viernes, 29 de enero de 2021
martes, 26 de enero de 2021
LOS ROSTROS OCULTOS por Lele Garassini
Los rostros ocultos
Cuando colocaron el reto de escribir sobre los Rostros ocultos, así como hago todos los meses con el reto de escritura, pensé en el tema a ver si me venía alguna idea de cómo abordarlo y decidí, como también he hecho muchas veces, hacer una búsqueda en internet con las dos palabras “Rostros ocultos”. Para mi sorpresa el primer referente es una Banda de rock española que sale siempre de primera, con sus canciones, álbumes, éxitos, en fin toda su trayectoria. Más adelante empiezan a aparecer menciones sobre el Arte de ilusión óptica, es decir a efectos perceptuales donde hay algo oculto que aparece como una ilusión óptica. Posteriormente hay varios links a la Autobiografía de la Vida secreta y la novela “Rostros ocultos” de Salvador Dali. También se encuentran numerosas referencias al rostro oculto de diferentes movimientos o tendencias actuales como: el rostro oculto de la violencia de género, del mal, del movimiento ciudadano por la paz, entre otros. Finalmente aparecen menciones a la cantante australiana Sia, que en todas sus apariciones en público se oculta el rostro con su cabello, incluso mencionan una entrevista que le hicieron y le preguntaron el porqué del ocultamiento de su cara en sus presentaciones y dijo que para tener privacidad y poder ir a cualquier lugar público y que no la reconocieran y ser como cualquier otra persona.
Después de ver el popurrí de referentes, la mayoría relacionados con el querer ocultar algo, o no mostrarlo directamente, o hacer denuncia de algo, empecé a pensar en los rostros ocultos y lo empecé a relacionar con los diferentes roles que cada persona debe ejercer en su vida, porque de alguna manera tienes un rostro en cada rol, y sin querer,o queriendo, ocultas otros de tus rostros en cada rol. Ojo, no necesariamente el rostro que ocultas, son aspectos negativos de tu personalidad, sino aspectos que no muestras porque no quieres o porque no se presentó la oportunidad de mostrar. Sobre eso es que he pensado y quiero escribir. Cada persona cumple muchos roles y puede enumerar los suyos. Como ejercicio enumeraré los míos: mujer, hija, hermana, prima, amiga, esposa, madre, tía, madrina, comadre, cuñada, nuera, consuegra, profesora, colega, psicoterapeuta, vecina, ciudadana, migrante, latinoamericana, lectora, escritora, corredora, caminadora, ciclista, costurera, cocinera. En fin, un montón de roles, que incluso estoy segura que se me pasan varios. Pensándome en cada rol me doy cuenta que solo muestro, o mostramos, una faceta de nuestra vida en cada uno porque las circunstancias, o las normas, o el deber social, o incluso tus propias “autoexigencias” te lo demandan, quedando siempre algunos rostros ocultos cuando actuamos bajo un rol.
¿Estaremos preparados para hablar o para mostrar nuestras vulnerabilidades y nuestras capacidades, porque ambas son rostros, en cualquier momento que nos encontremos?
Quizás la norma social dice que al conocer a otras personas en un rol deberíamos presentarnos según nuestra experiencia en ese rol, sin decir muchas cosas, pero tampoco sin decir nada. A medida que seguimos frecuentando a esas personas empezamos a contar un poco más de nuestro rol y quizás nos atrevemos a empezar a mostrar otras facetas o rostros de nuestra personalidad y nuestra vida. ¿Cuánto mostramos?¿Qué mostramos? Pues allí hay un largo depende… y allí existe una gran diversidad, en uno mismo y con las demás personas. Habrá a quienes siempre les mostremos el mismo rostro, quizás muy ligado al rol, a otras poco a poco les vayamos ampliando los rostros y con algunas , de seguro muy selectas en nuestra vida, ¿seremos capaces de no tener rostros ocultos? ó ¿seremos lo más transparentes posibles?... porque en definitiva pareciera que a la única persona con la que uno puede ser totalmente auténtico y no tener rostros ocultos, es uno mismo… y siempre es un trabajo incluso ser totalmente honesto con uno mismo…ahora imagínense con los demás…lo difícil que es no tener ningún rostro oculto, que insisto, no siempre es una característica negativa de ti misma, simplemente puede ser algo que no quieres mostrar por pudor, por miedo, por humildad, en fin por cualquier cosa que tú y solo tú hayas decidido, en plena libertad resguardar.
En fin , interesante este tema de nuestros “rostros ocultos”, que definitivamente con este escrito los he reconceptualizado. No hay ningún problema en tener rostros ocultos, si lo hacemos porque lo decidimos, con quién, cuándo y por qué hacerlo y tenemos la libertad para pensarlo, cambiarlo y entenderlo. Me pregunto:
¿Habría entonces que aprender a gerenciar saludablemente nuestros rostros?
Buen título para un
programa de formación.
domingo, 24 de enero de 2021
LAS CARAS OCULTAS DEL MUNDO
LAS CARAS OCULTAS DEL MUNDO
El mundo se me hace,
una gigantesca cebolla,
cuyas capas van
cayendo cada día, cada segundo.
Están mutando las
cepas humanas
y las moléculas
vivientes.
Las mutaciones
intangibles del alma,
avanzan sin huella, solapadamente.
Transparentes y
silenciosas,
creando la nueva
especie humana.
Sigue cambiando lo
cotidiano,
están en ebullición sentimientos,
pensamientos y
emociones,
cabalgando en vientos
huracanados.
La irreverencia, el
cinismo, la violencia
y el miedo protagonistas
de la cara oculta.
Encienden los
megáfonos del mundo,
gritando mentiras o
medias verdades.
En mi cara oculta,
cuelgan dos lágrimas,
se han cristalizado en
las fallas del tiempo.
Tal vez se queden allí
para siempre,
como el crudo
testimonio de aciagos momentos.
Todas las caras están
ocultas, andan en el anonimato.
Tal vez por eso la
realidad no es más cruda.
Estamos escondidos
tras mascarillas,
que son el nuevo sello
de la caricatura humana.
La cara oculta del
mundo, silente y pestilente.
Donde pululan los
agujeros negros del hambre
y la destrucción
ecológica.
Serán amasijos de
herencia para los que amamos.
La pandemia deja
desnudas,
nuestras miserias y fortalezas
humanas.
Lo mejor y lo peor
quedan registradas,
en la balanza
espiritual de cada quien.
Mi poesía tiene dos
caras, la oscura y la luminosa.
A veces una pesa más
que la otra.
Que se me anclen la
luz del amor y la esperanza,
para que pueda vivir y
morir poéticamente.
Gudelia Cavero Hurtado
sábado, 9 de enero de 2021
Tema de enero 2021 del CEC
Club de Escribidores de Caracas, CEC
Reunión de enero 2021
Host: Don Pelícano
Sábado 30 de enero de 2021
10 am
Zoom
Tema: Los rostros ocultos
Mi maleta para el 2021/Lele
Soy la maleta del 2021 . Estoy en una vitrina con muchas otras más. Somos todas muy diferentes, pero también somos iguales, en fin somos todas maletas, parecemos maletas, tenemos la función de una maleta, pertenecemos al gremio, pues.
Yo en particular soy una
maleta muy práctica y versátil, de un tamaño cómodo y estándar que le puedo ser
útil a muchos usuarios. Estoy fabricada de un material resistente y duradero
que permite cierta elasticidad que me hace adaptable.
Hoy estoy de suerte, me
han comprado y me llevan para un hogar donde se respira armonía y ganas de
emprender, en este caso de emprender un nuevo año, el año 2021. Se disponen a
cargarme. Me miran , me abren y me cierran, me miden, meten y sacan algunas
cosas y me susurran que me aprecian, que he sido una buena elección. Como
cualquier maleta que se respeta, siento orgullo, me siento apreciada sabiendo
que seré útil. Escucho conversaciones a diario de la preparación del viaje, que
inicia el primero de enero y que durará 12 meses. Ya me dijeron que los
primeros seis meses los acompañaría en casa desde la virtualidad cargada de
buenos libros, una bicicleta, los dispositivos para trabajar y relacionarnos
con los seres queridos y, como podía faltar, el router para estar conectada.
Escuché también que me estrenarían internacionalmente a mediados de año, que me
llevarían a Costa Rica, cargada de buenos deseos, un vestido de fiesta para un
matrimonio y muchas ganas de reencontrarnos con la familia extendida en la
celebración. Ese día mostraré mi mejor cara, me adaptaré a todo lo que me
coloquen de carga y rodaré feliz por el aeropuerto. Si la vida lo permite,
hacia finales de año planean llevarme a Europa. Dos destinos potenciales me
esperan; España para visitar familia y hacer diferentes gestiones legales e
Italia para practicar italiano profundizando en algún curso de Logoterapia y
disfrutar de alguna de sus ciudades. Definitivamente soy una maleta afortunada
y feliz, soy parte de una familia que me aprecia y se va adaptando conmigo a
las diferentes situaciones que ellos viven, y vive el mundo. Inicio con gran
entusiasmo y mucha calma a la vez, este 2021, que de seguro me depara muchas
cosas buenas y aprendizajes.
¡Feliz viaje para todas
las maletas en este año que inicia!
María Elena
lunes, 4 de enero de 2021
la maleta/Lionel Álvarez
LA MALETA
lunes, 28 de diciembre de 2020
Mi maleta para el 2021
Mucha gente ha vivido este ritual que hoy la pandemia nos cambió el significado.
¿Qué llevarme en mi
maleta para lograr mis sueños y no morir en el intento?
Todos los años buscamos
una maleta más grande porque no resistimos dejar afuera lo que metimos en años
anteriores. Pero, ¿Realmente que queremos, una “Maleta Feliz”o un Feliz Año?.Para esto decidí este año cambiar la acción y en lugar
de buscar una maleta de gran tamaño para meter todos mis accesorios con
significado, elegí usar un “morralito” o backpack,que sea práctico, livianito
con tres cierres y tres compartimientos separados para un acceso rápido.
La pandemia nos dejó lecciones de vida, de crudas realidades y retos motivantes
que han generado enmí, cambios positivos. Por un lado, creíamos que los lujos y
vanidades eran exclusivos, era lo distintivo y la pandemia nos enseño a darnos
cuenta de que lo verdadero son cosas que no valoramos, como estar más cerca de lo
que realmente queremos, como nuestros seres queridos.Reflexionamos y Nos dimos
cuenta de lo frágil que es la vida de todos. Muchos vimos partir a seres queridos
o están sufriendo inmerecidamente una condición crítica. Por otro lado, celebramos
que creció el numero de emprendedores creativos al tener que buscar algo
diferente para adaptarse al nuevo confinamiento.Somos creadores natos, sin
darnos cuenta.
Lo mas triste y desafortunado sería que en el nuevo año, después de
superar la prueba que nos puso el Covid-19 sigamos siendo los mismos de
antes. Ahora hay una oportunidad de “ORO” para darnos cuenta que lo que
nos rodea tiene un significado especial y que con nuestras elecciones
conscientes podremos lograr el bienestar que nos merecemos y construir la mejor
versión de uno mismo.
Entonces, apreciados “Lápices resilientes, soñadores y bonachones”,
llegó el momento de poder reflexionar para escribir la verdad y pensar ahora de
“un año a un año a la vez”, y no ser golosos ni ambiciosos buscando
futuros promisorios lejanos e inciertos.
Llegó el 2021, para mí, sin duda
alguna, pleno de muchas oportunidades donde yo decidí ser un “creador”.,
respondiendo dos preguntas inocentes.La 1ª,.¿Qué
llevarme en mi maleta para lograr mis sueños y no morir en el intento? y repito
¿Realmente quiero una “Maleta” Felizo un Feliz Año?Eso dependerá de mí, si quiero seguir
siendo el mismo de antes. Yo quiero un nuevo año con una nueva
vida con un nuevo nivel de elección consciente que me haga un “nuevo” ser más
humano y más resiliente.
Ahora, en estos días de “hacer mi maleta”, me tocará vivir un acto de
alta reflexión con este gran ritual,que les confieso nunca lo practique formalmente
para prepararme para un viaje promisor que borre todas las penurias, dudas e
incertidumbres que con la llegada de la navidad debemos pensar en que meter es un
espacio finito que yo esta vez decidí sea un “morralito”o Backpack,
práctico, liviano y con tres cierres con compartimientos separados para un
acceso rápido.
En el 1er. compartimiento, pienso meter un “péndulo”, elsímbolo de la “dualidad” que “oscila” lentamente como la “vida” marcando los opuestos de su recorrido para buscar la coherencia entre mi mente creadora de lo que mi consciencia y mi corazón manifieste. El principio aquí es, que si no hay extremo no podría ver expansión y no me permitiría ser creativo para lograr mis planes.
En el 2do. compartimiento,(no se rían) meteréun “yoyo” que es para “jugar” el arranque de mis decisiones que tomé usando el péndulo. Tengo el poder de tirarlo con fuerzas, como la fuerza de la decisión que elegí para que quede girando en su eje sin parar,dándome motivos para admirar y disfrutar el momento y solo cuando lo haya hecho mío, tiro de un jalón para volver a mi estado inicial de apreciación y control. Hacer esto varias veces me darála confianza de tener yo el control de mis decisiones y no ser víctima de las circunstancias, que rodea al “yoyo”, donde yo sé que estoy a merced de lo que no controlo.
Y en el 3er. compartimiento, después de pensar de lo que aprendí en el 2020, no dudaré en meter una “Tijera con sierra”, ¿para qué?, para cortar en “zigzag” todos los apegos y circunstanciasque me han hecho dependiente y reconocer que en la interdependencia esta la magia de lograr algo donde la red de todos mis relacionados salgan beneficiados.
Como ven, voy a estar livianito, para reír, para cantar, para bailar y ser feliz, porque el “activo” más preciado, me lo llevo conmigo en mi conciencia y mi corazón y no necesito ni maleta ni morral. Es el poder de la “ELECCIÖN”yla oportunidad, ahora con la magia de la internet, de disfrutar a mi familia, amigos y relacionados no importando el tamaño del péndulo ni de su recorrido. Ya estoy listo para salir con mi morral al parque que tengo cerca,para practicar y sentir que seré parte de mí en el contendido de mi morral.
¡FELIZ 2021 ESCRIBIDORES!
Un cuento de realismo mágico en una maleta
La maleta
Lola tenía solo una hora para salir de su casa; ya venían por ella. No sabía si iba a regresar alguna vez. Sintió una profunda tristeza por tener que dejar todas esas cosas atesoradas por años.
Mientras secaba sus ojos, podía ver las vitrinas llenas de objetos, la vajilla, la platería, las sillas y lo más querido: sus cuadros. Había dedicado esfuerzo, tiempo y relaciones sociales con artistas, para llegar a poseer tal cantidad de cuadros y esculturas. Algunas eran grandes, a las que había colocado un marco de madera tallada con filigranas de oro, a otras que eran grabados sobre tela había tenido el cuidado de colocarlo entre dos cristales sujetados con cuatro uñas de plata y oro que unidas con un alambre de estaño, lograba quedarse fija a la pared.
Su colección de tallas coloniales también se quedaría a esperar la acción de la barbarie que llegaba en momentos; no sabía si iban a tener criterios de proteger o devolver las cosas. Sabía que todo caería al suelo. Se acabaría, se olvidaría. -¿Por qué no lo había regalado a una fundación?-
-¡Lola estás paralizada!, ¿te hago la maleta?- le preguntó Darío, su pareja
-Bueno si. Busca un “carry on” gris con rallas amarillas que está en el closet de la ropa de invierno y mete ahí dos mudas a ver cuánto sobra…-, suspiró
Darío subió corriendo siguiendo las indicaciones estrictas de la mujer. Cuando bajó de regreso todavía estaba parada en el mismo sitio, como una estatua, iguales a las que tenía en el jardín que había traído de Italia y que las hacía un artesano Toscano amigo de su abuela.
-No haz hecho nada, se te acaba el tiempo-, dijo
Pero Lola si había hecho. Todo mental. Usó el tiempo de bajar la maleta para pensar que se llevaría en tan precario tiempo. Solo le dijo lo que pudo: recuerdos, dinero, salud, identidad, inteligencia y amor. Vio que en la maleta todavía quedaba espacio para esas cosas y entonces comenzó a correr. En ese mismo orden lo hizo. Fue a la sala y tomó una vieja foto con todos que atesora, luego recogió el dinero en efectivo que tenía bajo llave. En la cocina vació una pequeña gaveta con las pastillas que necesita al menos para una semana. Tomó de la caja fuerte, sus pasaportes, aun los vencidos; para la inteligencia tomo una versión de bolsillo del nuevo testamento, pues era creyente, y por último; dedicó dos minutos para ver a los ojos al ser que amaba que estaba parado frente a ella. Lo abrazó, lo besó y le dijo que pronto estarían juntos de nuevo.
Afuera, ya estaba un coche esperando para llevarla a un destino desconocido. Corrió, abrió la puerta y espero a que comenzara a andar. No se volteó. Todo se quedó. Solo se llevó lo que necesitaba para irse y así fue.
-Toda la vida en una maleta-, dijo. -Solo me llevo lo que no pueden quitarme, quién soy, a quién amo, mis creencias, mi salud y por sobre todo, mi libertad de poder decidir que nada me hace falta; que me lo llevo dentro.
Cuando llegaron a buscarla ya ella iba en camino a la frontera. Ellos también cruzaron a buscarla. En el cuarto de un viejo motel de dos pisos y al final del pasillo junto a una ventana, encontraron la maleta con sus documentos, un poco de dinero y la ropa de cambio. Había dejado la habitación paga por una semana. Había un cigarrillo en cenicero a medio fumar. Pero ella no fumaba.
No volvió. Nunca supieron que se había llevado un pequeño libro y una foto de la familia.
- ¡Ah pues, con Lola…!, se oyó en la oscuridad.
Alberto
LA MALETA DE UN JOVEN EMIGRANTE.
Por: Martín A. Fernández Ch.
Fecha: 26/12/2020
Era Junio de 1953 cuando ella nace en manos de
un artesano de Vallehermoso, un pueblo de La Gomera, una de las siete islas de
Canarias. Cipriano la mandó a hacer para que su hijo, de apenas 15 años, pudiese
llevar su pocas pertenencias a Venezuela, como ya lo había hecho su hermano
mayor, en búsqueda de un mejor porvenir porque, en esa época, comer era una
proeza diaria, debido a las secuelas de
la guerra civil española, terminada hace 14 años, y al gobierno militar
franquista.
Ella, en manos del joven, emprendió lo que
sería su primer viaje. La carretera vía al puerto de San Sebastián era muy
sinuosa, su incomodidad era compensada por el hermoso paisaje montañoso donde
abundaban las palmeras (de donde los pueblerinos sacaban la savia para hacer
miel), los llanos de maizales (producto necesario para fabricar el gofio) y las
viñas cargadas de racimos prontos a madurarse. Al llegar al referido puerto, se
subió a un barco, siempre agarrada por el joven. De allí, zarparon de noche
hasta llegar, un poco antes del amanecer, al puerto de Los Cristianos, en la
isla de Tenerife.
En este puerto, los estaba esperando el buque
Urania II, a donde se montaron. Al juntarse con otras maletas y mochilas, se
entera que ésta embarcación era un trasatlántico usado en las dos guerras
mundiales para trasladar soldados y ahora, en tiempos de paz, se estaba empleando
para llevar a emigrantes europeos para América, quienes huían del hambre y de
la desesperanza.
La maleta, en cierto modo, la pasó algo
aburrida. No había nada que hacer durante el viaje por el Atlántico. Veía a su
joven dueño que caminaba de un lado a otro, salía a la cubierta y regresaba,
conversaba con algunos pasajeros, quienes eran paisanos con los mismos sueños y
que se conocieron allí mismo; porque los demás, que eran la gran mayoría, hablaban
de una forma extraña, enterándose luego que eran de origen italiano. En cierto
momento, escuchó al joven decir "¡Coño, nunca había escuchado un idioma
distinto al español!"
Pasó más de una semana, cuando la maleta
escucha una algarabía en el casco del barco. Todos los pasajeros, que eran algo más de 400,
empezaron a recoger sus equipajes que se encontraban debajo de las literas o
encimas de los colchones ya desgastados por tanto sudor de almas guerreras, quienes
buscaron dormir para calmar sus angustias. El joven, la agarra y sube a la
cubierta. Acababa de amanecer, había un cielo totalmente despejado dejando ver
su intenso azul. El barco ya había atracado en el puerto de La Guaira, al
frente se veía el cerro Los Cachos lleno de casitas (como un nacimiento), también
la hermosa Avenida Soublette recién construida. Al Oeste se presentaban algunos
pequeños edificios en Maiquetía y hacia el Este se encontraba la Casa Güipuzcuana
y el edifico del Correo, con la plaza Bolívar en frente. Ella estaba extasiada,
al igual que el joven, era la primera vez que veían una ciudad, se notaba que descubrieron
a un país que estaba entrando a la modernidad y en desarrollo, y sentían la
confianza de poder pertenecer a ese progreso.
A la maleta, que además de contener las pocas
cosas del joven, llevaba lo que un emigrante necesitaba: esperanza, Fe,
optimismo y humor, se le ocurrió decirle a su dueño “bueno Toño, ¡Toca madera!
Porque hemos llegado a la sucursal del cielo, al mejor país del mundo:
Venezuela”.
FIN
domingo, 27 de diciembre de 2020
MI MANIFIESTO 2021 EN UNA MALETA
MI MANIFIESTO 2021 EN UNA MALETA
Mi maleta es pequeña y
profunda
Tiene pliegues exactos
para cada equipaje
Por fuera, está muy
golpeada
y sé que irá a mi
viaje final.
Mi maleta se llama
esperanza
Se pinta de todos los
verdes posibles
Su esqueleto es de un
acero rojizo
al que ningún fuego
derrite.
Mi maleta tiene un
compartimento, donde guardo
en un frasco de
cristal y plata,
las lágrimas negras
que me voy enjugando,
las de mis tropiezos y
los golpes que me alcanzan.
LISTADO A EMPACAR
FE Y ESPERANZA
Las tomo de la mano
Con mis dedos
entrecruzados
Atándome a sus
costados
Colgándome a todas tus
aristas
Deslizándome por la
banda de tus carriles
SENTIDO DE MI
EXISTENCIA
Que sea capaz de
escapar a la trivialidad
Al vacío flotante del
abismo
Al socavón gris,
de una vida plana y un
lento morir.
VALENTÍA Y FORTALEZA
El seco frío de la
vida
Cuyos cristales
taladran y lastiman
Necesitarán en mi
equipaje
su abundante mezcla.
VOLUNTAD Y COMPROMISO
Ella y él, en
matrimonio perfecto
Doblados en cara y
cruz,
para abrir los surcos
de mi nueva siembra.
Sin ellos, mi vida
sopla estéril en el hueco de la nada.
TOLERANCIA
Dobladita, plegada en
zigzag,
Colocada en cada
esquina de mi maleta,
para recordar siempre
que el juicio estrangula
y me coloca, en un plano
cáustico y miserable.
ESPIRITUALIDAD
Ocupando cada espacio
etéreo,
encajando en los
bolsillos grandes y pequeños.
Será mi vestido de
gala,
el más grande vuelo de
mi alma.
Que todas mis joyas
sean lumbre espiritual,
manojo de luz, el
sorbo diario
de mi construcción
interna.
MUDAS LAVE Y LISTO
Mi maleta lo más
liviana posible de materialidad
de excesos y repuestos
innecesarios.
Mudas que se laven y
sequen,
con los vientos de mi alborada.
Gudelia Cavero Hurtado
jueves, 10 de diciembre de 2020
MI EXPERIENCIA CON LA PANDEMIA
Por muchos años, mi esposa me advirtió de la importancia de aprender a cocinar. Siempre me lo decía. Por lo general lo acompañaba con un: “Tú nunca sabes...un día que yo no esté...una emergencia...nada cuesta preparar un arroz....”
La necesidad o la motivación para salir de mi zona de confort, nunca se presentó. Pero hace unas semanas, en este año de pandemia, mi esposa comenzó a sentir algunos malestares: una fiebrecita, un dolorcito de cabeza...Un sábado en la mañana, me envió un WhatsApp, en donde me decía que, considerando que los malestares continuaban, había decidido aislarse, como una medida preventiva, hasta asegurar que no se tratara del corona virus. Utilizó para confinarse, la habitación de servicio, que prácticamente convirtió en su “búnker”.
Para el almuerzo del primer día de aislamiento, comencé a contactar por teléfono a algunos restaurantes que sabía tienen entrega a domicilio. Todos me dijeron que no tenían gasolina para el despacho. Seguro que mi esposa escuchó, porque enseguida oí a lo lejos que me gritaba: ¡¿pero por qué no montas unos espaguetis?!; ¡Eso es facilito! Si quieres te voy diciendo como se hace.
Desde la cocina, tenía una visión parcial de la habitación de servicio. Sería entonces una especie de curso "semi presencial", porque de vainita podía medio ver a la "chef profesora". Así se inició mi primer curso improvisado de cocina. Desde lejos escuchaba: “Ralla dos tomates, dos cebollas, pica ajoporro en trocitos...”
El domingo en la mañana me dijo: te voy a explicar cómo hacer unas arepas. Entendí entonces que el curso verdaderamente era intensivo, porque ¡hasta los fines de semana estaban incluidos!La clase dominical inició: En un recipiente con agua...media cucharadita de sal...dos tazas de harina...amasa...déjala descansar ...volver a amasar...Fue un domingo memorable, porque hice ¡las primeras arepas de mi vida!
Así fue transcurriendo la semana, aprendiendo platos diferentes: arroz, espaguetis, salsas, ensaladas, cremas, sopas, milanesas, bistecs, tortillas...Todos eran “mi primera vez”. Considero que, para ser "la primera vez", fueron pocos los errores que cometí, como sumergir el manojo de espaguetis estando el agua todavía fría, o el tratar de voltear la arepa prematuramente, desprendiéndosele la conchita.
Y hablando de concha, cuando hice la crema de auyama, descubrí lo duro que tiene la cáscara, tan dura que me resentí del dolor de la muñeca -de mi "síndrome de Quervain"-. En ese momento pensé: "voy a pedirle a mi traumatólogo, la Dra. Lau, que me prepare un informe en donde recomiende, que no me asignen a la cocina, que preferiblemente me ubiquen en otras secciones en donde pueda desarrollar mejor mis fortalezas y competencias".
Cada vez que terminaba un plato, le servía a mi esposa. Se lo colocaba en una mesita que había dispuesto en la entrada de la habitación. Todos los platos les parecían excelentes, los conseguía ¡exquisitos! Eso sí me preocupó, porque uno de los síntomas del corona virus es precisamente la pérdida del gusto y del olfato. Me preguntaba: ¿será que está perdiendo el gusto?; ¿o está tratando de halagarme para que quede fijo en el puesto?
Al séptimo día de aislamiento, ya era tiempo de realizarse la prueba de detección del Covid. Fuimos al laboratorio ¿y el resultado? ¡Negativo!
Estoy comenzando a creer que lo de mi esposa fue más "Coba" que "Covid", todo para hacerme cocinar. Más de cuarenta años insistiendo -sin éxito- en que aprendiese, para que viniese este Covid y en menos de una semana lograrlo.
Gracias a Dios, que se descartó el Covid, porque comentan los afectados, que el virus deja resabios, no solo de salud, sino financieros. El paciente podrá recuperarse, pero la deuda que queda con la clínica ¡es de morir!
Todos tendremos experiencias y lecciones que recordar de este terrible año de la pandemia. Muchas tristes y dolorosas. Debemos estar agradecidos, los que podamos contarlas. He decidido no guardar malos recuerdos, solo conservaré los buenos momentos, y entre ellos estarán: la decisión responsable e inteligente de mi esposa de aislarse (que aprecio como una demostración de amor), mi incursión en la cocina y ¡mis primeras arepas!
Lionel Álvarez Ibarra
Diciembre 2020
Enviado desde mi iPad
Entre Calidoscopios y rieles
Siempre me ha fascinado la idea del
calidoscopio. Versátil, flexible, mientras más se mueve, más colores aparecen.
Afortunadamente comparto con gente cuyos
calidoscopios se mueven con una agilidad increíble. No queda sino admirarlos y
aprender de ellos. Observarlos desde la curiosidad, desde sus propuestas y preguntarse ¿De qué me sirve a mí todo
esto? En el calidoscopio, cada color
tiene su lugar, pero todos en movimiento. Las formas se juntan y separan, se
mezclan y dan lugar a nuevos colores. Aprender es aceptar que nuevos colores
hagan parte de ti.
Vivir
en estos tiempos de pandemia quizás sea
una de las experiencias más demandantes en cuanto a aprendizaje de nuestras
vidas. Encerrados en el mapa
indescifrable de la incertidumbre, nos vemos obligados a hacernos más dueños de
nosotros mismos, a mover el calidoscopio en nuevas direcciones.
Para comprender la vida, muchos escritores
y poetas han utilizado la metáfora del tren. En estos tiempos de parálisis, yo solo llegué a caminar entre sus rieles. Caminos
paralelos que se extendieron simultáneamente: uno, cargado de miedo; el otro,
de fe.
Mi miedo nada tenía que ver con el encierro
o la inseguridad a la que el mundo entero se enfrentaba. Por el contrario, apareció
con fuerza un temor que creía superado:
el de soltar a Santiago. Tenía miedo de olvidar su voz, su risa. Miedo a que
se me olvidara lo que se sentía en su presencia.
La
aceptación del miedo hizo posible una mirada escondida. Siempre vi en Santiago a
un espíritu libre, dispuesto a llegar a la montaña más difícil. Mi instinto
maternal reaccionó sintiendo miedo. Esta
historia se repitió muchas veces: cuando
decidió que iba a competir en manos libres, cuando se iba a escalar tepuyes, cuando
se fue de mochilero por un año por Latinoamérica, cuando se fue a escalar Los
Pirineos… Así muchas veces. Su entusiasmo y amor por la montaña te ganaba para
acompañarlo en su pasión. Entonces el miedo se disipaba.
En uno de sus diarios Santiago escribió: “Que al ver hacia el cielo
con humildad y con la esperanza de llegar a un lugar más elevado, sean la medicina para nuestro corazón y nuestra
alma”. Estas palabras me mostraron su voz y el sentir de su presencia. Entonces
vi claro lo que mi hijo vino a enseñarme con su vida: no
es posible amar desde el miedo.
Las lágrimas se hicieron presente. Como magia
de alquimista transformaron el miedo en paz.
En los
días siguientes asomó un miedo nuevo, el de perder amigos muy queridos. Este
miedo vino acompañado de la tristeza de ver a algunos partir. El calidoscopio
del aprendizaje se movía tan rápido que me era imposible asimilarlo.
Del
otro lado de los rieles, en el lado de la fe, vi aparecer mis fortalezas una
tras otra. La contemplación de la belleza como refugio. El amor al conocimiento
como impulso para certificarme de Master Coach. A veces, desconcentrada, se
hacía necesario cambiar el fluir por el compromiso. La generosidad me permitió
crear una red de apoyo vecinal que al día de hoy se convirtió en proyecto. Mi
curiosidad por el mundo estuvo en el origen de encuentros familiares para el
disfrute. Somos de esas familias dispersas en muchos países, y una vez al mes
organizamos viajes maravillosos a lugares extraños. Degustamos sus comidas y
conocemos sus culturas, todos juntos en una pantalla de zoom. La gratitud, esa
ventana que me permite ver la belleza en cada color del calidoscopio. La
perspectiva me ayudo a separar lo importante de lo banal, a sumar de los días
vividos. El amar y ser amado me afianzó en mí y en mis amores. Debo reconocer
que el amar se me hace fácil. El abrazo cercano de Rafael inunda mi ánimo.
Con nuevos aprendizajes sumé colores a mis cursos del perdón. Hasta estoy
incursionando en temas nuevos como son la honestidad y la coherencia.
Saber caminar entre rieles paralelos se
convirtió en una fortaleza más. Jung me clasificó en la categoría de sanador; en
la mitología griega representado por Quirón, el sanador herido. Desde la
humanidad de mis heridas puedo sanar y ayudar a otros a sanar. Los dioses
eternizaron a Quirón en la constelación
de Sagitario. Soy sagitariana. Como todo sagitariano: expansiva; y, como toda
luciérnaga: alegre y perseverante con su luz.
En mi calidoscopio descubro colores de una
belleza nunca imaginados. Los aprendizajes han sido muy profundos. Permanecen
en mi disposición a amar con pasión eso que hago, a darme generosamente a quienes
amo; a contemplar el mundo desde la admiración, la gratitud y la compasión. Si
a ello sumo la experiencia del amor de Dios, que no me abandona, el miedo se
hace recuerdo y la fe camino.
Irma Wefer
miércoles, 9 de diciembre de 2020
Cuéntanos tu experiencia con la pandemia
María Elena Garassini
Cuando algo es mundial, de forma natural, ocurre un gran experimento social
donde a toda la población se le somete a unas variables y es posible estudiar
el comportamiento de las personas, familias, comunidades, organizaciones, ongs,
países y un sin finde etcéteras.
Seguir por la prensa, twiter, chats, amigos y familia, en diferentes partes
del mundo, los acontecimientos, anécdotas, duelos y hasta apoyo psicológico a
personas que habían perdido familiares a causa de la pandemia, o en medio de la
pandemia, fue de alto reto intelectual, profesional y emocional, pero agradezco
a la vida haberlo vivido, comprendido y aprendido.
Vivir la pandemia en Bogotá, la ciudad donde vivo en este momento, también
ha sido una experiencia de mucho aprendizaje, y de agradecer la vida
privilegiada que tengo en este capítulo de mi vida, en un apartamento amplio,
céntrico, rodeado de ventanas que me permiten apreciar preciosos árboles
frondosos, con espacio para que todos tengamos un lugar privado de trabajo
virtual con computadora y buena conexión a internet, además de trabajo que se
virtualizó de manera sencilla, y con relaciones que me permitieron participar
en muchos eventos.
La vida y la convivencia en familia, en pareja, con amigos, solo, o con la
realidad que a cada persona le haya tocado vivir en el confinamiento, evalúo
como la más significativa y retadora. Hacerse de rutinas asertivas, negociar
con uno mismo y/o con los demás el funcionamiento de las jornadas diarias en
los días de semana y los fines de semana. Aprender a respetarnos los espacios y
las necesidades, entender los episodios de sensibilidad, frustración, miedo,
cansancio o hastío propio o del otro, aprender a encontrar momentos de esparcimiento
juntos o solos. ¡Cocinar con Juan ha sido una actividad en pareja que hemos
disfrutado un montón! Por otro lado hacer seguimiento a familiares o amigos con
sus propios retos durante la pandemia y el confinamiento y apoyarlos
afectivamente, en momentos de compañía virtual, en necesidades económicas o
laborales, en situaciones de enfermedad o de pérdida, en fin estar allí para
ellos, ha sido un ejercicio de solidaridad y compasión que nos hace más humanos
y nos lleva de nuevo al agradecimiento de lo que tenemos y de tenernos
mutuamente.
El valor de aprender y tener acceso a la formación por medio de la
tecnología ha sido un verdadero disfrute para mi que soy tan inquieta. A
principios de este año y la llegada de la pandemia y el confinamiento lo evalúo
hoy como una “diosidencia”. Desde que llegué a Colombia hace casi tres años, he
estado muy atenta a incorporarme en procesos de formación en áreas que siempre
han sido importantes y quería profundizar. Al recién llegar a Bogotá en febrero
de 2018 me inscribí en un curso en la Universidad Javeriana de Resiliencia y
Duelo donde tuve la dicha de tener tres maravillosos profesores y uno de ellos
me invitó a pertenecer a un grupo de estudio sobre la Resiliencia que tenían en
la Universidad, al cual me incorporé enseguida y nos reunimos semanalmente a
leer, intercambiar ideas, colaborar en proyectos, eventos, escritura de libros,
en fin, un disfrute en equipo, maravilloso, que han sido una excelente compañía
virtual también durante la pandemia.
La diosidencia (1) que ocurrió a principios de año tiene que ver con la inscripción en un diplomado sobre Logoterapia que ofertaban de manera virtual , principalmente en Colombia y México, con encuentros presenciales acordados con las personas que se encontraran en la misma ciudad. Lo inicié en febrero y me mantuvo leyendo, asistiendo a las clases y haciendo discusiones y actas de lo aprendido cada semana, casi como estudiar un pregrado jajaja, pero fue tan interesante y cómo continuábamos en confinamiento decidí tomar el segundo nivel del diplomado tres meses más, con la misma intensidad concluyendo con el análisis de un caso súper detallado que nos permitió aprender un montón. Seguido a eso inició la preparación del II encuentro internacional de Logoterapia y me invitaron a preparar un taller y a hacer cualquier intervención artística ( cantando dos canciones con mi hijo menor Santiago que aprendió a tocar guitarra durante la pandemia). Ahora me han integrado al equipo del Instituto colombiano de Logoterapia y empezaré a apoyarlos en varios proyectos que están construyendo para iniciar el próximo año. Yo le comenté a la coordinadora del Instituto que “La logoterapia o terapia del sentido y yo nos estábamos buscando y felizmente nos encontramos aquí en Bogota”. Este encuentro con la Logoterapia y este grupo de seres humanos que la promueven aquí en Colombia ha sido uno de los mayores regalos que la pandemia me ha dado.
El tiempo dedicado a mi misma ha sido un lujo durante la pandemia. Tener todas mis necesidades vitales resueltas resulta un privilegio y me ha permitido tener maravillosas experiencias durante esta pandemia que han servido de amortiguadores y catalizadores para la falta de movilidad, insignificante en mi caso, que nos ha impuesto el confinamiento.
Doy gracias finalmente a la vida, y a Alberto, como el coordinador de nuestro club de escribidores el poder habido retomar la escritura, y poder compartirla en forma virtual mensualmente, en unos encuentro maravillosos que han sido “chocolate para el alma en estos tiempos de pandemia”.
Un abrazo a todos
Lele
(1) Coincidencias de Dios, o con Dios. Aclaratoria para los que nos leen de lejos
martes, 1 de diciembre de 2020
Mis vivencias en pandemia 2020
Caracas,
Noviembre 2020
Autor:
JesucitaPeters Salcedo.
"Mis
vivencias en pandemia 2020"
Mirar estos meses transcurridos en pandemia,
para mí es como una película de ciencia ficción, es estar en una vorágine de
acontecimientos nunca antes vivido.
Me resulta tan novedoso, que no sé cuál es la
estrategia para convivir con covid19 , a pesar de que existen infinidad de
recomendaciones posibles.
Me asomó al balcón de mis emociones y las miró
confluyendo con el prisma de mis colores favoritos, a cual más escoger;es como
un tobogán, hay días que estoy alegre para lanzarme del mismo y otros que
ni siquiera puedo subir sus escaleras, así transcurren los días de
confinamiento,incluso puedo perder la noción del tiempo pues al no salir de
casa se me mueve el piso de mis rutinas cercanas.
La pandemia para mi cursa en sus inicios con
dolores físicos que decido cocinar a fuego lento para poder asimilarlos, pues
me reconozco en estos momentos vividos con la mayor de las vulnerabilidades
humanas, nunca antes experimentado en el tren de mi vida; caramba, cuando
apenas comienzo a disfrutar de mi soledad, irrumpe violentamente este quebranto
de salud que mueve en mi las fibras de la orfandad más profunda nunca antes
vivida, definitivamente no sabemos lo que nos depara el destino.
Aprendizajes muchos que llenan el jardín de mis
emociones y sentimientos,eventos importantes personales (el nacimiento de mi
segundo nieto, la boda de mi hija, el cumpleaños de mi primer nieto).es decir,
todo lo esperado e imaginado desde que tienes hijos.
El camino recorrido en pandemia no ha sido
fácil, pero hoy puedo mirar hacia atrás y sentir que ya paso esta afección
física que hacía que el sonido del canto de las guacamayas no
sonara igual, tanto es así que el primer día que logró salir de mi
habitación y ver la luz del sol me puse a llorar y no sabía hasta ese momento
la importancia y su significado en mi vida, ya que damos muchas cosas por
sentado.
Quizás otro aspecto que me enriquece es el
aprender a postergar y a sublimar en tiempos de pandemia y pensar que el
arcoíris de mis afectos importantes, llegarán a mi vida como remanso de
paz para nutrirme, hasta saciar mis ansias contenidas de ese contacto personal
con mis amores.
Hoy día ya bastante recuperada trato de
reestructurar mi tiempo para seguir en confinamiento, complementando mi
día con actividades físicas, todas realizadas dentro de mi apartamento, media
hora camino y luego media hora de ejercicios para fortalecer mi pierna derecha,
ya mucho mejor de mis dolencias, una vez más pensar que voy hacer de desayuno y
almuerzo la cena para mí no es tan importante, pero lo cierto es que a pesar de
que las personas les gusta mi sazón yo ya no quiero comer mi comida, lo que me
insta a buscar y hacer recetas nuevas para ver si acepto más los
alimentos , la verdad disfruto inventar recetas y era una actividad
que antes estaba limitada por mis actividades laborales.
Ya en este momento moviéndome para sacar la
prórroga del pasaporte en este país que lo más elemental se convierte en una pesadilla,
por cuanto se me venció en la pandemia, vamos a ver si hay luz al final del
túnel y que pueda irme con mis hijas y nietos.
Hoy infinitamente feliz por cuanto pude obtener
la prórroga del pasaporte y comprar otro pasaje para salir si Dios lo permite
el 16 de Diciembre.
Estos tiempos de pandemia quedarán en nuestros
recuerdos como huellas imborrables de nuestro transitar por este plano y
que no se diga que a través de nuestros años hemos vivido cualquier cantidad de
acontecimientos para contar.
Ya próximos a recibir las navidades 2020 con optimismo y mucha esperanza que lo que viene para la humanidad en general, es muchas experiencias que nos harán mejores personas.



