tienen para lograrla.

Lo interesante, de esta experiencia mía de cursilería, es el hecho de hacer posible que, entre mis responsabilidades, compartiera actividades sociales, en las comunidades y sus tradiciones. Todo ello me mezclaba con la ingenuidad cultural, de una sociedad de tantos contrastes, en las que los habitantes de poblaciones remotas, de un país muy rico; a través de la televisión había hecho popular, el dinero, la moda y la belleza, como un producto tan accesible a todo el mundo, en el que resultaba propicio hasta para que yo fuese cursi en el hacer de algo serio, como era el trabajo de auspiciar la recreación de las comunidades y sus tradiciones.

 La comunidad de Bachaquero, estaba gozando de celebrar el carnaval, que justamente ofrecía, no privarse de cualquier placer, encontrar satisfacción en los sentidos y en el cuerpo, como una tradición ancestral que se celebra desde los primeros siglos del imperio romano.  

Es muy importante dejar claro que, en ningún caso, mi intensión es referirme al hecho de que esa actividad sea objeto de burla hacia alguna persona de tan querida población; sin dejar de reconocer en los hechos; circunstancias que provocaron en mi la sensación de ser yo, en ese momento un cursi. En tal sentido, ser cursi en medio de la elección de la Reina del carnaval del Bachaquero petrolero, fue una grata experiencia de integración social. 

En definitiva, yo he sido cursi muchas veces, y lo he sido en términos desproporcionados entre algo hermoso y bajo las formas en que he tenido al alcance para serlo. 


(1)Alessia Cisternino. “Cómo reconocer a un cursi”. https://www.lainformacion.com/arte-cultura-y-espectaculos/como-reconocer-a-un-cursi_HyAAZHTQYQ8pUZLlVKeM8/?autoref=true

¡¿Cursi, YO?!!

 

Siempre he querido cantar. Sin embargo desafino sin límites y soy objeto de burla cuando en familia me aventuro a entonar una canción.

Tengo sentido del humor, y puedo  pasar largos ratos de diversión con pequeñas cosas o grandes tonterias. Aún así,  muchas veces me descubro seria cuando otros están inmersos en carcajadas.

Me gusta actuar. Es de esas cosas que espontáneamente jugaba de niña. De esas cosas que trascendieron en mis deseos para formar parte de mi lista de pendientes para probar.

Y se presentó la oportunidad. Hace un año, en febrero de 2020 me inscribí en un taller de teatro para adultos. El disfrute no se hizo esperar. Cada lunes en la noche acudía al inicio de mi formación como actriz. En medio del trabajo corporal, la ubicación en el espacio y los ejercicios de ritmo, concatenación y sincronización en conjunto, empecé a probar e imaginar las complejidades y retos que este interés de toda la vida representaban. 

Apenas con 5 clases ¡Bum! Caemos en cuenta de que todos en el mundo estamos en pandemia. Nos atrincheramos en casa y el taller, obviamente, se suspende. 

A las dos semanas recibo el mensaje de que continuaremos las clases, obviamente, por Zoom. Claro, ya no sería taller de teatro, sino lectura e interpretación de textos teatrales. El director seleccionaría obras o fragmentos que estudiaríamos durante algunas sesiones, para luego cerrar con una lectura dramatizada.

Así transcurrieron varios meses y leímos, analizamos y practicamos variados textos. Hicimos lecturas dramatizadas invitando a algunos familiares y amigos. Practiqué con algunos textos de autores que conocía: García Lorca, Ionesco. Otros nuevos para mí, como Karin Valecillos, quien generosamente nos ha acompañado en los ensayos y lecturas de sus textos, otorgándonos el escaso privilegio de la interacción con el autor de la pieza en estudio. He disfrutado cada lectura, descubriendo en cada sesión nuevas aristas de cada personaje y la obra, unos días amándolos y otros odiándolos, otros reconociéndome en ellos y otros sin comprender. Y cada vez, este asunto que tanto me interesa, de leer e interpretar se ha ido convirtiendo en la anticipada pasión manisfestada desde niña.

Un día, en octubre, el director nos dice que la obra que vamos a estudiar la vamos a leer en febrero, al cumplir un año, y que se invitará al público general. Nos envían la obra, de Karin Valecillos.

Empieza mi diálogo interior:

Que bien, de nuevo Karin, veamos que tópico nos muestra con su libreto inteligente.

Título de la obra: “El Club de los Cursis”

¡¿Quéeeee?!! ¿Qué es eso?  ¿El club de los cursis? Noooo... eso no se parece a mí. Si hay algo que no soy es cursi. ¿Y voy a leer en público una obra que yo misma no iría a ver? Nooo.

¡Qué incomodidad!

¿Y qué hago ahora? Espera, lee la obra...

Leo la obra, y confirmo: no! A esta obra yo no iría jamás! Si la veo en cartelera, con un mohín la dejo pasar! Y ahora se supone que la voy a leer al público general!

¿Y entonces? Ya va, ya va... Tú no quieres actuar, ser actriz, pues? Los actores representan papeles que no se parecen a ellos, que no son ellos. Dále la oportunidad. Explora!

Silencio...

A ver, Carmen Lucía: si esto te está pasando, es porque algo vas a aprender. Entrégate, igual que las lecturas anteriores y explora, sin expectativas

Luego me entero que mi papel es el del más cursi de todos, a mi juicio, el gurú que ayuda a los demás a dejar de ser cursis, pero que representa él mismo la cursilería desbordada. ¡Noooooo!

Bueno, Carmen Lucía, aquí tienes un verdadero reto: representar algo que menosprecias. ¡Entrégate y aprende!

Y me entregué. Decidí explorar el tema y hasta lo propuse en mi otro club, el de escribidores, para el mes de febrero, el del amor y la amistad, que está cundido de cursilería.

Llegó el día de hacer las invitaciones, y aunque dudé un poco, mi motivación para enviarlas fue compartir mi experiencia, mostrar un trabajo que me apasiona y me hace sonreír (no cualquier sonrisa, la Ducherne) e invitar a dar una mirada diferente a temas y pasearnos por ellos y, por qué no? Cambiarles la etiqueta.

Amé leer dramáticamente a Arnaldo, el iluminado, amé a los otros personajes y su evolución a través de todos las lecturas y análisis preparatorios. Y amé el día de la lectura pública, y darme cuenta de que no solo les proporcionamos un rato divertido, sino que varios de los expectadores se declararon cursis.

Después de haber pasado por esta experiencia del club de cursis y los intercambios en el chat del club de escribidores, estoy pensando que la cursilería es el disfraz que le ponemos a la más intensa demostración de amor, porque esa expresión muchas veces nos hace sentir que nos pone totalmente a merced del otro. 

Ahora veo lo cursi con otra mirada. Y creo que cuando una persona otorga el calificativo cursi con la connotación que yo antes le daba, lo que siente es miedo a dejarse llevar por la expresión de amor que percibe.

Pensando no en mis actos de cursilería, que juzgo pocos, ¡obviamente! sino en los momentos en que secretamente he tenido sensaciones de cursilería, no solo evoco el amor romántico hacia una persona. También me doy cuenta de que me he desbordado de cursi, íntimamente, en el amor por mi esposo, mis hijos, mi familia, mis amigos, mi trabajo y, por supuesto, por el grupo de teatro. Por todo. Mi corazón es cursi, porque un corazón en amor pleno solo sabe de intensidad, no de adjetivos. 

Terminé la lectura cantando, sin miedo a nada, a voz en cuello en público, totalmente desentonada y desafinada. Por cierto, aprender a cantar bien es otra de las cosas que tengo en mi lista de pendientes. ¡A por ello!

Carmen Lucía Rojas

Febrero 2021


sábado, 27 de febrero de 2021

Lele Garassini/Tema de febrero 2021

¿Cursi yo?

Al recibir el reto de escritura de este mes de nuestro Club de escribidores recurro a mi principal y frecuente estrategia de buscar en el diccionario y en internet su significado. Al introducir la palabra cursi lo primero que me aparece es la siguiente frase:

“Cuando era joven, tu padre me escribía poemas cursis” 

La transcribo literalmente, sin hacer mayores búsquedas de su origen y encuentro además la definición de la RAE y de Wikipedia:

Según la RAE  la definición de cursi es,

" que pretende ser elegante y refinada sin conseguirlo. "

Según Wipedia Cursi es una ciudad italiana de 3951 habitantes en la provincia de Lecce en Puglia, donde se extrae la piedra de Lecce .A principios del siglo XIX , junto con Sogliano Cavour , Cutrofiano , Cannole y los actuales municipios de la Grecìa Salentina, formó parte de la Decatría Choría, es decir, de los trece pueblos de Terra d'Otranto que conservó la lengua y las tradiciones griegas.

Leyendo estas líneas me empiezo a preguntar si ser cursi, tendrá que ver con una edad, con las relaciones, con querer ser refinado, incluso con vivir en una zona o lugar. ¿Qué significa para mi ser cursi? o más bien ¿Cuándo he sido o soy cursi?

Ser cursi para mi es ser meloso en la demostración de afecto en una relación o relaciones que me hagan sentir en un entorno seguro, muy seguro. Entonces no me parecen cursis, sino demostraciones de afecto profundo, de intimidad, de confianza plena, de complicidad.

Ser cursi para mi es una actitud voluntaria de decirle al otro, o los otros, que es o son especiales para mi y despiertan una cercanía única, una ternura particular. Escribiendo esto pienso, es que acaso todos no hemos sido cursis siempre, como en mi caso, o alguna vez, cuando vemos a un bebé y empezamos a hablarle con palabras que pretendemos que sean una expresión exagerada de ternura así como: “que cosita más bonita”… , o cualquier frase melosa e incluso estereotipada para mostrar que estamos enternecidos ante la maravilla, la belleza y la vulnerabilidad de la vida humana.

Ser cursi para mi es darnos el permiso de expresar amor a otro que lo recibe con el mismo afecto y se siente bien con esas manifestaciones, es poder decirle a tu pareja las palabras cursis que se te ocurran y que las reciba con el mismo cariño que se las dices.

Ser cursi para mi es una faceta que todos tenemos o podemos tener, puede ser una de esas caras ocultas asociadas a un rol o roles, que solo se exhibe en un momento determinado cuando el actor (la persona) decide que ese es el personaje o el carácter adecuado para ese momento. Para otros ser cursi puede no ser una faceta, sino su esencia expresiva, su manera de estar en el mundo, también se vale.

Ante la pregunta ¿cursi yo?, mi respuesta es SI, cuando quiero serlo puedo ser burda de cursi, así como puedo ser burda de divertida, o burda de sería, o burda de pana… por aquello de ser venezolana.

A ver que me cuente quién pudo salir ileso al contestar la pregunta ¿cursi yo?

 

María Elena Garassini

miércoles, 10 de febrero de 2021

Tema de Febrero 2021

 


Febrero 2021

Club de Escribidores de Caracas, CEC

Host: Doña Carmen

Tema: ¿Cursi, yo?

Fecha: Domingo, 28 de febrero

10 am hora Miami

11 am Hora Caracas

ZOOM

Logo con el tema

sábado, 6 de febrero de 2021

Mas cursi será usted...

 


Son en este momento las dos y diecisiete de la mañana del día 06 de febrero del 2021…y en este momento tengo -además de insomnio- un ataque de cursilería.

Creo que indefectiblemente, todos somos y hemos sido cursis en alguna o en muchas etapas de nuestra vida. Algunos lo han adoptado como forma de vida y ni mal la ha pasado.

Me encanta escribir. Es mi lucha alejarme de los lugares comunes por temor de caer en lo vulgar, lo chabacano o lo carente de glamour. Tal vez un temor consciente a caer en la cursilería, pero que la emoción me invita rendirme a los brazos amables de lo edulcorado.

Me puse a buscar frases empalagosas, a propósito del día de los enamorados y de la amistad, encontrándome lo siguiente:

“Tengo un regalo para ti, pero no sé cómo envolverte un abrazo y un beso.

Hoy no te voy a decir «te quiero», te lo voy a demostrar el resto de los días del año.

El físico atrae, el cariño seduce, pero que te contesten al momento en WhatsApp enamora.

Mi vida te amo pero no es para tanto, es para siempre”

 

Poniéndolo en letra cursiva, luce aún mas ridículo. Y si lo lees con voz engolada como la que imposté al leer este escrito, aún más.

Pero, siendo serios…¿Usted en estado de “enamoramiento” no se le podría escapar alguna de estas frases llenas de “melaza” ante el ser amado? ¿No podría ser cursi una madre o un padre al expresarle orgullo a un hijo al momento de su graduación? O no le sería fácil escribir una frase llena de “melcocha” ante un logro de un ser querido?

La respuesta va llegando a mis dedos.

Es sumamente complicado escribir una escena de amor sin caer en una letra de reggaetón. Sólo unos cuantos bendecidos de las letras son capaces de expresar lo sublime de la intimidad. De llevarnos al éxtasis de la emoción y del sobrecogimiento. El resto rodaran a lo prosaico tipo Bad Bunny.

Lo cursi no es otra cosa que una emoción extrema llevado a lo sublime, a un terreno que no le pertenece. Todos sentimos emociones, pero pocos podemos traducirlas al lenguaje escrito.

Ante la persona amada, full de oxitocina, no es posible transmitirle dicho amor sin una cara de cordero degollado y una frase que lleve la intensidad de todo lo que se siente. Seguramente sonara cursi…menos para los enamorados.

Es muy simple. Escribir una emoción intensa con palabras es llevarla a un contexto que no le corresponde.

La única forma que usted no perciba lo cursi de lo cursi, es que usted esté envuelto en la misma emoción.

Un enamorado al decir “Te quiero como a mi vida, pero mas quiero a mi vida porque sin ella me muero” (insisto en la letra cursiva), le puede sonar muy tierno a quien esté sintonizado en dicha frecuencia. Y será siempre tierno para todos menos lo que estén fuera de sintonía

Es el terreno de las emociones de las cuales todos estamos inmersos.

 

Dicho de otra manera, soy cursi, pero…MAS CURSI SERÁ USTED!!!

 

Cesar Yacsirk

Pandemia Febrero 2021


viernes, 29 de enero de 2021

Soy Grafito Por: Santiago Porras Rojas

Soy Grafito

Santiago Porras Rojas.  

Enero 29, 2021


La hoja de papel en blanco cae sobre el escritorio y dice.

- ¿Rostro oculto? ¡Conmigo no va!  Soy blanca por ambas caras.

El escritorio responde, con voz de secreter -Me interpretan mal los que piensan que yo oculto algo; si abres las gavetas o cajones, encontrarás lo que guardo, así que se lo dejo a Curiosidad, a quien le encanta explorarme.

La silla, calladita, se aproxima por la mano que la retira para sentarse sobre ella y la acerca al escritorio. Al hacerlo, abre la gaveta y con un quinteto de pinzas, registra el cajón, en donde, debajo de sobres, cajitas y papeles encuentra al lápiz.   

Al sentirse tomado por dos del quinteto, siente la alegría de ser útil para algún propósito oculto en la mano de aquel que lo utiliza. Mientras prosigue entrelazado en los dedos del escribidor, quien ahora, a su vez, levanta unas cinco hojas para agruparlas en secuencia ordenada; el lápiz le pregunta. 

-¡Hola! ¿Para qué soy bueno? 

(*)

-Esta vez necesito que escribamos de “Rostros ocultos”.

Al lápiz le encantó la idea. En realidad, él reconocía que es uno de esos que oculta su verdadero rostro y le dijo al escribidor…

- Ahhhh estoy entusiasmado porque, me sirve a mí que me oculto debajo de la madera, y aquí donde me hallo furtivo hay un universo de palabras ocultas, a disposición de quien desee manifestarse, gracias a que soy “Grafito”. 

Al escucharlo atentamente, el escribidor comentó.

- Es curioso escuchar que veas bondades en tu estructura. Me estoy dando cuenta que aprecias el encubierto donde se encuentra aquello que precisamente es tu mayor valor interior. Como “grafito” puedes dibujar los rostros ocultos de la benevolencia que llevas en tu esencia y, al mismo tiempo, la de las sombras o maledicencias que escondes en tu mina. Así también me ocurre a mí, con la diferencia de considerar que es mejor hablar de aquello que resalta lo mejor de cada uno.    

- ¿y cómo es eso? Porque yo encuentro que soy limitado, y lo que ocurre cuando dejo los trazos de lo que escriben los escribidores, me voy empequeñeciendo y al final me oculto tanto que, me desgasto para siempre, y me ocultan en la papelera. Es así como cumplo mi misión; danzar con las líneas que escriben tus relatos. 

El escribidor reflexiona un instante y dice 

-Cuantas semejanzas hay entre nosotros amigo “Grafito” y aprecio mucho que, sin darme cuenta, estas dejando en el cuaderno el registro de este escrito, en el que puedo hacerme tanto bien, a través de la punta mineral del carbono maravilloso que nutre tu mina, para que yo transforme la imagen del rostro que me asusta del rechazo, y me abrace a la afable sensación de fluir en la confianza que me muestras, en donde lo que importa está en las fortalezas que constituyen el grafito que también llevo adentro de mi, para danzar confiado con la aceptación y los rechazos. En ambos hay oportunidades para equilibrar mi bienestar.

-Sigue escribiendo escribidor. Dijo Grafito, y continuó. - es hora de que me afiles y sigas afilándote hasta que traces las letras que nutran relatos de una vida que, tiene guardadas incontables palabras que inciten sentimientos positivos.

El escribidor prosiguió así.

-Te guardaré en mi cartuchera, sin que sufras dolor al retorcerte en las hojillas del sacapuntas, como agradecimiento, y te cuidaré para siempre.

Replicó “Grafito” finalmente – Por favor, deja que yo cumpla mi misión. Es imprescindible que nos afilemos, aún y cuando signifique incomodidad y dolor. Es allí donde la vida es una secuencia de oportunidades de aprendizaje, los lápices para trascender hemos de dejar trazos, son como las huellas de tu legado.

El escribidor escribe hasta el infinito y al escribir deja el aroma de sus trazos, hechos de palabras.      

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(*) Imagen – dibujo del autor


martes, 26 de enero de 2021

LOS ROSTROS OCULTOS por Lele Garassini

Los rostros ocultos

Cuando colocaron el reto de escribir sobre los Rostros ocultos, así como hago todos los meses con el reto de escritura, pensé en el tema a ver si me venía alguna idea de cómo abordarlo y decidí, como también he hecho muchas veces, hacer una búsqueda en internet con las dos palabras “Rostros ocultos”. Para mi sorpresa el primer referente es una Banda de rock española que sale siempre de primera, con sus canciones, álbumes, éxitos, en fin toda su trayectoria. Más adelante empiezan a aparecer menciones sobre el Arte de ilusión óptica, es decir a efectos perceptuales donde hay algo oculto que aparece como una ilusión óptica. Posteriormente hay varios links a la Autobiografía de la Vida secreta y la novela “Rostros ocultos” de Salvador Dali. También se encuentran numerosas referencias al rostro oculto de diferentes movimientos o tendencias actuales como: el rostro oculto de la violencia de género, del mal, del movimiento ciudadano por la paz, entre otros. Finalmente aparecen menciones a la cantante australiana Sia, que en todas sus apariciones en público se oculta el rostro con su cabello, incluso mencionan una entrevista que le hicieron y le preguntaron el porqué del ocultamiento de su cara en sus presentaciones y dijo que para tener privacidad y poder ir a cualquier lugar público y que no la reconocieran y ser como cualquier otra persona.

Después de ver el popurrí de referentes, la mayoría relacionados con el querer ocultar algo, o no mostrarlo directamente, o hacer denuncia de algo, empecé a pensar en los rostros ocultos y lo empecé a relacionar con los diferentes roles que cada persona debe ejercer en su vida, porque de alguna manera tienes un rostro en cada rol, y sin querer,o queriendo, ocultas otros de tus rostros en cada rol. Ojo, no necesariamente el rostro que ocultas, son aspectos negativos de tu personalidad, sino aspectos que no muestras porque no quieres o porque no se presentó la oportunidad de mostrar. Sobre eso es que he pensado y quiero escribir. Cada persona cumple muchos roles y puede enumerar los suyos. Como ejercicio enumeraré los míos: mujer, hija, hermana, prima, amiga, esposa, madre, tía, madrina, comadre, cuñada, nuera, consuegra, profesora, colega, psicoterapeuta, vecina, ciudadana, migrante, latinoamericana, lectora, escritora, corredora, caminadora, ciclista, costurera, cocinera. En fin, un montón de roles, que incluso estoy segura que se me pasan varios. Pensándome en cada rol me doy cuenta que solo muestro, o mostramos, una faceta de nuestra vida en cada uno porque las circunstancias, o las normas, o el deber social, o incluso tus propias “autoexigencias” te lo demandan, quedando siempre algunos rostros ocultos cuando actuamos bajo un rol.

¿Estaremos preparados para hablar o para mostrar nuestras vulnerabilidades y nuestras capacidades, porque ambas son rostros, en cualquier momento que nos encontremos?

Quizás la norma social dice que al conocer a otras personas en un rol deberíamos presentarnos según nuestra experiencia en ese rol, sin decir muchas cosas, pero tampoco sin decir nada. A medida que seguimos frecuentando a esas personas empezamos a contar un poco más de nuestro rol y quizás nos atrevemos a empezar a mostrar otras facetas o rostros de nuestra personalidad y nuestra vida. ¿Cuánto mostramos?¿Qué mostramos? Pues allí hay un largo depende… y allí existe una gran diversidad, en uno mismo y con las demás personas. Habrá a quienes siempre les mostremos el mismo rostro, quizás muy ligado al rol, a otras poco a poco les vayamos ampliando los rostros y con algunas , de seguro muy selectas en nuestra vida, ¿seremos capaces de no tener rostros ocultos? ó ¿seremos lo más transparentes posibles?... porque en definitiva pareciera que a la única persona con la que uno puede ser totalmente auténtico y no tener rostros ocultos,  es uno mismo… y siempre es un trabajo incluso ser totalmente honesto con uno mismo…ahora imagínense con los demás…lo difícil que es no tener ningún rostro oculto, que insisto, no siempre es una característica negativa de ti misma, simplemente puede ser algo que no quieres mostrar por pudor, por miedo, por humildad, en fin por cualquier cosa que tú y solo tú hayas decidido, en plena libertad resguardar.

En fin , interesante este tema de nuestros “rostros ocultos”, que definitivamente con este escrito los he reconceptualizado. No hay ningún problema en tener rostros ocultos, si lo hacemos porque lo decidimos, con quién, cuándo y por qué hacerlo y tenemos la libertad para pensarlo, cambiarlo y entenderlo. Me pregunto:

¿Habría entonces que aprender a gerenciar saludablemente nuestros rostros?

Buen título para un programa de formación.

 

María Elena Garassini

domingo, 24 de enero de 2021

LAS CARAS OCULTAS DEL MUNDO

 

LAS CARAS OCULTAS DEL MUNDO

 

El mundo se me hace, una gigantesca cebolla,

cuyas capas van cayendo cada día, cada segundo.

Están mutando las cepas humanas

y las moléculas vivientes.

 

Las mutaciones intangibles del alma,

avanzan sin huella, solapadamente.

Transparentes y silenciosas,

creando la nueva especie humana.

 

Sigue cambiando lo cotidiano,

están en ebullición sentimientos,

pensamientos y emociones,

cabalgando en vientos huracanados.

 

La irreverencia, el cinismo, la violencia

y el miedo protagonistas de la cara oculta.

Encienden los megáfonos del mundo,

gritando mentiras o medias verdades.

 

En mi cara oculta, cuelgan dos lágrimas,

se han cristalizado en las fallas del tiempo.

Tal vez se queden allí para siempre,

como el crudo testimonio de aciagos momentos.

 

Todas las caras están ocultas, andan en el anonimato.

Tal vez por eso la realidad no es más cruda.

Estamos escondidos tras mascarillas,

que son el nuevo sello de la caricatura humana.

 

La cara oculta del mundo, silente y pestilente.

Donde pululan los agujeros negros del hambre

y la destrucción ecológica.

Serán amasijos de herencia para los que amamos.

 

La pandemia deja desnudas,

nuestras miserias y fortalezas humanas.

Lo mejor y lo peor quedan registradas,

en la balanza espiritual de cada quien.

 

Mi poesía tiene dos caras, la oscura y la luminosa.

A veces una pesa más que la otra.

Que se me anclen la luz del amor y la esperanza,

para que pueda vivir y morir poéticamente.

 

Gudelia Cavero Hurtado

sábado, 9 de enero de 2021

Tema de enero 2021 del CEC


Club de Escribidores de Caracas, CEC

Reunión de enero 2021

Host: Don Pelícano

Sábado 30 de enero de 2021

10 am

Zoom

Tema: Los rostros ocultos

Mi maleta para el 2021/Lele

Soy la maleta del 2021 . Estoy en una vitrina con muchas otras más. Somos todas muy diferentes, pero también somos iguales, en fin somos todas maletas, parecemos maletas, tenemos la función de una maleta, pertenecemos al gremio, pues.

Yo en particular soy una maleta muy práctica y versátil, de un tamaño cómodo y estándar que le puedo ser útil a muchos usuarios. Estoy fabricada de un material resistente y duradero que permite cierta elasticidad que me hace adaptable.

Hoy estoy de suerte, me han comprado y me llevan para un hogar donde se respira armonía y ganas de emprender, en este caso de emprender un nuevo año, el año 2021. Se disponen a cargarme. Me miran , me abren y me cierran, me miden, meten y sacan algunas cosas y me susurran que me aprecian, que he sido una buena elección. Como cualquier maleta que se respeta, siento orgullo, me siento apreciada sabiendo que seré útil. Escucho conversaciones a diario de la preparación del viaje, que inicia el primero de enero y que durará 12 meses. Ya me dijeron que los primeros seis meses los acompañaría en casa desde la virtualidad cargada de buenos libros, una bicicleta, los dispositivos para trabajar y relacionarnos con los seres queridos y, como podía faltar, el router para estar conectada. Escuché también que me estrenarían internacionalmente a mediados de año, que me llevarían a Costa Rica, cargada de buenos deseos, un vestido de fiesta para un matrimonio y muchas ganas de reencontrarnos con la familia extendida en la celebración. Ese día mostraré mi mejor cara, me adaptaré a todo lo que me coloquen de carga y rodaré feliz por el aeropuerto. Si la vida lo permite, hacia finales de año planean llevarme a Europa. Dos destinos potenciales me esperan; España para visitar familia y hacer diferentes gestiones legales e Italia para practicar italiano profundizando en algún curso de Logoterapia y disfrutar de alguna de sus ciudades. Definitivamente soy una maleta afortunada y feliz, soy parte de una familia que me aprecia y se va adaptando conmigo a las diferentes situaciones que ellos viven, y vive el mundo. Inicio con gran entusiasmo y mucha calma a la vez, este 2021, que de seguro me depara muchas cosas buenas y aprendizajes.

¡Feliz viaje para todas las maletas en este año que inicia!

María Elena

lunes, 4 de enero de 2021

la maleta/Lionel Álvarez

 LA MALETA


Soy de los años sesenta, modelo italiano, de piel fina y de buena presencia. En Europa me conocían como "valija" (valigia, nella mia lingua madre), pero tan pronto llegué a Venezuela me llamaron "maleta", algo que no me agradó. No solamente porque el nombre sea feo, sino que luego me enteré que, acá, es sinónimo de malo, inútil e incapaz.

Por muchos años acompañé a mi dueño, en sus viajes de vacaciones y de negocios, irradiándole, con mi presencia, "elegancia y categoría". Eran tiempos de la democracia, hasta con poco dinero se podía viajar, aprovechando aquellas inolvidables ofertas de "¡viaje ahora y pague después!".

Todavía me sentía en muy buena forma, cuando la señora de la casa, por allá por los años setenta, se antojó de adquirir unas nuevas que estaban muy de moda. No me gustó que dijera, como justificación:"es que esa italiana es muy delicada". Recuerdo que eran unas "Sansonite" y las vendían en juego, dos maletas grandes y una pequeña que llamaban “neceser”.  Fue así como pasé a la reserva, dejaron de usarme y comenzaron a viajar con las nuevas, que revestidas de una fibra vulcanizada, eran muy fuertes, y aguantaban los rudos maltratos a que somos sometidas en nuestros viajes.

Pero a finales de los 80 comenzaron a ocurrir cambios importantes en nuestra especie. Una nueva generación de maletas salió al mercado, fabricada con textiles muy resistentes y muy livianos, en vistosos colores, con asas telescópicas y cierres de seguridad. Pero lo más importante fueron ¡las ruedas! Los pasajeros no tenían que cargarnos en peso, como hacían conmigo; ahora las llevaban a su lado, halándolas, o empujándolas sin mayor esfuerzo, como ágiles bailarinas deslizándose sobre hielo.

Entonces, las otrora pretenciosas "Sansonite" también fueron desplazadas y vinieron a hacerme compañía, arrumadas acá, en el tramo más alto del armario. Con tantas maletas nuevas, más  nunca nos llevaron a viajar, y no los culpo,  tenían razón, no van a cargar con unas viejas, cuando pueden rodar suavemente a unas jovencitas.

Las últimas veces que me sacaron, fue para pasearme por el vecindario. Una tradición que se hizo popular, creyendo que eso les traería suerte y comenzarían a viajar mucho. Apenas se daban el abrazo de fin de año, la gente salía a recorrer las calles aledañas portando maletas. Siempre me dejaban de última, y solo cuando no habían suficientes maletas, llegaba alguien que me sacaba del clóset; por lo general de mala gana, y muchas veces escuché decir, con resignación: "¡qué "salao", me tocó la vieja sin ruedas!".

La maleta quizás sea uno de los elementos más emblemáticos de la Venezuela de los últimos años, cuando millones de venezolanos hicieron las suyas y emigraron, en búsqueda de libertad y mejor futuro para sus hijos. Sin embargo, no siento que represente al emigrante en su totalidad.

Aunque el dicho popular dice que "Por la maleta se saca al pasajero",  eso suele dar una falsa imagen del portador, se lo digo yo, que soy una valija ya de 65 años y con larga experiencia. Recuerden que son sabios también los dichos que dicen: "las apariencias engañan" y "el hábito no hace al monje".

Nosotras, con nuestra apariencia, podemos  impresionar los sentidos de cualquier observador, quien puede inferir, muchas veces equivocadamente, si el pasajero tiene dinero, bienes, posición social, profesión... Podría deducir, por nuestro aspecto, a que se dedica y que tiene el viajero, pero nunca le diremos, lo que es como persona. No deben confundir lo que se es, con lo que se hace o se tiene, que son cosas muy distintas.

Si desea realmente conocer al pasajero ¡olvídese de mi! ¡Ni siquiera me vea! Es cierto que él coloca dentro de mí, sus prendas y  artículos personales, que le son útiles y necesarios, pero sus posesiones más valiosas no me las confía, eso lo lleva consigo: emociones, sentimientos, vivencias, ilusiones, sueños y esperanzas; su tierra, su familia, sus amigos, y sus más bellos recuerdos, que almacena en su memoria episódica, los comprime en PDF para que entre todo en su corazón.

Para conocer verdaderamente a la persona, debe desvestirla de todo ese "ropaje superficial" y sintonizarse con ella de corazón, porque como bien dice "El Principito": "Sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos."

Lionel Álvarez Ibarra
Diciembre  2020

lunes, 28 de diciembre de 2020

Mi maleta para el 2021


Mucha gente ha vivido este ritual que hoy la pandemia nos cambió el significado
.

¿Qué llevarme en mi maleta para lograr mis sueños y no morir en el intento?

Todos los años buscamos una maleta más grande porque no resistimos dejar afuera lo que metimos en años anteriores. Pero, ¿Realmente que queremos, una “Maleta Feliz”o un Feliz Año?.Para esto decidí este año cambiar la acción y en lugar de buscar una maleta de gran tamaño para meter todos mis accesorios con significado, elegí usar un “morralito” o backpack,que sea práctico, livianito con tres cierres y tres compartimientos separados para un acceso rápido.

La pandemia nos dejó lecciones de vida, de crudas realidades y retos motivantes que han generado enmí, cambios positivos. Por un lado, creíamos que los lujos y vanidades eran exclusivos, era lo distintivo y la pandemia nos enseño a darnos cuenta de que lo verdadero son cosas que no valoramos, como estar más cerca de lo que realmente queremos, como nuestros seres queridos.Reflexionamos y Nos dimos cuenta de lo frágil que es la vida de todos. Muchos vimos partir a seres queridos o están sufriendo inmerecidamente una condición crítica. Por otro lado, celebramos que creció el numero de emprendedores creativos al tener que buscar algo diferente para adaptarse al nuevo confinamiento.Somos creadores natos, sin darnos cuenta.

Lo mas triste y desafortunado sería que en el nuevo año, después de superar la prueba que nos puso el Covid-19 sigamos siendo los mismos de antes. Ahora hay una oportunidad de “ORO” para darnos cuenta que lo que nos rodea tiene un significado especial y que con nuestras elecciones conscientes podremos lograr el bienestar que nos merecemos y construir la mejor versión de uno mismo.

Entonces, apreciados “Lápices resilientes, soñadores y bonachones”, llegó el momento de poder reflexionar para escribir la verdad y pensar ahora de “un año a un año a la vez”, y no ser golosos ni ambiciosos buscando futuros promisorios lejanos e inciertos.

Llegó el 2021, para mí, sin duda alguna, pleno de muchas oportunidades donde yo decidí ser un “creador”., respondiendo dos preguntas inocentes.La 1ª,.¿Qué llevarme en mi maleta para lograr mis sueños y no morir en el intento? y repito ¿Realmente quiero una “Maleta” Felizo un Feliz Año?Eso dependerá de mí, si quiero seguir siendo el mismo de antes. Yo quiero un nuevo año con una nueva vida con un nuevo nivel de elección consciente que me haga un “nuevo” ser más humano y más resiliente.

Ahora, en estos días de “hacer mi maleta”, me tocará vivir un acto de alta reflexión con este gran ritual,que les confieso nunca lo practique formalmente para prepararme para un viaje promisor que borre todas las penurias, dudas e incertidumbres que con la llegada de la navidad debemos pensar en que meter es un espacio finito que yo esta vez decidí sea un “morralito”o Backpack, práctico, liviano y con tres cierres con compartimientos separados para un acceso rápido.

En el 1er. compartimiento, pienso meter un “péndulo”, elsímbolo de la “dualidad” que “oscila” lentamente como la “vida” marcando los opuestos de su recorrido para buscar la coherencia entre mi mente creadora de lo que mi consciencia y mi corazón manifieste.  El principio aquí es,  que si no hay extremo no podría ver expansión y no me permitiría ser creativo para lograr mis planes.

En el 2do. compartimiento,(no se rían) meteréun “yoyo” que es para “jugar” el arranque de mis decisiones que tomé usando el péndulo.  Tengo el poder de tirarlo con fuerzas, como la fuerza de la decisión que elegí para que quede girando en su eje sin parar,dándome motivos para admirar y disfrutar el momento y solo cuando lo haya hecho mío, tiro de un jalón para volver a mi estado inicial de apreciación y control. Hacer esto varias veces me darála confianza de tener yo el control de mis decisiones y no ser víctima de las circunstancias, que rodea al “yoyo”, donde yo sé que estoy a merced de lo que no controlo. 

Y en el 3er. compartimiento, después de pensar de lo que aprendí en el 2020, no dudaré en meter una “Tijera con sierra”, ¿para qué?, para cortar en “zigzag” todos los apegos y circunstanciasque me han hecho dependiente y reconocer que en la interdependencia esta la magia de lograr algo donde la red de todos mis relacionados salgan beneficiados.

Como ven, voy a estar livianito, para reír, para cantar, para bailar y ser feliz, porque el “activo” más preciado, me lo llevo conmigo en mi conciencia y mi corazón y no necesito ni maleta ni morral. Es el poder de la “ELECCIÖN”yla oportunidad, ahora con la magia de la internet, de disfrutar a mi familia, amigos y relacionados no importando el tamaño del péndulo ni de su recorrido.  Ya estoy listo para salir con mi morral al parque que tengo cerca,para practicar y sentir que seré parte de mí en el contendido de mi morral.

¡FELIZ 2021 ESCRIBIDORES!

 Autor: Angel “Rafa” Ceballos