sábado, 27 de junio de 2020

Carla Giordani. Arte y Bienestar


TECLAS BLANCAS Y NEGRAS, ARCOS Y VIENTO

Llevo dos cuarentenas entre blancos y negros, igual que las ochenta y seis teclas de mi piano. Hoy frente a tí, observo tu teclado y veo que son más las teclas blancas que las negras, pero necesito de todas para hacer que esa obra que es el piano me sirva como es, un instrumento para poder hacer arte para los demás y para mí. También me siento frente a tu familiar y me consigo lo inverso, más teclas negras que blancas; sonidos absolutamente distintos; el piano y el clavecín, una magia distinta que evoca mi vida como estudiosa de los mismos, ejecutante, docente y miembro de agrupaciones del Sistema de Orquestas. Ese mundo es riquísimo, pues nunca terminan las partituras por estudiar, analizar y aprender; nunca se acabará porque la música es infinita. Nunca me sentí aburrida en un ensayo, siempre estaba el líder, el director y la Obra a interpretar. Tocar como ejecutante y tocar como miembro de una orquesta de cámara o sinfónica son retos diferentes, todo bajo el amparo de la disciplina y lo serio de la misma.

Recuerdo con gracia y alegría, en aquel momento fue un tremendo susto y compromiso, que estaba de Gira por el Caribe con una Orquesta de Cámara, y horas antes del concierto, el director me avisa que el primer ministro de esa Isla, solicitó que se aperturara el concierto con el Himno local. La embajada estaba enviando al hotel la partitura, hicimos unos arreglos para que el concertino y yo lo tocáramos. No era la época de youtube, pero como siempre yo quería estar segura totalmente de que lo que estábamos tarareando era lo correcto. No era cualquier obra, era el Himno y estarían las Autoridades más representativas de ese lugar. Vaya compromiso. Para calmar esa ansiedad tuve una ocurrente idea, que resultó sanadora: le pedí al concertino me acompañara al bus que transportaba a la orquesta y le pido al conductor que tome el micrófono del mismo y me cante el Himno. Me miró como si yo estaba demente. Le explico que tengo que escuchar su Himno para hacerlo bien y aquel hombre se sintió Pavarotti con el micrófono; creo que encontré un cantante o el deseo de tomar un micrófono a petición. El señor lo hizo tres veces, cada vez lo hacía más suelto y al mismo tiempo con más ímpetu. El fue feliz, yo me serené y el concertino gozó mucho pues le pareció una comedia. Finalmente aún recuerdo las palabras del Director ya en el Teatro, toda la orquesta en pie y cuando se anunció el Himno, el ruido de las butacas y todas las Autoridades y público general se levantaron y pusieron sus manos en el corazón fue realmente sublime  e intimidante. La única que se sentó fuí yo porque tenía que tocar. La anécdota es que el señor del bus había entrado a la sala donde estábamos previamente los músicos, un camerino grande general, y allí pudo ver que su labor también tuvo frutos. Fue una gran noche.

Carla Giordani
Mi fotografía a los 10 años

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