Autor: Martín Fernández
Fecha 16/01/2018
Cuando
se piensa en la guayaba, inmediatamente recreamos ese aroma que endulzaba la
casa; luego, recreas esa mordida, gran mordida, donde los dientes atraviesan su
casco hasta llegar a la pulpa y absorberla para que, dentro de la boca, morder
suavemente y con cuidado para que las semillitas no se incrusten en los
molares, deleitándose entonces de ese maravilloso sabor. No recuerdo que en
casa se hiciera dulce de guayaba; pero la mermelada no faltaba en la nevera, que,
untada en el pan con una rodaja de queso blanco salado, era la mejor merienda,
y, si faltaba el queso, buena era mezclarla con mantequilla (con sal). La
mermelada de fresa trataba de competir, pero solo lograba estar presente en casa
cuando la otra se acababa en los anaqueles del supermercado, o cuando a mamá se
le ocurría que era bueno variar; pero era todo un fracaso, además no pegaba con
el queso blanco ni con la mantequilla.
En
casa, el guayabal no duraba mucho tiempo, no me refiero al sembrado de árboles
de guayaba, que sería su denominación correcta, sino al cesto de frutas a un
lado de la cocina. Mis hermanos preferían otras frutas, aquellas más sencillas
de comer, les gustaba “la papa pelada”, como la patilla y el melón picados, el
cambur, la fresa, etc., o quizás no le simpatizaban las semillitas; pero como
Yo era buen diente, solo me bastaba lavarla y morder.
No
me considero un guayabero, quiero decir, un come guayaba empedernido. Aunque, ese
término se refiere a los oriundos indígenas de las riberas del río Guayabero, en
Colombia, o también a esas camisas de vestir que se llevan por fuera del
pantalón, cuyo nombre original fue "yayabera", que debido a que sus primeros
usuarios (que eran labriegos) llenaban sus bolsillos de guayabas que recogían
por el camino, y con el tiempo cambiaron su nombre. A pesar de no ser
guayabero, si he sufrido de guayabo, me refiero a sus tres acepciones: resaca por
el fiestón del día anterior; o nostalgia por un amor no correspondido, o por un
amor pendejo (amor de lejos) o por no tener cerca lo que se ama; o también,
como dicen en Colombia, ver pasar una mujer joven y atractiva que hace suspirar
y decir: ¡qué guayabo!, ¿tendrá eso que ver con que la guayaba ayuda a la
fertilidad?
FIN
Martín: cuando relatabas como muerdes la guayaba, me di cuenta que casi nunca la como en esa forma. Una sola vez recuerdo que visite a una hermana y me ofreció una, pero era gigante y con bastante pulpa, allí le clavas los dientes y todavía no llegas a las molestosas pepitas. Por lo general en casa hacemos jugo, pero en cualquier forma, la guayaba es una de las frutas con buena fragancia. Saludos
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