jueves, 19 de marzo de 2020

Jesucita Peters


Fecha: 22-01-2020

Autor: Jesucita Peters Salcedo


“Amor en tiempos de Diásporas”


Reflexionando sobre el significado de la palabra "Diáspora " encontramos que anteriormente la misma no era tan significativa como en los momentos actuales para los Venezolanos, la cotidianeidad  te indica como nuestros afectos están diseminados por todo el globo terráqueo, haciendo que nuestros corazones  sean capaces de volar con las alas de la añoranza ,cada vez que los medios informáticos nos permiten tener contactos con nuestros hijos, nietos,padres , hermanos, amigos, es decir, un sin fin de amores por el mundo.

Es un sentimiento compartido,es un tema de conversación con cualquier grupo que te reúnas,  donde las manifestaciones emocionales van desde el dolor en las entrañas  que produce no tener los afectos cerca, hasta un rictus de rabia contenida ante la impotencia y frustración de no  poder cambiar esa realidad que hace que tengamos que aprender amar de otra forma, donde estamos pendientes de esas fotos diarias que recibimos de nuestros hijos, nietos,otros.

Son tiempos  de aprendizajes nos vamos acostumbrando a vivir en la distancia, sin   ese calor y abrazo reconfortante, calientito  que nos ata a esos seres que tanto amamos, como aprendemos a ver crecer  a nuestros nietos a través de una pantalla de un celular con la frialdad del hielo que esa pantalla genera y que a pesar de eso la aprendemos atesorar por lo reforzante que es ver esa imagen de nuestros  afectos.

Además nos sentimos conflictuados, porque nuestra realidad país nos lleva a reflexionar,  será mejor para ellos que ya no regresen y que construyan sus recuerdos e historias  en lugares distantes de nuestra patria  y de nosotros,  que dolor tan inconmensurable en el alma, que aprendizaje tan profundo tan comparable como el hueco que hace el agua de la catarata al caer desde tan alto, es en este momento que tenemos que poner nuestras fortalezas personales para ser muy resilientes y no dejarnos  abatir ante esta realidad.

Mi experiencia relacionada con el amor en tiempos de diáspora,además de la ausencia de mis  hijas, es hacer consciente la mudanza de mis vecinos  con los cuales compartimos momentos muy gratos  y lo que significó para mí ya no sentir en  las mañanas la algarabía de sus tres niñas para ir al colegio y sus visitas en mi casa (su abuela postiza) para buscar chocolates, no sabía de ese sentimiento de tristeza que me embargo  ante su ausencia , descubriendo que ocupaban un lugar importante entre mis afectos.Que si hemos aprendido yo diría que por demás, como es ir al consultorio de tu médico de toda la vida y movérsete el piso porque las palabras acostumbradas de hoy día es el médico  ya no está en el país, y así nos seguimos cayendo y rompiéndose nuestras rodillas y no nos queda  otra forma  que limpiarlas  y seguir caminando, esa es la orden.

Pienso que todo  esto nos enriquece y nos hace mejores personas estoy seguro de ello.¿Seremos resilientes? pienso que en gran cuantía pues  todos estos aprendizajes  dan cuenta de ello.

Yo  estoy tratando de acortar la distancia entre mis afectos y yo, lo que me conduce a ir cerrando ciclos en este momento de  mi vida que nunca imaginé y que me produce un poco de miedo por todo lo que eso implica, cultivando el desapego de mis cosas tan familiares y mis rutinas cercanas, es un nuevo ciclo  lleno de muchos  amaneceres  por  descubrir, con   horizontes  llenos de expectativas ante este futuro próximo por vivir.

Sólo le pido a Dios que me llene de infinita sabiduría para saber sopesar lo que es verdaderamente importante en este nuevo camino por transitar y que en el tren de mi vida se sigan montando personas que me nutran el alma para  hacerme mejor  persona  y que este compartir con la extensión de mi familia mis nietos, sea propicio para sembrar árboles con raíces profundas y ramas frondosas para aguantar las tormentas y los momentos de remanso y de infinito amor.

El amor en tiempos de diáspora hace aflorar un sin fin de emociones y sentimientos y nos permite ir amoldándonos ante esta realidad que nos arropa, poniéndonos una coraza ante las adversidades y  disfrutando al máximo los momentos gratos de estas vivencias, que cada quien la vive a su manera, tal como los momentos compartidos entre los escribidores.

Cerrando ciclos. Una nueva receta


La arepa es redonda como un ciclo/ Telitas dulces de maíz

Los venezolanos comemos arepas; más aún en la condición de cuarenta en la que vivimos ahora en marzo de 2020. Las arepas son un plato tradicional que se hace con harina pre cocida de maíz, sal y agua y se cuecen en sartén o budare hasta quedar tostaditas por fuera. Su magia, también reside en los rellenos. Es parte de la venezolanidad; las mezclas de olores, sabores, texturas y colores.  Las clásicas, se rellenan con queso blanco rallado o con guisos de carne o de pollo. También las hay de granos o frijoles negros (caraotas) con queso blanco (dominó), o la reina “pepiada” con pollo, aguacate y mayonesa. En fin, cualquier cosa es buena para el relleno.(Pepiada es como chévere en venezolano)
Las arepas también tienen variantes; con la misma masa se pueden hacer fritas, a la plancha, a las brasas, en budare. También hay variantes según la región y entonces se pueden ver mezcladas, grandes, redondas con hueco en el medio, o las llamadas telitas. Cuando un venezolano va a una arepería, el asistente le pregunta, -“Le saco la masa?”, o también, -¿”Con o sin mantequilla?. La gente mayormente prefiere que le saquen la masa para que entre mas guiso. Con la masa no funciona. Por años he pensado ¿qué uso se le podría dar a la masa que se saca y posteriormente se bota?. He pensado en freírla, como “chicharrón de masa”, (queda muy grasosa pero rica), reamasarla en otra nueva arepa, mezclar con huevo y freírlo (ese sabe bien), o agregarle salsa de tomate y pensar que son ñoquis…(ese también me gustó). Pero nadie lo hace. Los restaurantes de arepas podrían inventar con la masa que botan.

En estos días de encierro y sin pan en la alacena, he tenido que comer muchas arepas pero hasta que se me acabe la masa. Me acordé entonces de las telitas de mi amiga “Guachamacoli” (traduce del inglés, “como lo llamas”, What are you call it), o también “la morocha” como la llamamos también, casada por supuesto, con su morocho. A veces nos llama para invitarnos a cenar “telitas”. Las telitas son arepas muy finas que un cuchillo se pueden picar por la mitad y ser rellenada con cualquier cosa. Lo bueno es que no se pierde nada de masa. Ella definitivamente lo hace con un amor tal, que podría ser comparado con comida de dioses. (Dioses areperos)

Amasaba con mucha paciencia y por más de media hora la harina de maíz, hasta que quedara en un punto exacto de consistencia. La aplanaba con sus dos palmas dándole giros a la arepa que se formaba, donde sus tres  dedos centrales de la mano izquierda se cerraban para garantizar la circularidad del producto.  No tendrían más de medio centímetro de espesor, y así las colocaba en una plancha muy caliente para que se formara la concha externa crujiente; las tomaba amorosamente con las manos sin quemarse, para lanzarlas en las rejas del horno, donde terminarían su cocción. Y con todas en el horno, las colocaba en  una cesta de paja, con una servilleta blanca de lino y algodón bordada en las orillas que al ser colocadas en ángulo, permitia que las tres puntas se cerraran en el centro para mantener el calor y el aroma.

En la mesa habían todo tipo de quesos, rellenos, salsas, mantequillas y untables. Cada quién comía lo que le era más propio; su propio relleno, su propia mezcla maravillosa. Comíamos todos, lo mismo que había en la mesa, pero la verdad es que nadie comió lo mismo nunca. Es una danza maravillosa del compartir de la familia, y que Dios mediante volveremos a celebrar. Entiendo que el Ajiaco colombiano de alguna forma, comparte esta tradición, donde cada quién termina de preparar su propia sopa. Mi padre era así con sus cenas; cada bocado era distinto al otro.

Pues de tanto hacer arepas en estos días, y con la metáfora de que son redondas y son ciclos que seguramente terminan, fue que pensé en hacer mi propia versión de las telitas. Pero no cualquier telita, esta debería ser hecha en el núcleo familiar, por lo que debería ser divertido para niños, ser suculentas, tostaditas y preferiblemente dulces. Otra premisa es que no se le botara masa al ser rellenada. Esta receta dulce, para hacerla con nuestros hijos o nietos en la cuarentena, puede ser rellena con salado o con  dulce. Si va a rellenar con salado no le coloque azúcar a la mezcla.

Me recordó los días que hacía panquecas (pancakes) con mi madre en la cocina de atrás de la casa, que era como un patio de la vieja casa, al que ella le mandó a hacer un techo de madera. Allí construyó su templo mágico. Lo único era que cuando llovía con brisa, había que entrar un tiempo.(O sacar un paragua)

Entonces, resumo lo que llevamos y hagamos magia. Haremos una arepa tostada que permita ser doblada sin quebrarse, que se pueda rellenar, que sepa rico, que sea divertido hacerla y preferiblemente dulce. Hice muchas pruebas y versiones. Las hice con camburcitos pasados por fuego, con vainilla y canela, con queso crema, con cacao en polvo y otras variantes. Creo que para compartir algo con ustedes, le doy la versión que más me gustó. No pude hacer estudio de mercado y darle a probar a mucha gente como es usual. Voy.

Telitas de maíz con relleno de cacao criollo
Ingredientes
Las telitas:
·         Como una taza de harina de maíz precocido
·         2 ó 3 tazas de agua (ya no se acentúa la o, pero da miedo que piensen que son 203 tazas de agua)
·         3 cucharadas de harina de trigo
·         Pizca de sal
·         1 cucharadita de polvo de hornear
·         2 cucharadas de aceite
·         1 huevo grande
·         2 cucharadas de azúcar

Un pote de 250 gr de queso crema, preferible sin sal (Si no hay, he usado crema de leche pero no es lo mismo)
·         3 cucharadas de cacao en polvo
·         2 cucharadas de chocolate en polvo
·         5 cucharadas de azúcar impalpable
·         1 taza de nueces pulverizadas en licuadora
·         1 cuchraradita de esencia de almendras o de vainilla
·         una cucharadita de leche
·         pizca de sal

·         opcional: cambiar el queso crema por leche condensada o por arequipe
Se mezcla bien el queso crema con el azúcar, la vainilla, el cacao y el chocolate en polvo. Luego se agrega una cucharadita de leche completa y por último las nueces molidas. Se revuelve bien hasta hacer una masa espesa, compacta y todos los materiales se hayan mezclado bien.

Secreto: Si tostamos muy ligeramente las almendras antes de licuar, activamos los aceites internos y se espesa mejor. No conozco la química del proceso, es solo ensayo y error
Desde las emociones positivas de la Psicología Positiva pienso se activan muchas emociones positivas, sobre todo si se hacen con los niños. Se activan fortalezas de carácter como el interés, la curiosidad, el amar, y todo los que se hace en grupos.

Opción 2 del relleno o toping:
Como se hace en familia, se pueden hacer dos o tres topping incluyendo en de camburcitos “pasados”. Se colocan tres o cuatro camburcitos muy maduros en un sartén, se coloca agua hasta que tape la mitad de un cambur y se agregan como 5 cucharadas de azúcar, con vainilla y canela. Se deja que se evapore el agua y quede como melado. Luego se hace puré con un tenedor.
Otra opción es igual pero con fresas (Strawberries)

Cocción de las telas:
Precaliente a fuego alto un budare o sartén engrasado. Previamente mezcló todos los ingredientes secos e hizo una pasta de igual consistencia que las panquecas, muy espesa sin ser líquida. (La consistencia del atol) La harina de maíz a diferencia del trigo, va absorbiendo agua con el paso del tiempo y se seca, por lo que quizá deba agregarle más agua.

Se coloca con un cucharon, una porción en el budare y la mueve  para que se extienda o lo hace con el mismo cucharón en forma circular. En poco tiempo comienzan a salir burbujas, queriendo decir que se deben voltear.  Si queda poco cocida se puede voltear otra vez. Se colocan en un plato y se llevan calientes a la mesa. Las que sobren se pueden comer frías como merienda con o sin relleno

Estas telitas han sido mi acompañante en tiempos de cuarentena. Dios nos bendiga.

Alberto

viernes, 13 de marzo de 2020

CONTINUIDAD


Autor: Martín Fernández
13/03/2020

“Maygua, ese tema no me gusta mucho,
veré como le doy la vuelta al asunto y hablo sobre las hormigas”.

Existen frases que me desencajan, tales como “hay que cerrar ese ciclo” o “pasar la página”, pretendiendo decir “hay que olvidar lo sucedido que la vida sigue”. Es posible que el error esté en la interpretación del concepto de ciclo: serie de situaciones que tienen un principio y fin, pero que vuelven a iniciarse de la misma manera. Esto se ha estudiado en física, economía, biología y otras ciencias, cuya acepción es aceptada y tiene utilidad metodológica para predecir. Ahora bien, que esto se aplique a las situaciones emocionales es, a mi parecer, delicado y no permite resolver el dilema de cómo salir de la fosa.

Como dicho concepto lo considero difuso para aplicarse con las emociones, creo más conveniente hablar de: tomarse tiempo, aceptar, aprender, superar y evolucionar. En lo relativo a “tomarse tiempo”, es entender que cada persona es distinta, lo que significa que cada quien tiene una capacidad y forma diferente para resolverlo en el tiempo, porque son procesos individuales. Durante éste proceso se aprende, pero esto dependerá de la actitud de aceptación de la persona ante las circunstancias adversas a la cual se enfrenta, es decir, hacer conciencia plena y justa para poder aprender y, de esta manera, avanzar o evolucionar para darle continuidad a su vida.

Entonces no se trata de cerrar ciclos, sino de darle continuidad a la vida, sin olvidar que, lo que somos hoy, es producto de haber cursado por ciertas circunstancias y que, dependiendo de lo que bien hayas aprendido, evolucionarás a una mejor versión como buena persona. Así mismo, hay que entender que no se trata de “pasar página”, porque la vida es como un libro, que se divide en capítulos y que éstos son aglomeraciones de páginas (solo que se termina cuando viajamos a la otra dimensión) y que podemos volverlo a leer, así como cuando traemos al presente los recuerdos. Depende de nosotros cómo entender ese libro de la vida que escribimos diariamente, para sentir satisfacción y bienestar, y tener deseo de volverlo a leer.

Para terminar, pienso que los ciclos emocionales no se cierran, permanecen abiertos y tienen continuidad en otro ciclo, el cual puede tener características de evolución, dependiendo de la madurez emocional producto del aprendizaje.

PD: ahora escribiré sobre las hormigas.
FIN       

martes, 3 de marzo de 2020

Reunión de marzo 2020

Reunión de marzo 2020
Tema: CERRANDO CICLOS
Celebración conjunta de despedida de Doña Jesucita. Llenaremos sus maletas de buena vibra.y mucho amor
Fecha: Sábado 14 de marzo 2020
Hora: 9:00 am a los ayudantes cortadores del cebiche
11:00 am a los que solo van a comer y leer
Host: Doña Gudelia
Lugar: Urbanización San Luis
Invitados: Don Humberto Caballero y señora
Menúes: Delicias peruanas y acompañantes



"Se denomina ciclo al período de tiempo en el cual se desarrollan o suceden un conjunto de acontecimientos, etapas o fenómenos que, una vez finalizados se vuelven a repetir en el mismo orden de principio a fin. La palabra ciclo deriva del latín cyclus, y éste a su vez del griego kyklus que significa “círculo o rueda”.28 dic. 2017. Wikipedia"



Los ciclos no parecen ser iguales, no somos iguales. 
No pareciera que los ciclos sigan, sino se cierran para abrir otros y asi....


de Petare a la Pastora


O de la Pastora a Petare...

Glosario costumbrista Caraqueño previo:
  • Culo: Muchacha bonita y bien formada
  • Petare, La Pastora, San Bernardino, La Florida, Altamira, Sebucán, El Marqués, son urbanizaciones que quedan a lo largo de Caracas. Petare es un extremo el este y la Pastora es el oeste. Ambas están unidas por una vía expresa llama "Cota mil" por estar en la cota 1.000 sobre el nivel del mar
  • Van: autobús pequeño
  • Cero El Avila o Waraira Repano. Es la montaña que tiene Caracas, al norte
  • Cuaima; es una culebra peligrosa por el veneno. Cuaimatizarse es volverse cuaima
  • Polvos: acto sexual
  • Casabe: es una torta plana muy fina hecha de yuca amarga
  • Encanar: meter preso
  • Mijita (mijitica): Mujercita, despectivo


Esta es una historia un poco común. Sin embargo tiene sus detalles. Se trata de una historia de amor en el valle de Caracas, entre Pedro y María.

Pedro González es un tipo como de 32 años años, que nunca ha trabajado mucho pues recibió temprano una pequeña herencia de sus padres que se despacharon temprano. Es moreno, el dice que bien parecido y tiene buen gusto al vestir.  Es como dicen ahora, “un emprendedor social”. Esto es que se compró una Van nueva de 16 puestos que hace un viaje expreso de Petare a La Pastora directo. Tiene su tarifa solidaria y siempre monta casi a los mismos pasajeros. 

Pedro sale tempranito de la plaza de Petare muy cerca de donde vive y llega en una hora al Hospital Vargas que es la entrada de la Pastora.

En la mañana prende su carro, su equipo de sonido y empieza a silbar la canción del cerro Ávila que habla de montañas, ciudad, matices de la buena aurora, flora, fauna, pintores y poetas. Solo Pedro conoce su propia letra cuando silba que habla de mujeres, o de "culos", de aventuras, de variedad. La flora y su fauna son otras cosas más femeninas muy distantes de la letra de la canción. Todos los días la silba; y al terminar se le ve el gozo en la cara como de quién va a cometer una picardía.

Y la picardía de Pedro es, que luego de hacer el viaje de Petare a la Pastora sin contemplar mucho, realiza paradas estratégicas dependiendo del día y de la zona. Pedro tiene dividida a Caracas en cinco zonas y en cada zona hay una flor (como él dice. Aunque a veces le dice un “culo”)

El lunes, entra en San Bernardino y visita a Julia; el martes entra en La Florida y su flor es Carmen, el miércoles ve a Rosa en Altamira, el jueves a Estefanía en Sebucán y el viernes ve a Yuli en el Marqués. Toda una ronda del macho, macho. Sábado y domingo es “el descanso del guerrero”. (Dice que se lo merece). Esta ruta la ha hecho por un año ya. Todo iba bien hasta que un día pasa lo que pasa:

Pedro se baja de la Van y se enreda con el cinturón y cae al piso justo frente al hospital Vargas, un hospital grande de referencia. Se queda en el piso con mucho dolor agarrándose el tobillo doblado. En este trance aparece María, casi como un Ángel vestida de blanco con gorro blanco y una cruz roja en su pecho.

María es enfermera profesional graduada, que trabaja de voluntaria en el hospital. Su especialidad es justo la quiropráctica. María es una chica linda como de 30 años recién cumplidos, flaca, esbelta, cara estilizada y muy bien maquillada. Justo para que Pedro pensara que “tenía libre los sábados y domingos”. Y así fue. Luego que María le hiciera un trabajo en el tobillo y la espalda con una venda ajustada, de esas que llegan al corazón, es que comenzaron a salir los fines de semana.

Por muchos motivos y formas, Pedro le explicó los “porqués” no podía salir con ella durante la semana y “qué eran esas cosas tan importantes que lo mantenían ocupado y cansado”. Y es que ella le reclamaba lo cansado que llegaba al fin de semana por lo trataba de consolarlo, animarlo y relajarlo. Así en esa rutina, Pedro llegó a enamorarse de María en un viaje que hacía de Petare rumbo a la Pastora los sábados y Domingos.

-Pero bueno Pedrito, mi mamá cumple años el jueves, ¿No vas a venir?- le preguntaba
-Mi María bonita, se lo celebramos el Domingo. Si quieres vamos a la playa, le susurraba amoroso en el oído

Pues como todas las historias y por un motivo que no viene al caso, Pedro tuvo que hacer un viaje de una semana al extranjero. No se le ocurrió mejor idea que dejar la Van en la casa de María en La Pastora. María vivía en una casa de autor; su tío era un arquitecto reconocido y les regaló un proyecto de una casa colonial, pero moderna. Eran de esas casas que además de tener solo ocho metros de frente se tomó cuatro de retiro para poner un jardín interior. Total, vivían en una casa de autor pero con cuartos un poco pequeños, para el gusto de María.  La casa tenía una fachada continua hacia la calle, pero al abrir una reja se abría un jardín larguísimo donde dejó el carro. A Pedro apurado y medio pendejo no se le ocurrió mejor idea, que dejar la llave. Llave+carro,+mujer celosa,+mujer; fueron los ingredientes del caos.

Pedro se fue un viernes, así que iba a regresar el sábado siguiente. Por ser viernes y en las casualidades de la vida, María había pedido una semana de permiso para “arreglar unos asuntos”. Cosas de la vida, ¿no?. Esa noche, María durmió con las llaves de carro sobre su frente.

Se decía, -¿lo abro o no lo abro?, así como deshojar una Margarita. Y seguía: ¿Y si se entera o no se entera?, decía. Lo que si, no se decía María era lo que iba a no iba a hacer con lo que descubriera. En el desvelo nocturno, trató de “contar ovejas”, pero era negras, o trató con cantar pero las canciones que recordaba hablaban de atreverse, y hasta trató de construir acertijos. Por último, trató de cambiarle la letra a la canción que silbaba su querido novio, pero no quedó contenta con su propuesta.

A las seis de la mañana, antes de que el gallo de la señora Petra que vive al lado, cantara, ya María estaba sentada en el asiento del carro. Estaba petrificada, un poco por el frío nocturno aun, y un poco por no saber si estaba haciendo lo correcto. Al mediodía es que entró en sí misma. Se espabiló, se arregló el pelo y comenzó la búsqueda.

-¿Dónde guardaría algo un hombre que esconde algo y que sabe que su mujer va a buscar?. 

Pues no lo sabe porque no sabe pensar como hombre. Si ella fuera Pedro mujer, lo hubiera guardado en la guantera pero ahí decidió no buscar. Por horas indagó, urgó, rasgó, parapeteó, golpeó, hundió, olió, lamió, y nada. Nada que su instinto femenino encontrara como una pista.
 –Mi novio es un santo, pensó. –Me siento mal por haber desconfiado de él, dijo llorando. Para secar las lágrimas, abrió la guantera y fue cuando cayó al piso del carro, un pequeño bulto amarrado por ligas de goma.

Era una pequeña libreta de cuero marrón gastado ya por el uso y el abuso, y que había perdido la capacidad de mantenerse cerrado; de allí las ligas. María agarró la pequeña libreta y la apretó contra su pecho, (muy fuerte por cierto). Su mirada compasiva y amorosa se había transfigurado hacia la rabia. Es como decimos los hombres cuando las mujeres “se cuaimatizan”. Era la “cuaimatización” encarnada, sobre todo luego de haber olido todos los olores femeninos posibles que puedan existir en el mundo mundial. El Ángel blanco que rescató el herido ahora era una figura escamosa, delicada pero peligrosa, aquella que puede percibir al mundo con el olfato y la vista.

María con sus escamas y todo, abrió lentamente la libreta. En la primera página decía Julia, su dirección, su teléfono y debajo de esto una serie de palitos en un cuadrado con dos diagonales como de cuando alguien está contando algo. El martes, y con Carmen tenía más palitos, tal como el miércoles jueves y viernes. El sábado y domingo tenía una carita feliz. “El descarado cuenta los polvos”, susurró entre dientes. No podía creer que el cuchi cuchi lesionado por la mano de Dios, tenga una vida oculta tan escabrosa. Y desde lo escabroso, hizo un plan. Debía acabar con todos su amoríos, uno a uno. El lunes muy temprano tomo la Van y emprendió la ruta tal y como indicaban los palitos.

El lunes fue a  San Bernardino donde vivía Julia muy cerca de la compañía eléctrica.-Mira mijita, le dijo, -vengo a decirte que Pedro se electrocutó. El martes en La Florida, la noticia fue que Pedro se fue de Caracas por el exceso de flores y su alergia. El miércoles con Rosa, ya muy entusiasmada con la ejecución del plan, le dijo en Altamira que se lo comió un tigre del zoológico que se escapó, por aquello que recordaba de las cuevas de la edad de piedra, en España. El jueves hizo lo propio con Estefanía. Ella sabe que el Sebucán es una máquina que usan los indígenas para sacar el veneno (cianuro), de la yuca amarga, para hacer el casabe. –¿Sabes mijitica que Pedro se envenenó?  -Pobre se tomó cianuro, le dijo. Por último, el viernes y con Yuli en el Marqués, ideó lo de Sade. –Mira, a Pedro lo "encanaron" y va  a estar diez años, así que olvídate del baile.

Como el Conde vengador aquel, (Montecristo), una a una fueron cayendo; de la Pastora a Petare. Pedro regresó el sábado y se enteró del hecho. No pudo decir ni hacer nada...

Al tiempo se casaron y tuvieron cinco hijas a las que María llamó de la misma forma. María Luna,(del lunes),  María Valiente (atributo de Marte, o martes), María del viento, (atributo de Mercurio o Miércoles), María de la luz, (por Júpiter y su rayo, o jueves) y María la bella (por Venus o Viernes).

María jugando con sus cinco Marías recordaba que ella era la María del sábado y del domingo. Lo mejor, fue que no quedó ningún día libre para Pedro. Y más nunca le hizo falta buscar a otra mujer.



Lionel Alvarez

DESDE PETARE RUMBO A LA PASTORA.

Era casi mediodía cuando fuimos a recoger a nuestro hijo a la salida del colegio. Asistía a su primer día de escuela y estábamos ansiosos por saber cómo le había ido. Por el parlante escuchamos cuando le anunciaban que sus padres lo esperaban en el portón. A lo lejos lo vimos, venía corriendo. Abrimos la puerta trasera del carro, abordó de una sola zambullida y sudoroso exclamó: "¡Hoy gocé un puyero!". Los días subsiguientes volvimos a su búsqueda y la escena se repetía. El último día, el viernes, estábamos en el auto esperándolo, pero esta vez venía caminando lentamente, se subió al vehículo, y al preguntarle cómo le había ido, nos respondió con poco ánimo: "Hoy no gocé tanto puyero".
Nos reímos mucho, nos pareció gracioso y ocurrente la forma como manifestaba sus emociones en esos primeros días de escuela. Muy posiblemente haya sido su primera experiencia de "habituación", ese proceso en que perdemos algo del entusiasmo, cuando lo que hacemos o experimentamos, deja de ser novedoso.

La mayoría de las personas vivimos esas experiencias a lo largo de nuestras vidas,  con nuestros trabajos, nuestras relaciones y vivencias. El proceso es también conocido en el ámbito de la publicidad, donde se sabe bien, que una valla publicitaria, por ejemplo, a orilla de carretera, al poco tiempo, los transeúntes se "habitúan", dejan de reaccionar ante el estímulo visual que representa, y se hace "invisible" ante sus ojos.

Al norte de la ciudad de Caracas el creador colocó una "valla natural gigantesca", una imponente montaña, que a pesar de su majestuosidad, no se escapa del fenómeno y millones de caraqueños, que se trasladan diariamente "desde Petare rumbo a La Pastora", ya no le prestan mayor atención, la habituación ha actuado sobre ellos y no se inmutan ante su presencia. La habituación es algo natural y hasta necesario en el ser humano, de lo contrario, estaríamos continuamente "consumiendo megas", procesando cuanto estímulo nos llegue para darle respuesta. No avanzaríamos un paso por estar analizando millares de estimulaciones ambientales  -muchas irrelevantes- que encontramos en el camino.

Sin embargo, nos relataba Marcolina, una amiga que vive en una casa aledaña al Ávila, que ella se resiste a la habituación, y no deja de admirar su cerro todos los días. Desde su balcón observa sus relieves, sus matices y tonalidades que tanto inspiraron al maestro Cabré. Nos asegura que lo disfruta todo el año, en especial cuando se acerca diciembre y florece el "capin melao", vistiendo de violeta sus faldas y anunciando la proximidad de las navidades ¡No me importa si pasamos unas cuantas semanas tociendo!  exclama, levantando la voz, como para que la escuchen todos. Luego nos susurra casi al oído: "A mí, nunca me ha dado alergia".

Muchos otros miles de caraqueños, aventureros y bendecidos por los dones de la curiosidad y el amor a la naturaleza, tampoco le dan tregua. Redescubren al Ávila cada vez que se adentran en sus entrañas. Se fascinan cuando lo exploran, cuando perciben el colorido de su flora y los sonidos de su fauna. Se refrescan con sus caídas de agua y sienten una inmensa paz espiritual. Llegar hasta su cima; ver a un lado el Mar Caribe y al otro, a la sultana del Ávila bajo las nubes  ¡eso no tiene precio... ni habituación!

Las personas que tienen esa capacidad de experimentar éxtasis y elevación  ante las bellezas naturales, sentirán más alegría y encontrarán más sentido a sus vidas.
Desde el momento en que sienta que ya no percibe con interés los estímulos de su entorno, que ninguno le llama la atención de manera especial, es momento de actuar, pudiera estar corriendo el riesgo de que su vida se esté deslizando por el tobogán de la rutina y el aburrimiento. Recurra más a menudo a esos espacios de oración y contemplación. Desarrolle, mediante la meditación, la atención plena en el aquí y el ahora. Revise y active todo ese arsenal de dones y talentos que lleva dentro, y que son tantos: Su sentido de humor, amabilidad, creatividad, amor, honestidad, prudencia, liderazgo, pasión, gratitud, optimismo... Eleve su mirada hacia el Ávila y más arriba, hacia donde siempre se dirigen las que van repletas de Fe y Esperanza. Logre que cosas pequeñas y rutinarias, se hagan grandes y valiosas, y no permita que ese proceso inherente a la naturaleza humana le impida disfrutarlas a cabalidad.

Habrá días en que "no goce tanto puyero" pero la vida es bella y siempre tendrá razones para vivirla a plenitud ¡búsquelas! que siempre hay un lado bueno en todo ¡descúbralo!

"Si la montaña - El Avila- no viene a ti, tú ve a la montaña".             

Lionel Álvarez Ibarra
Febrero 2020

miércoles, 5 de febrero de 2020

Tema de febrero 2020

Tema: "voy de Petare rumbo a la Pastora" (Cerro Avila en bisiesto)
Día: Sábado 29 de febrero de 2020
Hora: De 10:00 am a 4:00 pm
Host: Don Alberto
Anfitrión: Don Humberto Caballero (Autor de El Avila en su asombro)
Lugar: Vizcaya

jueves, 30 de enero de 2020

Amor en tiempos de diáspora


Autor: Jesucita Peters Salcedo


Reflexionando sobre el significado de la palabra "Diáspora " encontramos que anteriormente la misma no era tan significativa como en los momentos actuales para los Venezolanos, la cotidianidad  te indica como nuestros afectos están diseminados por todo el globo terráqueo, haciendo que nuestros corazones  sean capaces de volar con las alas de la añoranza ,cada vez que los medios informáticos nos permiten tener contactos con nuestros hijos, nietos,padres , hermanos, amigos, es decir, un sin fin de amores por el mundo.

Es un sentimiento compartido,es un tema de conversación con cualquier grupo que te reúnas,  donde las manifestaciones emocionales van desde el dolor en las entrañas  que produce no tener los afectos cerca, hasta un rictus de rabia contenida ante la impotencia y frustración de no  poder cambiar esa realidad que hace que tengamos que aprender amar de otra forma, donde estamos pendientes de esas fotos diarias que recibimos de nuestros hijos, nietos,otros.

Son tiempos  de aprendizajes nos vamos acostumbrando a vivir en la distancia , sin   ese calor y abrazo reconfortante, calentito  que nos ata a esos seres que tanto amamos, como aprendemos a ver crecer  a nuestros nietos a través de una pantalla de un celular con la frialdad del hielo que esa pantalla genera y que a pesar de eso la aprendemos atesorar por lo reforzante que es ver esa imagen de nuestros  afectos.

Además nos sentimos conflictuados, porque nuestra realidad país nos lleva a reflexionar,  será mejor para ellos que ya no regresen y que construyan sus recuerdos e historias  en lugares distantes de nuestra patria  y de nosotros,  que dolor tan inconmensurable en el alma, que aprendizaje tan profundo tan comparable como el hueco que hace el agua de la catarata al caer desde tan alto, es en este momento que tenemos que poner nuestras fortalezas personales para ser muy resilientes y no dejarnos  abatir ante esta realidad.

Mi experiencia relacionada con el amor en tiempos de diáspora,además de la ausencia de mis  hijas, es hacer consciente la mudanza de mis vecinos  con los cuales compartimos momentos muy gratos  y lo que significó para mí ya no sentir en  las mañanas la algarabía de sus tres niñas para ir al colegio y sus visitas en mi casa (su abuela postiza) para buscar chocolates, no sabía de ese sentimiento que me embargo de tristeza  ante su ausencia , descubriendo que ocupaban un lugar importante entre mis afectos.
Que si hemos aprendido yo diría que por demás, como es ir al consultorio de tu médico de toda la vida y movérsete el piso porque las palabras acostumbradas de hoy día es el médico  ya no está en el país, y así nos seguimos cayendo y rompiéndose nuestras rodillas y no nos queda  otra forma  que limpiarlas  y seguir caminando, esa es la orden.

Pienso que todo  esto nos enriquece y nos hace mejores personas estoy seguro de ello.¿Seremos resilientes? pienso que en gran cuantía pues  todos estos aprendizajes  dan cuenta de ello.

Yo  estoy tratando de acortar la distancia entre mis afectos y yo, lo que me conduce a ir cerrando ciclos en este momento de  mi vida que nunca imaginé y que me produce un poco de miedo por todo lo que eso implica, cultivando el desapego de mis cosas tan familiares y mis rutinas cercanas, es un nuevo ciclo  lleno de muchos  amaneceres  por  descubrir, con   horizontes  llenos de expectativas ante este futuro próximo por vivir.

Sólo le pido a Dios que me llene de infinita sabiduría para saber sopesar lo que es verdaderamente importante en este nuevo camino por transitar y que en el tren de mi vida se sigan montando personas que me nutran el alma para  hacerme mejor  persona  y que este compartir con la extensión de mi familia mis nietos, sea propicio para sembrar árboles con raíces profundas y ramas frondosas para aguantar las tormentas y los momentos de remanso y de infinito amor.

El amor en tiempos de diáspora hace aflorar un sin fin de emociones y sentimientos y nos permite ir amoldándonos ante esta realidad que nos arropa, poniéndonos una coraza ante las adversidades y a disfrutar al máximo los momentos gratos de estas vivencias, que cada quien la vive a su manera.


domingo, 26 de enero de 2020

Fuga y encuentro/ Tibaire García


Caracas, 25 de enero de 2020

Escrito Club de Escribidores de Caracas
El amor en tiempos de diáspora

Fuga y encuentro
Jueves 17 de octubre de 2019. Me había anunciado que la salida de la casa era a las tres de la madrugada, y que le parecía conveniente contratar los servicios de un taxista, para que yo no transitara por los riesgos de un camino solitario y oscuro. Esta vez entonces me liberaba de caminar por ese amargo y húmedo piso cinético que en ocasiones pasadas había dejado mi corazón suspendido y mi alma agrietada.

Algo  muy peculiar, fue que pasaron más de cuarenta y ocho horas para que yo casi sin percatarme, y con la muy buena excusa de buscar algo que en el resto del apartamento no encontraba, abrí la puerta de su habitación y descubrí que no era algo lo que me faltaba, sino alguien. Un espacio vacío de olores, de piel, de unos ojos verdes usualmente encajados en alguno de sus artefactos electrónicos, y desprovisto de música, de un “dime mami” o un “bendición mamá”. La cama tendida con su edredón preferido, también algo de su habitual desorden y unos chocolates y golosinas que había dejado para mí.

No supe en qué momento se reunieron en mi rostro la ternura con las lágrimas; en mi ser la soledad con la esperanza, y la rabia y la tristeza se entretejieron con vestigios de “ella va a poder y yo también”.

Han transcurrido tres meses. Noventa días en que el amor se ha colado por la virtualidad. Esa que aún no nos deja llegarle al calor y al olor. Mas que sin embargo ha permitido que fluyera la comunicación para transmitirnos cariño, ideas, proyectos, ilusiones, atrevimientos, decisiones valientes, intimidades, protección.
Fue una fuga?  Sin dudas.  Se fue huyendo?  Indiscutiblemente.

Y más allá de ésto, qué?   Aparece un profundo sentido ante ella, y ante mí.
Las dos hemos visto a una María Gabriela reencontrándose con su centro, su esencia. Asumiéndose. Paseándose por decisiones titánicas. Escribiendo el guión de su historia y poniéndola en escena. Siendo quien es. Ha estado disfrutando de un encuentro maravilloso consigo misma.

Esta danza que la veo danzar ha podado mi ocasional tristeza?  No propiamente. Me ha procurado sosiego, orgullo, valor, confianza y optimismo?  Con frecuencia.
Corren tiempos de diáspora para nosotras, y por lo pronto así vamos construyendo nuestro amor.

Tibaire García
25 de enero de 2020

miércoles, 22 de enero de 2020

"Triáspora". Tres vidas que se cruzan en la diáspora


Amelia es una señora mayor. Debe tener como 80 años que no  aparenta, pues fue muy activa cuando era empleada del Ministerio de Educación. Es maestra jubilada y vive en una casa mediana, cómoda y ahora desgastada por el tiempo. 

Tiene una familia mediana; le queda un hermano menor  y tres hijos que se fueron del país con sus nietos; (como seis). Ella no ha tenido mucho contacto con ellos últimamente. Vive de la pensión, de la jubilación y de una  ayuda pequeña que le da su hermano.

Con los años, enfermó de Alzheimer, una terrible enfermedad que aunque leve por ahora, se potencia con la personalidad bipolar que ha desarrollado en soledad. Vivía sola entonces; independiente. Con su carro viejo y destartalado,  hacía mercado y regresaba. En las crisis de ambas enfermedades, gritaba, insultaba, rompía cosas, hasta que chocó su carro viejo contra el muro de la casa de enfrente, con pérdida total. Luego de eso, caminaba con su paraguas azul, ya desgastado y con un sobrerito de paja "ruñido" como para protegerse del clima. Cuando no se alineaban las enfermedades, era una señora dulce, amable, ocupada de los demás, y colaboradora. Necesitaba estar medicada pero ya no tenía a nadie que se lo dijera, recordara o la cuidara. Así es la vejez en soledad y peor si se está enfermo.

En las crisis y en los gritos, se llegó a llamar a la policía, a la fiscalía, y a la defensoría, ya que no había familia alguna que la atendiera. Entre todos, más o menos se dijo, “no podemos hacer nada, está en su casa” o “los hijos están afuera”. Un día, ella se empezó a despedir porque “ique la iban a internar en un lugar de esos…”. Y así fue, se dejó llevar.  A los días, de “ir a no sé donde”,  llegaron todos los hijos viajeros, remodelaron  la casa y la pusieron en venta.

Amelia ya entregada a su realidad, llegó a la Casa Hogar San Miguel. Allí conoció a Martha.
Martha es una joven de 19 años, estudiante de artes gráficas, una especie de artes integradas, pero de tres años  de duración; es como un técnico superior. Se puso de novia con un jovencito recién graduado  dos años mayor que ella. Martha tiene un hermanito de tres años y vivía con su papá y su mamá. Un día, la mamá le dijo que se iban del país, que se fuera a vivir con el novio, porque no se la podían llevar. A las semanas lo cumplieron y la dejaron en la calle, abandonada. Su novio, efectivamente, se la llevó a la casa de sus padres donde vivía, pero con la condición de matrimonio. Hoy está sola acá y con su marido. Viven independientes y trabaja en sus ratos libres en el Hogar San Miguel, ya que le piden en el instituto, 200 horas de servicio social comunitario. Martha se enamoró de inmediato de Amelia; es como su “abuelita”. Ahora medicada y atendida, espera impaciente y ansiosa la llegada de la hora de su “nietecita”. Por horas charlan, bailan, pintan, se cuentan historias reales o ficticias dependiendo de cómo haya amanecido la memoria, pero siempre a través de un vínculo maravilloso que da el querer.

En la Casa Hogar San Miguel hay como 180 ancianos de los cuales, 80 son huérfanos, es decir, que sus parientes los llevaron, le pagaron los primeros meses, pero que luego se “diasporizaron”, dejando de pagar. Casi la mitad, lo que quiere decir que los encargados  deben hacer un 50% más de esfuerzo para conseguir recursos que cubran los gastos de  todos. El hogar es de tipo mixto además, por lo que hay cuidados especiales según el género. La casa hogar es atendida por monjas y la directora del centro es la Madre Angustia. De noche y a veces, implora para que los parientes aparezcan y atiendan a sus huérfanos. Se pregunta si su nombre tendrá que ver con esta condición humana actual.  Los abandonados huérfanos de la tercera edad,  es otra realidad muda del país, aquella de la que no se habla, de aquellos “dejados” que no se pueden ir, que se quedan a juro y además, en la peor condición humana: el olvido.

Un día, coincidió Amelia jugando con Martha, con la Madre Angustia. La invitaron a jugar. El juego consistía en contar y escenificar recuerdos de la infancia, de lo cual a Amelia le quedaban bastantes aun. Ahora con sus medicinas, vive más tiempo del lado luminoso, aunque a veces tiemblan todos en la casa,  al llegarle la noche oscura a la mente. Las tres jugaron por mucho tiempo.  Angustia contó que su familia era de los Andes pero que todos habían cruzado por Colombia y se habían regado por América. Siempre reza por todos ellos y sabe en silencio, que ellos rezan por ella también. Para alimentar a los ancianos, ella debe viajar una vez a la semana por el país para conseguir verduras y otros alimentos que puedan pagar con su presupuesto, que rasguña entre los que pagan, con los regalos que reciben y con las donaciones.

Lo que no sabe la familia de Amelia es acerca de la cuenta “gorda” en moneda extranjera que tiene, que recuerda y que la sombra del olvido no ha llegado a borrar, porque la abrió cuando joven, cuando se podía viajar. Hoy, las tres celebran las bendiciones de la vida,las sorpresas y el asombro de las cosas que nos pasan sin buscar, del futuro y del querer. Hoy, las tres se abrazan, lloran de alegría, y celebran que están juntas, (entre otras cosas).

Alberto Lindner


Wikipedia/Diáspora

Diáspora. Lo que dice Wikipedia:
https://es.wikipedia.org/wiki/Di%C3%A1spora 

Diáspora

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Diáspora (en griego: διασπορά [diasporá], ‘dispersión’)? implica la dispersión de grupos étnicos o religiosos que han abandonado su lugar de procedencia originaria y que se encuentran repartidos por el mundo. Si mayoritariamente el término ha sido empleado para referirse al exilio judío fuera de la Tierra de Israel y la posterior dispersión del pueblo judío por el mundo, se ha ampliado su significado para designar todo pueblo que se encuentre diseminado fuera de su país de origen.

Diáspora venezolana[editar]

Se denomina así a la migración de ciudadanos venezolanos que de distintas formas han emigrado de Venezuela a partir del año 2000 y especialmente a partir de 2011.
Los venezolanos han emigrado principalmente a la vecina Colombia, también a países como Panamá, Costa Rica, Chile, Perú, Ecuador, México, Argentina, Bolivia, República Dominicana, Brasil y Estados Unidos, y en Europa a España e Italia, entre otros.
Se trata de una de las diásporas sudamericanas más notorias del naciente siglo xxi, basada en la crisis que atraviesa el país[cita requerida].