jueves, 30 de julio de 2026

El dedal/Santiago Porras

 Una Margarita como dedal de mi vida

Santiago Porras Rojas 

Barcelona 11 de noviembre de 2025


La vida es un tejido de vínculos, de hilvanadas con las que tejemos acontecimientos semejantes a las puntadas de momentos que, aunque no nos parezca, van formando una parte de un todo de vivencias o enseñanzas que tejen nuestro carácter de fortalezas, en especial en experiencias duras o difíciles de atravesar. 

Los dedales en el contexto de los sastres o costureras sirven para empujar la aguja a través de la tela sin el riesgo de pinchazos o evitando accidentes dolorosos. Al igual que ofrecer más fuerza sobre la aguja para atravesar materiales más resistentes como el cuero o la lona.

Es verdad que podría referirme a varios personajes que, como un dedal me han servido con las características descritas. Ahora bien, en esta ocasión bien merece dedicar este relato a una mujer llana, de voz gruesa, morena alta, de cabello crespo negro con canas blancas a quien, en una noche de infortunio tocó la puerta de nuestra casa en 1966 y le ofrecí mi cama; resultando ser mi referencia para darle sentido a mi caja de herramientas al actuar inspirado en ella, ante mi mayor experiencia de sufrimiento trágico que, convertí en una oportunidad para trascenderlo. 

Margarita y yo fuimos compañeros de habitación 2 años y cada noche antes de dormirnos, yo le pregunté por su vida desde la infancia, sus amores con Adriano; su esposo y sobre toda su vida.

Entre tantas historias interesantísimas hay una que bien la definía como una heroína…

-“Porras (refiriéndose a su esposo) era un hombre correcto…Ahora, en la ocasión de haber tenido con uno de sus autobuses un accidente donde un borracho en el cruce de una calle estrecha, perdió un brazo, por tenerlo fuera de la ventanilla, lo encarcelaron por 2 años.. todos sus bienes los había colocado a nombre de un compadre pues yo no sabía leer ni escribir… no más estar en la cárcel, Álvarez vino a la casa y me dejó en la calle con todos mis hijos y sin un centavo…Tuve que irme a una casa destartalada por la carretera vieja de la Guaira llena de matorrales para comenzar de cero y en esos dos años, vivimos de hacer y vender arepas…y la leche que obteníamos de unas chivas…Tú papá se levantaba a las 3 am para llevar el maíz al molino público y traer la masa para hacer las arepas y después las vendía antes de ir pa´la escuela…Así fue hasta que después de dos años, pude abrir una pensión en la Pastora, que luego junto a Porras, cuando salió de la cárcel, llevamos por muchos años…” 


Sabiendo que Margarita escribía en su libreta de teléfonos y leía la prensa…le pregunté 

Abuela…yo veo que lee y escribe ¿Cómo aprendió a leer y escribir?


Ella desde su mecedora se rio mirándome con cara de satisfacción y riéndose me respondió.


-A mí me ha encantado siempre saber las noticias de la prensa. Antes, tu tío José Antonio me leía la prensa todas las mañanas y yo deseaba aprender a leer y escribir…Hasta que Isabel (su hija mayor) puso en su casa un kínder…entonces yo me sentaba en un taburete al final del salón y mientras ella enseñaba las letras y las primeras palabras yo, fui conociendo el abecedario y a escribir palabras y seguí luego poco a poco con cartillas de caligrafía, así como a leer la prensa y la Biblia…Ya yo tenía 65 años cuando aprendí a leer y escribir. 

Con los años…en el 2002 experimenté un sufrimiento inevitable, un “Tsunami” que socavó los pilares de la calidad de vida forjada con trabajo y compromiso durante 22 años por el bienestar de mi país y el de mi familia, incluidos mis padres; calamidad que si bien al principio me conectó con el no saber cómo cambiar aquella catástrofe del despido masivo y la pérdida de mis ahorros, así como también el disfrute de una jubilación de calidad; también logré traer a Margarita y su heroicidad en la fatalidad.

Al recordar aquella conversación que le ofrecía sentido a mi sufrimiento entonces, el coraje de Margarita me ofreció reconocer que si bien ella analfabeta; con su marido en prisión, sin un centavo y con 4 niños echó pa´lante…cuanto más yo, podía también confrontar la adversidad aprendiendo de su mano, lograría superarla tanto como lo hizo mi heroína Margarita Porras Rangel.

Abuela Margarita, siempre vives en mi corazón y te recuerdo como una gran amiga y maestra en mi vida…has sido mi mejor dedal en la adversidad. Te amo…. ¡¡Gracias abuela!!  


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