jueves, 30 de julio de 2026

Mi chocolate caliente/María Elena Garassini

Cuento corto: “Mi chololate Caliente, siempre estás”

 

Me levanto temprano como de costumbre, e inicio el día siempre como una bendecida jornada  llena de actividades, personas y escenarios que de seguro tendrá retos, alegrías, angustias y muchos aprendizajes.

Los días transcurren con celeridad, uno tras otro, sobre todo de lunes a viernes, hasta que irrumpe el viernes en la noche con la llegada del fin de semana, con sus rutinas propias, quizás menos apremiantes y apresuradas, más variopintas y festivas.

Tú, mi chocolate caliente, mi respiro en el cansancio y la demanda, estás siempre allí invitándome a tu deguste ¿De qué estás hecho? ¿Qué momento elijo para degustarte? ¿Con qué frecuencia? ¿Te he hecho saber que eres mi chocolate caliente?

Mi chocolate caliente tiene muchas caras, algunas muy pero muy cercanas y presentes y otras también muy importantes pero de encuentros menos frecuentes. Todos mis chocolates son Bíter, de chocolate negro, de esos que te colocas en la lengua y dejas que se vayan derritiendo con ese amarguito y dulce combinados en una sensible y deliciosa proporción, porque cada encuentro, cada mirada, cada palabra, cada conversa hace que el gusto se realce y al final solo nos queden ganas de saborear otro cuadrito.

Los momentos de saboreo de mis chocolates calientes son tan íntimos y cotidianos como todos los amaneceres y atardeceres, tan periódicos como todos los fines de semana, tan esperados como todos los veranos  o las navidades, o tan especiales como una video llamada o un encuentro, que se concretó de una manera inesperada. Esos momentos” de deguste de mi o mis “chocolates calientes”, sin querer ser reiterativa,  son: “chocolates para el alma”

Nunca es el momento, y nunca dejan de ser suficientes, las demostraciones de afecto verbales, escritas, corporales, visuales, y un largo etcétera, para manifestarle a “mis chocolates calientes” el papel que juegan en mi vida, como compañeros y compañeras con gran significado en mi proyecto de vida.  Mi esposo, mis hijos, mis padres, mis familiares, mis amigos, mis compañeros de trabajo, mis innumerables alumnos, mis pacientes, mis compatriotas, mis congéneres… todos tienen sabor a chocolate caliente, a chocolate negro, Savoy, Franchesci, La India, Kakao… y un sinfín de nombres más.

Tendremos que bautizar algún chocolate caliente escribidor, ese que tiene aroma de relatos íntimos, cercanos, de deguste y disfrute.


María Elena

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