viernes, 29 de enero de 2021

Soy Grafito Por: Santiago Porras Rojas

Soy Grafito

Santiago Porras Rojas.  

Enero 29, 2021


La hoja de papel en blanco cae sobre el escritorio y dice.

- ¿Rostro oculto? ¡Conmigo no va!  Soy blanca por ambas caras.

El escritorio responde, con voz de secreter -Me interpretan mal los que piensan que yo oculto algo; si abres las gavetas o cajones, encontrarás lo que guardo, así que se lo dejo a Curiosidad, a quien le encanta explorarme.

La silla, calladita, se aproxima por la mano que la retira para sentarse sobre ella y la acerca al escritorio. Al hacerlo, abre la gaveta y con un quinteto de pinzas, registra el cajón, en donde, debajo de sobres, cajitas y papeles encuentra al lápiz.   

Al sentirse tomado por dos del quinteto, siente la alegría de ser útil para algún propósito oculto en la mano de aquel que lo utiliza. Mientras prosigue entrelazado en los dedos del escribidor, quien ahora, a su vez, levanta unas cinco hojas para agruparlas en secuencia ordenada; el lápiz le pregunta. 

-¡Hola! ¿Para qué soy bueno? 

(*)

-Esta vez necesito que escribamos de “Rostros ocultos”.

Al lápiz le encantó la idea. En realidad, él reconocía que es uno de esos que oculta su verdadero rostro y le dijo al escribidor…

- Ahhhh estoy entusiasmado porque, me sirve a mí que me oculto debajo de la madera, y aquí donde me hallo furtivo hay un universo de palabras ocultas, a disposición de quien desee manifestarse, gracias a que soy “Grafito”. 

Al escucharlo atentamente, el escribidor comentó.

- Es curioso escuchar que veas bondades en tu estructura. Me estoy dando cuenta que aprecias el encubierto donde se encuentra aquello que precisamente es tu mayor valor interior. Como “grafito” puedes dibujar los rostros ocultos de la benevolencia que llevas en tu esencia y, al mismo tiempo, la de las sombras o maledicencias que escondes en tu mina. Así también me ocurre a mí, con la diferencia de considerar que es mejor hablar de aquello que resalta lo mejor de cada uno.    

- ¿y cómo es eso? Porque yo encuentro que soy limitado, y lo que ocurre cuando dejo los trazos de lo que escriben los escribidores, me voy empequeñeciendo y al final me oculto tanto que, me desgasto para siempre, y me ocultan en la papelera. Es así como cumplo mi misión; danzar con las líneas que escriben tus relatos. 

El escribidor reflexiona un instante y dice 

-Cuantas semejanzas hay entre nosotros amigo “Grafito” y aprecio mucho que, sin darme cuenta, estas dejando en el cuaderno el registro de este escrito, en el que puedo hacerme tanto bien, a través de la punta mineral del carbono maravilloso que nutre tu mina, para que yo transforme la imagen del rostro que me asusta del rechazo, y me abrace a la afable sensación de fluir en la confianza que me muestras, en donde lo que importa está en las fortalezas que constituyen el grafito que también llevo adentro de mi, para danzar confiado con la aceptación y los rechazos. En ambos hay oportunidades para equilibrar mi bienestar.

-Sigue escribiendo escribidor. Dijo Grafito, y continuó. - es hora de que me afiles y sigas afilándote hasta que traces las letras que nutran relatos de una vida que, tiene guardadas incontables palabras que inciten sentimientos positivos.

El escribidor prosiguió así.

-Te guardaré en mi cartuchera, sin que sufras dolor al retorcerte en las hojillas del sacapuntas, como agradecimiento, y te cuidaré para siempre.

Replicó “Grafito” finalmente – Por favor, deja que yo cumpla mi misión. Es imprescindible que nos afilemos, aún y cuando signifique incomodidad y dolor. Es allí donde la vida es una secuencia de oportunidades de aprendizaje, los lápices para trascender hemos de dejar trazos, son como las huellas de tu legado.

El escribidor escribe hasta el infinito y al escribir deja el aroma de sus trazos, hechos de palabras.      

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(*) Imagen – dibujo del autor


martes, 26 de enero de 2021

LOS ROSTROS OCULTOS por Lele Garassini

Los rostros ocultos

Cuando colocaron el reto de escribir sobre los Rostros ocultos, así como hago todos los meses con el reto de escritura, pensé en el tema a ver si me venía alguna idea de cómo abordarlo y decidí, como también he hecho muchas veces, hacer una búsqueda en internet con las dos palabras “Rostros ocultos”. Para mi sorpresa el primer referente es una Banda de rock española que sale siempre de primera, con sus canciones, álbumes, éxitos, en fin toda su trayectoria. Más adelante empiezan a aparecer menciones sobre el Arte de ilusión óptica, es decir a efectos perceptuales donde hay algo oculto que aparece como una ilusión óptica. Posteriormente hay varios links a la Autobiografía de la Vida secreta y la novela “Rostros ocultos” de Salvador Dali. También se encuentran numerosas referencias al rostro oculto de diferentes movimientos o tendencias actuales como: el rostro oculto de la violencia de género, del mal, del movimiento ciudadano por la paz, entre otros. Finalmente aparecen menciones a la cantante australiana Sia, que en todas sus apariciones en público se oculta el rostro con su cabello, incluso mencionan una entrevista que le hicieron y le preguntaron el porqué del ocultamiento de su cara en sus presentaciones y dijo que para tener privacidad y poder ir a cualquier lugar público y que no la reconocieran y ser como cualquier otra persona.

Después de ver el popurrí de referentes, la mayoría relacionados con el querer ocultar algo, o no mostrarlo directamente, o hacer denuncia de algo, empecé a pensar en los rostros ocultos y lo empecé a relacionar con los diferentes roles que cada persona debe ejercer en su vida, porque de alguna manera tienes un rostro en cada rol, y sin querer,o queriendo, ocultas otros de tus rostros en cada rol. Ojo, no necesariamente el rostro que ocultas, son aspectos negativos de tu personalidad, sino aspectos que no muestras porque no quieres o porque no se presentó la oportunidad de mostrar. Sobre eso es que he pensado y quiero escribir. Cada persona cumple muchos roles y puede enumerar los suyos. Como ejercicio enumeraré los míos: mujer, hija, hermana, prima, amiga, esposa, madre, tía, madrina, comadre, cuñada, nuera, consuegra, profesora, colega, psicoterapeuta, vecina, ciudadana, migrante, latinoamericana, lectora, escritora, corredora, caminadora, ciclista, costurera, cocinera. En fin, un montón de roles, que incluso estoy segura que se me pasan varios. Pensándome en cada rol me doy cuenta que solo muestro, o mostramos, una faceta de nuestra vida en cada uno porque las circunstancias, o las normas, o el deber social, o incluso tus propias “autoexigencias” te lo demandan, quedando siempre algunos rostros ocultos cuando actuamos bajo un rol.

¿Estaremos preparados para hablar o para mostrar nuestras vulnerabilidades y nuestras capacidades, porque ambas son rostros, en cualquier momento que nos encontremos?

Quizás la norma social dice que al conocer a otras personas en un rol deberíamos presentarnos según nuestra experiencia en ese rol, sin decir muchas cosas, pero tampoco sin decir nada. A medida que seguimos frecuentando a esas personas empezamos a contar un poco más de nuestro rol y quizás nos atrevemos a empezar a mostrar otras facetas o rostros de nuestra personalidad y nuestra vida. ¿Cuánto mostramos?¿Qué mostramos? Pues allí hay un largo depende… y allí existe una gran diversidad, en uno mismo y con las demás personas. Habrá a quienes siempre les mostremos el mismo rostro, quizás muy ligado al rol, a otras poco a poco les vayamos ampliando los rostros y con algunas , de seguro muy selectas en nuestra vida, ¿seremos capaces de no tener rostros ocultos? ó ¿seremos lo más transparentes posibles?... porque en definitiva pareciera que a la única persona con la que uno puede ser totalmente auténtico y no tener rostros ocultos,  es uno mismo… y siempre es un trabajo incluso ser totalmente honesto con uno mismo…ahora imagínense con los demás…lo difícil que es no tener ningún rostro oculto, que insisto, no siempre es una característica negativa de ti misma, simplemente puede ser algo que no quieres mostrar por pudor, por miedo, por humildad, en fin por cualquier cosa que tú y solo tú hayas decidido, en plena libertad resguardar.

En fin , interesante este tema de nuestros “rostros ocultos”, que definitivamente con este escrito los he reconceptualizado. No hay ningún problema en tener rostros ocultos, si lo hacemos porque lo decidimos, con quién, cuándo y por qué hacerlo y tenemos la libertad para pensarlo, cambiarlo y entenderlo. Me pregunto:

¿Habría entonces que aprender a gerenciar saludablemente nuestros rostros?

Buen título para un programa de formación.

 

María Elena Garassini

domingo, 24 de enero de 2021

LAS CARAS OCULTAS DEL MUNDO

 

LAS CARAS OCULTAS DEL MUNDO

 

El mundo se me hace, una gigantesca cebolla,

cuyas capas van cayendo cada día, cada segundo.

Están mutando las cepas humanas

y las moléculas vivientes.

 

Las mutaciones intangibles del alma,

avanzan sin huella, solapadamente.

Transparentes y silenciosas,

creando la nueva especie humana.

 

Sigue cambiando lo cotidiano,

están en ebullición sentimientos,

pensamientos y emociones,

cabalgando en vientos huracanados.

 

La irreverencia, el cinismo, la violencia

y el miedo protagonistas de la cara oculta.

Encienden los megáfonos del mundo,

gritando mentiras o medias verdades.

 

En mi cara oculta, cuelgan dos lágrimas,

se han cristalizado en las fallas del tiempo.

Tal vez se queden allí para siempre,

como el crudo testimonio de aciagos momentos.

 

Todas las caras están ocultas, andan en el anonimato.

Tal vez por eso la realidad no es más cruda.

Estamos escondidos tras mascarillas,

que son el nuevo sello de la caricatura humana.

 

La cara oculta del mundo, silente y pestilente.

Donde pululan los agujeros negros del hambre

y la destrucción ecológica.

Serán amasijos de herencia para los que amamos.

 

La pandemia deja desnudas,

nuestras miserias y fortalezas humanas.

Lo mejor y lo peor quedan registradas,

en la balanza espiritual de cada quien.

 

Mi poesía tiene dos caras, la oscura y la luminosa.

A veces una pesa más que la otra.

Que se me anclen la luz del amor y la esperanza,

para que pueda vivir y morir poéticamente.

 

Gudelia Cavero Hurtado

sábado, 9 de enero de 2021

Tema de enero 2021 del CEC


Club de Escribidores de Caracas, CEC

Reunión de enero 2021

Host: Don Pelícano

Sábado 30 de enero de 2021

10 am

Zoom

Tema: Los rostros ocultos

Mi maleta para el 2021/Lele

Soy la maleta del 2021 . Estoy en una vitrina con muchas otras más. Somos todas muy diferentes, pero también somos iguales, en fin somos todas maletas, parecemos maletas, tenemos la función de una maleta, pertenecemos al gremio, pues.

Yo en particular soy una maleta muy práctica y versátil, de un tamaño cómodo y estándar que le puedo ser útil a muchos usuarios. Estoy fabricada de un material resistente y duradero que permite cierta elasticidad que me hace adaptable.

Hoy estoy de suerte, me han comprado y me llevan para un hogar donde se respira armonía y ganas de emprender, en este caso de emprender un nuevo año, el año 2021. Se disponen a cargarme. Me miran , me abren y me cierran, me miden, meten y sacan algunas cosas y me susurran que me aprecian, que he sido una buena elección. Como cualquier maleta que se respeta, siento orgullo, me siento apreciada sabiendo que seré útil. Escucho conversaciones a diario de la preparación del viaje, que inicia el primero de enero y que durará 12 meses. Ya me dijeron que los primeros seis meses los acompañaría en casa desde la virtualidad cargada de buenos libros, una bicicleta, los dispositivos para trabajar y relacionarnos con los seres queridos y, como podía faltar, el router para estar conectada. Escuché también que me estrenarían internacionalmente a mediados de año, que me llevarían a Costa Rica, cargada de buenos deseos, un vestido de fiesta para un matrimonio y muchas ganas de reencontrarnos con la familia extendida en la celebración. Ese día mostraré mi mejor cara, me adaptaré a todo lo que me coloquen de carga y rodaré feliz por el aeropuerto. Si la vida lo permite, hacia finales de año planean llevarme a Europa. Dos destinos potenciales me esperan; España para visitar familia y hacer diferentes gestiones legales e Italia para practicar italiano profundizando en algún curso de Logoterapia y disfrutar de alguna de sus ciudades. Definitivamente soy una maleta afortunada y feliz, soy parte de una familia que me aprecia y se va adaptando conmigo a las diferentes situaciones que ellos viven, y vive el mundo. Inicio con gran entusiasmo y mucha calma a la vez, este 2021, que de seguro me depara muchas cosas buenas y aprendizajes.

¡Feliz viaje para todas las maletas en este año que inicia!

María Elena

lunes, 4 de enero de 2021

la maleta/Lionel Álvarez

 LA MALETA


Soy de los años sesenta, modelo italiano, de piel fina y de buena presencia. En Europa me conocían como "valija" (valigia, nella mia lingua madre), pero tan pronto llegué a Venezuela me llamaron "maleta", algo que no me agradó. No solamente porque el nombre sea feo, sino que luego me enteré que, acá, es sinónimo de malo, inútil e incapaz.

Por muchos años acompañé a mi dueño, en sus viajes de vacaciones y de negocios, irradiándole, con mi presencia, "elegancia y categoría". Eran tiempos de la democracia, hasta con poco dinero se podía viajar, aprovechando aquellas inolvidables ofertas de "¡viaje ahora y pague después!".

Todavía me sentía en muy buena forma, cuando la señora de la casa, por allá por los años setenta, se antojó de adquirir unas nuevas que estaban muy de moda. No me gustó que dijera, como justificación:"es que esa italiana es muy delicada". Recuerdo que eran unas "Sansonite" y las vendían en juego, dos maletas grandes y una pequeña que llamaban “neceser”.  Fue así como pasé a la reserva, dejaron de usarme y comenzaron a viajar con las nuevas, que revestidas de una fibra vulcanizada, eran muy fuertes, y aguantaban los rudos maltratos a que somos sometidas en nuestros viajes.

Pero a finales de los 80 comenzaron a ocurrir cambios importantes en nuestra especie. Una nueva generación de maletas salió al mercado, fabricada con textiles muy resistentes y muy livianos, en vistosos colores, con asas telescópicas y cierres de seguridad. Pero lo más importante fueron ¡las ruedas! Los pasajeros no tenían que cargarnos en peso, como hacían conmigo; ahora las llevaban a su lado, halándolas, o empujándolas sin mayor esfuerzo, como ágiles bailarinas deslizándose sobre hielo.

Entonces, las otrora pretenciosas "Sansonite" también fueron desplazadas y vinieron a hacerme compañía, arrumadas acá, en el tramo más alto del armario. Con tantas maletas nuevas, más  nunca nos llevaron a viajar, y no los culpo,  tenían razón, no van a cargar con unas viejas, cuando pueden rodar suavemente a unas jovencitas.

Las últimas veces que me sacaron, fue para pasearme por el vecindario. Una tradición que se hizo popular, creyendo que eso les traería suerte y comenzarían a viajar mucho. Apenas se daban el abrazo de fin de año, la gente salía a recorrer las calles aledañas portando maletas. Siempre me dejaban de última, y solo cuando no habían suficientes maletas, llegaba alguien que me sacaba del clóset; por lo general de mala gana, y muchas veces escuché decir, con resignación: "¡qué "salao", me tocó la vieja sin ruedas!".

La maleta quizás sea uno de los elementos más emblemáticos de la Venezuela de los últimos años, cuando millones de venezolanos hicieron las suyas y emigraron, en búsqueda de libertad y mejor futuro para sus hijos. Sin embargo, no siento que represente al emigrante en su totalidad.

Aunque el dicho popular dice que "Por la maleta se saca al pasajero",  eso suele dar una falsa imagen del portador, se lo digo yo, que soy una valija ya de 65 años y con larga experiencia. Recuerden que son sabios también los dichos que dicen: "las apariencias engañan" y "el hábito no hace al monje".

Nosotras, con nuestra apariencia, podemos  impresionar los sentidos de cualquier observador, quien puede inferir, muchas veces equivocadamente, si el pasajero tiene dinero, bienes, posición social, profesión... Podría deducir, por nuestro aspecto, a que se dedica y que tiene el viajero, pero nunca le diremos, lo que es como persona. No deben confundir lo que se es, con lo que se hace o se tiene, que son cosas muy distintas.

Si desea realmente conocer al pasajero ¡olvídese de mi! ¡Ni siquiera me vea! Es cierto que él coloca dentro de mí, sus prendas y  artículos personales, que le son útiles y necesarios, pero sus posesiones más valiosas no me las confía, eso lo lleva consigo: emociones, sentimientos, vivencias, ilusiones, sueños y esperanzas; su tierra, su familia, sus amigos, y sus más bellos recuerdos, que almacena en su memoria episódica, los comprime en PDF para que entre todo en su corazón.

Para conocer verdaderamente a la persona, debe desvestirla de todo ese "ropaje superficial" y sintonizarse con ella de corazón, porque como bien dice "El Principito": "Sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos."

Lionel Álvarez Ibarra
Diciembre  2020

lunes, 28 de diciembre de 2020

Mi maleta para el 2021


Mucha gente ha vivido este ritual que hoy la pandemia nos cambió el significado
.

¿Qué llevarme en mi maleta para lograr mis sueños y no morir en el intento?

Todos los años buscamos una maleta más grande porque no resistimos dejar afuera lo que metimos en años anteriores. Pero, ¿Realmente que queremos, una “Maleta Feliz”o un Feliz Año?.Para esto decidí este año cambiar la acción y en lugar de buscar una maleta de gran tamaño para meter todos mis accesorios con significado, elegí usar un “morralito” o backpack,que sea práctico, livianito con tres cierres y tres compartimientos separados para un acceso rápido.

La pandemia nos dejó lecciones de vida, de crudas realidades y retos motivantes que han generado enmí, cambios positivos. Por un lado, creíamos que los lujos y vanidades eran exclusivos, era lo distintivo y la pandemia nos enseño a darnos cuenta de que lo verdadero son cosas que no valoramos, como estar más cerca de lo que realmente queremos, como nuestros seres queridos.Reflexionamos y Nos dimos cuenta de lo frágil que es la vida de todos. Muchos vimos partir a seres queridos o están sufriendo inmerecidamente una condición crítica. Por otro lado, celebramos que creció el numero de emprendedores creativos al tener que buscar algo diferente para adaptarse al nuevo confinamiento.Somos creadores natos, sin darnos cuenta.

Lo mas triste y desafortunado sería que en el nuevo año, después de superar la prueba que nos puso el Covid-19 sigamos siendo los mismos de antes. Ahora hay una oportunidad de “ORO” para darnos cuenta que lo que nos rodea tiene un significado especial y que con nuestras elecciones conscientes podremos lograr el bienestar que nos merecemos y construir la mejor versión de uno mismo.

Entonces, apreciados “Lápices resilientes, soñadores y bonachones”, llegó el momento de poder reflexionar para escribir la verdad y pensar ahora de “un año a un año a la vez”, y no ser golosos ni ambiciosos buscando futuros promisorios lejanos e inciertos.

Llegó el 2021, para mí, sin duda alguna, pleno de muchas oportunidades donde yo decidí ser un “creador”., respondiendo dos preguntas inocentes.La 1ª,.¿Qué llevarme en mi maleta para lograr mis sueños y no morir en el intento? y repito ¿Realmente quiero una “Maleta” Felizo un Feliz Año?Eso dependerá de mí, si quiero seguir siendo el mismo de antes. Yo quiero un nuevo año con una nueva vida con un nuevo nivel de elección consciente que me haga un “nuevo” ser más humano y más resiliente.

Ahora, en estos días de “hacer mi maleta”, me tocará vivir un acto de alta reflexión con este gran ritual,que les confieso nunca lo practique formalmente para prepararme para un viaje promisor que borre todas las penurias, dudas e incertidumbres que con la llegada de la navidad debemos pensar en que meter es un espacio finito que yo esta vez decidí sea un “morralito”o Backpack, práctico, liviano y con tres cierres con compartimientos separados para un acceso rápido.

En el 1er. compartimiento, pienso meter un “péndulo”, elsímbolo de la “dualidad” que “oscila” lentamente como la “vida” marcando los opuestos de su recorrido para buscar la coherencia entre mi mente creadora de lo que mi consciencia y mi corazón manifieste.  El principio aquí es,  que si no hay extremo no podría ver expansión y no me permitiría ser creativo para lograr mis planes.

En el 2do. compartimiento,(no se rían) meteréun “yoyo” que es para “jugar” el arranque de mis decisiones que tomé usando el péndulo.  Tengo el poder de tirarlo con fuerzas, como la fuerza de la decisión que elegí para que quede girando en su eje sin parar,dándome motivos para admirar y disfrutar el momento y solo cuando lo haya hecho mío, tiro de un jalón para volver a mi estado inicial de apreciación y control. Hacer esto varias veces me darála confianza de tener yo el control de mis decisiones y no ser víctima de las circunstancias, que rodea al “yoyo”, donde yo sé que estoy a merced de lo que no controlo. 

Y en el 3er. compartimiento, después de pensar de lo que aprendí en el 2020, no dudaré en meter una “Tijera con sierra”, ¿para qué?, para cortar en “zigzag” todos los apegos y circunstanciasque me han hecho dependiente y reconocer que en la interdependencia esta la magia de lograr algo donde la red de todos mis relacionados salgan beneficiados.

Como ven, voy a estar livianito, para reír, para cantar, para bailar y ser feliz, porque el “activo” más preciado, me lo llevo conmigo en mi conciencia y mi corazón y no necesito ni maleta ni morral. Es el poder de la “ELECCIÖN”yla oportunidad, ahora con la magia de la internet, de disfrutar a mi familia, amigos y relacionados no importando el tamaño del péndulo ni de su recorrido.  Ya estoy listo para salir con mi morral al parque que tengo cerca,para practicar y sentir que seré parte de mí en el contendido de mi morral.

¡FELIZ 2021 ESCRIBIDORES!

 Autor: Angel “Rafa” Ceballos

 

Un cuento de realismo mágico en una maleta

La maleta

Lola tenía solo una hora para salir de su casa; ya venían por ella. No sabía si iba a regresar alguna vez. Sintió una profunda tristeza por tener que dejar todas esas cosas atesoradas por años.

Mientras secaba sus ojos, podía ver las vitrinas llenas de objetos, la vajilla, la platería, las sillas y lo más querido: sus cuadros. Había dedicado esfuerzo, tiempo y relaciones sociales con artistas, para llegar a poseer tal cantidad de cuadros y esculturas. Algunas eran grandes, a las que había colocado un marco de madera tallada con filigranas de oro, a otras que eran grabados sobre tela había tenido el cuidado de colocarlo entre dos cristales sujetados con cuatro uñas de plata y oro que unidas con un alambre de estaño, lograba quedarse fija a la pared.

Su colección de tallas coloniales también se quedaría a esperar la acción de la barbarie que llegaba en momentos; no sabía si iban a tener criterios de proteger o devolver las cosas. Sabía que todo caería al suelo. Se acabaría, se olvidaría. -¿Por qué no lo había regalado a una fundación?-

-¡Lola estás paralizada!, ¿te hago la maleta?- le preguntó Darío, su pareja

-Bueno si. Busca un “carry on” gris con rallas amarillas que está en el closet de la ropa de invierno y mete ahí dos mudas a ver cuánto sobra…-, suspiró

Darío subió corriendo siguiendo las indicaciones estrictas de la mujer. Cuando bajó de regreso todavía estaba parada en el mismo sitio, como una estatua, iguales a las que tenía en el jardín que había traído de Italia y que las hacía un artesano Toscano amigo de su abuela.

-No haz hecho nada, se te acaba el tiempo-, dijo

Pero Lola si había hecho. Todo mental. Usó el tiempo de bajar la maleta para pensar que se llevaría en tan precario tiempo. Solo le dijo lo que pudo: recuerdos, dinero, salud, identidad, inteligencia y amor. Vio que en la maleta todavía quedaba espacio para esas cosas y entonces comenzó a correr. En ese mismo orden lo hizo. Fue a la sala y tomó una vieja foto con todos que atesora, luego recogió el dinero en efectivo que tenía bajo llave. En la cocina vació una pequeña gaveta con las pastillas que necesita al menos para una semana. Tomó de la caja fuerte, sus pasaportes, aun los vencidos; para la inteligencia tomo una versión de bolsillo del nuevo testamento, pues era creyente, y por último; dedicó dos minutos para ver a los ojos al ser que amaba que estaba parado frente a ella. Lo abrazó, lo besó y le dijo que pronto estarían juntos de nuevo.

Afuera, ya estaba un coche esperando para llevarla a un destino desconocido. Corrió, abrió la puerta y espero a que comenzara a andar. No se volteó. Todo se quedó. Solo se llevó lo que necesitaba para irse y así fue.

-Toda la vida en una maleta-, dijo. -Solo me llevo lo que no pueden quitarme, quién soy, a quién amo, mis creencias, mi salud y por sobre todo, mi libertad de poder decidir que nada me hace falta; que me lo llevo dentro.

Cuando llegaron a buscarla ya ella iba en camino a la frontera.  Ellos también cruzaron a buscarla. En el cuarto de un viejo motel de dos pisos y al final del pasillo junto a una ventana, encontraron la maleta con sus documentos, un poco de dinero y la ropa de cambio. Había dejado la habitación paga por una semana. Había un cigarrillo en cenicero a medio fumar. Pero ella no fumaba.

No volvió. Nunca supieron que se había llevado un pequeño libro y una foto de la familia.

 - ¡Ah pues, con Lola…!, se oyó en la oscuridad.


Alberto

LA MALETA DE UN JOVEN EMIGRANTE.

Por: Martín A. Fernández Ch.

Fecha: 26/12/2020

Esta es la historia de una maleta, construida con madera por solicitud de Cipriano, para que su hijo pudiera llevar sus pocas pertenencias para América.

Era Junio de 1953 cuando ella nace en manos de un artesano de Vallehermoso, un pueblo de La Gomera, una de las siete islas de Canarias. Cipriano la mandó a hacer para que su hijo, de apenas 15 años, pudiese llevar su pocas pertenencias a Venezuela, como ya lo había hecho su hermano mayor, en búsqueda de un mejor porvenir porque, en esa época, comer era una proeza diaria, debido a las  secuelas de la guerra civil española, terminada hace 14 años, y al gobierno militar franquista.

Ella, en manos del joven, emprendió lo que sería su primer viaje. La carretera vía al puerto de San Sebastián era muy sinuosa, su incomodidad era compensada por el hermoso paisaje montañoso donde abundaban las palmeras (de donde los pueblerinos sacaban la savia para hacer miel), los llanos de maizales (producto necesario para fabricar el gofio) y las viñas cargadas de racimos prontos a madurarse. Al llegar al referido puerto, se subió a un barco, siempre agarrada por el joven. De allí, zarparon de noche hasta llegar, un poco antes del amanecer, al puerto de Los Cristianos, en la isla de Tenerife.

En este puerto, los estaba esperando el buque Urania II, a donde se montaron. Al juntarse con otras maletas y mochilas, se entera que ésta embarcación era un trasatlántico usado en las dos guerras mundiales para trasladar soldados y ahora, en tiempos de paz, se estaba empleando para llevar a emigrantes europeos para América, quienes huían del hambre y de la desesperanza.

La maleta, en cierto modo, la pasó algo aburrida. No había nada que hacer durante el viaje por el Atlántico. Veía a su joven dueño que caminaba de un lado a otro, salía a la cubierta y regresaba, conversaba con algunos pasajeros, quienes eran paisanos con los mismos sueños y que se conocieron allí mismo; porque los demás, que eran la gran mayoría, hablaban de una forma extraña, enterándose luego que eran de origen italiano. En cierto momento, escuchó al joven decir "¡Coño, nunca había escuchado un idioma distinto al español!"

Pasó más de una semana, cuando la maleta escucha una algarabía en el casco del barco.  Todos los pasajeros, que eran algo más de 400, empezaron a recoger sus equipajes que se encontraban debajo de las literas o encimas de los colchones ya desgastados por tanto sudor de almas guerreras, quienes buscaron dormir para calmar sus angustias. El joven, la agarra y sube a la cubierta. Acababa de amanecer, había un cielo totalmente despejado dejando ver su intenso azul. El barco ya había atracado en el puerto de La Guaira, al frente se veía el cerro Los Cachos lleno de casitas (como un nacimiento), también la hermosa Avenida Soublette recién construida. Al Oeste se presentaban algunos pequeños edificios en Maiquetía y hacia el Este se encontraba la Casa Güipuzcuana y el edifico del Correo, con la plaza Bolívar en frente. Ella estaba extasiada, al igual que el joven, era la primera vez que veían una ciudad, se notaba que descubrieron a un país que estaba entrando a la modernidad y en desarrollo, y sentían la confianza de poder pertenecer a ese progreso.


A la maleta, que además de contener las pocas cosas del joven, llevaba lo que un emigrante necesitaba: esperanza, Fe, optimismo y humor, se le ocurrió decirle a su dueño “bueno Toño, ¡Toca madera! Porque hemos llegado a la sucursal del cielo, al mejor país del mundo: Venezuela”.


FIN

domingo, 27 de diciembre de 2020

MI MANIFIESTO 2021 EN UNA MALETA

 

MI MANIFIESTO 2021 EN UNA MALETA

 

Mi maleta es pequeña y profunda

Tiene pliegues exactos para cada equipaje

Por fuera, está muy golpeada

y sé que irá a mi viaje final.

 

Mi maleta se llama esperanza

Se pinta de todos los verdes posibles

Su esqueleto es de un acero rojizo

al que ningún fuego derrite.

 

Mi maleta tiene un compartimento, donde guardo

en un frasco de cristal y plata,

las lágrimas negras que me voy enjugando,

las de mis tropiezos y los golpes que me alcanzan.

 

LISTADO A EMPACAR

 

FE Y ESPERANZA

Las tomo de la mano

Con mis dedos entrecruzados

Atándome a sus costados

Colgándome a todas tus aristas

Deslizándome por la banda de tus carriles

 

SENTIDO DE MI EXISTENCIA

Que sea capaz de escapar a la trivialidad

Al vacío flotante del abismo

Al socavón gris,

de una vida plana y un lento morir.

 

VALENTÍA Y FORTALEZA

El seco frío de la vida

Cuyos cristales taladran y lastiman

Necesitarán en mi equipaje

su abundante mezcla.

 

VOLUNTAD Y COMPROMISO

Ella y él, en matrimonio perfecto

Doblados en cara y cruz,

para abrir los surcos de mi nueva siembra.

Sin ellos, mi vida sopla estéril en el hueco de la nada.

 

TOLERANCIA

Dobladita, plegada en zigzag,

Colocada en cada esquina de mi maleta,

para recordar siempre que el juicio estrangula

y me coloca, en un plano cáustico y miserable.

 

ESPIRITUALIDAD

Ocupando cada espacio etéreo,

encajando en los bolsillos grandes y pequeños.

Será mi vestido de gala,

el más grande vuelo de mi alma.

Que todas mis joyas sean lumbre espiritual,

manojo de luz, el sorbo diario

de mi construcción interna.

 

MUDAS LAVE Y LISTO

Mi maleta lo más liviana posible de materialidad

de excesos y repuestos innecesarios.

Mudas que se laven y sequen,

con los vientos de mi alborada.

 

Gudelia Cavero Hurtado

 

jueves, 10 de diciembre de 2020

 MI EXPERIENCIA CON LA PANDEMIA 


Por muchos años, mi esposa me advirtió de la importancia de aprender a cocinar. Siempre me lo decía. Por lo general lo acompañaba con un: “Tú nunca sabes...un día que yo no esté...una emergencia...nada cuesta preparar un arroz....”
La necesidad o la motivación para salir de mi zona de confort, nunca se presentó. Pero hace unas semanas, en este año de pandemia, mi esposa comenzó a sentir algunos malestares: una fiebrecita, un dolorcito de cabeza...Un sábado en la mañana, me envió un WhatsApp, en donde me decía que, considerando que los malestares continuaban, había decidido aislarse, como una medida preventiva, hasta asegurar que no se tratara del corona virus. Utilizó para confinarse, la habitación de servicio, que prácticamente convirtió en su  “búnker”.

Para el almuerzo del primer día de aislamiento, comencé a contactar por teléfono a algunos restaurantes que sabía tienen entrega a domicilio. Todos me dijeron que no tenían gasolina para el despacho. Seguro que mi esposa escuchó, porque enseguida oí a lo lejos que me gritaba: ¡¿pero por qué no montas unos espaguetis?!; ¡Eso es facilito! Si quieres te voy diciendo como se hace.

Desde la cocina, tenía una visión parcial de la habitación de servicio. Sería entonces una especie de curso "semi presencial", porque de vainita podía medio ver a la "chef profesora". Así se inició mi primer curso improvisado de cocina. Desde lejos escuchaba: “Ralla dos tomates, dos cebollas, pica ajoporro en trocitos...” 
El domingo en la mañana me dijo: te voy a explicar cómo hacer unas arepas. Entendí entonces que el curso verdaderamente era intensivo, porque ¡hasta los fines de semana estaban incluidos!La clase dominical inició: En un recipiente con agua...media cucharadita de sal...dos tazas de harina...amasa...déjala descansar ...volver a amasar...Fue un domingo memorable, porque hice ¡las primeras arepas de mi vida!  
Así fue transcurriendo la semana, aprendiendo platos diferentes: arroz, espaguetis, salsas, ensaladas, cremas, sopas, milanesas, bistecs, tortillas...Todos eran “mi primera vez”. Considero que, para ser "la primera vez", fueron pocos los errores que cometí, como sumergir el manojo de espaguetis estando el agua todavía fría, o el tratar de voltear la arepa prematuramente, desprendiéndosele  la conchita.
Y hablando de concha, cuando hice la crema de auyama, descubrí lo duro que tiene la cáscara, tan dura que me resentí del dolor de la muñeca -de mi "síndrome de Quervain"-. En ese momento pensé: "voy a pedirle a mi traumatólogo, la Dra. Lau, que me prepare un informe en donde recomiende, que no me asignen a la cocina, que preferiblemente me ubiquen en otras secciones en donde pueda desarrollar mejor mis fortalezas y competencias". 

Cada vez que terminaba un plato, le servía a mi esposa. Se lo colocaba en una mesita que había dispuesto en la entrada de la habitación. Todos los platos les parecían excelentes, los conseguía ¡exquisitos! Eso sí me preocupó, porque uno de los síntomas del corona virus es precisamente  la pérdida del gusto y del olfato. Me preguntaba: ¿será que está perdiendo el gusto?; ¿o está tratando de halagarme para que quede fijo en el puesto?

Al séptimo día de aislamiento, ya era tiempo de realizarse la prueba de detección del Covid. Fuimos al laboratorio ¿y el resultado?   ¡Negativo!  
Estoy comenzando a creer  que lo de mi esposa fue más "Coba" que "Covid", todo para hacerme cocinar. Más de cuarenta años insistiendo -sin éxito- en que aprendiese, para que viniese este Covid y en menos de una semana lograrlo. 
Gracias a Dios, que se descartó el Covid, porque comentan los afectados, que el virus deja resabios, no solo de salud, sino financieros. El paciente podrá recuperarse, pero la deuda que queda con la clínica ¡es de morir!

Todos tendremos experiencias y lecciones que recordar de este terrible año de la pandemia. Muchas tristes y dolorosas. Debemos estar agradecidos, los que podamos contarlas. He decidido no guardar malos recuerdos, solo conservaré los buenos momentos, y entre ellos estarán: la decisión responsable e inteligente de mi esposa de aislarse (que aprecio como una demostración de amor), mi  incursión en la cocina y ¡mis primeras arepas!

Lionel Álvarez Ibarra
Diciembre 2020


Enviado desde mi iPad

Entre Calidoscopios y rieles

 

   Siempre me ha fascinado la idea del calidoscopio. Versátil, flexible, mientras más se mueve, más colores aparecen. Afortunadamente comparto con gente  cuyos calidoscopios se mueven con una agilidad increíble. No queda sino admirarlos y aprender de ellos. Observarlos desde la curiosidad, desde sus propuestas  y preguntarse ¿De qué me sirve a mí todo esto?  En el calidoscopio, cada color tiene su lugar, pero todos en movimiento. Las formas se juntan y separan, se mezclan y dan lugar a nuevos colores. Aprender es aceptar que nuevos colores hagan parte de ti.

    Vivir en  estos tiempos de pandemia quizás sea una de las experiencias más demandantes en cuanto a aprendizaje de nuestras vidas. Encerrados  en el mapa indescifrable de la incertidumbre, nos vemos obligados a hacernos más dueños de nosotros mismos, a mover el calidoscopio en nuevas direcciones.

    Para comprender la vida, muchos escritores y poetas han utilizado la metáfora del tren. En estos tiempos de parálisis,  yo solo llegué a caminar entre sus rieles. Caminos paralelos que se extendieron simultáneamente: uno, cargado de miedo; el otro, de fe.    

   Mi miedo nada tenía que ver con el encierro o la inseguridad a la que el mundo entero se enfrentaba. Por el contrario, apareció con fuerza  un temor que creía superado: el de soltar a Santiago.  Tenía  miedo de olvidar su voz, su risa. Miedo a que se me olvidara lo que se sentía en su presencia.

     La aceptación del miedo hizo posible una mirada escondida. Siempre vi en Santiago a un espíritu libre, dispuesto a llegar a la montaña más difícil. Mi instinto maternal reaccionó sintiendo miedo.  Esta historia  se repitió muchas veces: cuando decidió que iba a competir en manos libres, cuando se iba a escalar tepuyes, cuando se fue de mochilero por un año por Latinoamérica, cuando se fue a escalar Los Pirineos… Así muchas veces. Su entusiasmo y amor por la montaña te ganaba para acompañarlo en su pasión. Entonces el miedo se disipaba.

    En uno de sus diarios  Santiago escribió: “Que al ver hacia el cielo con humildad y con la esperanza de llegar a un lugar más elevado, sean  la medicina para nuestro corazón y nuestra alma”. Estas palabras me mostraron su voz y el sentir de su presencia. Entonces  vi claro lo  que mi hijo vino a enseñarme con su vida: no es posible amar desde el miedo.    

   Las lágrimas se hicieron presente. Como magia de alquimista transformaron el miedo en paz.

  En  los días siguientes asomó un miedo nuevo, el de perder amigos muy queridos. Este miedo vino acompañado de la tristeza de ver a algunos partir. El calidoscopio del aprendizaje se movía tan rápido que me era imposible asimilarlo.

    Del otro lado de los rieles, en el lado de la fe, vi aparecer mis fortalezas una tras otra. La contemplación de la belleza como refugio. El amor al conocimiento como impulso para certificarme de Master Coach. A veces, desconcentrada, se hacía necesario cambiar el fluir por el compromiso. La generosidad me permitió crear una red de apoyo vecinal que al día de hoy se convirtió en proyecto. Mi curiosidad por el mundo estuvo en el origen de encuentros familiares para el disfrute. Somos de esas familias dispersas en muchos países, y una vez al mes organizamos viajes maravillosos a lugares extraños. Degustamos sus comidas y conocemos sus culturas, todos juntos en una pantalla de zoom. La gratitud, esa ventana que me permite ver la belleza en cada color del calidoscopio. La perspectiva me ayudo a separar lo importante de lo banal, a sumar de los días vividos. El amar y ser amado me afianzó en mí y en mis amores. Debo reconocer que el amar se me hace fácil. El abrazo cercano de Rafael inunda mi ánimo.

     Con nuevos aprendizajes sumé colores a  mis cursos del perdón. Hasta estoy incursionando en temas nuevos como son la honestidad y la coherencia.

     Saber caminar entre rieles paralelos se convirtió en una fortaleza más. Jung me clasificó en la categoría de sanador; en la mitología griega representado por Quirón, el sanador herido. Desde la humanidad de mis heridas puedo sanar y ayudar a otros a sanar. Los dioses eternizaron a Quirón  en la constelación de Sagitario. Soy sagitariana. Como todo sagitariano: expansiva; y, como toda luciérnaga: alegre y perseverante con su luz.

    En mi calidoscopio descubro colores de una belleza nunca imaginados. Los aprendizajes han sido muy profundos. Permanecen en mi disposición a amar con pasión eso que hago, a darme generosamente a quienes amo; a contemplar el mundo desde la admiración, la gratitud y la compasión. Si a ello sumo la experiencia del amor de Dios, que no me abandona, el miedo se hace recuerdo y la fe  camino.

Irma Wefer

miércoles, 9 de diciembre de 2020

Cuéntanos tu experiencia con la pandemia

María Elena Garassini

 Muchas cosas ocurrieron durante la pandemia. Muchas cosas mundiales, muchas cosas nacionales, locales, familiares, laborales , personales. Se despertó en mi un gran curiosidad, un gran compasión, una gran reflexión.

Cuando algo es mundial, de forma natural, ocurre un gran experimento social donde a toda la población se le somete a unas variables y es posible estudiar el comportamiento de las personas, familias, comunidades, organizaciones, ongs, países y un sin finde etcéteras.

Seguir por la prensa, twiter, chats, amigos y familia, en diferentes partes del mundo, los acontecimientos, anécdotas, duelos y hasta apoyo psicológico a personas que habían perdido familiares a causa de la pandemia, o en medio de la pandemia, fue de alto reto intelectual, profesional y emocional, pero agradezco a la vida haberlo vivido, comprendido y aprendido.

Vivir la pandemia en Bogotá, la ciudad donde vivo en este momento, también ha sido una experiencia de mucho aprendizaje, y de agradecer la vida privilegiada que tengo en este capítulo de mi vida, en un apartamento amplio, céntrico, rodeado de ventanas que me permiten apreciar preciosos árboles frondosos, con espacio para que todos tengamos un lugar privado de trabajo virtual con computadora y buena conexión a internet, además de trabajo que se virtualizó de manera sencilla, y con relaciones que me permitieron participar en muchos eventos.

La vida y la convivencia en familia, en pareja, con amigos, solo, o con la realidad que a cada persona le haya tocado vivir en el confinamiento, evalúo como la más significativa y retadora. Hacerse de rutinas asertivas, negociar con uno mismo y/o con los demás el funcionamiento de las jornadas diarias en los días de semana y los fines de semana. Aprender a respetarnos los espacios y las necesidades, entender los episodios de sensibilidad, frustración, miedo, cansancio o hastío propio o del otro, aprender a encontrar momentos de esparcimiento juntos o solos. ¡Cocinar con Juan ha sido una actividad en pareja que hemos disfrutado un montón! Por otro lado hacer seguimiento a familiares o amigos con sus propios retos durante la pandemia y el confinamiento y apoyarlos afectivamente, en momentos de compañía virtual, en necesidades económicas o laborales, en situaciones de enfermedad o de pérdida, en fin estar allí para ellos, ha sido un ejercicio de solidaridad y compasión que nos hace más humanos y nos lleva de nuevo al agradecimiento de lo que tenemos y de tenernos mutuamente.

El valor de aprender y tener acceso a la formación por medio de la tecnología ha sido un verdadero disfrute para mi que soy tan inquieta. A principios de este año y la llegada de la pandemia y el confinamiento lo evalúo hoy como una “diosidencia”. Desde que llegué a Colombia hace casi tres años, he estado muy atenta a incorporarme en procesos de formación en áreas que siempre han sido importantes y quería profundizar. Al recién llegar a Bogotá en febrero de 2018 me inscribí en un curso en la Universidad Javeriana de Resiliencia y Duelo donde tuve la dicha de tener tres maravillosos profesores y uno de ellos me invitó a pertenecer a un grupo de estudio sobre la Resiliencia que tenían en la Universidad, al cual me incorporé enseguida y nos reunimos semanalmente a leer, intercambiar ideas, colaborar en proyectos, eventos, escritura de libros, en fin, un disfrute en equipo, maravilloso, que han sido una excelente compañía virtual también durante la pandemia.

La diosidencia (1) que ocurrió a principios de año tiene que ver con la inscripción en un diplomado sobre Logoterapia que ofertaban de manera virtual , principalmente en Colombia y México, con encuentros presenciales acordados con las personas que se encontraran en la misma ciudad. Lo inicié en febrero y me mantuvo leyendo, asistiendo a las clases y haciendo discusiones y actas de lo aprendido cada semana, casi como estudiar un pregrado jajaja, pero fue tan interesante y cómo continuábamos en confinamiento decidí tomar el segundo nivel del diplomado tres meses más, con la misma intensidad concluyendo con el análisis de un caso súper detallado que nos permitió aprender un montón. Seguido a eso inició la preparación del II encuentro internacional de Logoterapia y me invitaron a preparar un taller y a hacer cualquier intervención artística ( cantando dos canciones con mi hijo menor Santiago que aprendió a tocar guitarra durante la pandemia). Ahora me han integrado al equipo del Instituto colombiano de Logoterapia y empezaré a apoyarlos en varios proyectos que están construyendo para iniciar el próximo año. Yo le comenté a la coordinadora del Instituto que “La logoterapia o terapia del sentido y yo nos estábamos buscando y felizmente nos encontramos aquí en Bogota”.  Este encuentro con la Logoterapia y este grupo de seres humanos que la promueven aquí en Colombia ha sido uno de los mayores regalos que la pandemia me ha dado.

El tiempo dedicado a mi misma ha sido un lujo durante la pandemia. Tener todas mis necesidades vitales resueltas resulta un privilegio y me ha permitido tener maravillosas experiencias durante esta pandemia que han servido de amortiguadores y catalizadores para la falta de movilidad, insignificante en mi caso, que nos ha impuesto el confinamiento.

Doy gracias finalmente a la vida, y a Alberto, como el coordinador de nuestro club de escribidores el poder habido retomar la escritura, y poder compartirla en forma virtual mensualmente, en unos encuentro maravillosos que han sido “chocolate para el alma en estos tiempos de pandemia”.

Un abrazo a todos

Lele


(1) Coincidencias de Dios, o con Dios. Aclaratoria para los que nos leen de lejos

martes, 1 de diciembre de 2020

Mis vivencias en pandemia 2020

 

Caracas, Noviembre 2020

Autor: JesucitaPeters Salcedo.


"Mis vivencias en pandemia 2020"

Mirar estos meses transcurridos en pandemia, para mí es como una película de ciencia ficción, es estar en una vorágine de acontecimientos nunca antes vivido.
Me resulta tan novedoso, que no sé cuál es la estrategia para convivir con covid19 , a pesar de que existen infinidad de recomendaciones posibles.


Me asomó al balcón de mis emociones y las miró confluyendo con el prisma de mis colores favoritos, a cual más escoger;es como un tobogán, hay días que estoy  alegre para lanzarme del mismo y otros que ni siquiera puedo subir sus escaleras, así transcurren los días de confinamiento,incluso puedo perder la noción del tiempo pues al no salir de casa se me mueve el piso de mis rutinas cercanas.


La pandemia para mi cursa en sus inicios con dolores físicos que decido cocinar a fuego lento para poder asimilarlos, pues me reconozco en estos momentos vividos con la mayor de las vulnerabilidades humanas, nunca antes experimentado  en el tren de mi vida; caramba, cuando apenas comienzo a disfrutar de mi soledad, irrumpe violentamente este quebranto de salud que mueve en mi las fibras de la orfandad más profunda nunca antes vivida, definitivamente no sabemos lo que nos depara el destino.


Aprendizajes muchos que llenan el jardín de mis emociones y sentimientos,eventos importantes personales (el nacimiento de mi segundo nieto, la boda de mi hija, el cumpleaños de mi primer nieto).es decir, todo lo esperado e imaginado desde que tienes hijos.


El camino recorrido en pandemia no ha sido fácil, pero hoy puedo mirar hacia atrás y sentir que ya paso esta afección física que hacía que  el sonido del canto de las guacamayas no sonara   igual, tanto es así que el primer día que logró salir de mi habitación y ver la luz del sol me puse a llorar y no sabía hasta ese momento la importancia y su significado en mi vida, ya que damos muchas cosas por sentado.

Quizás otro aspecto que me enriquece es el aprender a postergar y a sublimar  en tiempos de pandemia y pensar que el arcoíris de mis afectos importantes,  llegarán a mi vida como remanso de paz para nutrirme, hasta saciar mis ansias contenidas de ese contacto personal con mis amores.


Hoy día ya bastante recuperada trato de reestructurar mi tiempo para seguir en confinamiento, complementando   mi día con actividades físicas, todas realizadas dentro de mi apartamento, media hora camino y luego media hora de ejercicios para fortalecer mi pierna derecha,  ya mucho mejor de mis dolencias, una vez más pensar que voy hacer de desayuno y almuerzo la cena para mí no es tan importante, pero lo cierto es que a pesar de que las personas les gusta mi sazón yo ya no quiero comer mi comida, lo que me insta a buscar y hacer  recetas nuevas para ver si acepto más los alimentos , la verdad  disfruto inventar recetas  y era una actividad que antes estaba limitada por mis actividades laborales.


Ya en este momento moviéndome para sacar la prórroga del pasaporte en este país que lo más elemental se convierte en una pesadilla, por cuanto se me venció en la pandemia, vamos a ver si hay luz al final del túnel y que pueda irme con mis hijas y nietos.

Hoy infinitamente feliz por cuanto pude obtener la prórroga del pasaporte y comprar otro pasaje para salir si Dios lo permite el 16 de Diciembre.


Estos tiempos de pandemia quedarán en nuestros recuerdos como huellas imborrables  de nuestro transitar por este plano y que no se diga que a través de nuestros años hemos vivido cualquier cantidad de acontecimientos para contar.

 

Ya próximos a recibir las navidades 2020 con optimismo y mucha esperanza que lo que viene para la humanidad en general, es muchas experiencias que nos harán mejores personas.